¿Tiene una madre el derecho de matar a su bebé?

“Que se nos devuelvan nuestros derechos!” Se leía en un número de letreros llevados por manifestantes que estaban protestando la decisión de la Corte Suprema del 1989, la cual otorgó más responsabilidad a los Estados en cuanto a manejar el asunto del aborto. Unos estudiantes gritaron, “La mujer tiene el derecho del aborto!” ¿Es esto cierto? ¿Una mujer tiene el derecho de matar esa pequeña persona que vive dentro de ella? Los que están a favor del aborto dicen, “Sí”. La Biblia dice, “¡No!”

Hay una diferencia importante entre el pro-abortista y el cristiano pro-vida. Uno tiene que preguntarse. ¿Cuál es la norma final para determinar si el aborto está bien o mal? ¿Acaso la respuesta se halla en la opinión de los sociólogos o de los ginecólogos o de los feministas? ¿Dónde encuentra uno el patrón correcto por el cual juzgar?

Los argumentos que apoyan el aborto son casi totalmente racionalistas, sociológicos, económicos y, en general, humanísticos. La mayoría de los que van en contra del aborto, por otro lado, creen que hay leyes tanto morales como leyes divinas fijadas por Dios en este asunto. Hay un gran abismo entre los razonamientos del hombre y el mandamiento de Dios.

DIOS DICE “NO”

No es difícil determinar cuál es la posición de Dios en cuanto al asunto del aborto. Unos pocos minutos con una buena Biblia será suficiente para saber la posición de Dios en cuanto a este asunto.

UN BEBE ES UN REGALO

La vida en sí misma es un regalo de Dios. “He aquí, herencia de Jehová son los hijos” (Salmo 127:3). A través de la Escritura, el proceso de la reproducción se muestra como un asunto supervisado por Dios. No es meramente un proceso biológico sin estar conectado con el Autor de la vida. Pero, uno dice, ¿Qué acerca de la pareja que no ha buscado tener hijos pero los ha tenido? ¿Son ellos también planeados por Dios?

Las parejas, ciertamente, tienen embarazos inesperados…Los fallos humanos no responsabilizan a Dios. El ni sorprende, ni se equivoca. El es el Soberano Creador de todos los seres humanos, a pesar de las circunstancias. Ningún ser humano es concebido fuera de Su voluntad. Aún a través de circunstancias que son pecaminosas—fornicación, adulterio, o violencia—El puede causar de esto el nacimiento precioso y redimible de un nuevo ser humano. Cuando la vida viene, ésta viene como un regalo, nunca como un castigo (Curt Young, The Least of These, pp. 42-43).

UN BEBE ES UNA PERSONA

Es precisamente en este punto donde se libra la batalla más grande en el mundo moderno. Los que están a favor del aborto, en general, no ven al feto como una persona. ¿Pero lo es? ¿Qué es lo que Dios dice en Su Palabra?

El testimonio de la Escritura. El escritor antiguo, Job, declaró: “Me vestiste de piel y carne, Y me tejiste con huesos y nervios. Vida y misericordia me concediste…” (Job 10:11). Este es un claro testimonio que Dios está involucrado en el desarrollo del feto humano.

David, en medio de la confesión de su horrible pecado contra Dios, clamó, “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:5). David se vió a sí mismo desde su concepción como persona. No solamente él se vió una persona, sino también como una persona pecadora (y, por supuesto, he ahí razón por la cual Jesús vino—para salvar a la gente del pecado). Si David no hubiese sido una persona en el vientre de su madre, sería imposible para él haber sido un pecador puesto que a “burbujas” y los “tejidos” no pueden ser declarados con la culpa de pecado.

Quizás el pasaje más grande en el Antiguo Testamento que establece que el feto es una persona es Salmo 139:15-17. “No fue encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fui formado, Y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas” Ciertamente, el escritor se ve a sí mismo como una persona aún antes de haber nacido.

