Se puede ser éticos en el ministerio

Estamos viviendo en una era cuando el comportamiento ético no tiene valor. Los ejecutivos de negocios valoran las ganancias más que la ética. Los titulares y las noticias revelan los escándalos que resultan de la conducta de poca ética. Hay un lugar, sin embargo, donde nunca debe aparecer el comportamiento no ético – en las vidas de los ministros. Los que han sido llamados a predicar el evangelio deben mostrar santidad e integridad.

Primero, estoy responsable ante Dios y después ante mí mismo —sea fiel a sí mismo. Si regularmente preguntamos a Dios: “¿Está bien nuestra relación?” recibiremos la respuesta que estamos buscando.

A veces vivimos en contra de lo que creemos porque estamos tratando de promover un programa o aumentar nuestra propia imagen. En lugar de ser fieles a nosotros mismos, la tragedia más grande que le puede pasar al hombre es traicionar sus propias convicciones. La diferencia entre el mundo y el ministerio se llama ética, y se puede traducir también en una palabra, Jesucristo. También somos responsables ante nuestros cónyuges con nuestros hijos, congregaciones, y de manera personal.

Cuáles son las causas que nos presionan para perder nuestra ética ante Dios:

ORGULLO Y EGOÍSMO EN EL MINISTERIO

Afecta nuestra conducta, no solamente espiritual, pero también moral y éticamente. Necesitamos volver a las firmes doctrinas bíblicas como la enseñanza, predicación, y vida. Los pastores tienen que estar dispuestos a enfrentar el pecado; yo veo errores éticos, errores de integridad financiera, y hombres y mujeres desatendiendo el uno al otro y sus familias porque el éxito ha llegado a ser demasiado importante para ellos. Lo más complicado es mantenerse en una misma línea delante de Dios. Tenemos que recordar siempre que nosotros dependemos del tiempo que pasamos en intimidad con él, que tristeza es darnos cuenta de cuánta falta de ética se está consolando en el pueblo de Dios simplemente porque hemos olvidado lo que dice Dios: Filipenses 2:21 “Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús”.

LA IGLESIA REFLEJANDO AL MUNDO EN LUGAR DEL MUNDO REFLEJANDO A LA IGLESIA

La iglesia no está impactando la sociedad como la sociedad está impactando la iglesia. El mundo está en nuestras congregaciones. Si no nos cuidamos, disminuiremos la importancia de los problemas de la homosexualidad, divorcio, aborto, o la fe barata. Si no protegemos la iglesia en los próximos 5 a 10 años, llegará a ser más una institución social que una institución profundamente espiritual y moral. Tenemos que volver a los tiempos donde verdaderamente se notaba quien tenía a Cristo como su guía. Es importante no dejarse contagiar por lo que el mundo ofrece. La ética en nuestra época se alcanza solo siendo diferentes en nuestras congregaciones. Ya todo está dicho, no hay nada nuevo debajo del sol, pero para poder impactar las nuevas generaciones con una ética inquebrantable, tenemos que volver a los tiempos de Daniel:

Daniel 1:8 “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse”.

NO SABEMOS AHORA QUIENES SOMOS

Hoy la iglesia tiene mucho caos porque no está plantada y arraigada en la Escritura. Hemos sacado tanto las raíces y tradiciones que especialmente los pastores más jóvenes no tienen a donde regresar. Tenemos que recordar que no somos los únicos que ministramos la Palabra de Dios, sino que hay nuevas regeneraciones que quieren impactar también con sus mensajes. Nuestra responsabilidad no solo es comunicar lo que Dios dice a su pueblo, sino también ser ejemplo para los futuros predicadores, si bien es cierto que su medida y nuestra medida es Cristo: Efesios 4:13 “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;”

Recordemos que Dios también utiliza ejemplos en la tierra. Nuestra intención entonces debe ser doble, no solo ser ético porque Dios nos está observando, sino porque también tenemos una nube de testigos.

ENTENDIENDO LO ANTERIOR Y PARA NO OLVIDARLO, RECORDEMOS CÓMO DEBE SER LA VIDA DE LOS QUE MINISTRAMOS LA PALABRA DE DIOS

El carácter del creyente debe estar caracterizado por el fruto del Espíritu Santo. Si estamos llenos de Dios, si él es el Señor de nuestra vida, también debe serlo de nuestra forma de ser y relacionarnos. En las cartas pastorales, el apóstol Pablo es enfático en señalar que la habilidad del pastor para el ministerio radica en la obra de Dios en su carácter y no en su capacidad académica. (1 Tm. 3:1-7; Tt. 1:5-9).

