Te toca a ti, hija

Te di la vida…Pero no puedo vivirla por ti
Te puedo enseñar cosas…Pero no puedo hacerte aprender
Te puedo indicar el camino…Pero no siempre puedo estar ahí para guiarte
Te puedo permitir libertades…Pero no puedo dar cuenta por ellas
Te puedo llevar a la iglesia…Pero no puedo hacerte creer
Te puedo dar consejos…Pero no puedo hacerlos por ti
Te puedo comprar ropa elegante…Pero no puedo hacerte hermosa por dentro
Te puedo dar amor…Pero no puedo forzarte a que lo aceptes
Te puedo enseñar a ser amistosa…Pero no puedo hacer que seas una amiga leal
Te puedo enseñar a compartir…Pero no puedo hacerte generosa
Te puedo enseñar el respeto…Pero no puedo forzarte a mostrar honra
Te puedo animar a sacar buenas notas…Pero no puedo hacer tus exámenes
Te puedo aconsejar en cuanto a amigos…Pero no puedo escogerlos por ti
Te puedo enseñar en cuanto al sexo…Pero no puedo mantenerte pura
Te puedo hablar de las realidades de la vida…Pero no puedo edificar tu reputación
Te puedo hablar de la bebida…Pero no puedo decir no por ti
Te puedo advertir en cuanto a la droga…Pero no puedo hacer que no la uses
Te puedo hablar de ideales nobles…Pero no puedo lograrlos por ti
Te puedo enseñar bondad…Pero no puedo forzarte a ser bondadosa
Te puedo advertir de los pecados…Pero no puedo hacerte una persona moral
Te puedo amar como a mi hija…Pero no puedo colocarte en la familia de Dios
Puedo orar por ti…Pero no puedo hacerte caminar con Dios
Te puedo enseñar acerca de Jesús…Pero no puedo hacer que él sea tu Salvador
Te puedo enseñar la obediencia…Pero no puedo hacer que Jesús sea tu Señor
Te puedo enseñar cómo vivir…Pero no puedo darte la vida eterna

Gracias por escuchar,

Tu madre

P.D. La responsabilidad de una madre es enorme. Tiene entre sus brazos una vida que vivirá por toda la eternidad—o con Dios o sin Dios. ¿Cómo hacer para que escoja el camino de Dios? Para enseñarla necesita toda la sabiduría de Dios que se encuentra en su Palabra, los consejos de hombres de Dios, e incluso, mucho sentido común. Pero al final de cuentas cuando la tarea de su madre está terminada, es la hija quien decide el camino que escogerá. Dios nos ha hecho con un libre albedrío con que tenemos la libertad para escoger el camino por el cual iremos. A la vez, nos advierte de los peligros espantosos por un lado y nos señala las bendiciones por el otro, pero la decisión es individual. Hija, a ti te toca.

El Escudo de la Fe
Mayo / Junio 1998
 

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