Para que esto se logre debe realizarse de la manera que Pablo instruye a Timoteo en II Tim. 2:1-2 y estrictamente dentro los círculos que representa el edificio de la iglesia local. Hechos 2:40-42. El pastor quien va de la mano del Señor Jesucristo y esté en plena certidumbre de que obedece y es fiel a los principios bíblicos, es quien comanda el orden de enseñanza y transmisión de las doctrinas, y debe ser secundado por sus inmediatos líderes y demás maestros, apoyando y cuidando que la enseñanza alcance todos los rincones de la iglesia con la misma fidelidad que fue expuesta originalmente por el pastor de la iglesia. Esto evita divisiones innecesarias y la iglesia avanza más rápido.
Nos enseña que no hay forma que la vida de las personas en la iglesia sera transformada aparte de que haya esa clase de predicación que cambia vidas, y salva las almas del infierno y del dolor y destrucción que trae el pecado. La palabra de Dios no se inspiró para llenar nuestras cabezas de conocimiento, sino para aplicarse a nuestro corazón y producir cambios en nuestro comportamiento y prevenirnos de los fracasos, y ayudarnos a alcanzar la estatura de Jesucristo.
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