El pastor debe ser irreprensible en su vida personal, familiar, y social. Debe tener buen testimonio de los suyos y de los de afuera. La gente no sigue a un pastor que no vive limpiamente. Debemos esforzarnos para vivir de acuerdo a sus mandamientos. 1 de Timoteo 4:16 “Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren. Dios demanda que sus siervos, sean esforzados y diligentes en servirle a é y defender la doctrina. El pastor debe ser un trabajador en la causa de Dios, claro está, y esto conlleva persecuciones y sufrimientos.

La oración nos permite estar unidos a é; recibir santidad y limpieza para la mente y corazón. Juan 15:5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”.

Cuando oramos, Dios nos bendice y responde (Sal. 91:15). Sin embargo, no debemos usar la oración como un amuleto, sino como un medio de gracia para depender del Señor, su poder y su gracia derramada hacia nosotros. Jesús mismo nos dio ejemplo de una vida dedicada a la oración; debemos seguir su ejemplo. Marcos 1:35 “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba”.

MENCIONARÉ ALGUNAS CONSECUENCIAS DE OLVIDAR LO ANTERIOR:

Las iglesias pocas veces tienen un nivel más alto de normas morales y enseñanzas que la persona que regularmente está proveyendo los alimentos espirituales. Si la iglesia moderna enfrenta un obstáculo espiritual que prohíbe que la iglesia ayude las vidas en necesidad, entonces el obstáculo viene del liderazgo.

La iglesia necesita liderazgo espiritual que encarna la vida de Jesús antes de poder entender el desafío de vivir una vida a la imagen de Jesús en nuestro mundo. La virtud influencia nuestras opciones, metas, papeles, y comportamientos. La virtud genuina conecta la fe y comportamiento.

La virtud es un esfuerzo durante toda la vida. La moralidad cristiana no está basada solamente en guardar reglas. Los cristianos formados por la comunidad de la iglesia deben tener una forma moral.

Solo necesitamos observar la catástrofe de los ministros que han caído para reconocer que el mundo está mirando de cerca a los que proclaman seguir a Jesús, especialmente a los que sirven en el ministerio.

Para el mundo, la salvación, eternidad, evangelio, moralidad pública, y finalmente la sociedad misma está en juego. Las sociedades funcionan y son seguras porque un cierto nivel de moralidad existe. Generalmente mis vecinos no hablan de robarme, matarme, o aprovecharse de mí.

Estoy seguro que la sociedad existe porque ciertas normas morales dominan. Sin embargo, el aumento de la violencia al azar señala la decadencia de las normas morales generalmente aceptadas. El problema en nuestro país no es económico, sino moral.

Para agravar la crisis, nuestra sociedad contemporánea no sabe valorar que el ministerio genuino no depende de las apariencias externas ni de las circunstancias externas. Las transiciones rápidas de la sociedad contemporánea han hecho borrosas las definiciones del ministerio. De hecho, el mundo de hoy muchas veces mide el ministerio con valores mundanos. Esto anima la hipocresía y la falta de la integridad ministerial. El ministerio está en una crisis ética. Aumentando el dilema aún más es el hecho de que la crisis generalmente no la han notado muchas iglesias y ministros.

¿Cómo debemos medir el ministerio? Hay dos extremos opuestos. Por un lado, las normas mundanas de éxito frecuentemente reemplazan la evaluación espiritual. Algunas iglesias no saben apreciar el ministerio eficaz porque exigen los resultados numéricos.

A los profetas de Dios del Antiguo Testamento les hubieran ido mal en muchas iglesias modernas. Los ministros tienen que actuar de una manera responsable al luchar con nuestra teología y ética en el ministerio.

Somos llamados a ser guías morales para ayudar a formar una gente moral. Esto involucra formando de nuevo la iglesia y transformando la cultura, pero principalmente involucra la formación de personas morales, empezando con nosotros mismos. Mateo 13:23 “Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”

Tribuna Bautista

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