Biografía de Enrique Parra Sánchez, uno de seis revisores de la Reina-Valera 1960

Enrique Parra Sánchez

El 15 de diciembre de 1950, las actas del Comité de Traducciones de la Sociedad Bíblica Americana confirman la inclusión de Enrique Parra Sánchez de Colombia entre los revisores seleccionados para la revisión propuesta de la Biblia española que llegó a conocerse como la Reina-Valera 1960.

Parra fue un maestro distinguido y llegó a ser director de educación en su ciudad natal de Saboyá en el este de Colombia. Él también vivía allí en el momento en que él fue convertido al evangelio.1

Parra sufrió persecución severa por su posición firme en contra del catolicismo. Una vez, hasta un hombre había sido nombrado para matarle.2 El escritor B. H. Pearson explicó que simplemente se redujo a esto: “le odiaban por haberse apostatado a los protestantes”.3

El 15 de diciembre de 1947, una visita con un grupo de su seminario por el área donde se crió para bautizar a 15 conversos le recordó los riesgos de persecución religiosa. Durante su primera parada, fueron enfrentados con un camión lleno de hombres armados. El jefe de policía dentro del camión comenzó a mofarse del grupo del seminario, amenazando: “Éste es un pueblo católico, y estamos aquí para matar a cualquier protestante que viene”. Después de ser reprendido por el propietario quien hubiera sido testigo si un crimen hubiera ocurrido, el jefe de policía y sus hombres retrocedieron, pero gritaron, “¡pronto regresaremos!” Luego se fueron velozmente.

Algunas millas más allá de la ciudad donde Parra anteriormente había vivido, mientras arribaba el grupo del seminario, notaron que había hombres corriendo para esconderse detrás de algunas traviesas de ferrocarril por el lugar donde tenían que pasar. Cuando los hombres escondidos brillaron su linterna sobre su vehículo, los hombres del seminario se agacharon en su Jeep, esperando una lluvia de balas. Después de darse cuenta de que nada había ocurrido, Parra continuó su camino. A unos 300 metros del escondite de los hombres en el camino en el cual habían viajado por la tarde, repentinamente se toparon con una barricada hecha de rocas. Creyendo que había hombres armados en las orillas de la carretera, se sintieron atrapados. Burton Biddulph, un misionero quien había conducido Jeeps en la Segunda Guerra Mundial, instintivamente intercambió los engranajes en doble tracción y gritó en el oído de Parra, “¡dale con todo”! Sabiendo que no había otra escapada, Parra condujo adelante con los ejes, el motor, la transmisión y el piso del Jeep chocando contra las rocas. Milagrosamente, lograron cruzar la barrera con una sacudida final terrible. Parra más tarde hizo el comentario, “conozco camiones. Los he conducido. No hay camión en existencia que pudiera haber cruzado esa barrera. En lo que respecta a un automóvil, sería totalmente imposible”.4

A finales de los años 40, Enrique Parra y otro colombiano de nombre de Julio Orozco tuvieron una carga por Segovia, una ciudad muy católica. Durante su primer viaje a Segovia, distribuyeron más de 700 Evangelios tanto como cientos de tratados evangelísticos. También vendieron Biblias enteras y Nuevos Testamentos. El autor B.H. Pearson describió los resultados como sigue:

Ahora Enrique y Julio podían ver a hombres en todas partes leyendo la Palabra. Algunos estaban en grupos, escuchando a otro mientras leía; otros encubrieron un Evangelio o un Nuevo Testamento en un periódico para mantenerlo escondido mientras lo leían. Era raro ver algo de esta magnitud. De esta forma se llevó a cabo la entrada casi increíble del evangelio entre las cincuenta mil personas de esta ciudad.5

Durante su segundo viaje a Segovia, Parra y Orozco llevaron 1,300 Evangelios y una cantidad numerosa de Biblias, Nuevos Testamentos, y tratados evangelísticos. Los ganadores de almas distribuyeron la literatura casa por casa.6

Durante su tercer viaje, vieron un montón de fragmentos quemados en una terraza delante de la iglesia católica. Fueron supuestamente las cenizas de Evangelios que el sacerdote había colectado de la gente.

El siguiente viaje logró ser una aventura mayor, ya que la iglesia católica local había traído un sacerdote de España para una reunión de una semana de duración. Una plataforma se había construido en la plaza desde la cual el sacerdote español podía dirigir discursos a la multitud. El sacerdote supo cómo sacar ventaja de las sensibilidades de la gente, y pronto él los tenía cantando y gritando. De vez en cuando, los gritos repetidos fueron lo suficientemente fuertes como para alcanzar a los oídos de Parra y Orozco, que estaban en su cuarto de hotel orando. Supieron que los sentimientos potencialmente violentos de la multitud estaban siendo despertados, y hubo sólo una carretera saliendo de la ciudad. Como los gritos de la gente eran cada vez más fuerte, Parra se dirigió a Orozco diciendo, “no podemos sentarnos aquí en este cuarto y esperar que nos saquen afuera a la fuerza. Eso sería cobardía. Salgamos afuera y tomémoslo para Dios ¡a lo grande”!7 Y así lo hicieron. Atrevidamente salieron de su cuarto de hotel y se pararon en un lugar visible rodeando la plaza. Cuando el sacerdote observó su presencia, se puso furioso. Él señaló a los dos ganadores de almas y le hizo recordar a la gente de la otra Segovia en España que “probó su fidelidad a su religión por medio de autos de fe”. El griterío de la gente aumentó aún más. Muchos en la multitud comenzaron a gritar demandando que se haga algo. Un comerciante más tarde comentó que el sacerdote estaba tratando de motivar a la gente a quemar a los dos hombres en la plaza. Fue en ese momento que algo completamente inesperado ocurrió. Centenares de miembros del sindicato de obreros mineros comenzaron a rodear a los dos hombres para protegerles, lo cual desalentó cualquier acción de la multitud. Muchos en el sindicato de obreros habían hecho amistad con Parra y Orozco después de recibir literatura cristiana de ellos durante una de sus reuniones sindicales.

