La caída de David y su perdón

2 Samuel 12:1-14

“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Cor. 10:12). El retroceso nunca comienza con un acto manifiesto de culpa, sino en el pensamiento secreto del corazón. “Has dejado tu primer amor” (Apocalipsis 2:4). Los cristianos pueden caer de la comunión con Dios, aunque no pueden caer de su relación como hijos, no más que el pródigo en Lucas 15 no dejó de ser hijo de su padre. Hubo una gran diferencia en los resultados entre la caída de Saúl y la de David, o entre la negación de Pedro y la de Judas.

I. Su naturaleza

David fue culpable de adulterio y asesinato (2 Samuel 11). El asesinato de Urías era un dispositivo sutil para cubrir la vergüenza de su pecado con Betsabé. ¡Oh, en que profundidades puede caer un hijo de Dios en un momento de descuido! Note aquí la fidelidad de la Biblia en que expone las faltas y fallas de sus héroes. David no es el único hombre santo que ha sido arrastrado hacia el fango del pecado a través de la influencia de su apariencia (2 Samuel 11:2). Eva vio antes de que ella tomara en sus manos el fruto prohibido. La reincidencia de Lot comenzó cuando alzó sus ojos hacia Sodoma (Gen. 13:10), y una mirada fue la ruina de su esposa. El primer paso que condujo a la destrucción del viejo mundo fue tomado cuando “viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres” (Gén. 6:2). Las palabras de Cristo son muy profundas en este sentido (véase Mateo 5:28). Cuando estemos en la iluminación de este reflector del cielo, ¿quién será el primero en lanzar una piedra a David?

II. Su fruto

“Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá” (2 Sam. 12:14). Casarse con Betsabé antes del nacimiento del niño no cubrió la culpa de su pecado ante los ojos de Dios (2 Sam. 11:27). ¡Qué triste cuando el comportamiento de uno que profesa ser siervo de Dios llena la boca de sus enemigos con argumentos en contra de él y su causa! Las malas acciones de los cristianos le dan al enemigo ocasión para decir cosas que blasfeman su santo nombre. ¿No ha dicho que “sabrán las naciones que yo soy Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos”? (Ezequiel 36:23; véase también Rom. 2:24).

III. Su convicción

“Tú eres aquel hombre” (2 Samuel 12:7). Esta flecha no fue disparada al azar. Los que viven en pecado no deben ser condenados con un simple indicio, tienen que ser compungidos de corazón (Hechos 2:37). Como Cristo fue traspasado por nuestros pecados, así debemos ser traspasados con convicción. El pecado secreto de David estaba desnudo delante de Dios. Como el pecado de Caín y Acán, ningún dispositivo humano podría cubrirlo. El mensaje enviado por Natán era singularmente apto, como siempre son los mensajes de Dios; y como Latimer y Knox, no temía la ira real. Cuando un hombre tiene un mensaje de Dios, su actitud será audaz y su discurso será inequívoco. ¿No fue así con Jesucristo?

IV. Su confesión

“Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová” (2 Samuel 12:13). No busca excusarse, no menciona circunstancias atenuantes, no culpa a nadie por traicionar su secreto al profeta. Está demasiado herido para ofrecer resistencia. Él no dice yo he pecado contra Urías, sino he pecado contra el Señor. Cuando un hombre ha descubierto que ha “pecado contra el cielo” (Lucas 15:18), dejará de justificarse (Sal. 51:4). Una conciencia muerta causa que un hombre sea arrogante como Satanás mismo. Job dijo: “He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé?” (Job 40:4). “Dios, sé propicio a mí, pecador” es el incienso que se levanta de las brasas de una convicción ardiente (Lucas 18:13).

V. Su perdón

“Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado” (2 Samuel 12:13). Aún es cierto que “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar” (1 Juan 1:9). Cuan dulcemente canta David esta abundante misericordia de Dios en el Salmo 32. El profeta Miqueas se regocija en la misma alegre nota al proclamar, “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia” (Miqueas 7:18).

1. Fue inmediato. Tan pronto como se hizo la confesión, tan pronto fue declarado su perdón. Observe en esto la disposición de Dios para bendecir, tan pronto como el corazón del hombre esté en un estado correcto para recibirlo.
2. Fue completo. “También Jehová ha remitido tu pecado” (2 Samuel 12:13). Dios no vuelve sobre lo hecho, cuando hay una confesión honesta, sino que por el poder de su gracia omnipotente, él quita para siempre la cosa infernal de su presencia. “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. (Juan 1:29).
3. Fue acompañado con promesa. “No morirás” (2 Samuel 12:13). El perdón de Dios está asociado con la promesa de vida (Hechos 13:38-39; Efe. 1:6-7; Juan 5:24). Él perdona, luego él asegura al perdonado con su Palabra. Nunca oiremos una voz del cielo, como en la historia del Progreso del Peregrino por Juan Bunyan, diciéndonos que tenemos que decidir entre el pecado y la piedad, o entre el cielo o el infierno. Sin embargo, no somos justificados hasta que confesamos nuestros pecados y creemos en el Señor Jesucristo.

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