Contristando al Espíritu

No apaguéis el Espíritu. 1a. Tesa. 5:19

 

Al discutir el asunto que presenta este texto, procuraré:

I. Mostrar la manera en que el Espíritu Santo influencia la mente;

II. Deducir algunas inferencias del modo conocido de la operación del Espíritu;

III. Mostrar lo que significa contristar el Espíritu;

IV. Mostrar cómo se contrista el Espíritu; y

V. Las consecuencias de contristar el Espíritu.

 

I. Cómo influencia el Espíritu Santo a la mente humana

Contesto que no es por medio de agencias físicas, ni por la interposición de poderes físicos directos. La acción de la voluntad no es influenciada así, ni puede serlo. La sola suposición es un absurdo.

Además, la Biblia enseña que el Espíritu ejerce su influencia sobre la mente humana por medio de la verdad. El Espíritu persuade a los hombres a obrar en vista de la verdad, así como nosotros influenciamos a nuestros semejantes presentándoles la verdad. No quiero decir que Dios presenta la verdad a la mente humana de la misma manera que nosotros. Por supuesto que su modo de hacerlo debe diferir del nuestro. Nosotros empleamos la pluma, la boca, la mímica; empleamos el idioma de las palabras y el de la naturaleza. Dios aunque no emplea estos medios ahora, hace que la verdad llegue a la mente. Algunas veces su Providencia la sugiere, y entonces su Espíritu le da eficiencia, afirmándola con poder en el corazón. Otras veces emplea la predicación. En verdad, sus recursos son varios.

Pero cualquiera que sea el modo, el objeto es el mismo —producir una acción voluntaria en conformidad con su ley.

Si la Biblia guardara completo silencio sobre este asunto, sabríamos por la naturaleza de la mente y por la naturaleza de aquellas influencias que pueden mover la mente humana, que el Espíritu ejerce su acción sobre  la mente, no física, sino moralmente. Sin embargo, no nos atenemos a las inferencias físicas, tenemos el testimonio de la Biblia de que el Espíritu emplea la verdad para convertir y santificar a los hombres.

II. Veamos lo que está implícito en este acto, y lo que debemos inferir de él.

Dios es físicamente Omnipotente, y sin embargo, su influencia moral ejercida por el Espíritu Santo, puede resistirse. Podemos ver claramente que si el Espíritu moviera a los hombres por medio de un poder físico, ningún mortal podría resistir su influencia. El poder del Espíritu seria irresistible — ¿quién podría resistir a la Omnipotencia? Estamos convencidos de que el hombre puede resistir al Espíritu por causa del libre albedrío y porque la Biblia lo establece.

La naturaleza del libre albedrío implica la acción voluntaria de uno que pueda ceder al motivo y seguirlo o no según quiera. Donde este poder no exista, el libre albedrío no existe; y en el momento en que termine, termina el libre albedrío.

Por consiguiente, si nuestra acción es de seres libres, nuestra libertad moral de hacer o no hacer debe existir. No puede abandonarse ni ahogarse. Si Dios, de alguna manera nos quitara el libre albedrío, necesariamente nos quitaría a una vez nuestra acción moral y de responsabilidad. Suponed que Dios tomara el brazo de un hombre y lo impulsara con una omnipotencia física a un asesinato o a un incendio, ¿quién no ve que la libertad moral y responsable de ese hombre estaría enteramente destruida? Del mismo modo, sucedería si de una manera irresistible, Dios controlara la voluntad del hombre y lo obligara a obrar según su voluntad.

La idea de que la influencia moral no puede ser irresistible origina un equívoco en cuanto a la naturaleza de la voluntad y de la acción moral. La voluntad del hombre no puede obrar más que libremente en vista de la verdad y de los motivos que presenta para la acción. El aumento de esa influencia no coarta la libertad de la voluntad. Bajo la intensidad posible de una verdad percibida o el motivo propulsor de la mente, la voluntad conserva todavía el mismo poder inalterable de permanecer o no—ejecutar o no el acto, de acuerdo con la verdad percibida.

Fuerza y libre albedrío son dos términos opuestos. No pueden existir juntos. El uno necesariamente rechaza al otro. Por lo tanto, decir que si Dios es físicamente omnipotente puede dirigir y dirigirá la acción moral del hombre, es hablar con insensatez.