El 22 de diciembre de 1951 (el mes antes de la segunda reunión principal del Comité de Revisión de la Biblia), Parra fue arrestado en su ciudad natal de Saboyá, Boyacá, en la casa de un amigo a las 6:00 de la mañana. Él estaba en el área simplemente para visitar a unos familiares para la Navidad. Fue acusado de intentar de bombardear la residencia de un sacerdote cuatro años antes. El alcalde había indicado, “ya que todos los demás en el pueblo son católicos, el señor Parra debe haber sido el que colocó la bomba”.8 Fue aprisionado en una celda pequeña sin luces o ventilación, con el piso tan repleto de excremento humano que fue imposible encontrar un lugar claro en el cual pararse. En lo que se refiere a su celda particular, Parra más tarde comentó que “su suciedad y contaminación estaba evidentemente preparado simplemente para mí, ya que en la celda próxima a la mía, la cual pude ver al pasar, no era nada como la mía”.9 Después de su liberación, Parra huyó del área a la medianoche con su esposa y dos niños por causa del rumor de un ataque planificado de la multitud si intentara salir.

Enrique Parra empezó a enseñar en el Seminario Bíblico Interamericano de Medellín en 1947.10 El local del seminario había sido inaugurado dos años antes, con la grata presencia de la señora Charles E. Cowman, quien ayudó a financiar la compra de la propiedad con ingresos de su famoso libro Manantiales en el Desierto. Parra se involucró en la Misión Interamericana no sólo como profesor, pero también como un evangelista y editor de la revista cristiana Aurora.11

Parra fue conocido más comúnmente por su posición de rector del Colegio Americano en Barranquilla, Colombia. A fines de la década del cuarenta, la matrícula en esta escuela cristiana había crecido hasta 1,200.12 El origen de los Colegios Americanos le lleva a uno a Henry B. Pratt, misionero presbiteriano, quien interesantemente estuvo involucrado en revisar varias traducciones españolas de la Biblia que fueron publicadas por la Sociedad Bíblica Americana. Pratt fundó una escuela nocturna de instrucción gratuita para obreros cristianos en 1858. Aunque no fundó a los Colegios Americanos por sí mismo, Pratt es el que inició el movimiento presbiteriano de educación en Colombia que progresivamente condujo a fundarse el primer Colegio Americano en 1869. Los Colegios Americanos fueron las primeras escuelas no católicas en Colombia y los primeros en admitir a estudiantes morenos. Es intrigante notar que Alfonso Lloreda, un miembro del Comité de Revisión de la 1960, estudió en el Colegio Americano durante su juventud, aunque fue en la sucursal localizada en Bogotá.

Los Colegios Americanos estaban firmemente opuestos a la Iglesia Católica. El Monseñor Francisco Gallego, Obispo de Barranquilla, en una carta pastoral en 1955 denunció a las escuelas del siguiente modo:

Por mucho tiempo los Colegios Americanos han constituido un peligro serio para la fe y el desarrollo cristiano de nuestra juventud…Los Colegios Americanos se han negado a cumplir con las órdenes de las autoridades colombianas, y prefieren exigir de sus estudiantes una declaración de apostasía alejándolos de su fe católica y su religión…La apostasía es la condición requerida para la matrícula en estas instituciones…Ningún otro camino nos resta sino pronunciar la penalidad más seria que la Iglesia ha establecido en contra de ese crimen horrible: La excomunión.

Nada más pudo ser ubicado acerca de la vida o muerte de Parra después de 1960. Él debería ser recordado como un cristiano que valientemente resistió la persecución y tomó a su país para Dios a lo grande.

Para más biografías de los revisores de la Reina-Valera, ver La Historia de la Biblia Reina-Valera 1960

1 Pearson, B. H. My God just went by! Chicago: Moody Press, 1972, p. 74.

2 Ibid.

3 Ibid.

4 Ibid., p. 78.

5 Ibid., p. 81.

6 Ibid.

7 Ibid., p. 82.

8 Goff, James E. The Persecution of Protestant Christians in Colombia. 1948-1958. Cuernavaca, México. Centro Intercultural de Documentación. Sondeos 23, 1968, p. 4/6.

9Presbyterian Life. February 2, 1952, p. 11.

10 Ordóñez, Francisco. Historia del Cristianismo Evangélico en Colombia. Medellín, Colombia: Alianza Cristiana y Misionera, sin fecha, pág. 311.

11 Ibid., pág. 312.

12 Wheeler, William Reginald. The Crisis Decade: A History of Foreign Missionary Work of the Presbyterian Church in the U.S.A., 1937-1947. New York: 1951, p. 209.

13 Goff, James E. The Persecution of Protestant Christians in Colombia. 1948-1958. Cuernavaca, México. Centro Intercultural de Documentación. Sondeos 23, 1968, p. 8/61.

 

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