Exhortación de Cipriano de Valera en su Biblia publicada en 1602

La presente exhortación es fiel al original con la excepción de ortografía moderna y unas leves modificaciones (sin añadir o quitar lo que se escribió) para ser más entendible. Por ejemplo, “Act. 17,II cuenta S. Lucas” fue cambiado a “Hechos 17:11 cuenta San Lucas”.

Exhortación

Al Cristiano Lector a leer la sagrada Escritura.  En la cual se muestra cuales sean los libros Canónicos, o sagrada Escritura, y cuales sean los libros Apócrifos

Nuestro buen Dios y Padre, que tanto desea y procura nuestra salvación, y que ninguno de nosotros se pierda por ignorancia, sino que todos vengamos al conocimiento de la verdad, y que así seamos salvos, nos manda muy expresamente, y no en un lugar, sino en muy muchos que leamos la sagrada escritura, que la meditemos, escrudiñemos y rumiemos, y así Deut. 6:7 hablando con todo su pueblo en general, y con cualquiera de ellos en particular dice: Estas palabras, que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón, y repetirlas has a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y acostándote en la cama y levantándote, etcétera.  Lo mismo repite cap. 11:18-19 y 17:18 del mismo libro hablando Dios del deber del Rey dice: Cuando se asentare el Rey sobre la silla de su reino hacerse ha escribir esta segunda ley en un libro, etcétera. Y luego, El cual tendrá consigo: leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, etcétera. El mismo Dios que mandó esto al Rey, manda a Josué el cual era capitán general de los Israelitas, que el libro de la ley nunca se aparte de su boca: mas que de día y de noche medite en él, etcétera.  Sal. 1:2 se dice que el pío (al cual llama bienaventurado) pensará en la ley de Jehová de día y de noche. Sal. 78:5, se dice Dios haber mandado a los padres que notifiquen su ley a sus hijos etcétera, Juan 5:39 manda el Señor escudriñar las Escrituras.  Y luego de la causa porque las debamos escudriñar.  Porque ellas  (dice) son las que dan testimonio de mí.  Hechos 17:11 cuenta San Lucas que cuando Pablo predicó en Berea, los que recibieron la palabra escudriñaban cada día las Escrituras para ver si lo que les predicaba Pablo, convenía con la Escritura. San Pablo I Cor. 14:35, manda que la mujer cuando tuviere alguna duda (tocante a la religión) demande a su marido la resolución, Y ¿cómo el marido resolverá la duda a su mujer, si él no ha leído la Escritura, ni jamás se ha ejercitado en ella?  San Pablo hablando con su buen discípulo Timoteo, 2 Tim. 3:15, le dice que desde tu niñez has sabido las sagradas letras, las cuales te pueden hacer sabio para salud por la fe que es en Cristo Jesús: y añade estas palabras: Toda escritura divinamente inspirada es útil para enseñar, para redargüir: para corregir, para instituir en justicia: Para que el hombre de Dios sea perfecto, perfectamente instruido para toda buena obra.  El que quisiere saber los encomios, loores y alabanzas de la palabra de Dios lea aquel grande y admirable Salmo 119, (que cada día cantan, o rezan nuestros adversarios en su Prima, Tercia, Sexta y Nona, y que tan pocos de ellos lo entienden o consideran) donde muy de propósito exhorta David al Pío, al fiel Cristiano, al que desea, y procura, servir y adorar a Dios en Espíritu y en verdad, la lección y meditación de la palabra de Dios.  Cuya lección y meditación juntamente con invocación del Espíritu del Señor, que alumbre nuestros entendimientos, para que entendamos y saquemos fruto de la lección de la sagrada Escritura es necesaria así a chicos, como a grandes: así a ricos, como a pobres; así a doctos, como a indoctos: así a Eclesiásticos, como a los que llaman seglares.  En este Salmo David llama a la palabra de Dios con estos títulos; ley de Dios, Camino, Palabra de Dios, Juicios, testimonios, mandamientos, estatutos, ordenanzas de Dios. Este Salmo tiene 176 versos: y casi no hay verse en el donde no haya alguna de estas palabras que habemos dicho: y así dice, lámpara es para mis pies tu palabra, y lumbre para mis sendas. Y al principio del Salmo había preguntado David: ¿conque limpiará le mozo su camino? Quiere decir, ¿cómo vivirá la juventud en limpieza y temor de Dios? Respóndese el mismo David: Cuando guardare tu palabra.  Pregunto yo ahora: ¿Cómo guardará, o el viejo, o el mozo la palabra de Dios, o como les será lumbre en sus caminos, cuando no la conocen, ni saben que cosa sea?  ¿Cuándo no la leen, ni la oyen a otros leer? ¿Cuándo no la rumían, ni meditan, ni invocan al Señor que les alumbre sus entendimientos para entenderla?

Y si esta disputa de leer la Escritura se hubiese de liquidar por lo que dicen los Doctores y concilios antiguos, fácilmente confirmaríamos lo que decimos.  Porque no hay ninguno de ellos que no exhorte a los fieles a leer y a oír la sagrada Escritura.  Pero entre todos ellos San Juan Crisóstomo admirablemente exhorta en muy muchos lugares a todo genero y fuere así de hombres como de mujeres de cualquiera estado y condición que sean, chicos, o grandes: ricos, o pobres: doctos, o indoctos, etcétera, a leer la Escritura.  Y él mismo responde a todas las objeciones que nuestros adversarios hacen el día de hoy contra la lección de la Escritura.  Pero entre todos estos lugares de Crisóstomo el sermón 3, que hizo de Lázaro es admirable.  Dice pues al principio de este sermón de esta manera: Yo tengo por costumbre de deciros muchos días antes la materia de que tengo de tratar, para que vosotros en el entre tanto toméis vuestro libro y advirtiendo toda la suma de lo que se puede tratar después que hubieres entendido lo que se ha dicho, os aparejéis para oír lo que resta.  Y esto siempre exhorto, y nunca cesaré de exhortarlo, que no solamente aquí (quiere decir la Iglesia) advirtáis lo que se os dice: mas aun cuando estuvieres en casa, os ejercitéis continuamente en la lección de la sagrada Escritura: Y luego responde a las objeciones, diciendo: Y no me diga nadie: Yo harto tengo que entender en los negocios de la Republica: Yo soy Magistrado: Yo soy oficial; que vivo del trabajo de mis manos: Yo soy casado, tengo mujer, hijos y familia que proveer: Yo soy hombre del mundo: y por eso no me conviene a mi leer la Escritura, sino a aquellos que han dejado al mundo, y se han ido al yermo.  A los cuales Crisóstomo responde: ¿Qué dices o hombre?  No te conviene a ti revolver las Escrituras, ¿porqué andas distraído con muchos cuidados?  Antes te digo que es más tu deber que no de los otros, etcétera.  Y da la razón: Dice que aquellos no tienen tanta necesidad de leer la Escritura, como otros que están a manera de decir, en mitad de la mar traídos de acá para allá con las ondas los tales (dice) tienen siempre necesidad de un continuo conforte de la Escritura.  Aquellos estanse lejos de la batalla, y por eso no reciben muchas heridas: pero tu, porque continuamente estás en la batalla, porque muchas veces eres herido, por eso tiene mas necesidad de remedios como aquel quien la mujer provoca, el hijo lo contrista y mueve a ira, el enemigo te asecha, el amigo te tiene envidia.  Y así va discurriendo, y concluye, diciendo: Por lo cual es menester sin cesar, tomar armas de la Escritura. Y un poco más abajo: Y no ves tú que los herreros, plateros y todos cuantos se ocupan en algún arte mecánica, tienen todo la herramienta, y todos los instrumentos de su arte aparejados y puestos en orden?  Aunque sean muy pobres, y que el hambre los aqueje, con todo esto más ayna sufrirán el hambre, que vender algunos de los instrumentos de su arte para comer, etcétera.  Item, Ciertamente nosotros debemos tener el mismo ánimo que ellos, y como los instrumentos de su arte son el martillo, la yunque, las tenazas: así de la misma manera los instrumentos de nuestra arte son los libros de los Apóstoles y de los Profetas, y toda la Escritura divinamente inspirada y provechosa etcétera.  Item.  Así que no seamos negligentes en procura haber estos libros para no ser heridos de herida mortal.  Item, la misma vista de los libros causa que no seamos tan prontos a pecar.  Si habemos cometido alguna cosa que nos es prohibida, en volviendo a casa, y mirando los libros, nuestra conciencia con mayor vehemencia nos condena etcétera.  Otra objeción que ponen, es la que algunos de nuestros tiempos hacen: ¿Que será dicen, si no entendemos lo contenido en los libros?  Responde Crisóstomo: Aunque no entendáis los secretos de la Escritura, pero con todo esto la misma lección de la Escritura causa en nosotros una cierta santidad.  Aunque no puede ser que todo cuanto leéis ignoréis.  Porque la gracia del Espíritu por eso dispensó y modificó todo lo que está en la Escritura, para que los publicanos pecadores, artífices, pastores, Apóstoles, idiotas e indoctos fuesen salvos por medios de estos libros:  para que ningún idiota, se valiese de esta excusa, diciendo que las Escrituras es oscura: para que lo que en ella se dice todos lo pudiesen fácilmente ver y para que el artífice el criado, la viuda y el más ignorante de todos los hombres sacase alguna ganancia y provecho de haber oído leer la Escritura etcétera.  Item Los Apóstoles y los Profetas manifiesto y claro pusieron a todos lo que dijeron: como comunes doctores del mundo: para que cada uno por sí pueda aprender lo que se dice de sola la lección, y esto pronunciándolo antes el Profeta dijo: Todos serán enseñados de Dios, y ninguno dirá a su prójimo: Conoce a Dios, porque todos me conocerán desde el más pequeño hasta el mayor, etcétera.  Esto dijo Isaías 54:13. Leed Jer. 31:34, y Juan 6:45.  Item, dice Crisóstomo:  Demás de esto las señales, los milagros e historias no son cosas manifiestas y claras, que todos las entienden?  Así que pretexto, excusa cobertura es de pereza lo que dicen: Que no se entiende lo que está en la Escritura.  ¿Como en algún tiempo podrás entender, lo que ni aun de pasada quieres mirar?  Toma el libro en tus manos, lee toda la historia: y lo que es claro, retenlo en tu memoria: y lo que es oscuro y no muy claro, léelo muchas veces, y si con la continua lección aun no lo pudieres entender: vete a algún sabio, a alguno hombre docto: comunica con ellos lo que has leído, etcétera.  Item, Grande arma es contra el pecado la lección de la Escritura: gran precipicio y profundo piélago el ignorar la Escritura: gran perdida es de la salvación no saber nada de lo contenido en las leyes divinas:  El ignorar las Escrituras es causa de las Herejías: esta ignorancia hace que los hombres vivan tan mal: esta de alto abajo lo revuelve todo porque no puede ser, no puede digo ser que el que continua, y atentamente leyere la Escritura, que de fin provecho, etcétera.  Todo esto y mucho más dice San Juan Crisóstomo en el dicho sermón, lo cual, lo más que he podido, he abreviado.

