La Regla de Oro

Por el Pastor Russell George

Lo de bueno de un conocimiento bíblico es que nos equipa con principios que nos guían en tomar decisiones sabias. Cada día tomamos decisiones. Nos hace falta de algo para guiarnos. Muchos toman decisiones al azar. Dicen, "Voy a hacerlo de tal manera y esperar que me salga bien". Aparte de esto, tomamos decisiones basadas sobre "lo que me conviene". Sería imposible tener un código de leyes que diría exactamente lo que debemos hacer en cada situación. Con un buen conocimiento bíblico podemos decir, "En semejante caso debo ser guiado por este o aquel principio". Es por eso que la Biblia pone tanta importancia en la meditación. Vea Salmo 1:2

La Regla de Oro se encuentra en Mateo 7:12, y dice; "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas". Es uno de los principios bíblicos de gran utilidad. Dijo Jesús, "Esto es la ley y los profetas". Por esto, él quería decir que todo lo dicho en la ley y por los profetas está sumado en estas pocas palabras. Así que, no tenemos que revisar todo el Antiguo Testamento para encontrar algo para guiarnos.

La regla no dice lo que debemos hacer pero nos dice como, a través de ella, podemos saber lo que debemos hacer. Su aplicación demanda que pensemos un poco. El perezoso quiere que alguien le diga lo que debe hacer en vez de pensar y tomar su propia decisión. Nos conviene meditar también sobre la Regla de Oro. Es decir, "Si un día estoy en tal o cual situación, ¿qué voy a hacer? Bueno, según la Regla de Oro, debo hacer esto o aquel".

La aplicación de la Regla de Oro demanda primeramente que nos preguntemos, "¿Qué quiero yo?" Por ejemplo, quiero que los demás sean amables conmigo. Si hago mal, quiero que no me corrijan sin censura. No quiero que se aprovechen de mí. Quiero que me den un poco de reconocimiento por lo bueno que hago; que por lo menos me digan "gracias", etc." Esta regla dice, si esto es lo que quieres que los demás hagan contigo, así también debes hacer con ellos. Es lógico, ¿no? Es razonable. Es justo.

Muchas veces queremos pensar, "Sí, sí, es lo que hago". Pero muchas veces no es lo que hacemos. Muchas veces, en el momento, tomamos la decisión que "más me conviene" sin pensar en el bienestar de los demás. Si, por ejemplo, estas caminando por la vereda y delante tuyo va caminando una pareja desconocida. Ellos están discutiendo sobre algo. De repente ves que ellos dejan caer un billete. Al alcanzarlo ves que es un billete de cien pesos. ¿Qué vas a hacer? Seguro vas a decir, Ah, yo voy a recogerlo y alcanzarlos y decir, aquí, toma. Perdieron esto". Pero con el billete en la mano y tu mente llena de preocupación por deudas que no puedes pagar, no es tan fácil tomar esta decisión. Será la tentación a pensar, "Pero son desconocidos. Era por culpa de ellos. Estaban discutiendo. Estaban negligentes. Están bien vestidos. Debe ser que yo necesito el dinero más que ellos".

Un gran número de nuestros problemas son por causa de relaciones personales. Si todos vivieran conforme a la Regla de Oro, que distinta sería la vida. Muchas veces somos ciegos a nuestras fallas pero muy prontos en ver las de los demás. Pero no tenemos derecho esperar que los demás sean buenos con nosotros si no somos buenos con ellos. Si vivimos según la Regla de Oro no quiere decir que los demás en nuestro alrededor van a ser buenos con nosotros. Puede ser que no tendrá un gran impacto sobre ellos, pero lo de bueno es lo que hace por nosotros.

La Regla de Oro es positivo. No es un asunto de negarme de una y otra cosa. Es hacer por querer. Hago lo que hago porque es lo que quiero que los demás hagan conmigo. También es no hacer algo pero es con un motivo positivo. A veces parece que perdemos por aplicar la Regla de Oro, pero ¡qué agradecido vas a estar si un desconocido te busca para devolverte tu monedero que perdiste en el tren. Aun más todavía si todo el dinero está adentro todavía. ¿Cómo vas a pensar de aquella persona? Vas a decir, "¡Pero qué tonto era!" Me parece que no. ¿Pero tú hubieras hecho lo mismo?

Q

uiero animarte a aprender de memoria la Regla de Oro. Medite en ella. Hágala un principio que te guíe en tus decisiones y en tus relaciones para con los demás.

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