Aunque la Biblia no clama ser un libro de texto de embriología, aquí hay una afirmación sencilla de que el crecimiento del feto no se produce al azar ni automáticamente, sino que es una obra divina de gran creatividad…El que está escribiendo como un hombre ya crecido, tiene la misma identidad que el feto en el vientre de su madre la tuvo. El afirma una continuidad directa entre el ser antenatal y prenatal (John R. W. Stott, “Does Life Begin Before Birth?, Christianity Today, 5 de septiembre, 1980, p. 50).

El lenguaje hebreo es muy específico aquí hablando de la vida prenatal. “La palabra hebrea (golem) traducida ‘sustancia no acabada de formar’, se refiere al ser humano embrionario durante las primeras ocho semanas de vida” (John Jefferson Davis “When Does Personhood Begin?”, Eternity, noviembre, 1979, p. 42).

El feto no nacido es una persona más, ¿qué sentido tendrían las declaraciones del profeta Isaías? “Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria” (Isaías 49:1). Más adelante, él alaba al Señor “el que me formó desde el vientre para ser su siervo” (v. 5). Antes de nacer, Isaías tuvo personalidad, individualidad y aun un nombre.

Cuando Dios estaba preparando al profeta Jeremías para su ministerio con Israel, El le dijo, “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1:5). Jeremías era una persona antes de que naciera. Dios ya había marcado un destino para él. El fue concebido con un propósito divino en mente.

Quizás el testimonio que más compele en cuanto al hecho de que el feto es una persona, se desprende del nacimiento del Señor Jesucristo mismo. Cuando le fue dicho acerca del inminente nacimiento del Mesías, Elisabet, quien llevaba en su vientre al profeta aún no nacido, Juan el Bautista, declaró que el bebé “saltó de alegría en mi vientre” (Lucas 1:44). Aquí, ciertamente, está la acción de una persona. Y María, la madre de Jesús, nos dice el escritor del evangelio que “se halló que había concebido del Espíritu Santo” (Mateo 1:18). El Espíritu Santo era el autor de la concepción de Jesús. El Espíritu Santo no produjo una “masa de tejidos”, sino una persona eterna. El era el Hombre-Dios antes de que saliera del vientre de su madre. Él era “Emmanuel”, que significa, “Dios con nosotros”. Claramente, la concepción y el nacimiento de nuestro Señor confirmaría la verdad de la siguiente observación que hizo un doctor de medicina. “No hay nada en la Escritura que sugiera ni aun remotamente que el niño que no ha nacido sea algo menos que una persona humana desde el momento de su concepción” (John Frame, “Abortion from a Biblical Perpective,” Thou Shalt Not Kill, editado por Richard Ganty, p. 50).

El testimonio de la ciencia, la medicina y la biología. En octubre del 1967, se reunió en asamblea en Washington, D.C., la Primera Conferencia Internacional sobre el Aborto. De esa conferencia salieron las declaraciones relativas a la vida humana, entre las cuales estaba ésta: “En ningún momento del tiempo que transcurre desde que el espermatozoide se une con el óvulo hasta el nacimiento del infante, podría decirse que no hay vida humana” (Citado por Bill Monroe, “Abortion: An American Tragedy,” Sword of the Lord, 4 de abril, 1980, p. 14). El hecho de que la vida está presente desde el momento de la concepción fue enfatizado por el Profesor Hymie Gordon, Presidente del Departamento de Medicina Genética de la famosa Clínica Mayo de Minnesota. En un testimonio dado ante el Sub-comité del Senado Jurídico de los Estados Unidos en 1981, el Dr. Gordon declaró,

De acuerdo a la biología molecular moderna, la vida está presente desde el momento de la concepción… el comienzo de una vida humana es desde el punto de vista biológico, un asunto simple y directo—el comienzo es en la concepción (citado en Rites of Life, por Landrum Shettles y David Rorvik, p. 112).