Es mismo Dios, que mandó que todos sin hacer diferencia ninguna ni de sexo, ni de edad, ni de cualidad leyesen la sagrada Escritura, ese mismo ordenó que ella fuese divulgada en todas lenguas (como vemos que los es) para que ninguno pretendiese ignorancia.  Así en tiempo pasado se divulgó en las tres lenguas más principales y más comunes, que entonces se usaban en el mundo: que eran la Hebrea, Griega y Latina. Después los hombres píos y doctos movidos de un santo celo de hacer bien a los de sus naciones, la trasladaron en sus lenguas vulgares.  Así leemos que San Jerónimo la trasladó en su lengua materna, que era la Dalmatita: San Juan Crisóstomo la trasladó en lengua Arménica.  Ulfilas Obispo Godo la trasladó, en lengua Gótica: Juan Obispo de Sevilla la trasladó, en lengua Arábica:  Methodio en Eslavónica.  En tiempo de Eltestano, que reinó, en la que ahora llamamos Inglaterra habrá sus 900 años, la Biblia se trasladó en lengua Británica, que era la lengua que entonces se usaba en aquella Isla.  Considerando Crisóstomo estas diversas translaciones dijo estas palabras: Los Sirios, Egipcios, Persas, Etíopes, y otras naciones innumerables tienen la doctrina celestial trasladada en sus lenguas: y por este medio han dejado su barbaría para de veras filosofar.  Theodoreto dice: Los libros Hebraicos son no solamente trasladados en Griego, más aun en lengua Latina, Egipciaca, Pérsica, Indica, Arménica, Scitica, Sauromática: y para decirlo en una palabra, en todas lenguas: de las cuales aun hasta el día de hoy usan las naciones.  Pero dejadas las historias de otras naciones, vengamos a nuestras historias de España: porque los ejemplos domésticos son los que más mueven.  Cuando los Godos se apoderaron de España (que ha ya como 1200 años) la sagrada Escritura fue trasladada como ya habemos dicho) por Ulfilas en lengua Gótica, para que los Godos, gente bárbara e infiel se hiciesen domésticos, y se convirtiesen a la fe de Jesucristo, como se convirtieron.  Casi 400 años después cesó el imperio de los Godos en España apoderándose de la mayor parte de ella los Moros que pasaron de África.  Reinado pues los Moros en España, un Obispo de Sevilla trasladó la sagrada Escritura en lengua Arábica, para que los Moros supiesen cual era la religión Cristiana.  Setecientos años y más después de la pérdida de España, el Rey don Fernando ganó el reino de granada:  y así los Moros, que no quisieron tornarse Cristianos, fueron totalmente echados de toda España: y los que se convirtieron, se quedaron en España.  Para que pues estos Moros recién convertidos fuesen bien instruidos en la religión Cristiana, el primer Arzobispo de Granada, fraile Jerónimo, fue de parecer que la sagrada Escritura se trasladase en lengua Arábica (porque de la otra translación, que dijimos, hecha cuando los Moros entraron en España, y no había memoria de ella.  A este tan pío intento se opuso don Francisco Ximenes Arzobispo de Toledo: que era el todo en todo en toda España, alegando razones, no tomadas de la palabra de Dios, ni de lo que dijeron e hicieron los santos doctores de la Iglesia, sino fabricadas por juicio de hombre, y por el consiguiente repugnantes a la palabra de Dios.  Y así se impidió la translación, que tanto bien hubiera hecho a aquellos pobres e ignorante Moriscos.  Después acá el mismo Dios movido de la misma misericordia que antes, ha levantado algunos Españoles en nuestros tiempos, que han trasladado los libros sagrados.  Los libros impresos en Español que yo he visto, son los siguientes:  La Biblia en lengua Valencia con licencia de los Inquisidores: a cuya translación asistió San Vincente Ferrar: que ha más de ciento y tantos años que se imprimió en folio de papel real.  El Testamento viejo sin los libros Apócrifos impreso año de 1553 en Ferrara palabra por palabra como está en Hebreo, que es un gran tesoro de la lengua Española:  La Biblia de Casiodoro de Reina impresa en Basilea año de 1569.  Francisco de Enzinas Burgalés trasladó años de 1542.  El Testamento nuevo, y lo presentó al Emperador don Carlos en Brúcelas: El doctor Juan Pérez de pía memoria año de 1556 imprimió el Testamento nuevo, y un Julián Hernández movido con el celo de hacer bien a su nación llevó muy muchos de estos Testamentos, y los distribuyó en Sevilla año de 1557. A Juan Pérez, Casiodoro y Julián yo los conocí, y traté familiarmente.  Año de 1596 imprimimos el Testamento nuevo: y ahora por la misericordia de Dios sacamos otra vez a luz la Biblia Española.  Estas impresiones he yo visto: fuera de las que con la injuria del tiempo, y con la persecución de los enemigos de la Cruz de Cristo, nuevos Antíocos, se han perdido.  Demás de estas translaciones en Español, que habemos nombrado, hay dos admirables Biblias impresas en diversas lenguas (como luego diremos) que Españoles han hecho: las cuales son, y con muy gran razón muy estimadas de todos los doctos, de cualquiera nación que sean, la causa porque se hayan impreso diremos aquí.

En el Concilio Vienense se mandó que las lenguas, Latina, Griega, Hebrea, Caldea, y Arábica se leyesen públicamente en las universidades.  Conforme a este Decreto don Francisco Ximenes fraile Francisco, Arzobispo de Toledo, Cardenal, Gobernador e Inquisidor general de España, y fundador de la celebre universidad de Alcalá, que en latín se llama Complutum, el cual en persona pasó en África, y a sus costas ganó a Oran, este, digo, juntó muchos hombres doctos en las lenguas: principalmente en la Hebrea, para el Testamento viejo, y en la Griega para el nuevo: y sirviéndose de la ayuda y trabajo de estos, hizo imprimir año de 1515, aquella admirable Biblia, que del lugar donde se imprimió, se llamó Complutense: la cual dividieron en seis tomos.  En el Testamento viejo pusieron el Texto Hebreo y la parafrase Caldaica cada una con su versión Latina: en el nuevo pusieron el Texto Griego con su versión Latina.  Esta obra el Papa león 10, la aprobó y confirmó con grandes privilegios exhortando a cada uno que la leyese.  Costóle esta obra al Cardenal (porque el la hizo toda a su costa) sus seiscientos mil ducados.  Esta Biblia fue el único instrumento, y medio, que Dios tomó para reformar y renovar el estudio de las lenguas y de las buenas letras, que en aquel tiempo estaban al rincón comidas de polilla y cubiertas de mojo: y así los doctos comenzaron a dejar la teología escolástica, que consiste en vanas e intricadas especulaciones sacadas de la filosofía inventada por los hombres sin ninguna palabra de Dios, y se dieron a la verdadera teología: que es la lección de la sagrada Escritura (A estos los Escolásticos llamaban por escarnio y vituperio Biblistas) y así estos Biblistas comenzaron a sacar su agua de las fuentes de Salud, y no de cisternas resquebrajadas, cuya agua es hedionda y mortífera.  Estas fuentes son las dos lenguas Hebrea y Griega en que plugó al Señor enseñarnos su ley y voluntad.  Estas dos lenguas, por cuanto el viejo Testamento fue escrito en Hebreo, y el nuevo en Griego, son las dos tetas con que nuestra madre Iglesia Católica regida por el Espíritu santo cría sus hijos, y los encima hasta traerlos a perfecta edad.  Veis aquí como el Señor hizo resplandecer la luz del Evangelio en medio de las tinieblas de ignorancia, superstición e idolatría: y ha resplandecido tanto esta luz, que ha cundido por toda la Europa: y aun ha pasado el gran Mar Océano, y ha venido hasta las Indias Occidentales y Orientales.  En nuestra España muy muchos doctos, muy muchos nobles y gente de lustre e ilustres han salido por esta causa en los autos.  No hay ciudad, y a manera de decir, no hay villa ni lugar, no hay casa noble en España, que no haya tenido y aun tenga alguno, o algunos que Dios por su infinita misericordia haya alumbrado con la luz de su evangelio. Común refrán es el día de hoy en España, cuando hablan de algún hombre docto, decir: Es tan docto que está en peligro de ser Luterano.  Nuestros adversarios han hecho cuanto han podido para apagar esta luz del Evangelio: y así han afrentado con perdida de bienes, vida y honra a muy muchos en España.  Y es de notar que cuantos más afrentan, más azotan, ensambenitan, echan a galera, o en cárcel perpetua, y queman, tantos más se multiplican porque la sangre de los Mártires es la simiente de la Iglesia.  Es menester (como dice nuestro Redentor) que el grano de trigo para que se multiplique se eche en la tierra, y muera: y si no muere, sino se pudre, quedase sólo, y no multiplica.  Es también aquí de admirar la inmensa potencia, sabiduría y providencia de Dios que tomó por un instrumento para hacer todo esto a un Español, y ese fraile Francisco Arzobispo de Toledo, Cardenal de Roma Gobernador e inquisidor general de España.  O profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios cuan incomprensibles son sus juicios, e imposible de hallar sus caminos!

