A Dios sea la gloria, que al mundo Él dio
A su Hijo bendito, que por nos murió;
Expió los pecado de quien en Él cree,
Y abriónos la senda hacia Dios por la fe.
A media noche resonó
Glorioso y sin igual.
Un canto angélico de amor,
Sublime y divinal;
Brillante luz resplandeció
En densa oscuridad,
Y a los pastores anunció
La voz angelical.
Grato es decir la historia
Del celestial favor,
De Cristo y de su gloria,
De Cristo y de su amor;
Me agrada referirla,
Pues sé que es la verdad;
Y nada satisface
Cual ella, mi ansiedad.
Cuando la trompeta suene en aquel día final
Y que el alba eterna rompa en claridad,
Cuando las naciones salvas a su patria lleguen ya
Y que sea pasada lista allí estaré.
Día en día Cristo está conmigo,
Me consuela en el medio del dolor.
Pues confiando en su poder eterno,
No me afano ni me da temor.
Sobrepuja todo entendimiento
La perfecta luz del Salvador.
En su amor tan grande e infinito
Me dará lo que es mejor.
Día tan grande no puedo olvidar,
Día de gloria sin par,
Cuando, en tinieblas al verme andar,
Vino a salvarme el Señor,
Gran compasión tuvo Cristo de mí,
De gozo y de paz me llenó
Quitó las sombras Oh gloria a Su nombre
La noche en día cambió
Al Cristo vivo sirvo y él en el mundo está
Aunque otros lo negaren yo sé que él vive ya.
Su mano tierna veo, su voz consuelo da,
Y cuando yo le llamó, muy cerca está
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