El centro del conflicto entre los que están a favor del aborto y los que están en contra tiene que ver con el tiempo preciso en que empieza la vida. La mayoría de los que están a favor del aborto no ven al pequeño feto como una persona. Pero el Dr. Jerome LeJeune, Profesor de Genética de la Universidad de Descartes en París, Francia, dió el siguiente testimonio ante el comité del Senado de los Estados Unidos en 1981.

¿Cuándo empieza la vida? Trataré de dar la respuesta más precisa disponible a esta pregunta en la ciencia… La vida tiene una larga historia, pero cada individuo tiene un inicio bien definido, en el momento de la concepción. El aceptar el hecho de que después de que la fertilización ha tenido lugar, un nuevo ser humano ha llegado a la vida, ya no es un asunto de preferencia u opinión. La naturaleza humana del ser humano, la concepción de la antigüedad, no es una contención metafísica, es sencillamente una evidencia experimental (Shettles y Rorvik, op. cit., p. 112).

La Biblia declara que los seres humanos son “formidables y maravillosos” (Salomo 139:14). Cualquier discusión acerca de la ética del aborto tiene que tener en cuenta este hecho—que el cuerpo humano es un testimonio magnífico de la destreza del Creador. ¡Un bebé es verdaderamente una creación maravillosa!

Sabemos que desde el momento en que el óvulo es fertilizado por la penetración del espermatozoide, el cigoto tiene un genotipo único distinto al de sus padres. Los 23 pares de cromosomas están completos. El sexo, tamaño y forma, el color de la piel, el pelo y los ojos, la inteligencia y el temperamento del niño ya están determinados. Entre 3 y 3 semanas y media, el pequeño corazón empieza a latir. En 4 semanas, aunque el embrión mide sólo un cuarto de pulgada, la cabeza y el cuerpo se pueden distinguir, así como los ojos rudimentarios…A las 13 semanas, el embrión está completamente organizado y un bebé en miniatura descansa en el vientre de su madre (John R. W. Stott, op. cit., pp. 50-51).

UN BEBE DEBE SER PROTEGIDO

Así que, como que cada feto es una persona viva, él o ella tiene el derecho de la protección de la ley, la cual cualquier persona puede disfrutar. El mandamiento de Dios es muy sencillo. “No matarás” (Exodo 20:13). Matar a un infante que aún no ha nacido es cometer asesinato. Está
mal y Dios juzgará a un individuo o a una nación que haga caso omiso a este gran mandamiento.

Debemos encarar los hechos. El fuerte apoyo por el aborto en la sociedad de hoy es el resultado de la promiscuidad sexual, la cual se ha convertido en una parte muy evidente de la cultura moderna. El sexo más libre resultará naturalmente en más concepciones. Estas concepciones son inconvenientes, son una interrupción para el estilo de vida de muchas mujeres modernas. La motivación es la gratificación personal. La violación de algunos mandamientos de Dios—”No cometerás adulterio” (Exodo 20:14) y “que os apartéis de fornicación” (I Tesalonicenses 4:3)—guía a la violación de otro mandamiento—”No matarás”. Y una sociedad que se da la práctica de sus deseos sexuales desenfrenados, no puede esperar nada menos que una confusión inmoral, la cual es ciertamente representada en el asunto del aborto que está acabando con la tierra.

Dios nos ha confiado esos pequeños bebés. Ellos son para ser alimentados y protegidos, no para ser destruidos. Aquellos que perjudican a estos pequeños, ciertamente darán cuenta al Dios de toda carne.

LOS QUE APOYAN EL ABORTO DICEN “SÍ”

El movimiento moderno en pro del aborto es el producto de muchos factores teológicos, filosóficos y sociales, los cuales han estado en este asunto por años. Todos estos son antagónicos a la verdadera fe cristiana y a la verdad bíblica. Una “nueva ética” se ha levantado, la cual no era parte de la cultura de occidente hasta muy reciente y ciertamente no era parte del cristianismo.

