Gracia abundante en tiempo de duelo

Tarde o temprano nos toca a todos nosotros pasar por “el valle de la sombra de muerte”. Si estamos en la relación debida para con Dios, él ha prometido darnos gracia suficiente. II Corintios 9:8 dice “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra”.

Hay dos tipos de dolor en la vida. Hay dolor físico y dolor emocional. Los médicos tratan el dolor físico de varias maneras. Es la gracia de Dios que nos sostiene en medio del dolor emocional.

Nos conviene enfrentarnos con la realidad cuando vemos que un ser querido está acercándose a la frontera. Tenemos que saber entregar a él o ella en las manos de Dios. Es decir “Querido Dios, él está en tus manos. Yo sé que contigo no hay nada imposible. Si sea tu voluntad, yo sé que tu eres capaz de sanarle, pero si no lo sanas, estoy dispuesto a entregarle a ti con la esperanza de que tú vas a darme la gracia suficiente para aceptar mi pérdida”.

Si nos negamos a aceptar la realidad, la frustración y desilusión será aún más grande. Algunos creyentes están afligidos, pensando que es una falta de fe aceptar la realidad. Ellos quedan hasta lo último orando y esperando por la sanidad milagrosa de Dios. En la hora de la muerte ellos piensan que Dios fracasó en no contestar su oración o que ellos fallaron en no tener fe suficiente.

Muchos tratan de esconder la realidad detrás de una serie de mentiras. Una vez tuvimos un abuelo en nuestra iglesia cuya esposa se estaba muriendo. Sus hijas le engañaron diciéndole que era una cosa pasajera, no más. Por fin ellas se dieron cuenta de que la muerte de su mamá era eminente pero no tenían la valentía de decirlo a su papá. Ellas me pidieron que yo comparta la triste verdad con él. Acepté el desafío. El era tan sordo que tenía que gritar para hacerle entender. Puede ser que algunos vecinos me escucharon. A veces me ha tocado visitar en el hospital un creyente moribundo. Sus parientes me acercaron en la entrada rogándome que no le diga que va a morir. Yo tenía que decirles, “Mira si él me pregunta si va a morir, no voy a ser mensajero de una mentira. Si es así, sería mejor que yo no pasara a verle”. Yo creo que los creyentes deben saber que están en la frontera de la muerte para prepararse para su partida y encuentro con Dios. Puede ser que hay cosas que ellos quieren decir a sus parientes antes de su partida. Sabiendo que se están muriendo ellos pueden ser un potente testigo para Dios aun hasta el fin.

Siendo un joven pastor, dos veces me tocó acompañar hermanas en Cristo en el momento de perder a sus queridos maridos. Me sentía muy incompetente porque no podía entender la profundidad de su dolor. Por fin me di cuenta de que no era necesario comprender la profundidad de su tristeza. Mi ministerio no era nada más que ayudarles en confiar en la multiforme gracia de Dios.

Pablo escribió a los tesalonicenses y dijo, “No entristezcáis como los otros que no tienen esperanza” (I Tesalonicenses 4:13). Por supuesto habrá tristeza, pero gracias a Dios, tenemos esperanza. También estamos fortalecidos por el hecho de que nuestro Dios es “El Dios de toda consolación” (II Corintios 1:3). Nos conviene también reclamar la promesa “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

La pérdida de un cónyuge deja a uno con un gran vacío en su vida. Es una trauma emocional que le deja en peligro de caer en la depresión. Por eso, es de suma importancia que encuentre algo para llenar el vacío. No es bueno que pase mucho tiempo a solas. Afortunado eres si tienes amigos o parientes dispuestos a pasar tiempo con usted y ayudarle con los quehaceres que tiene que hacer. Una tarea difícil es la de disponer de las permanencias de su cónyuge. Habrá trámites y cuentas que pagar. Si le sobra tiempo, sería bueno añadir otra dimensión a su vida. Después de arreglar los asuntos en casa, tal vez sería posible ir y visitar parientes o amigos por algunos días. Tal vez puede encontrar algo que puede hacer en su iglesia para servir a Dios. Otro peligro que resulta de la pérdida de un ser querido es el de alejarse de Dios. Algunos echan la culpa sobre Dios. Otros empiezan a dudar la existencia de Dios. Esto, más bien, sucede con los que no tuvieron una relación íntima con Dios.

La pérdida de un ser querido es uno de los dolores más intensos que nos toca sufrir en la vida. Muchos han pasado por “El valle de la sombra de la muerte” y siguen viviendo una vida normal. Así ellos testifican del hecho de que hay victoria. Es un ministerio que nosotros podemos tener en ayudar a los que están pasando por esta época de la vida. Cuando un amigo nuestro o ser querido pasa por esta etapa debemos estar a su lado para acompañarle y animarle. Un día nos tocará a nosotros y estaremos muy agradecidos si algunos se acercan para consolarnos.

 

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