Afortunados son los que fueron criados en un hogar cristiano

Un hogar cristiano es lo mejor que los padres pueden dar a sus hijos. Es mejor que todos los lujos que se puede comprar con dinero. Mejor es que una educación en uno de los colegios más prestigiosos.

Semejantes personas pasaron su niñez y juventud en un hogar donde había cariño y estabilidad. Sus padres pusieron delante de ellos lo dichoso que es tener un matrimonio feliz. Así que, cuando ellos se casaron, era con la esperanza de tener un matrimonio igualmente feliz.

Si sus padres no ganaron a ellos a Cristo, por lo menos se preocuparon y oraron por su salvación hasta aquel día glorioso cuando tuvieron la seguridad de que todos fueron salvos. Después ellos infundieron en ellos conocimiento bíblico y la importancia de una relación íntima con Dios a través de un tiempo devocional familiar cada día.

Puede ser que a veces, en su niñez y juventud, ellos se sintieron desafortunados. Casi seguro es que escucharon a los mayores, tal vez parientes, decir, “tus padres son demasiado estrictos”. Si fueron castigados corporalmente por sus padres, tal vez tuvieron envidia de algunos otros chicos en el barrio porque ellos sabían que sus padres no disciplinaban a ellos así. Sin embargo, cuando ellos llegaron a la madurez, vieron la prudencia de poner por obra Proverbios 22:15. “La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la alejara de él”. Ellos usan la vara con sus hijos también.

Ellos aprendieron de sus padres la virtud de una vida disciplinada. Vieron la fidelidad de su mamá en cumplir con su deber en la cocina, el lavadero, y en limpiar la casa. Vieron que su papá salió fielmente a trabajar, no importaba que estuviera lloviendo. Vieron que sus padres no faltaron en asistir fielmente la iglesia y que siempre estaban listos cuando apareció la oportunidad de hacer algo extra para Dios. Ellos aprendieron de sus padres la virtud de tener caridad por sus vecinos y hermanos de la iglesia cuando pasaron por angustias.

Lindos son los recuerdos de los paseos cuando fueron a un picnic en la plaza o un paseo al zoológico. Ellos esperan con anticipación hacer lo mismo por sus hijos. Ellos recuerdan las veces cuando su papá anunció, “mañana, después de la cena, vamos a tener una reunión familiar y planear nuestras vacaciones de este año”. Cuando llegó el feliz momento, oraron juntos primero. Después papá ofreció dos o tres opciones y preguntó, “¿Cual le interesa más”?

Semejante crianza sirve para infundir estabilidad e integridad en la vida. Muy afortunado es aquel que tuvo su formación en semejante ambiente. A su vez, podemos decir “lamentable es aquel que fue privilegiado en pasar su niñez y juventud en una familia cristiana pero, al llegar a la madurez, tiró todo al aire”. Proverbios 30:11-14 dice, “Hay generación que maldice a sus padre y a su madre no bendice. Hay generación limpia en su propia opinión, si bien no se ha limpiado de su inmundicia. Hay generación cuyos ojos son altivos y cuyos párpados están levantados en alto. Hay generación cuyos dientes son espadas, y sus muelas cuchillos para devorar a los pobres de la tierra, y a los menesterosos de entre los hombres”.

A su vez, la bendición de Dios está sobre los que guardan la enseñanza de sus padres. Proverbios 6:20-23 dice, “Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre; átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello. Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán; hablarán contigo cuando despiertes. Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen”.

Afortunados son los que fueron criados en un hogar cristiano. A su vez, felices son los padres que tienen hijos que siguen la buena enseñanza que recibieron en su hogar.

 

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