Habiéndose distraído todos los ejemplares de la dicha impresión del Cardenal, de tal manera que por ningún dinero no se podían hallar (porque los que los tenían, no querían carecer de un tan gran tesoro) plugo a nuestro Dios, movido de la misma misericordia que antes, inspirar en el corazón de Benito Arias natural de Frexenal de la Sierra (y por eso se llama Montano), al cual yo conocí estudiando en Sevilla de hacer otra nueva impresión: para que la Iglesia de Dios no careciese de tanto bien: y así vino, no ha muchos años, a Amberes: donde a costa del Rey don Felipe II la imprimió poniendo juntamente con el Texto Hebreo la versión Caldaica, Griega, Siriaca, y algunas versiones Latinas viejas y nuevas.  Fue hombre muy docto en diez lenguas. Su juventud pasó en sus estudios en Sevilla: por lo cual, y porque su tierra Frexenal no es lejos, y es del territorio de Sevilla, se llamó Hispalenses. Q d. Sevillano.  En Sevilla dio gran muestra en sus estudios de lo que después había de ser.   O ya de muy buena gana la doctrina de los buenos predicadores de Sevilla: como del doctor Constantino, del doctor Egidio, y de otros tales, que Dios levantó en Sevilla en aquel tiempo. Veis aquí Españoles, como nuestros Españoles han encendido dos torchas de luz evangélica, que alumbran a todo el mundo: Y ahora otro vuestro Español enciende la tercera; la cual, ya que no alumbrará a todo el mundo, por lo menos alumbrará a nuestra España.  No resistáis pues al Espíritu Santo: no apaguéis la lumbre con que Dios os quiere alumbrar.  Servíos para gloria de Dios y salud de vuestras ánimas de este trabajo.

Concluyamos de todo lo dicho: que pues el Dios todo poderoso, que crió cielo y tierra, y todo cuanto se contiene en ellos, mandó tan expresamente en el viejo Testamento que todos los fieles leyesen la sagrada Escritura, y pues que su Hijo Jesucristo, que murió por nuestros pecados, y resucitó por nuestra justificación, mandó lo mismo en el nuevo Testamento, y pues que los santos doctores inspirados por el Espíritu santo exhortaron a todos los fieles sin excepción de persona ninguna a leerla, y pues que los bienaventurados Mártires y los demás fieles y católicos Cristianos obedeciendo al mandamiento de su Dios, Rey, y Señor para aumento de su fe y gran provecho suyo la leyeron. Concluyamos, digo, que todos aquellos que como nuevos Antíocos y perseguidores de la Iglesia Ortodoxa, Católica, y Apostólica, y crueles enemigos de la salud de los hombres, prohíben lo que Dios ordenó para salvar los fieles, que es el leer la sagrada Escritura, son rebeldes a Dios, y tiranos para con la Iglesia.  Y lo que peor y más de llorar es, que los tales rebeldes han hallado discípulos que de muy buena gana los oyen, y en extremo se huelgan con semejante prohibición de leer la sagrada Escritura: los cuales exhortan a sus pastores que no los apacienten con el pasto de vida, que no les prediquen palabra de Dios, sino fábulas, sueños y falsos milagros.  Lo cual previó y predijo San Pablo cuando hablando con su discípulo Timoteo.  2 Tim 4:3, dijo: Vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina: antes teniendo comezón en las orejas se amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias, y así apartarán de la verdad el oído, y volverse han a las fábulas.  Y antes de San Pablo lo había profetizado Isaías 30:10. Que dicen (dice Isaías) a los que ven no veáis, y a los Profetas, No nos profeticéis lo recto: Decidnos halagos, profetizad errores.  Y el mismo Isaías 8:19-20 manda a los píos que cuando los impíos les dirán: Preguntad a los pitones, y a los adivinos, etc. Que les respondan: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Han de preguntar por los vivos a los muertos? No, sino a la Ley y al Testimonio.  Y luego dice:  los que no hablan de esta manera, es porque no les ha amanecido, quiere decir que están en tinieblas de ignorancia.  A éste mismo propósito dice Abraham (como lo cuenta el Señor Luc. 16:29) al Rico avariento: A Moisés y a los Profetas tienen, óiganlos.  Contra los tales habla el Señor Juan 8:47 diciendo: El que es de Dios, las palabras de Dios oye: por tanto vosotros no las oís porque no sois de Dios.  Nuestra vida no es sino una continua batalla contra poderosos y mortales enemigos, con los cuales jamás tendremos paz, ni aun treguas, siquiera por un solo día.  No tenemos dice el Apóstol Efesios 6:12 lucha contra sangre y carne: sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de las tinieblas de este siglo que podamos resistir, etc.  Y nombra las piezas, que son la cota de justicia, el escudo de fe, el yelmo de salud.  Al fin concluye con la principal pieza: Tomad, dice, el cuchillo del Espíritu que es (como el mismo Apóstol lo interpreta) la Palabra de Dios.  El que pues nos quita la palabra de Dios, nos envía desarmados al matadero: o, por mejor decir, al infierno.  Cristo nuestro maestro siendo tentado de Satanás, con la Escritura sagrada, que es la palabra de Dios, lo vence.  En lo cual nos dio ejemplo como nos hayamos de haber en las tentaciones, y como las hayamos de vencer.  Si lo que habemos dicho es verdad (como lo es) miren como responderán a Dios los que han prohibido el leer la sagrada Escritura a los fieles.  Los tales sin duda han sido causa de tantas herejías, como se han levantado en la Iglesia.  Porque el ignorar las Escrituras causa las herejías) como lo testifica Crisóstomo ya alegado.  Y antes de Crisóstomo Ireneo había dicho lo mismo.  Dice que Ireneo hablando de los Valentinianos herejes, libro 4, capítulo 12, y 13.  El ignorar las Escrituras los ha hecho caer en aquella herejía.  Y para decirlo todo en una palabra; El Señor hablando con los Saduceos Mateo 22:29, dice, Erráis, porque no sabéis las Escrituras.  Los Legistas, (o Abogados que comúnmente llamamos Letrados) tienen por un común axioma, o Máxima (que es una sentencia de todos admitida, decir: Erubescimus cuando sine lege loquimur.  Avergoncémonos cuando hablamos sin ley: q.d. cuando no confirmamos lo que decimos con alguna de las Leyes, lo mismo, y con muy mayor razón, podemos decir los Cristianos: Avergoncémonos cuando hablando de cosas espirituales, de cosas que tocan al servicio de Dios, a nuestra salud y bien de nuestro prójimo, no las confirmamos con la Ley de Dios, con la palabra de Dios, que su Majestad ha revelado y dictado a sus santos Profetas y Apóstoles, y nos manda que nos gobernemos por ella.  Y como confirmarán con la palabra de Dios aquello que dicen, los que nunca leen la Escritura sagrada, ni saben que cosa es?  Hablo del vulgo ignorante, que se llama Cristiano: los cuales engañados de sus falsos profetas, creen y así lo dicen la Biblia ser un libro maldito y descomulgado, lleno de herejías, que hace a los que la leen herejes y abominables.  Creen que el mismo Satanás, Padre de la mentira se haya inventado la Biblia para destruir cuerpos y ánimas de los que la leyeren.  Otra vez torno a decir que hablo del vulgo ignorante mal instruido de sus falsos Profetas.  O inmensa paciencia y longanimidad de nuestro buen Dios, que con tanta paciencia sufres tales blasfemias!  Pero, su día vendrá a los tales cuando su ignorancia no los excusará, mas sentirán el riguroso juicio de Dios, y entenderán la palabra de Dios permanecer para siempre; y que no la ha inventado Satanás, sino que el mismo Dios, cuyo nombre es JEHOVÁ, que crió cielo y tierra y todo cuanto en ellos se contiene, la dictó e inspiró a sus santos Profetas y Apóstoles para salvar a todos los que la admitieren por palabra y voluntad de Dios, y así se gobernaren por ella.