Este hecho nos demuestra que cualquier obra de Dios llevada a cabo por el poder moral y no por el físico, no sólo puede ser resistida por el hombre, sino que el hombre está muy propenso a resistirla. Si el Señor efectúa su obra por la verdad revelada, hay menos peligro de que los hombres descuiden el estudio y entiendan esta verdad, o que al menos, conociéndola rehúsen obedecerla. Seguramente que está dentro del poder de cada hombre desechar esta verdad de su consideración y fortificar su corazón contra su influencia.

III. Examinaremos lo que significa apagar el Espíritu

Todos entenderemos esto cuando veamos distintamente lo que es la obra del Espíritu. Hemos visto ya que ilumina la mente en la verdad con respecto a Dios, a nosotros y a nuestros deberes. Por ejemplo, el Espíritu ilumina la mente para que podamos entender el significado y hacer la aplicación de la Biblia. Toma las cosas de Cristo y nos las hace saber.

Puede rehusarse esta iluminación. Podéis cerrar los ojos para no verla. Tenéis el poder de desviar la vista para no contemplarlo. Podéis completamente rehusar aceptarla; y en este caso, Dios dejará de poner la verdad ante vuestra mente.

Casi cada uno sabe por experiencia personal que el Espíritu derrama una luz maravillosa sobre la verdad revelada, de tal manera que esta verdad permanece en la mente en una forma nueva e impresionante y obra en ella con una energía asombrosa. Pero esta luz del Espíritu puede ser apagada.

Más, hay, por decirlo así, cierto calor y vida en la verdad cuando está esforzada por el Espíritu. Por eso decimos que si alguno tiene el Espíritu de Dios su alma está ardiente; pero si no lo tiene su alma está helada. Este calor producido por el Espíritu divino puede ser extinguido. Resista el hombre al Espíritu, y extinguirá ciertamente, esta energía vital que obra en el corazón.

IV. Notemos en seguida algunas maneras por las cuales el Espíritu puede ser apagado

1. El hombre apaga el Espíritu cuando resiste a la verdad que le presenta a la mente. Algunas veces los hombres se proponen deliberadamente resistir a la verdad, resueltos a no someterse a su poder, a lo menos por el presente. En tales casos es admirable ver cuán grande es la influencia de la voluntad para resistir a la verdad. Cierto, la voluntad puede resistir a cualquiera consideración moral, porque como hemos visto, no hay cosa que obligue a la voluntad a aceptar la verdad.

En aquellos casos en que la verdad se imprime con fuerza en la mente, hay evidencia de que el Espíritu está presente por medio de su poder. Y precisamente en estos casos es cuando los hombres están propensos a oponerse en contra de la verdad, y así están en mayor peligro de apagar el Espíritu. Aborrecen la verdad que se les presenta —se oponen a una vida piadosa— se sienten molestos y cansados por las pretensiones, resisten y apagan al Espíritu de Dios.

Habéis visto sin duda tales casos, y si así es, habéis indudablemente notado este otro caso que ocurre generalmente —que después de resistir la verdad, el conflicto termina y que la verdad deja completamente de afectar la mente. El individuo llega a ser insensible a su poder— parece que está listo a desecharla y arrojarla de sus pensamientos; y si esto no puede y la verdad acude a su mente, encuentra comparativamente fácil resistir sus demandas. Se siente tan terriblemente fastidiado con esa verdad hasta que apaga el Espíritu; y entonces no se sentirá más molesto.

Si habéis visto casos de esta clase, sin duda que habéis visto cómo a medida que la verdad hace presión sobre la mente, ellos se convierten en pertinaces, sensibles, y después iracundos, pero todavía obstinados en resistir hasta que al fin el conflicto termina; la verdad no hace más impresión y queda por decirlo así, muerta para ellos; la entienden muy oscuramente y no se cuidan de ella.

Permitidme preguntar, ¿No habéis tenido algunos de vosotros esta misma experiencia? ¿No habéis resistido alguna verdad hasta que ha dejado de existir en vuestra mente? Si así ha sucedido, debéis estar seguros que en ese caso habéis apagado el Espíritu de Dios.

