La belleza de la veracidad

“Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo…” Efesios 4:25

La verdad es la roca sobre la cual todo está edificado. Cuando no hay verdad, no nos queda nada en que podemos confiar. Una vida carece de valor si carece de la verdad.

Cada persona honrable y sincera ama la verdad. El está dispuesto a sacrificar por ella. Hay los que han padecido el encarcelamiento y aun la muerte por amor a la verdad.

La verdad embellece a la persona que vive por ella. Ella está puesta como una corona real sobre la cabeza de los que la tienen. No hay nada que embellece la cara más que un corazón noble y una conciencia limpia. Aquel cuyos motivos son todos puros y que siempre dice la verdad puede mirar en la cara a todo el mundo sin tener vergüenza. Aunque el semblante sea irregular, la verdad puede hacer un cambio impresionante en su aspecto. ¿No te parece que es mejor ser conocido por la belleza de tu carácter y no por tu cara?

Una mentira es cobardía. Después de analizar todos los motivos por mentir, después de todo, encontramos que su motivo básico es la cobardía. El mentiroso tiene temor de ser honesto consigo mismo y con los demás. Él trata de ser lo que no es. Se esconde atrás de mentiras.

La mentira más común y tal vez menos culpable, es la que se dice para cubrir sus fallas. Se lo hace porque el culpable tiene temor de enfrentarse con la verdad. Al cambio, aquel que es valiente sabe enfrentarse con la verdad aunque resulta en afrenta y dolor. Mucho mejor es ser veraz por dentro y no únicamente pintarse con la honestidad.

El de ser valiente es ser honesto. Aveces precisa más valentía decir la verdad que entrar a la guerra. Aveces el que es honesto queda alejado de los demás. Él tiene que defenderse o defender una causa difamada por los demás.

La mentira más dañina es aquella que se dice para dañar a otro. En el juicio final, tales mentiras van a tener lugar junto con el homicidio. Tales mentiras matan el respeto y confianza que otros tenían en aquella persona. El homicidio mata a la persona y el mentiroso mata el buen nombre de la persona.

Hay mentirosos que son hipócritas. Ellos quieren ser conocidos por ricos, cultos o educados. Ellos tratan de identificarse con los ricos y los de la alta sociedad. Hay mujeres que se visten y se pintan como las del mundo para ser bien recibidas por ellas. Ellas apenas reconocen a los que no están bien vestidos. Una vez había dos jóvenes hablando. Uno preguntó el otro sobre el bienestar de una mujer conocida por los dos. Él respondió por decir que él había visto a ella tres veces recién en la calle pero dijo, “A mí me parece que ella no me conoce cuando estoy vestido de jardinero. Ella me recibe lo más bien en la iglesia”. Una mujer así no va a ser bien respetada por la gente buena y honesta.

Se dice que siempre debemos decir la verdad. Es cierto pero esto no quiere decir que tenemos que decir toda la verdad que conocemos. Hay muchas cosas que son la verdad pero es mejor que no sean divulgadas. Si no es necesario decirlo, sería virtuoso callarse.

Si estoy buscando una mujer para ocupar un puesto de responsabilidad, mi primera pregunta sería, “¿es honesta?” Puede ser que tiene conocimiento, experiencia y buena apariencia y que es muy accesible, pero si yo sé que no es honesta voy a decir, “no, ella no sirve”. Si una mentira sale de la boca de una mujer, es más probable que dentro de poco, más van a proceder. La mentira destruye la confianza que los demás han puesto en nosotros. Es muy difícil recuperar la confianza perdida.

El consejo mejor para cada mujer es “Diga siempre la verdad”. El consejo del rey, Salomón era; “Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad: Atalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón, y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres” Prov. 3:3-4.

La mujer honesta cumple con su promesa. Los demás pueden confiar en ella. Si ella ve que, por alguna razón, no puede cumplir con una promesa ella siempre es muy pronto en pedir disculpas. Hay los que hacen promesas para complacer a los demás pero si no las cumple, la complacencia es por el momento, no más.

Es imposible pensar de una ocasión cuando sería más honrable mentir que decir la verdad. Toma la decisión ahora mismo que, cuesta lo que cuesta, siempre vas a decir la verdad.

 

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