Yo creo en milagros por muchas razones divinas y humanas. Pero, sobre todo y más que nada, porque mi propia vida es un milagro.
¿Por qué digo esto? Porque a la edad de siete años, debido a un accidente, me quedé prácticamente sin rostro. De hecho, en el barrio donde yo vivía, todos me conocían como “el niño sin cara”.
A consecuencias del accidente que tuve, lo que me quedó del rostro conque yo nací fue apenas mi frente, mis ojos, y parte de mi nariz y mis oídos. Todo lo demás desapareció a causa de una gangrena incontrolable.
Comentarios nuevos