La causa porque los adversarios prohíban la Escrituras; y persigan a fuego y a sangre a los que la leen, es que entienden, por la gran experiencia que tienen, la sagrada Escritura ser el único medio que Dios por su gran misericordia ha dejado en el mundo para saber entender y conocer cual sea la verdadera religión, y cual sea la falsa: cual sea el culto y manera de honrarle que él mande, y cual sea el que el vede y deteste.  Para que pues no entiendan los hombres la religión y doctrina de estos hipócritas y falsos profetas ser falsa y contraria a la que Dios instituyó en su santa palabra, mandan sus [¿?] gravísimas censuras que no lean la sagrada Escritura.  Y aun han pasado tan adelante en esta desvergonzada tiranía que algunos de ellos han dicho, y dejado por escrito (para que su desvariada blasfemia fuese más notoria y manifiesta a todo el mundo).  Que mucho mayor daño causa la Lección de la sagrada Escritura en lengua vulgar, que leer los libros de los filosóficos Paganos, Y que por esto se prohíbe lo primero, y no lo segundo.  Las palabras formales de nuestro Español Frai Alonso de Castro al fin del cap. 13 del libro 1. adversus Haereses son estas:  Cúm ergo plus nocumenti inferatur ex libris sacris in linguam vulgarem versis quám ex lectione Gentilium Philophorum, meritó illud inhibetur, etiam si de alio nulla fiat prohibitio.  Que es lo que habemos dicho.  Para confundir esta blasfemia de Frai Alonso, y de otros tales, basta saber que el Espíritu santo dictó la sagrada Escritura en lenguas vulgares y comunes que todos en aquellos tiempos entendían: que eran la Hebrea en tiempo de los Profetas, y la Griega en tiempo de los Apóstoles: Y que para que todos la lean la dictó, no exceptuando sexo ni edad, ni cualidad de persona ninguna.  Cuanto a los libros de los Paganos sabemos que hay en ellos muchas impiedades y blasfemias contra la Majestad divina.  Como cuando dice Terencio en los Adelfos, Non est flagitium, mihi crede, adolescentem scortari:  No es pecado, dice, creedme, que el mancebo sea putañero.  Los que se llaman Cristianos, y no lo son, concluyeron de aquí ser licito haber publicas mancebías.  Lo cual es contra el 7 mandamiento de la Ley de Dios que dice, No fornicarás: Y Deut. 23:17, manda Dios que no haya puta en Israel.  Con la licencia que ellos dan, la juventud se corrompe cuanto al ánima, y cuanto al cuerpo se hinche de bubas.  Cuanto a la inmortalidad del Anima, mucho filósofos la negaron, muchos la dudaron, y pocos la confesaron.  Pero el Señor dice al bueno ladrón, Hoy serás conmigo en paraíso:  Y el ánima de Lázaro fue llevada al seno de Abraham, que es el paraíso, y el ánima del Rico avariento al infierno.  La resurrección de los cuerpos todos los filósofos en común la negaron.  Leed Hechos 17, la burla que hacen de San Pablo porque les anunciaba la resurrección de los muertos.  Cuanto a la resurrección, y como se hará, leed 1 Corintios 15, desde el v. 12 hasta casi al fin del capítulo.  Aristóteles y otros muchos afirmaron el mundo ser ab eterno, que ni tuvo principio, ni tendrá fin.  Pero las primeras palabras de la Escritura sagrada dice que Dios en el principio crió los cielos y la tierra, etc.  El mismo Aristóteles  dijo, Virtudes & vitia funt in nostra potestate: de aquí dijeron los filósofos que los dioses nos dieron el ser que tenemos: pero que seamos buenos, lo tenemos de nosotros.  Mas la Escritura dice somos naturalmente hijos de ira: que somos siervos del pecado; pero que seremos libres, cuando el Hijo (a saber Cristo) nos libertare: y que no es del que quiere ni del que corre, sino de Dios que da misericordia.  En conclusión, los filósofos introdujeron una infinidad de dioses: como que uno no bastase para gobernar el mundo.  Pero la Escritura dice, Oye Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Deut. 6:4.  Todo esto se lee en los filósofos, y se permite: y la Palabra de Dios, que es la misma verdad y santidad, no se permite.  Mas gracia a Dios que ya se lee la Escritura en todas lenguas, por más que los enemigos de la salud de los hombres, la prohíben.  Item, nuestros adversarios dicen, Que mucho mejor fuera para la Iglesia si el Evangelio nunca fuera escrito.  Y porque esto parecerá a algunos cosa nueva, que yo me haya inventado, pondré aquí las mismas palabras del Cardenal Hosio, aquel gran pilar de la Iglesia de nuestros adversarios: Melius, dice, actum fuisset cum Ecclesia si nullum extaret scriptum Evangelium.  Hosius in Confessione Petrocoviensi: Quieren que los hombres sean ignorantes, y ensalzan la ignorancia, llamándola Madre de devoción.  Mejor dijeran la ignorancia ser madre de superstición y causa de las herejías: como dicen Ireneo y Crisóstomo que ya habemos alegado: y San Jerónimo in prohemio 1 lib. comment Efaie dice a este propósito lo que se sigue: Si como dice San Pablo, Cristo es virtud de Dios, y sabiduría de Dios: y el que ignora las Escrituras, ignora la virtud de Dios y sus sabiduría (siguiese de aquí) que el que ignora las Escrituras, ignora a Cristo.  La misma experiencia nos muestra que cuanto uno es más supersticioso, tanto es más ignorante.  Por tanto el deber del Cristiano es no ser ignorante, sino sabio en el conocimiento de Dios que su Majestad ha revelado en la sagrada Escritura: y así la lea, escudriñe, rumie, hable de ella y la medita de noche y de día.  Pero halo de hacer con espíritu de humildad no fiándose de su propio entendimiento, considerando cuan inhábil sea de su natural para entenderla.  Y así invoque al Señor que le de su Espíritu que le declare le Escritura, que le abra el sentido (como lo abrió a los Apóstoles. Lucas 24:45) para que entienda las Escrituras.  El hombre animal, sensual y sin Espíritu de Dios no entiende, ni puede entender las cosas de Dios: antes las menosprecia y se burla de ellas: porque las tienen por locura.  Sólo el hombre espiritual, que es regido por el Espíritu de Dios, las entiende y estima: porque las tiene por suma sabiduría.  Su Majestad nos haga la gracia de entenderlas: para que entendiéndolas, vivamos conforme a ellas sirviendo a nuestro buen Dios en Espíritu y en verdad: y así no seamos hijos de tinieblas, sino de luz.

Pluguiese a Dios por su infinita misericordia inspirar en el corazón del Rey que mandase a sus costas juntar hombres píos y doctos en las lenguas Hebrea y Griega que viesen y reviesen esta translación de la Biblia: los cuales con un animo pio y sincero, que desea servir a Dios, y hacer bien a su nación, la paragonasen y confrontasen con el texto Hebreo, que Dios dictó a sus santos Profetas antes de la venida de Cristo, y con el texto Griego, que él mismo dictó a sus santos Apóstoles y Evangelistas después de la venida de Cristo en carne.  Y así el Rey la autorizase con su real autoridad: la cual su Majestad leyese, y mandase a sus súbditos que la leyesen.  En lo cual haría lo que Dios le manda en los lugares ya alegados del Deuteronomio y de Josué: e imitaría a los píos y verdaderamente Católicos Reyes, que así lo hicieron.  Y principalmente al buen Emperador Teodosio II descendente de casta Española, el cual con su propia mano (porque entonces no se imprimían los libros, sino se escribían) escribió todo el Testamento nuevo: y tenía por costumbre leer cada día por la mañana en él: a la cual lección la emperatriz su mujer llamada Eudocia, mujer muy bien ejercitada en la sagrada Escritura, y las hermanas del Emperador se hallaban presentes.  De Alfredo Rey de Inglaterra se lee que repartía las 24 horas, que hay en el día y en la noche, en tres partes las ocho horas pasaba leyendo, orando y meditando: otras ocho gastaba en la administración de su reino: y las otras ocho horas cumpliendo con las necesidades de su cuerpo.  Del Emperador Carlo Magno se lee que era muy dado a la lección de la sagrada Escritura.  El Rey de nuestra España Recensuynto, o Recinsunto, que murió año de 672 entre otras virtudes, que se cuentan de él, tuvo una sed insaciable de saber los secretos misterios de la sagrada Escritura: y así jamás estaba, ni comía sin tener consigo grandes teólogos: a los cuales ordinariamente preguntaba cosas muy profundas y necesarias para su salvación.  De lo cual hace mención de D. Illeseas en su Pontifical en Juan 7.  También el mismo autor hablando de Gregorio V dice que Roberto Rey de Francia entre otras virtudes fue muy docto a maravilla en letras sagradas, y en las humanas.  El mismo autor dice que Don Alonso I que llamaron católico, recogía con diligencia los libros de la sagrada Escritura que andaba en poder de los infieles.  Recogialos, digo, don Alonso, para que no se perdiesen y para que los fieles se aprovechasen de ellos.  Ahora por el contrario los recogen para que los fieles, que desean servir a Dios conforme a su santa palabra, no los lean, y si los leen, queman los libros, y a los fieles que los leen juntamente con ellos, y en lugar de los libros de vida les dejan leer libros fabulosos y deshonestos, con que la juventud se acaba de echar a perder gran paciencia de nuestro Dios; Nuestro buen Rey Recaredo, por ser tan bien ejercitado en la lección de la sagrada Escritura, él mismo con su sabio razonamiento convenció mucho presbiterios Arrianos: y así más con razón, que con autoridad de Rey, los hizo convertir a la verdadera religión Cristiana.  Pluguiese a Dios que nuestro Rey y los demás Reyes y Príncipes Cristianos del día de hoy imitasen a estos santos Emperadores y Reyes verdaderamente Cristianos, leyendo la sagrada Escritura, meditándola y orando.  Su ejemplo de buena vida y doctrina haría mucho bien a sus súbditos, porque cual es el Rey, tales comúnmente son los súbditos: o por los menos, lo muestran ser.  El Señor haya misericordia de su Iglesia, y les envíe buenos Pastores y Ministros, que los instruyan en la verdadera doctrina, y no en fábulas: y así vengan al conocimiento de la verdad, y sean salvos.  Esta es la vida eterna (dice el Señor) que te conozcan solo Dios verdadero, y al que enviaste Jesucristo. Juan 17:3.

Y pues que Dios (como ya en lo arriba dicho habemos visto) en tantos lugares, así del viejo Testamento, como del nuevo nos manda no solamente que leamos los libros sagrados, sino aun que los meditemos y rumiemos: y esto no lo manda a una fuerte gente, sino a todo fiel Cristiano, a toda persona que desea ser salva: sea hombre, sea mujer: mozo o viejo: rico, o pobre: Rey, o vasallo: eclesiástico, o seglar (como los llaman) razón será, y nuestro deber haremos, so pena de ser rebeldes, que obedezcamos a lo que nuestro Dios, Padre y Señor nos manda, siendo ciertos que no nos mandará, sino lo que es santo y bueno, y conviene para su gloria, y para nuestro bien y provecho.  Y pues que lo que nos manda es negocio de tanta importancia, que no nos va en ello menos que la salud de nuestras animas, razón será que sepamos cuantos y cuales sean estos sagrados libros, que debemos leer:  los cuales han sido inspirados y dictados por el Espíritu Santo a sus santos Profetas en el Testamento viejo, y a sus sagrados Apóstoles y Evangelistas en el nuevo.