2. El Espíritu es contristado cuando se empeña en sostener el error.

Los hombres son muchas veces insensatos cuando procuran por medio de argumentos sostener una posición, que razonablemente saben que es falsa. La defienden hasta que se comprometen; consienten en un estado mental deshonesto; así apagan el Espíritu y generalmente creen la mentira que tan insensatamente procuran defender. Muchos casos he visto cuando los hombres principian a defender y sostener una posición declaradamente falsa, y la sostienen hasta que el Espíritu de Dios es contristado —creída su propia mentira, es de temerse que morirán con su error.

3. Por juicios faltos de caridad.

Quizá nada, seguramente, contriste el Espíritu como delatando a otros y juzgándolos sin caridad. No hace así Dios y eso es contrario a la ley del amor. No es de admirarse que el Espíritu de Dios, sea completamente adverso a él y se aparte de aquellos que lo toleran.

4. El Espíritu es contristado por medio de un lenguaje vituperable. Cuán a menudo los hombres contristan al Espíritu de Dios empleando un lenguaje impropio para con aquellos que difieren de ellos. Es siempre segura la presunción de que las personas que emplean ese lenguaje han contristado completamente al Espíritu de Dios.

5. El Espíritu de Dios es contristado por un mal humor. Cuando un mal humor y un mal espíritu conmueve a los individuos o a la comunidad, el Espíritu de Dios es abatido y contristado; las oraciones cesan y los pecadores no se convierten.

6. El Espíritu es contristado dejando de poner atención a la verdad. Supuesto que el Espíritu opera por medio de la verdad, es claro, que debemos atender a esta verdad que el Espíritu lleva a nuestras mentes. Si quitamos la atención, como casi siempre sucede cuando así queremos, contristaremos al Espíritu.

7. El Espíritu es contristado con el prejuicio. Cuando la mente se forma un juicio sobre una cosa que no ha sido examinada, está en contra de la verdad y el Espíritu es contristado. Cuando hay gran prejuicio es casi imposible para el Espíritu obrar, y por lo tanto su influencia es contristada. La mente está tan confiada que resiste los primeros esfuerzos del Espíritu. De esa manera han hecho muchos. De ese modo han arruinado sus almas por toda la eternidad. Por consiguiente, cada uno debe estar convencido y procurar examinar cuidadosamente las cosas, especialmente aquellas en que están incluidos los deberes para con Dios y para con el hombre.

8. Contristamos al Espíritu cuando violamos la conciencia. Hay circunstancias bajo las cuales parece que violando la conciencia apagamos la luz de Dios para siempre. Quizá habéis visto personas que tienen una conciencia sensible, pero que se han vuelto insensibles. Creo que el cambio de conducta resulta algunas veces del cambio de principios sin violar la conciencia; pero el caso a que hago alusión es cuando parece que se mata la conciencia.

He pensado algunas veces que el Espíritu tiene que hacer con la conciencia mucho más de lo que nosotros nos suponemos. Es un hecho innegable que los hombres algunas veces experimentan muy grandes cambios y repentinos en cuanto a la sensibilidad de la conciencia. ¿A qué se debe? Se debe a que el Espíritu tiene el poder de despertar la conciencia y de penetrar en ella como una flecha, y cuando los hombres, a pesar de los reproches de la conciencia, quieren pecar, el Espíritu es contristado; la conciencia pierde su sensibilidad; un cambio completo se efectúa y el hombre desciende al pecado como si nunca hubiera tenido conciencia que se lo prohibiera.

Sucede algunas veces que la mente despierta justamente antes de cometer un pecado particular. Parece que alguien le dice: “Si haces esto serás olvidado de Dios”. Un extraño presentimiento lo impulsa a desistir. Si él comete el pecado, la mente recibe una conmoción terrible; los ojos de la mente parecen apagarse; las percepciones morales, de una manera extraña, se trastornan y se entenebrecen; una violencia fatal se hace a la conciencia, a lo menos en ese caso particular, y cuando se hiere la conciencia parece que se afectan todos los departamentos de la acción moral. En tales circunstancias el Espíritu de Dios parece abandonar al hombre y decirle: “No puedo hacer más por ti; te he amonestado fielmente y no puedo amonestarte más”.

Todos estos resultados vienen de la falta del cumplimiento del deber claramente revelado. Los hombres huyen del deber por temor a las opiniones de otros o porque reprueba la abnegación. En esta crisis el Espíritu no los abandona en un estado de duda, o ignorando su deber, sino que conserva la verdad y las demandas de Dios con claridad en la mente. Si los hombres van y cometen el pecado a pesar de las exhortaciones del Espíritu, el alma se abandona en un estado tenebroso—la luz del Espíritu de Dios parece apagarse.

