Motivo para un Avivamiento: La próxima aparición de la Versión Reina-Valera, Revisión de 1960

Escrito en 1960 por Alfonso Lloreda, uno de los revisores

Las palabras, como toda otra expresión de la vida, cambian y se transforman progresivamente hasta llegar a expresar con claridad y precisión el contenido de su significado. Este ha sido el caso de la palabra avivamiento. Un día llegó al vocabulario religioso del castellano como producto de una fría y directa traducción del inglés. El misionero creyó que al traducir la palabra, traducía también con ella la compleja experiencia espiritual que quería describirse. Pero no fue así; por más de cuarenta año los hermanos de la iglesia han tratado en vano de entender lo que en libros y revistas quiere definirse con la palabra avivamiento.

No obstante, una cosa es suficientemente clara: El punto de partida en todo avivamiento espiritual es las Sagradas Escrituras. Parece que la revitalización del cristiano y de la iglesia está en relación directa con su actitud hacia la Biblia, y es consecuencia lógica de su confrontación con las verdades bíblicas. El redescubrimiento de la revelación divina, la aceptación de su autoridad, la renovación de los votos de fidelidad a Dios y a su Reino, fueron siempre las características de los momentos cumbres de avivamiento espiritual en el Antiguo Testamento. Fue ese el caso de Josué en Siquem, cuando como resultado de la lectura del Libro del Pacto, el pueblo hizo nuevos votos de fidelidad y obediencia y sintió como si sus relaciones con Dios comenzaran de nuevo más fuertes y vigorosas. El pueblo salió remozado de aquella nueva confrontación con las Sagradas Escrituras.

Fue así también cuando en los días del rey Josías el pueblo encontró en el templo el Libro de la Ley, que no era otra rosa que el libro de los hechos poderosos de Dios manifestados en su pueblo desde la salida de Egipto hasta la entrada a la Tierra Prometida. El pueblo lavó su corazón en arrepentimiento, destruyó las causas y los lugares de idolatría, y renovó sus votos de fidelidad y obediencia a Dios. Otra vez el pueblo de Dios se sintió rejuvenecido como consecuencia de su confrontación con las Sagradas Escrituras y las demandas divinas de obediencia expresadas en ellas. También en los días de Esdras se produjo en la nueva comunidad judía de Jerusalén una renovación de fe y esperanza como resultado de la lectura de las Sagradas Escrituras. El pueblo de Dios, vencido por los tiranos del día, fatigado y cansado por los abusos del exilio, encontró en la revelación divina una fuente de nueva vida y una sólida base donde afirmar su confianza en Dios. Las Sagradas Escrituras son el punto de referencia de todo avivamiento; siempre que la iglesia retorna a ellas, aviva su fe, renueva su esperanza y se reafirma en los valores eternos de la vida cristiana.

De ahí que nosotros pensemos que el esfuerzo que las Sociedades Bíblicas acaban de hacer al ofrecernos la Biblia en un nuevo texto castellano, actualizado en sus giros y expresiones, sea un buen motivo para un avivamiento. El mismo mensaje antiguo, es verdad, pero dirigido al hombre moderno y a sus necesidades en su propio lenguaje. La única inspiración en su proyecto que cuesta tanto, no tan sólo en dinero sino en tiempo y en el esfuerzo conjunto de muchas personas consagradas, es el anhelo de que la Biblia hable de nuevo su mensaje antiguo.

Nosotros los pastores maestros de la iglesia debemos recibir esta nueva revisión de la Biblia Reina-Valera como una invitación a leer y estudiar una vez más las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento. Entender lo que leemos es requisito indispensable para acatarlo y obedecerlo;  fue así en el caso del eunuco que descendía de Jerusalén a Etiopía. Sin entender, no podremos encontrar en la revelación divina la “delicia” de que habla el primer Salmo; entender, que viene de meditar en ella “de día y de noche.” Esta nueva Biblia, dividida en secciones, con referencias que conectan entre sí los pasajes relacionados, con una dicción moderna y clara y con mapas y concordancia instructivos, es a la vez una invitación y un reto al cristiano y a la iglesia a revisar nuevamente y con cuidado las páginas sagradas. La oración es la misma: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley”. La revelación de Dios se vuelve a la vez “delicia” y “maravilla” en nuestras vidas cuando de veras la entendemos. Al abrir por primera vez esta nueva revisión de la Biblia en castellano debemos hacer un esfuerzo por oír la voz del Señor: “Escudriñad las Escrituras. . .ellas son las que dan testimonio de mí”. Es esta una invitación a leer, estudiar, meditar y escuchar la voz de Dios, requisito indispensable de un verdadero avivamiento.

Pero el verdadero avivamiento no comienza sino con nuestra respuesta a las demandas de la revelación divina de una perfecta obediencia y una entera sumisión a la voluntad de Dios expresada en el sagrado texto. No hay otra manera de responder a la Voz de Dios sino en términos de obediencia y consagración. La “delicia” y la “maravilla” de la voz de Dios han de producir en nuestras vidas la delicia y la maravilla de la sumisión a Dios. Quien no lo acepte así no lo ha entendido todavía. Es por eso que al recibir esta nueva Biblia en castellano debemos recibir con ella una invitación de Dios a los cristianos de habla española a obedecerle a El y a consagrar sus vidas enteramente a su Reino. Es tan solo en esta obediencia que se produce la “vida abundante” de que habla el evangelio. Quienes traducen, imprimen y distribuyen el sagrado texto, lo hacen llenos de fe en que la obediencia a la deliciosa y maravillosa voz de Dios renovará cada vez en el cristiano la vida abundante que el evangelio le ha dado.

La alegría que nos causa el anuncio de esta nueva revisión de la Biblia se debe a la esperanza que abrigamos de ver al pueblo de Dios renovando su fe y afirmando sus votos de vida cristiana sobre las sagradas páginas de la revelación divina. Oremos para que esto sea el motivo de un verdadero avivamiento.

La Biblia en México. julio-septiembre 1960, págs. 21-23

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