Los Doctores antiguos, así Griegos, como Latinos, algunos Hebreos, y muchos de los modernos Latinos, a una voz, y de más común dicen ser tantos los libros sagrados del Testamento viejo cuantas son las letras del Alfabeto Hebraico, conviene a saber, 22, y los nombran de esta manera: el Primero Génesis: en Hebreo Berexit, q.d. En El principio, 2. Éxodo: Heb. Veeleh xemoth: q.d. Y estos los nombres. 3. Levítico: heb. Vaykra, Y llamó.  4. Números: heb. Bemidbar, En el desierto.  5. Deuteronomio: heb. Elehadebarim, Estas las palabras.  6.  Josué: heb. Jehosuah.  7.  Jueces: heb. Sophtim, con el cual se cuenta Rut.  8.  Samuel: que dividen en dos libros heb. Xemuel.  9.  Reyes: que dividen en dos libros: heb. Melachim.  10.  De las Crónicas: que dividen en dos libros, heb. Dibre hajamin, Palabras de los días.  11.  Esdras y Nehemías ambos se cuentan por uno, heb. Hezra.  12.  Ester: heb. Meghillath Ester, Envoltorio (o libro) de Ester.  13.  Job heb. Job.  14.  Salmos, heb Sepher Tehilim, libro de loores.  15.  Proverbios de Salomón. heb. Misle, Parábolas (o semejanzas).  16.  Eclesiastés: heb. Koheleth, Predicador.  17. Cantares de Salomón, heb. Sir hafirim, Cántico de los cánticos.  18. Isaías, heb. Iesahiahu.  19. Jeremías: heb Irmejahu, con él se cuentan sus Lamentaciones, o Endechas.  20.  Ezequiel: heb. Jehezkel.  21.  Daniel.  22.  y último el libro de los doce profetas que llaman Menores, por ser sus libros pequeños: heb. Tere hafar que son 1. Óseas, heb. Hoseah.  2. Joel.  3. Amós.  4. Abdías, heb: Hobadiah.  5. Jonás, heb: Jonah.  6.  Miqueas, heb: Michah.  7.  Nahúm.  8. Habacuc.  9 Sofonías, heb: Zefaniah.  10. Hageo, heb: Haggay.  11.  Zacarías, heb: Zechariah.  12.  Malaquías, heb: Melachi.  Y así Orígenes apud Eusebio lib. 6 cap. 25 dice ser 22.  Lo mismo dice Atanasio en Sinopsi Script, e Hilario Pictaviense, y Nazianzeno en sus versos: Cyrillo Jerosolimitano a este propósito dice: Leed las divinas Escrituras, aquellos veinte y dos libros: así Damasceno pone 22, Josefo contra Apión Gramatico dice: Nuestros libros no son infinitos etc., 22 solamente son.  Nicéforo pone 22.  Rábano Mauro in Institi. Cleric. cap. 25 dice: Esdras dividió el viejo Testamento en 22 libros: para que tantos fuesen los libros en la Ley, cuantas son las letras:  Hugo de San Victore, libro 4, cap. 8.  Didase dice lo mismo, y Ricardo de Santo Victore libro 2, cap. 9. Exeptionum.  Es verdad que muchos de los Hebreos dicen ser 24, porque hacen a Rut libro por sí, y a las Lamentaciones hacen también libro por sí: y así todo viene a una cuenta: pues que no nombran ningún otro libro, sino solamente aquellos que habemos ya nombrado.  A estos 22 libros el sínodo Laodiceno y los Doctores de la Iglesia llamaron Canónicos: porque son la única regla (que los Griegos llaman Canon) de todo cuanto el hombre pio debe creer y hacer para ser salvo.  A estos libros canónicos todo hombre, séase quien fuere, se debe sujetar, y por ellos regir, porque son la palabra y voluntad de Dios, que su majestad nos ha en ellos revelado.  El que a estos libros canónicos no diere entero crédito, y que por tanto los menospreciare, sépase este tal que al mismo Dios que los dictó, menosprecia, Y por tanto no se escapará de su horrendo juicio. Horrenda cosa es caer en las manos del Dios viviente.  Donde, o como se podrá escapar el miserable hombre, que la ira y furor de Dios no lo halle?

Probado habemos bastantemente cuantos y cuales sean los libros canónicos del viejo Testamento, a saber veinte y dos, de donde se sigue manifiestamente que todos cuantos libros se añadieron a estos 22, no son Canónicos, no son sagrada Escritura.  Nuestros adversarios admiten los mismos 22 libros, que hemos nombrado por canónicos.  Pero no contentándose con estos 22 admiten, no haciendo caso de lo que los Antiguos Hebreos, Griegos y Latinos ni de lo que muchos modernos Latinos determinan, otros libros por canónicos a los cuales dan la misma autoridad y crédito que a los otros, que verdaderamente son Canónicos.  Los libros que han añadido son estos:  El 3 y 4 que llaman de Esdras, la oración de Manase, el libro de Tobías, de Judith, de la Sabiduría, comúnmente llamada de Salomón, el de Jesús hijo de Sirach, comúnmente llamado el Eclesiástico, y el 1 y 2 de los Macabeos, y en algunas Biblias se halla el tercero.  Demás de estos han añadido a Ester siete capítulos, a Jeremías el libro de Baruc, al capitulo 3 de Daniel han añadido el Cántico de los tres mancebos, y todo lo que se sigue después del capítulo  12 de Daniel: a saber, la historia de Susana, la de Bel, y la del Dragón.  Y aunque para confutar esta su fantástica y perjudicial opinión bastaría lo que habemos alegado de tantos Doctores de la Iglesia Católica que a una voz y de un común consentimiento dicen los libros canónicos del testamento viejo no ser sino los 22 que habemos nombrado:  pero para mayor confusión de nuestros adversarios, pondré aquí algunos dichos notables y razones contra esta su opinión. Los antiguos Doctores, y aun muchos de los modernos llaman a estos libros, que decimos ser añadidos, no Canónicos, sino Apócrifos: que quiere decir, ocultos, o escondidos.  Rufino en la exposición del Símbolo (el cual tratado se halla entre las obras de San Cipriano) después de haber nombrado los libros Canónicos del Testamento viejo y nuevo, que son los mismos que nosotros tenemos por Canónicos, dice estas palabras:  Es menester con todo esto saber, que hay otros libros que no son canónicos a saber la Sabiduría de Salomón, el libro de Sirach, el de Tobías, el de Judith, y de los Macabeos.  Estos dice quisieron que se leyesen en las Iglesias, pero que no fuesen alegados para por ellos confirmar la autoridad de la fe.  Epifanio en su libro de ponderibus & menfuris hablando del libro de la Sabiduría y del de Sirach dice estas palabras: Son ciertamente útiles: mas con todo esto no se cuentan entre los libros Canónicos, ni fueron puestos en el Arca del Alianza.  Entre los padres el que más copiosa y más claramente trató esta cuestión es San Jerónimo, y esto no en un lugar, sino en muchos.  Léase su prólogo, que llamó Galeato, que escribió a Paulino; donde habla de esta manera: Como hay 22 letras en el Alfabeto Hebreo así hay 22 libros.  Y luego: Para que sepamos que todo cuanto se hallare fuera de estos 22 libros se ha de poner entere los Apócrifos. Por tanto la Sabiduría de Salomón, Jesús y Judith y Tobías no están en el Canon.  Y en su prefacio sobre los libros de las Crónicas dice: La Iglesia ignora a los libros Apócrifos: por tanto a los Hebreos nos debemos acoger: de los cuales el Señor habla, y sus Discípulos tomaron ejemplos.  Todo cuanto no está en aquellos libros Hebreos totalmente se debe desechar.  Esto dice sobre Esdras y Nehemías y en su prefacio sobre los libros de Salomón dice: Como pues la iglesia lee los libros de Judith, de Tobías y de los Macabeos, pero no los cuenta entre las Escrituras Canónicas, así ni más ni menos lea estos dos libros (a saber, el que llaman de la Sabiduría de Salomón, y el de Sirach)  para edificación del pueblo, no para confirmar la autoridad de los dogmas eclesiásticos.  Y así el mismo San Jerónimo libro 1 contra Pelagian, reprende a un cierto hereje por cuanto que el pretendiendo probar cierta cosa tocante  al reino de los cielos, había alegado testimonios tomados de los libros Apócrifos.  El Cardenal Gaetano (que llamaban el anima de santo Thomas de Aquino, al cual el Papa por su erudición envió en Alemania contra Lutero) en el fin de sus comentarios de la historia del viejo Testamento dice estas palabras:  Aquí acabamos los comentarios de los libros historiales del viejo Testamento: porque los demás (a saber Judit, Tobías, los libros de los Macabeos) San Jerónimo no los cuenta entre los libros Canónicos, sino entre los Apócrifos juntamente con el libro de la Sabiduría, y con el Eclesiástico: como se ve en el prólogo Galeato.  Ni te turbes novicios, si en algún lugar hallares, o en los sacros Concilios, o en los sagrados Doctores que estos libros se llamen canónicos.  Porque así las palabras de los concilios, como las de los Doctores han de ser limadas con la lima de San Jerónimo, y conforme a su determinación escribiendo a Chromacio y a Heliodoro Obispos, estos libros, y los demás de su fuerte, que andan en el Canon de la Biblia, no son Canónicos. q.d. no son regulares para confirmar lo que pertenece a la fe.  Pero puedense llamar Canónicos, para la edificación de los fieles: como recibidos y autorizados en el canon de la Biblia para este intento.  Con esta distinción podréis discernir los dichos de San Agustín, y los escritos del concilio provincial Cartaginense.  Hasta aquí Gaetano.  Hugo de San Victore in prólogo libro 1 de Sacram cap. 7 dice estas palabras: Léanse estos libros: pero no se escriben en el cuerpo del texto, ni en el Canon de autoridad: como es el libro de Tobías, de Judith, de Macabeos, la Sabiduría de Salomón y el Eclesiástico.  Ricardo de san Victore libro 2 cap. 9 Exceptionum después de haber dicho los libros Canónicos del Testamento viejo ser 22 añade lo que se sigue: Demás de estos hay otros libros, como la Sabiduría de Salomón, el libro de Jesú hijo de Sirach, y el libro de Judith, y el de Tobías, y los Macabeos: los cuales ciertamente se leen, mas no se escriben en el canon.  Y un poco más abajo: Hay, dice, en el Testamento viejo ciertos libros, que no están escritos en el canon: y con todo esto se leen: como son la Sabiduría de Salomón etc.  Lo mismo dice Nicolao de Lyra en el prologo sobre los libros Apócrifos.  Dionisio Chartusiano en principio comment. in Genesin, el Tostado in Mat. Cap. 1.  Antonino 3 parte tit. 18 C. 8.  Hugo Cardenal en el prólogo sobre Josué llama a Tobías, Judith, Macabeos, Sabiduría de Salomón, y al Eclesiástico Apócrifos: y dice que la Iglesia los admite no para confirmación de la fe, sino para institución de la vida.  La Glossa del decreto de Graciano dist. 16, afirma la Biblia tener algunos libros Apócrifos.  Lo mismo en muchos lugares testifica Erasmo.  Pero dejados los doctores asaz suficientes y muchos, que habemos alegado, vengamos ahora y mostremos bastantes razones que prueben estos libros no ser Canónicos, sino Apócrifos.