9. Los hombres contristan el Espíritu alimentando sus apetitos y sus pasiones. Os admiraríais si supierais cuán a menudo es contristado el Espíritu por estos medios hasta que una crisis llega de tal naturaleza que parece apagar la luz de Dios en sus almas. Algunos amamantan la glotonería para perjudicar la salud, y aunque ellos saben que el Espíritu de Dios les reprocha y les amonesta a abandonar su ruinosa condescendencia, persisten en ella —abandonan a Dios, y por consecuencia sus apetitos reinan sobre ellos para ruina de su espiritualidad y de sus almas. Lo mismo sucede en lo que concierne a la sensualidad.

10. Los hombres con frecuencia contristan al Espíritu desechando el temor y dejando la oración. En verdad, el descuido de la oración debe siempre contristar al Espíritu. Es admirable ver cuán natural y ardientemente nos guía el Espíritu a la oración. Si fuésemos realmente guiados por el Espíritu, oraríamos secretamente repetidas veces durante el día y elevaríamos continuamente nuestros corazones en oraciones secretas. El Espíritu en los corazones de los santos es pre-eminentemente un espíritu de oración, y al descuidar la oración se contrista el Espíritu.

Ahora ¿quién no ve que la oposición a la doctrina y al deber de la santificación en cualquiera forma es cierta y fatalmente contristar al Espíritu Santo? Nada debe estar más vivo en el corazón de Jesús que la santificación de su pueblo. Por lo tanto, nada debe entristecerle tanto como ver que está impedida y más cuando está obstruida y frustrada.

Un énfasis solemne y digno se dará a estas consideraciones cuando se contemple el estado de piedad que prevalece en muchas iglesias en este país. No se necesita preguntar si se aprovechan los avivamientos, si los cristianos oran, si son abnegados y si viven en fe y en amor para con Dios y para el hombre. No se necesita preguntar si la santificación de la Iglesia sigue adelante y manifestándose por los frutos de justicia. La respuesta se obtiene antes de que se considere la cuestión.

V. Consideremos, por último, las consecuencias de contristar al Espíritu

1. Gran oscuridad mental. Abandonada de Dios la mente considera la verdad tan ofuscadamente que no recibe ninguna impresión útil. Ciertas personas leen la Biblia sin interés ni provecho. Es para ellos como una carta muerta y generalmente la dejan a un lado hasta que alguna controversia los impulsa a examinarla. No traen interés espiritual en ella que les haga su lectura agradable. Esa es la tenebrosidad de la naturaleza que es común en los hombres cuando el Espíritu de Dios es desechado.

2. La frialdad y la tontería en lo tocante a la religión en general. La mente no tiene interés en las cosas espirituales como los hombres tienen en las cosas materiales. Algunos entran de tal manera en ese estado que tienen un gran interés en las cosas mundanales, pero ninguno en la religión espiritual. Sus almas están despiertas para las cosas mundanales, pero para las cosas espirituales carecen de todo interés. Con mucha dificultad se les hace asistir a los cultos de oración. El estado de su mente es mundanal, porque si tuvieran el Espíritu de Dios, estarían más profundamente interesados en los servicios religiosos que en cualquiera otra cosa.

Invíteseles a una reunión política o a una exhibición teatral y con gusto asistirán, pero señáleseles un culto de oración y no se presentarán o si asisten no tendrá ningún interés para ellos. Cuando el hombre ha contristado el Espíritu de Dios su religión ha terminado. Su interés vital y sincero en las cosas espirituales ha terminado.

3. Caen en muchos errores religiosos. El corazón apartado de Dios, pierde la posesión de la verdad, y quizá el hombre insiste en que tiene ahora ideas más liberales que antes.

Hace poco tiempo que tuve una conversación con un hombre que había desechado la inspiración del Antiguo Testamento, había desechado la doctrina de la expiación, y, en verdad, cada doctrina distintiva de la Biblia. Me dijo: “Yo tenía las mismas ideas que usted; pero he aceptado ahora ideas más liberales y más avanzadas sobre la materia”. ¡Cierto! ¡Esa era una idea más avanzada y más liberal! Tan ciego estaba que no veía que Cristo consideró el Antiguo Testamento como los Oráculos de Dios, ¡y se jactaba de tener una idea más avanzada y más liberal! Nada puede haber más terminante que las afirmaciones de Cristo con respecto a la inspiración del Antiguo Testamento. Admite como una verdad esas afirmaciones y niega la verdad contenida en ellas. ¡Ideas más liberales y más avanzadas no puede haber!

