Por Calvin George
Domingo Fernández fue enviado a Cuba cuando tuvo 14 años por sus padres católicos para trabajar para un tío que era comerciante. Cuando tuvo 20 años de edad, compró una Biblia y comenzó a leerla con sumo interés. Esto condujo a su conversión sin influencia humana directa.[1] Un tiempo después se unió a una iglesia bautista en La Habana. Cuando fue llamado al ministerio en 1932, asistió al Seminario Bíblico Latinoamericano en Costa Rica, donde los revisores de la Biblia se reunirían en 1951. Después de graduarse, regresó a su país natal (España) como un evangelista-misionero, un empeño riesgoso en una tierra todavía bajo una tensión fuertemente medieval, reminiscente de la Inquisición. España se vio envuelta en una guerra civil a esta hora, y él fue reclutado para el ejército del General Franco en contra de su voluntad, donde sufrió amenazas de muerte por desobedecer la orden de asistir a misa. Apenas se escapó de la muerte después de que un comité de ocho sacerdotes católicos recomendó a las autoridades que Fernández sea “eliminado”.[2] Dos años después del fin del conflicto, Fernández regresó a Cuba. Él pastoreó dos iglesias bautistas y enseñó en el seminario bautista de La Habana. Por varios años tuvo un programa de radio llamado La Hora Bautista. La efectividad de su emisión radiodifusora se resume en las palabras de un converso de su ministerio:
"Miles de personas aceptaron a Cristo como Salvador personal y muchos que hoy son miembros de iglesias evangélicas y aún ministros del evangelio (como el que redacta estas líneas), llegaron a entender el mensaje de salvación por medio de la Hora Bautista".[3]
Después de la revolución de Castro, huyó del país en 1961, y fue pastor de dos iglesias bautistas hispanohablantes en Miami.
Cuando Fernández primeramente escuchó acerca de la idea de revisar la versión de 1909, originalmente estaba opuesto a la idea, declarando, “Tememos que los que van a hacer el trabajo no lo hagan bien”.[4] Pero su participación fue altamente anhelada, y al fin fue nombrado un asesor, siendo aceptadas 80% de sus sugerencias y sus explicaciones. El hecho de que él acabó poniendo su corazón en sus responsabilidades como asesor de la revisión 1960 es evidente en sus propias palabras:
"En primer lugar, usted sabe que mi interés es que la versión resulte lo más fiel posible al original y al buen sentido de las palabras en castellano. Con este fin he puesto todo el corazón en el estudio que hice".[5]
Fernández fue muy firme cuando una revisión fue lanzada al mercado a finales de los años ochenta designada Reina-Valera Actualizada, un nombre diseñado para causar que compradores pensaran que se basaba en la Reina-Valera. A diferencia del linaje de Reina-Valera que la precedió, esta nueva versión estaba basada indisputablemente en textos críticos. Él llamó a esto una “conspiración contra la Reina-Valera”, y escribió un libro en español con ese título. Sus sentimientos son expresados en el siguiente párrafo de su libro:
"La Editorial Mundo Hispano, que radica en El Paso, Texas, ha publicado a fines de 1986 una versión del Nuevo Testamento que lleva por nombre Reina-Valera Actualizada. Y piensa lanzar al mercado de biblias, a principios de 1988, una versión completa de la Biblia bajo el mismo nombre: Reina-Valera Actualizada. ¿Qué querrá decir el término actualizada? ¿Actualizada con relación a qué? No puede ser con relación al lenguaje porque la verdadera Reina-Valera fue actualizada en 1960 y no ha perdido su actualidad. La actualización de la versión de la Editorial Mundo Hispano debe tener relación con las actuales corrientes de la crítica racionalista, del liberalismo propio de la naturaleza adámica, y de la apostasía imperante".[6]
