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Integridad personal

La integridad

El gran muro de China es una de las más admirables maravillas del mundo. Esclavos chinos, la gran mayoría convictos, edificaron el muro algunos 214 años antes del nacimiento de Cristo. Fue edificado para proteger la frontera norteña de China de los saqueos sin misericordia de sus enemigos, los mongoles. Más de un millón de los esclavos murieron en la construcción del muro. El muro todavía está puesto zigzagueando por las montañas desoladas del norte de China. El muro tiene una altura parecida a un edificio de tres plantas con torres cada cuadra.

El error de intentar servir a Dios con armas carnales

Al descubrir lo potente que es el engaño o la mentira, algunos piensan que deben ser eficaces en la obra del Señor. Me da pena ver que aun hasta algunos siervos de Dios se reduzcan al uso de armas carnales. II Corintios 10:3-5 dice: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.

El desafío más grande del creyente

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno”. Salmo 139:23 –24

David era un hombre valiente. El manifestó valentía cuando mató un león que amenazó su rebaño. En otra ocasión se enfrentó con un oso. Admiramos su valentía en enfrentarse con el gigante Goliat. Pero su acto de valentía más intrépido fue cuando pidió que Dios examine su corazón.

Creyentes ciegos

Alejandro es un creyente que tiene la costumbre de mentir. Hace años él aceptó a Cristo como su Salvador. Antes de ser salvo él ya tenía la costumbre de mentir. Algunas cosas cambiaron después de ser salvo pero el vergonzoso pecado de mentir quedó pegado a él. Lo más lamentable es que él rehusa reconocer su pecado. Si alguien le reta por mentir él lo niega o se enoja y acusa a la gente de una falta de amor por enfrentarle con sus mentiras. El es como algunos creyentes que son ciegos a su pecado.

Lo trágico de la indiferencia

Cada vez que leo Jeremías 5:30-31 mi corazón está conmovido al pensar en lo que sucede cuando el pueblo de Dios permite que bajen las normas morales. Jeremías dijo que era una cosa espantosa y fea que estaba sucediendo en la tierra. Los profetas profetizaban mentiras y los sacerdotes dirigían por manos de ellos. Lo peor de todo es que el pueblo de Dios dio su aprobación. Debe ser que el corazón de Dios estuvo quebrantado al ver semejante cosa.

El pueblo de Dios dice “Está bien. No nos importa”. A la verdad, ellos prefieran que sea así. Esto es lo que se llama la indiferencia.

Creyentes sinvergüenzas

La verdad es que a veces tengo el corazón quebrantado al saber del pecado de algunos que declaran ser creyentes. Lo que me da pena es que ellos muestran poco o nada de remordimiento o vergüenza por su pecado.

La Hipocresía

Mateo 3:1-9 relata una ocasión cuando Juan el Bautista estaba bautizando.  Muchos de Judea y toda la provincia de alrededor vinieron para ser bautizados por él, confesando sus pecados.  Entre la muchedumbre también vinieron muchos fariseos y saduceos.  Juan presumió, y con razón, que ellos vinieron fingiendo que ellos también estaban arrepentidos. 

Tu Vestir

Por Russell George

¿Vale la pena tener normas de separación del mundo?

Por Calvin George

Lea este artículo en inglés (en construcción)

El pueblo de Dios debe ser íntegro

Es refrescante encontrar gente digna de confianza. Cuando llegamos a conocer bien a alguien casi siempre empezamos a encontrar las fallas que tienen. Es cierto que nadie es perfecto pero muchas veces encontramos que la gente tiene fallas que quitan el respeto que queremos tener por ellos. Es que falta lo que la Biblia llama “integridad”. Integridad significa completo. Es algo que es todo lo que debe ser. Alguien con integridad va a ser aquel que es todo lo que una persona debe ser. No falta nada de lo que constituye una persona de confianza.

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