Tres cosas infaliblemente son menester para que un libro sea canónico.  (Hablo de los libros del Testamento viejo) la 1. que ninguna cosa contenga contra la Analogía de la fe: quiero decir contra lo que el Espíritu Santo ha revelado en los otros libros Canónicos.  La 2. que algún Profeta divinamente inspirado lo haya escrito.  Así dice San Pedro 2 Ped. 1:19-21, Tenemos la firmísima palabra de los Profetas, y Rom. 1:2 hablando San Pablo de Cristo dice: El cual había antes prometido por sus Profetas en las santas Escrituras. Y Rom. 16:26, Por las Escrituras de los Profetas.  Lucas 1:70, Como habló por boca de sus santos Profetas, y capítulo 16:29, A Moisés y a los Profetas tienen: Óiganlos, y capítulo 24:27, Comenzando de Moisés y de todos los Profetas.  Lo tercero que es menester, es que el tal libro sea escrito originalmente en la lengua materna y vulgar en que hablaban y escribían los Profetas: que era la Hebrea.  Y así dice San Jerónimo: A los libros Hebreos debemos recorrer; en cuya lengua el Señor habló, etc.  Presupuesto esto ser verdad, como lo es, formaré estos argumentos:  1. Todos los libros canónicos del Testamento viejo fueron escritos por los Profetas: ningún libro de los que llamamos Apócrifos, fue escrito por algún Profeta: luego ningún libro de los que llamamos Apócrifos, es canónico.  2. Todos los libros canónicos del Testamento viejo fueron originalmente escritos en la lengua vulgar de los Profetas, que era la Hebrea: ningún libro de los Apócrifos fue escrito originalmente en Hebreo: luego ningún libro de los Apócrifos es canónico.  3.  El Señor y sus Apóstoles confirman su doctrina alegando los libros canónicos: pero nunca alegan los Apócrifos: siguiese de aquí que los Apócrifos no son canónicos.  4.  La antigua Iglesia hebrea recibió y aprobó todos los libros canónicos del Testamento viejo: a estos, que llamamos Apócrifos, nunca los recibió: luego no son canónicos, Así dice San Pablo Rom. 3:2, Los oráculos de Dios fueron confiados a los Hebreos, o Judíos.  Concluyamos de lo dicho, que pues los Profetas no escribieron estos libros, y pues que no están alegados en el Testamento nuevo, y pues que la Iglesia Israelitica nunca los admitió, que no son canónicos.  5.  Razón: Demás de esto, en cada uno de estos libros hay algo que es contra la Analogía de la fe pronunciada en los libros canónicos: luego no son canónicos.  El Espíritu santo es constante, y no dice una cosa en un libro, y lo contrario en otro.  Hombres doctos y píos han probado en cada uno de los libros Apócrifos hallarse algo que contradiga a lo que dicen los libros canónicos.  Bastará pues por ahora notar algunas cosas de dos, o tres libros: por las cuales podréis conocer que tales sean los demás.  Cuanto al 3 y 4 que llaman de Esdras, muchos de nuestros adversarios no los tienen por canónicos, sino por Apócrifos, y así el concilio Tridentino no los nombra en el catalogo de los libros canónicos: Arias Montano no los pone en su Biblia, ni aun entre los Apócrifos.  San Jerónimo en su prefacio sobre Esdras y Nehemías dice estas palabras: Ninguno se deleite con los sueños del 3 y 4 Esdras:  Cuanto a los libros de los Macabeos San Jerónimo en Catal illust. Virorum, y libro 2 contra Pelagian dice Josefo ser el autor de estos libros.  Josefo vivió después de la muerte del Señor, y no fue Profeta: por tanto no pudo componer libros que perteneciesen al canon de los Hebreos.  Item, Gregorio magno dice no ser canónicos, libro 19, cap. 16 Moralium.  Demás de esto el segundo libro contradice a algunas cosas, que están en el primero.  Y es de notar que la primero se da más crédito que al segundo, 1, Mac. 6, verso 8, y 16 se dice que Antiocho murió en Babilonia del dolor y tristeza que concibió habiendo oído las malas nuevas de la perdida de su ejercito en Judea.  Pero 2 Mach. 1:16 se dice que los Sacerdotes lo mataron a pedradas en el templo de Nanea, y que después lo hicieron piezas.  Item, 2 Mach. 9:28 se dice que murió de miserable muerte peregrino entre los montes yendo contra Judea. ¿Cómo es posible que un mismo hombre muriese en tan diversos lugares, y con tan diferentes géneros de muerte?  Item, 1 Mac. 9, verso 3 y 18, se dice Judas haber sido muerto en la batalla, que se dio en el año de 152 (a saber del Reino de los Seleucidas) pero 2 Mac. 1:10 se dice que en el año de 188, Judas escribió letras a Aristóbulo.  ¿Cómo pudo escribirlas 36 años después de muerto?  Item, 2 Mach. 2:24 dice el autor que él ha abreviado y hecho un epitome de los cinco libros de Jasón Cireneo.  ¿Cuando el Espíritu Santo fuele hacer recapitulación de la historia de un autor profano?  Quién haya sido este Jasón, no se sabe.  Esto es cierto que no fue profeta.  Item, libro 1, cap. 4, verso 36, se dice que Judas Macabeo limpió el templo habiendo vencido a Lysias antes de la muerte de Antiocho: pero 2 Mach. Al principio del cap. 10, se dice que esta purgación se hizo después de la muerte de Antiocho: y los mismos adversarios conceden que en ambos lugares se habla de una misma purgación.  Pero vengamos a lo vivo, en el 2 libro se hallan cosas que manifiestamente repugnan a la doctrina católica enseñada en los libros Canónicos cap. 12:43. Judas Macabeo es alabado por haber ofrecido sacrifico por los que murieron en la batalla.  Debajo de las ropas de estos muertos (como se dice verso 40) se hallaron algunas cosas de las ofrendas de los ídolos de Iamnia, las cuales la ley veda, Deu. 7:25, a los Judíos: de donde fue manifiesto que por aquella causa habían sino muertos en la batalla: y nuestros adversarios afirman que por semejantes idólatras y sacrilegios no se ha de ofrecer sacrifico: pues que murieron en pecado mortal.  Si Judas Macabeo ofreció este sacrificio, no hizo bien, porque todo cuanto se hace sin fe es pecado: y todo lo que no procede de fe es imposible que agrade a Dios.  Nunca Dios, ni en el viejo ni en el nuevo Testamento mandó que le ofreciesen sacrificios por los muertos.  Las ánimas de los que mueren en el Señor van a vida eterna, y las de los que no mueren en el Señor, como las de estos de quien hablamos, no murieron, van a muerte perpetua: tercer lugar, donde las ánimas estén depositadas, hasta que sean purgadas, la Escritura sagrada lo ignora.  Item, cap. 14:42 del mismo libro, Razis que se mató a sí mismo por no caer en manos de sus enemigos, es alabado por ello: debiendo de ser condenado, pues quebrantó el mandamiento de Dios, que dice No matarás, y así estará con Saúl, que por la misma causa se mató a sí mismo, leed 1 Sam. 31:4 y con Judas que de desesperado se ahorcó, ítem al fin del capítulo último de este 2 libro de los Macabeos el autor, o abreviador dice estas palabras: Y si hubiere bien dicho y como a la historia conviene, esto es lo que yo deseo: mas si poco y flacamente: esto es lo que pude. O como dice la vulgata edición, a quién nuestros adversarios dan suma autoridad, concedendum est mihi: suporteseme.  Otro semejante perdón se demanda en la prefación del Eclesiástico.  Cuando el Espíritu Santo, que es la misma sabiduría y verdad, usó de semejante manera de hablar demandando perdón a los hombres si no ha hablado también como debiera?  Acaben pues nuestros adversarios de entender la gran diferencia que hay entre los libros canónicos y los Apócrifos: y conténtense con que los hayamos puesto aparte, y no entre los canónicos, cuya autoridad es sacrosanta e inviolable.  Cuanto a los libros del nuevo Testamento ninguna diferencia hay entre nosotros y nuestros adversarios: los mismos que ellos admiten por canónicos, admitimos nosotros, con todo esto en una cosa no convenimos con ellos: Ellos dicen que la Iglesia puede hacer a cualquier libro Apócrifo canónico, lo cual nosotros negamos.  Porque la Iglesia no es sino aprobadora, conservadora, depositaria, y cajera de los libros que el Espíritu santo ha inspirado a sus santos Profetas en el Testamento viejo, y a sus sagrados Apóstoles en el nuevo: no es inventora, y por esto San Pablo Rom. 3:2 hablando de la prerrogativa del pueblo Judaico dice: A ellos fueron confiados los oráculos de Dios.  Los mismo Oráculos de Dios son confiados a la Iglesia Cristiana.  Graciano dist. 19, y Alonso de Guerra, o Guerrero in thesauro Christianae Religionis c. 3, num. 5, y otros cuentan las epístolas decretales de los sumos pontífices entre las escrituras canónicas, y les dan la misma autoridad.  Si esto es verdad, ¿por qué no las imprimen juntamente con el Testamento Nuevo?  La falsa opinión que tienen que ni los sumos Pontífices, ni la Iglesia, ni el concilio que la representa no pueden errar (y aún algunos añaden que ni los Inquisidores) los hace caer en semejantes desvaríos.