Fernández también escribió cuatro cartas con un total de 12 páginas al director del Departamento Bíblico de Editorial Mundo Hispano, la cual publicó la versión nueva Actualizada. Entre otras materias, se quejó de la falta de 17 versos enteros en la Actualizada, que aparecen en la 1960. Su propósito fue de demostrar que mientras la versión de Reina y Valera y las subsiguientes revisiones se han basado en el Textus Receptus, esta nueva versión claramente e indisputablemente se basaba en textos críticos y no merecía la designación “Reina-Valera”. Fernández continúa:
"Casiodoro de Reina tradujo el Antiguo Testamento del llamado texto masorético. Y el Nuevo Testamento lo tradujo del llamado Textus Receptus…Esa versión [Actualizada 1989] no tiene derecho a ser llamada Reina-Valera…La versión Reina-Valera Actualizada no procede de las mismas fuentes o manuscritos que la Reina-Valera auténtica o verdadera. No fue traducida por Reina-Valera. Y difiere considerablemente, como veremos más adelante, de la versión Reina-Valera verdadera o tradicional".[7]
Los sentimientos fuertes de Fernández son muy evidentes en este párrafo que fue repetido para este efecto en la cubierta posterior de su folleto:
"¡Qué ironía! Toman los apellidos Reina y Valera para acabar con la obra que Reina y Valera llevaron a cabo hace 400 años. Atribuyen a Reina y Valera lo que otros han traducido de fuentes plagadas de omisiones y cambios; y hacen esto con el propósito de dar sepultura a la auténtica Reina-Valera y situar en su lugar a la apócrifa Reina-Valera Actualizada. ¡Qué injusticia! ¡Qué falta de respeto a la verdad, a Dios y a su Palabra"![8] [Énfasis añadido]
Fernández también escribió un folleto titulado Contendiendo sobre las malas versiones de la Biblia. Fernández además publicó un libro con un título sorprendentemente parecido a su primero: Conspiración Contra las Sagradas Escrituras. Los contenidos del libro están disponibles en varios sitios de Internet, ya que hay pocas restricciones en cuanto a su distribución no comercial. En el prólogo, Fernández fue elogiado por Mario E. Fumero por su defensa de la Reina-Valera 1909 y 1960 a consecuencia de nuevas versiones en el mercado.[9] El largo subtítulo del libro adecuadamente resume su contenido:
"Se conjugan dos escritores conocedores y defensores del texto griego conocido como Textus Receptus, usado en la traducción de la Reina-Valera, para prestar defensa frente a las influencias adversas de aquellos que buscan imponer el texto griego compilado por Wescott y Hort, corregido a su vez por Nestle-Aland, usado para la traducción de la mayoría de las nuevas versiones modernas de la Biblia, entre las que se encuentra la Versión Popular".[10]
Su literatura defendiendo la 1960 y revisiones previas de la Valera contiene el mejor análisis de libros apócrifos que este autor ha visto en español.
Se recomienda el siguiente libro escrito por Domingo Fernández:
[1] González Peña, Luis Manuel. Domingo Fernández: Un Hombre usado por Dios. Miami: Editorial Unilit, 1993, págs. 20-21.
[2] Ibid., págs. 40-41.
[3] Ramos, Marcos Antonio. “Domingo Fernández y la Hora Bautista”. El Evangelista Cubano. marzo-abril 1973, pág. 20.
[4] González Peña, Luis Manuel. Domingo Fernández: Un Hombre usado por Dios. Miami: Editorial Unilit, 1993, pág. 117.
[5] “Consultores”. La Biblia en América Latina. julio-septiembre 1954, pág. 531.
[6] Fernández, Domingo. Conspiración contra la Versión Reina Valera. Miami: Editorial Resurrección, sin fecha, págs. 5-6.
[7] Ibid., págs. 6-7.
[8] Fernández, Domingo. Conspiración contra la Versión Reina Valera. Miami: Editorial Resurrección, sin fecha, pág. 24.
[9] Fernández, Domingo & Manzanares, Cesar Vidal. Conspiración Contra las Sagradas Escrituras. Honduras: Producciones Peniel, Serie Exégesis Bíblica, 1997, pág. 5.
[10] Ibid., pág. de título.
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