Todos saben que no puede haber mayor absurdo que admitir la divina autoridad de las enseñanzas de Cristo y rechazar el Antiguo Testamento. El lenguaje de Cristo afirma e implica la autoridad del Antiguo Testamento de todas maneras en que, admitida su inspiración, podría esperarse que se afirmara e implicara el hecho.

El Antiguo Testamento en verdad no contiene toda la divina revelación, le faltó muchas cosas que revelar. Cristo enseñó mucho, pero nada enseñó claramente como la divina autoridad del Antiguo Testamento.

4. El contristar el Espíritu produce la infidelidad. ¿Qué es lo que puede justificar el caso como el que he mencionado sino el que Dios ha dejado a la mente en la más grande y densa tiniebla?

Conclusiones

1. Las personas a menudo ignoran lo que está sucediendo en sus mentes cuando están contristando el Espíritu de Dios. El deber está en su mente y los impulsa, pero no comprenden que es la obra del Espíritu de Dios. No reconocen la voz de Dios en sus corazones, y no ven que esta solemne impresión de la verdad no es sino el efecto del Espíritu Santo en sus mentes.

2. Cuando admiten teorías diferentes y abandonan las primitivas, parece que ignoran el hecho de que Dios se ha separado de ellos. Se jactan de que han llegado a ser más liberales y mucho más entendidos y que solamente ha abandonado sus antiguos errores. ¡No saben que la luz en que andan es oscuridad —pura oscuridad! ¡Ay de los que a la luz llaman tinieblas y a las tinieblas luz!

3. Tengo buena razón para saber cómo algunas personas llegan a ser Unitarianos y Universalistas, habiendo visto centenares de ejemplos. No es porque han llegado a ser hombres de más oración y de espiritualidad real, ni por acercarse más a Dios; no han progresado en santidad, en oración, comunión con Dios hasta llegar a negar la inspiración de la Biblia, abandonar la oración pública, las ordenanzas del evangelio y probablemente la oración secreta con todo lo demás. Los que abandonan estas cosas so son los que oran y andan humilde e íntimamente unidos a Dios; ningún hombre se ha apartado de las doctrinas ortodoxas de ese modo. Pero los hombres se apartan de Dios primero y contristan su Espíritu; después abrazan error tras error; la verdad sale de la mente y pudiéramos decir la veracidad misma, o sean aquellas cualidades o atributos morales que capacitan a la mente para discernir y entender la verdad; y entonces las tinieblas llegan a ser generales y tan engañosas que los hombres se suponen totalmente en la luz.

4. Tal estado de mente es muy deplorable y parece sin esperanza. ¿Qué puede hacerse cuando un hombre ha contristado el Espíritu de Dios?

5. Están en un error los que afirman que si un movimiento religioso es de Dios no puede ser resistido. He visto casos cuando los que han suspendido un avivamiento dicen después: “No era un verdadero avivamiento, porque si hubiera sido no se habría suspendido”.

6.  Parece que muchos no entienden la naturaleza de la operación del Espíritu, la posibilidad de resistirlo y el gran peligro de apagar la luz de Dios en el alma.

Pudiera nombrar muchos jóvenes que antes eran sensatos y ahora son tontos. ¿Dónde están aquellos jóvenes tan serios que asistían tan regularmente a nuestros avivamientos? ¡Han contristado al Espíritu!