Resta ahora dar cuenta que nos haya movido a hacer esta Segunda Edición.  Casiodoro de Reina movido de un pio celo de adelantar la gloria de Dios, y de hacer un señalado servicio a su nación, en viendo fe en tierra de libertad para hablar y tratar de las cosas de Dios, comenzó a darse a la translación de la Biblia.  La cual tradujo; y así año de 1569, imprimió dos mil y seiscientos ejemplares: Los cuales por la misericordia de Dios se han repartido por muchas regiones.  De tal manera que hoy casi no se hallan ejemplares, si alguno los quiere comprar.  Para que pues nuestra nación Española no careciese de un tan gran tesoro, como es la Biblia en su lengua, habemos tomado la pena de leerla y releerla una y muchas veces, y la habemos enriquecido con nuevas notas, y aun algunas veces habemos alterado el texto.  Lo cual habemos hecho con maduro consejo y deliberación: y no fiándonos de nosotros mismos (porque nuestra conciencia nos testifica cuan pequeño sea nuestro caudal) lo habemos conferido con hombres doctos y píos, y con diversas traslaciones, que por la misericordia de Dios hay en diversas lenguas el día de hoy.  Cuanto a lo demás, la versión conforme a mi juicio de todos los que entienden, es excelente:  y así la habemos seguido, cuanto habemos podido, palabra por palabra.  La palabra Por ventura, por saber a Gentilidad la habemos quitado, también habemos quitado el nombre Capullo y en su lugar puesto Prepucio; que es vocablo admitido ya mucho tiempo ha, en la Iglesia Cristiana.  También habemos quitado todo lo añadido de los 70 interpretes, ó de la vulgata, que no se halla en el texto Hebreo.  Lo cual principalmente aconteció en los Proverbios de Salomón.  Esto digo, para que si alguno confiriere esta versión con la que llaman vulgata, y no hallare en esta todo lo que hay en aquella, no se maraville.  Porque nuestro intento no es trasladar los que los hombres han añadido a la palabra de Dios, sino lo que Dios ha revelado en sus santas Escrituras.  Habemos también quitado las acotaciones de los libros Apócrifos en los libros Canónicos.  Porque no es bien hecho confirmar lo cierto con lo incierto, la palabra de Dios con la de los hombre.  En los libros Canónicos habemos añadido algunas notas para declaración del texto: Las cuales se hallarán de otra letra que las notas del primer Traductor.  Cuando hallares en el texto esta señal * significa que en el margen hay alguna acotación con la misma. * Las Letras del Alfabeto, que hallares añadidas en el texto, significan que en el margen hay alguna nota, que le corresponde con la misma letra.  Donde hallares estas dos letras, q. d. leeréis quiere decir Ab. significa Abajo, Ar. significa arriba: conviene a saber, en el mismo capítulo, o libro S significa es a saber.  Los nombres propios habemos retenido como comúnmente se pronuncian: y así decimos María que en hebreo se dice Mirjam disilabo: Moisés en Heb. Moxeh: Isaías, en heb. Isahiahu, Jeremías en heb. Jrmeahu: Sofonías, en heb. Zephaniah: Malaquías, en heb. Malachi.  Bien quisiéramos que los nombres fueran los propios hebreos: pero no los habemos usado, porque queremos hablar de manera que doctos e indoctos nos entiendan.

Cuanto al sacrosanto nombre Jehová, que es el propio nombre de la esencia divina, e incomunicable a las criaturas, habémoslo retenido por las doctas y pías razones que el primer Traductor de en su Amonestación, que hallareis después de esta Exhortación.  Solamente añadiré aquí dos razones, que me parecen muy peremptorias para confutar la supersticiosa obstinación de los Judíos, cuanto al pronunciar este hombre Jehová.  Y antes que las añida notaré aquí que Jehová es nombre Hebreo derivado del verbo sustantivo Ser y así Jehová q.d. el que tiene Ser de sí mismo: El que fue, Es, y Será eternalmente, y es el que da ser a las criaturas.  Este es el nombre propio de la Esencia divina, e incomunicable a las criaturas.  Jah tan frecuente en los Salmos, y en algunos otros lugares de la Escritura, es su abreviatura: y así es nombre propio de la Esencia divina, que significa y es lo mismo que Jehová, y así Salmo 68:5, En Jah su nombre.  Derivase del mismo verbo sustantivo que Jehová, David Kimhi, Judío de profesión y Español de nación dice que Dios se llama Jah porque es Criador del mundo y porque es causa de su propio ser.  La primera razón que aquí añido es esta: Los Gentiles idólatras que tuvieron algún comercio y trato con el pueblo Hebreo pronunciaron el nombre Jehová.  Pregunto yo ahora de quién aprendieron a pronunciarlo cuando hablaban con los Hebreos, sino de los mismos Hebreos, que hablando con los Gentiles, lo pronunciaban?  Gen. 24:31, Laban dice al criado de Abraham: Ven bendito de Jehová, y verso 50, Laban y Bathuel dice al mismo criado: De Jehová ha salido esto, no podemos hablarte malo, ni bueno.  Exod. 5:2, Faraón respondió a Moisés y a Aarón: Andad, servid a Jehová vuestro Dios: y verso 10 el mismo Faraón les dice:  Así sea Jehová con vosotros, como yo os dejaré ir y verso 11, Servid a Jehová, etc.  Exod. 18:10 Jethro Sacerdote de Madian dijo a Moisés su yerno: Bendito Jehová, que os escapó, etc.  Num. 23:17, Balac Rey de Moab dijo a Balaam: Que ha dicho Jehová? Y capítulo 24:11 le dice: Jehová te ha privado de honra, y verso 13, Balahm dice: No podré traspasar el dicho de Jehová, y luego: Lo que Jehová hablare etc.  Josué 2:10 Raab dice a los Espías de Josué:  Por la fama de Jehová tu Dios.  Rut 1:17, Rut dice a su suegra Noemí: Así me haga Jehová etc.  1 Sam. 29:6 Achis rey de los Filisteos dijo a David: Vive Jehová, que tú has sido recto, etc.  1 Reyes 5:7, Irma rey de Tyro dice a Salomón: Bendito Jehová, etc., y capítulo10:9, la Reina de Sabá dice a Salomón: Jehová, tu Dios sea bendito, y en el mismo verso: Jehová ha amado siempre a Israel.  2 Reyes 5:11, Naaman Syro hablando de Eliseo dice: Pensaba en mí: El saldrá luego y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, 2 Reyes 18:25, Rapsaces hablando con los Judíos les dice: He yo venido sin Jehová? etc, Jehová me ha dicho: Sube a este tierra, etc., y verso 30 no os haga Ezechias confiar en Jehová diciendo, Librando nos librará Jehová, y verso 32.  La misma historia se cuenta Isaías 36, de donde Laban, Bathuel, Pharaón, los Egipcios, Jethro, Balac Balaham, Raab, los gabaonitas, Rut, Achis, Hiram, la Reina de Sabá, Naaman, Rapsaces, y otros infieles e idólatras que se hallarán en la Escritura, supieron el nombre del Dios de los Hebreos ser Jehová, y lo pronunciaron hablando con los Hebreos, sino de haber lo oído pronunciar a los mismos Hebreos, con quien familiarmente trataban.  Y lo que es mucho de notar que ni Moisés, ni David tan santo, ni Solomon tan sabio nunca los reprendieron por haber pronunciado.  Lo cual sin duda ninguna hicieren si no fuera lícito pronunciarlo.  De donde los antiguos Latinos idolatras llamaron a su gran dios Jovis (Jovis es el nominativo antiguo: después dijeron Júpiter) como cuando dijo Virgilio Ecloga 3: A JOVE principium Musa, Jovis omnia plena ¿sino del nombre Hebreo Jehová, que habían oído ser el nombre del Dios de los Hebreos?  Nuestro Sevillano Benito Arias doctísimo en lenguas, hablando de los nombres de Dios hace particular mención del nombre esencial Jehová y así dice estas palabras: Y sí es lícito mostrar por razón de otros semejantes nombres la cierta pronunciación, J E H V E H se habría de decir.  Y así pienso que los Padres lo pronunciaron: así Israelitas, como otros hombres de otras naciones, que tuvieron noticia de este nombre.  El mismo Benito Arias después de haber dicho lo precedente, promete que tratará en otro lugar de la verdadera pronunciación del nombre Jehová.  Si lo haya hecho, no lo sé.

