La sumisión

Hay grandes trastornos en una sociedad donde no hay sumisión.  Si no hay sumisión todos hacen lo que le parece derecho a sus ojos.  Esto resulta en anarquía.  Por eso, es de suma importancia que estemos dispuestos a someternos a las autoridades encima de nosotros.  También es algo que tenemos que enseñar a nuestros hijos.

Romanos 14:7 dice  “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí”.  Había un tiempo en la historia cuando muchos religiosos pensaron que la santidad consistía en el ascetismo.  En buscar la manera mejor de cumplir con esto, ellos se fueron al desierto donde edificaron un humilde rancho y vivieron allí en la soledad.  Tal vez ellos tenían derecho a disfrutar de ser insumisos.  Allí no tenían que someterse a nadie.  Pero, si vivimos en la sociedad, tenemos que someternos.

La sumisión debe ser voluntaria; de corazón.  Si no, es esclavitud.  Por eso, Jesús dijo en Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”.  Dios no quiere ser un amo de esclavos.

La sumisión es un ingrediente indispensable en cada relación humana.  Por eso, es de suma importancia que los padres enseñen a sus hijos a someterse.  Muchos hogares son un desastre y los padres están exasperados porque sus hijos no les obedecen.  Si sus hijos siguen con esta falta en su educación, ellos tendrán un sin fin de problemas en la vida.  Cueste lo que cueste,  los niños tienen que aprender que sus padres son autoridades en la casa.  Cuesta más para algunos niños aprender y aceptar esto.  Con hijos obedientes, hay más tranquilidad en la casa y los hijos son bien encaminados.  Los padres que fallan en enseñar a sus hijos a someterse sufren dolor y vergüenza y están fallando en preparar a sus  hijos para disfrutar de la buena vida.

La razón principal por los fracasos en los matrimonios es porque uno, o los dos cónyuges, no cumplen su papel en la sumisión.  La Biblia dice claramente que las mujeres deben estar en sumisión a sus maridos.  “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor” (Colosenses 3:18).  Supuestamente esto exige que sus maridos estén sujetos a Dios.  Santiago 4:7 dice “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”. El marido tiene que tomar en cuenta el bienestar de su esposa.  Colosenses 3:19 dice “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas”.

Muchos no quieren ser miembros de una iglesia porque no están dispuestos a someterse a las normas de la iglesia.  Cada buena iglesia tiene que tener normas.  Efesios 5:21 dice “Someteos unos a otros en el temor de Dios”.  Hebreos 13:17 dice “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso”.  Para llenar nuestro papel en la iglesia tenemos que someternos a la voluntad de los demás.

Los empleados tienen que someterse a sus patrones si quieren prosperar en su trabajo.  Efesios 6:5-8 dice “Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre”.  Alguien puede decir que la palabra “siervos” se trata de esclavos.  No importa.  La aplicación es igual.  Si parece injusto, lo que su patrón pide, tiene derecho renunciar a su trabajo y buscar otro.

Los jóvenes que participan en deportes tienen que someterse, primeramente al entrenador y también a los demás en el equipo.  Cada uno tiene que trabajar en equipo para ganar.

A veces llega el momento cuando los ancianos tienen que someterse a otros Ellos están acostumbrados a vivir su vida a su manera, pero su cuerpo se debilita y se encuentran metidos en una silla de ruedas.  Otros tienen que tomar decisiones para ellos.  No siempre es a su gusto, pero siendo que ellos mismos no pueden hacerlo, no hay otro recurso.

También tenemos que someternos a nuestra situación.  Siempre luchamos con la tentación de tener envidia de otros que están en una situación mejor.  Si no tenemos cuidado, esto fácilmente puede arruinar nuestra felicidad.  En Tito 2:9-10 el apóstol Pablo da la siguiente exhortación a los siervos. “Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador”.  En I Corintios 7:21 él dice a los esclavos “Pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más”.  Algunos tienen que trabajar duro con un sueldo miserable porque en su juventud no quisieron estudiar.  Ahora es difícil recuperar lo que perdieron.  Si es posible, hágalo, pero mientras tanto tienes que someterte a la situación.

Otros están en una situación difícil por su estado de salud.  Tal vez no hay forma de cambiar su situación (por ejemplo, él que perdió una pierna).  Tenemos que saber glorificar al Señor en medio de nuestra situación.  Esto exige que nos sometamos a nuestra situación sin tener lástima por nosotros mismos.  El apóstol Pablo dijo en Filipenses 4:11 “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”.  Esto es algo que nosotros también tenemos que aprender.

La obra de Dios marcha a paso de tortuga por la gran falta de líderes.  Es que un líder tiene que ser primeramente un discípulo.  Un discípulo es uno que está dispuesto a someterse a la instrucción y entrenamiento de uno más maduro.  Un líder no llega a ser líder de un día a otro.  Él llega a la madurez a través de la sumisión.

El Salmo 32:9 dice que no debemos ser como el caballo o la mula que han de ser sujetos con cabestro y con freno.  Muchos de los que están encarcelados llegaron allí por no ser sumisos.  Ellos perdieron su libertad por la falta de sumisión.  El testarudo no quiere someterse.  Él siempre está luchando en contra de los límites.  Muchos están engañados en pensar que la felicidad estaría en la libertad, cuando al contrario, está en la sumisión.  Sométase pues a Dios de todo corazón, y haz su voluntad que es siempre agradable y perfecta.  “Así que, hermanos, os rugo por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es vuestro culto racional.  No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2).

 

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