¿No habéis contristado el Espíritu de tal manera que vuestra mente está en tinieblas y vuestro corazón endurecido? ¿Cuánto tiempo lo habéis contristado antes de que toquen a muerto por vosotros y vuestra alma descienda al infierno? ¿Cuánto tiempo antes de que hayáis perdido el dominio sobre la verdad y el Espíritu os haya abandonado completamente? Permitidme que haga esta apelación a los corazones de aquellos que no han apagado completamente la luz de Dios en el alma. ¿Sentís que la verdad todavía permanece en la conciencia, que la que la Palabra de Dios brilla en vuestra mente, que la luz celestial no está completamente extinguida, y que hay todavía temor en la conciencia? Cuando escucháis de alguna muerte repentina os sobrecoge un temblor porque pensáis que seréis los elegidos de la muerte. Por la misericordia de Dios os ruego que tengáis cuidado de lo que hacéis. No contristéis al Espíritu Santo, a fin de que vuestra luz no se convierta en tinieblas eternas, como las que se presentan cuando el sol se oculta con una nube tenebrosa, terrífica y tempestuosa. ¡Así muere un pecador descarriado! ¿Habéis presenciado semejante muerte? Muriendo parece que se sepulta en una nube espantosa de fuego, tormenta y tinieblas. La escena es espantosa, como el oscurecimiento del sol en medio de tormentas, de nubes densas, de truenos aterradores y de relámpagos.¡ Las nubes se presentan por el oeste, el espíritu de la tormenta anda en la ráfaga, los truenos como si fueran a partir la tierra sólida; y detrás de esa nube espantosa el sol se oculta y todo es tinieblas! Así he visto a un pecador que ha desechado el Espíritu y se ha hundido en el mundo de las tormentas, de las tempestades fieras y del ardiente fuego.

Cuán diferente es la puesta del sol de una noche de verano. Toda la naturaleza parece sonreír cuando le da al rey del día el adiós.

Así mueren los santos de Dios. Pueden estar pálidos sus labios, y helado su rostro, pero hay hermosura en sus ojos y gloria en su alma. Recuerdo de una mujer convertida cuando se enfermó, llegó hasta el borde de la tumba, y sin embargo, su alma estaba henchida del cielo. Su voz era como música de ángeles, su faz resplandecía y sus ojos brillaban como si las glorias celestiales estuvieran encarnadas en aquella figura moribunda. La naturaleza al fin se vence —el momento de la muerte llega; alarga sus manos moribundas y recibe a la multitud de almas. ¡Gloria a Dios! exclamó; “¡Vengo! ¡Vengo!” No voy, notad, ella no dice voy, sino “¡vengo!”

Pero justamente lo contrario sucede con un pecador moribundo. Tiene una mirada horrible, ¡como si estuviera viendo diez mil demonios! ¡Como si el sol descendiera a un océano de tormentas, para perderse en un mundo cargado de tornados, tormentas y muerte!

Jóvenes, moriréis así si contristáis al Espíritu de Dios. Jesús mismo dice: “El que no cree en mí, en vuestros pecados morirá”. Tras de esa muerte hay un infierno aterrador.

EL ATALAYA BAUTISTA
Publicado originalmente en 1919

 

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2 Responses to “Contristando al Espíritu”

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  1. magaly says:

    …gracias por este hermoso.edificante,contundente mensaje que me toca de cerca
    aun esta vigente este mensaje…

  2. Juan says:

    Eso me paso . tiempo pasado todo lo escrito arriba y yo sabia como regresar al camino de Dios , pero fue por su amor , su gracia y misericordia que pide regresar . deseche su palabra , creí a mentiras sin darme cuenta pero el Espíritu de Dios me decía la verdad a mi espíritu y yo no le hice caso y pague horrible las consecuencias , soñaba pesadillas seguido , soñaba que iría el infierno , sentía que Dios me había abandonado por ser tan pecador y desobediente , sentía que verdad que había hecho enojar a Dios . y por un año lloraba casi todas las noches aun sentía la disciplina de Dios en mi alma , espíritu y cuerpo y le decía a Dios . no soporto Dios mio , perdóname ya aprendí mejor llévame al cielo contigo no soporto esta disciplina . pero no me llevo dije a mi mismo con la ayuda de Dios saldrás adelante , y a si lo hice gracias a su gracia , comense a orar ayunar asistir fielmente a los cultos a ganar almas y esforzarme en ser buen cristiano y vivir en santidad pero la diciplinar seguía de todas formas pero poco a poco Dios me curo y me ha ido sanando mi mente y conciencia mi alma y espíritu a ido a acomodando mi vida , jamas en la vida quiero volver a pasar esa diciplinar , no podía caminar ni levantar de la cama , después poco a poco su amor su gracia y misericordia han sido conmigo y no quiero desechar su palabra ni entristecer su espíritu como lo hice hace años , preferiría morir en verdad a volver a pasar por lo mismo la disiplina de Dios es DURA MUY DURA y no pienso ni vivo como antes , Dios me cambio y me hiso mejor de como era antes .

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