La segunda razón es Deut. 6:13 y 10:20, se dice, A Jehová tu Dios temerás, y a él servirás, y por su nombre jurarás.  La forma del juramento, y sus condiciones están Jeremías 4:2, Y jurarás (dice) vive Jehová, con verdad, con juicio, y con justicia.  Por tanto los que toman el nombre de Jehová con las condiciones que dice Jeremías, tanto falta, que pequen, que antes hagan servicio, y cosa grata a Dios, como se dice Salmo 63:12, Será alabado cualquiera que jura por él.  Como por el contrario, es vituperado el que jura por otro que Jehová.  Y así Exod. 23:13 se dice: Nombre de otros dioses no mentareis, ni se oirá en vuestra boca.  Cuando Dios Exod. 20:7 se dice: No tomarás el nombre de Jehová tu Dios, añade en vano.  Así que cuando no en vano, sino con verdad, juicio y justicia se toma el nombre Jehová, no es pecado sino parte del culto que Dios nos demanda.  Engañanse pues los Judíos cuando no solamente no juran por el sacro santo nombre Jehová, mas ni aun lo pronuncian.  Pero los santos Patriarcas y Profetas tomando gran consuelo con este nombre lo escribieron y pronunciaron, y juraron por él.  Léanse sus escritos, cuantas veces dijeron: Vive Jehová.  El Salmo 69 tiene trece versos, y en ellos el nombre Jehová se nombra once veces.  El Salmo 29, tiene doce versos, en los cuales David nombra Jehová dieciocho veces.  De una cosa me maravillo, que los Judíos hagan tanto escrúpulo de escribir y pronunciar Jehová (escribiendo y pronunciando en su lugar Adonai) y sin ningún escrúpulo escriban y pronuncien Jah, que es tan propio nombre de la Esencia divina, y tan incomunicable a las criaturas como Jehová: ninguna diferencia hay entre estos dos sacrosantos nombres sino esta, que Jehová, se escribe con cuatro consonantes, y Jah, como abreviatura de Jehová, se escribe con dos.  Habiendo probado ser licito pronunciarlo, y que los antiguos, así Hebreos como Paganos lo pronunciaron, resta ahora avisar al que lo pronuncia que cuando concibe este glorioso nombre en su mente, cuando lo escribe, o pronuncia, lo haga con la reverencia que se debe a un tan sacrosanto nombre: acuérdese de las condiciones, que poco ha habemos notado, que Jeremías capitulo 4 verso 2 de sus Profecía pone.  El nombre de Jehová (come se dice Salmo 111:9) es santo y terrible.  Si es santo, porque miserable pecador, lo profanas tomándolo sin reverencia ninguna a cada tercera palabra en tu boca?  Si es terrible, porque tu miserable gusano, polvo, y ceniza, no tiemblas cuando lo tomas en tu boca sucia?  Acuérdate que Dios no tendrá por inocente al que tomare su nombre en vano.  Exod. 20.  Acuérdate del horrendo Castigo con que Dios castigó al blasfemo, Lev. 24:14, mandó Dios que fuese apedreado.  Y así lo fue.  Perdonadme Cristiano Lector si he sido largo en esto: la superstición de los Judíos, y los escrúpulos de algunos Cristianos me han hecho ser prolijo.

El trabajo que yo he tomado para sacar a luz esta obra, ha sido muy grande, y de muy largo tiempo: y tanto ha sido mayor, cuanto yo he tenido menos ayuda de alguno de mi nación que me ayudase, siquiera a leer, escribir, o corregir.  Todo lo he hecho yo sólo.  Ha placido a mi buen Dios de tomarme por instrumento (aunque indigno e insuficiente) para acometer una tan grande empresa, y darme fuerza y animo para no desmayar en mitad del camino, y dar con la carga en tierra.  Demás de esto, Satanás recelándose del daño y ruina que esta Biblia Española causará en su reino, ha procurado por las vías posibles (conformes a su maldito odio y rencor que tiene contra Dios y su gloria) y con nuevos estratagemas y ardides impedirla.  Mas con todo esto no ha podido salir con la suya.  Porque nuestro Dios (cuya causa en esta obra se trata) le ha tenido las riendas, y lo ha de tal manera enfrenado con el freno de su potencia, que no ha hecho sino lo que su Majestad le ha concedido que hiciese.  Ya aún esto ha sido para ejercitar mi paciencia, y aumentar mi fe en él, que por su misericordia me ha dado.  Y siendo de 50 años comencé esta obra: y en este año de 1602, en que ha placido a mi dios sacarla a luz, soy de 70 años (edad es esta en que la fuerza desfallecen, la memoria se entorpece y los ojos se oscurecen.)  De manera que he empleado 20 años en ella.  Todo el cual trabajo doy por muy bien empleado.  Mi intento ha sido servir a mi Dios, y hacer bien a mi nación.  Y que mayor bien les puedo hacer que presentarles el medio, que Dios ha ordenado para ganarle ánimas, el cual es la lección de la sagrada Escritura?  Aquí se dan buenas nuevas a los pobres; Aquí se da la medicina sanar los quebrantados de corazón, Aquí se pregona a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; Aquí se publica el año agradable del Señor: Aquí los tristes son consolados, y los demos que dijo Isaías cap. 61, Y el Señor lo alega, Lucas 4:18, Plega a su Majestad quiera por su Cristo aceptar este mi MINCHAH, este mi sacrificio vespertino, que yo le ofrezco en mi vejez.  Suplico le bendiga esta su obra, para que su sacrosanto nombre, el cual es anunciado en ella, sea santificado en España, como lo es en otras naciones.  Esta Biblia fue imprimida con la ayuda, y asistencia de pía gente.  He dicho esto para que su memoria sea eterna: y para que otros a su ejemplo se ocupen en semejantes obras de piedad.  Hacer esto es juntar (como el Señor Mat. 6:20, nos manda) tesoros en el cielo: donde ni polilla, ni orín los come: y donde ladrones no minan, ni hurtan.  Si librar al cuerpo mortal de algún peligro inminente es cosa que mucho agrada a Dios: y por tal nos la manda, cuanto más grato le será librar al ánima inmortal de ignorancia, superstición e idolatría y darle verdadero conocimiento de la voluntad de Dios: lo cual se hace con la lección y meditación de la sagrada Escritura, la cual en este libro os presentamos?  Escuchad pues diligentemente, o Españoles carísimos, con un animo humilde, abatido y desconfiado de sí mismo, al Dios todo poderoso, que os crió, redimió y santificó y os promete (si vosotros oyeres su voz e hicieres lo que os manda, y como lo manda) de glorificaros en su reino consigo: el cual os habla y enseña en esta su santa palabra su voluntad.  Su Majestad por su Cristo, no mirando a nuestros deméritos (porque  qué hombre hay que no peque?  Todos somos concebidos, nacidos, y encimados en pecado, y envejecidos en el) os haga la gracia por su Cristo que así lo hagáis. Así sea, así sea.

Por tanto hermanos míos muy amados, exhortamos os en el nombre del Señor, cuyos embajadores somos, que no recibáis en vano la gracia que su Majestad os hace de manifestaros su voluntad hablando os hoy en vuestra lengua Española.  Suplico os en su nombre que no endurezcáis hoy vuestros corazones no queriendo oír la voz del Señor que hoy os habla.  He aquí es el tiempo acepto, he aquí ahora el día de salud: Dios os habla, escuchadlo, y haced lo que os manda, y como él lo manda.  Porque como escaparéis vosotros, si tuvieres en poco una salud tan grande, como la que os presenta Dios el día de hoy?  Advertid que si Dios es Padre misericordioso, lo es para con aquellos que se le humillan, y se dejan gobernar por su Palabra: pero para los rebeldes y consumases es severísimo juez.  Horrenda cosa es caer en sus manos.  Acuérdeselos como haya tratado a su pueblo Hebreo, por no le haber oído ni obedecido.  Por tanto yo juré (dice el Señor) en mi furor, No entrarán en mi holganza: Lo mismo hará con vosotros, sino lo oyeres hoy cuando os habla.  Oseas 4:6 dice Dios: Mi pueblo fue talado, porque le faltó sabiduría, Amós 8:11, He aquí que vienen días, dijo el Señor Jehová en los cuales enviaré hambre en la tierra: no hambre de pan ni sed de agua, mas de oír la palabra de Dios.  Y luego nombra el castigo con que los castigará, Prov. 29:18, se dice que el pueblo sin profecía (q. d. sin enseñamiento de la voluntad de Dios) será disipado.  Para pues no caer en semejantes peligros y castigos, oíd a Dios que por boca de sus santos Profetas y Apóstoles os habla hoy en este libro, que llamamos la Biblia.

Otra vez torno a suplicar a nuestro buen Dios y Padre misericordioso, os haga la gracia que lo oigáis para que sepáis su voluntad, y sabiéndola viváis conforme a ella: y así seáis salvos por la sangre de aquel Cordero sin mancilla que se sacrificó a sí mismo en el ara de la cruz para alcanzaros perdón de vuestros pecados delante del Padre.  Así sea.

Vuestro Hermano en el Señor

C. de V.

 

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One Response to “Exhortación de Cipriano de Valera en su Biblia publicada en 1602”

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  1. Simplemente es un privilegio maravilloso, haber leído esta exhortación, o prólogo de Ciprina Valera, de su traducción de la Biblia 1602.

    Es además reconfortante para nuestra fe , el saber que tantos hombres como él se preocuparon de que las Santas Escrituras llegaran a nosotros lo más fiel posible a los originales.

    Damos gracias a Dios por eso.

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