La reverencia por cada vida humana ha sido de suma importancia en la medicina occidental.

Sin embargo, será necesario y aceptable el ponerle valor relativo más en vez de absoluto en aquéllas cosas tales como la vida humana. El proceso de erradicar la vieja ética y sustituirla por la nueva ha comenzado ya. El completo desafío a la tan guardada ética occidental del valor intrínseco e igual para cada ser humano no importando su estado, condición o estatus, el aborto está siendo aceptado por la sociedad como un derecho moral y aun necesario (“A New Ethic for Medicine and Society,” California Medicine, Official journal of the California Medical Association, septiembre, 1970, vol. 113, número 3).

Permítanos examinar algunas preguntas que hacen los que están a favor del aborto.

Un Feto No Es Una Persona ¿O sí?

Este es realmente el centro del debate, tal y como lo hemos señalado. Los que están a favor del aborto, deseando no verse como asesinos, argumentan sobre el hecho de que el feto no es realmente una persona. “La gente que se preocupa por el peligro moral del aborto, lo hacen porque piensan en el feto como un ser humano, por lo tanto igualan el feticidio con el asesinato. Que el feto sea o no un ser humano es un asunto de definición, no un hecho, y podemos definirlo de cualquier manera que querramos” (G. Hardin, “Abortion or Compulsory Pregancy,” Journal of Marriage and Family, mayo, 1968).

Charles Hartstone, un erudito liberal, escribió, “Un feto no es una persona, pero es un potencial de una persona. A este punto, es solamente vida subpersonal animal” (Concerning Abortion: An Attempt at a Rational View,” The Christian Century, 21 de enero, 1981, p. 44).

El filósofo Joseph Fletcher afirmó, “No hay tal cosa como un bebé no nacido.” De acuerdo a Fletcher, el feto es meramente “material gamético.” Otro escritor a favor del aborto describió el feto como “mermelada.” El autor Philip Wylie llamó al feto “un desperdicio proto-plasmá-tico, un trozo de carne” (Citas tomadas de Donald DeMarco, Abortion in Perspective: The Rose Palace of the Fiery Dragon, pp. 166-167).

Todas las citas ilustran cuán lejos de la verdad se han desviado los pensadores modernos. Que el feto es una persona, ha sido ya demostrado por citas de las Escrituras y por el testimonio de personal médico y de representantes de la ciencia.

¿No es el Aborto Sólo Otra Forma de Controlar la Natalidad?

No, no lo es. Está muy lejos de lo que podría ser descrito como un método de “control de natalidad”. La anticoncepción previene la creación de nueva vida; el aborto destruye esa nueva vida. Hay una gran diferencia.

¿Qué Ocurre si el Embarazo Pone en Peligro la Vida de la Madre?

Para responder a esta pregunta, a menudo propuesta por los que apoyan el aborto, consultemos la opinión del Dr. Everett Koop, uno de los doctores más importantes del mundo, por mucho tiempo jefe principal de Cirugía del Children’s Hospital en Philadelphia y más tarde Cirujano General de los Estados Unidos, quien dijo, “En mis treinta y seis años en la cirugía pediátrica, nunca he sabido de ningún ejemplo donde el niño tuviera que ser abortado para salvar la vida de la madre” (“Deception-on-Demand,”Moody Monthly, mayo, 1980, p. 26).

Otro doctor, un obstetra, comentó, “Nunca he perdido una madre por ninguna causa. Además, en el hospital público en el cual soy miembro del personal, han nacido miles de bebés, y según mi conocimiento, ningún aborto terapéutico” (“Abortion: Yes or No?”, Sword of the Lord, 6 de junio, 1970, p. 10).

De estas citas, y otras que podrían ser dadas, uno puede ver que este argumento no es potente y que tiene un apoyo muy pequeño en la discusión del aborto.

¿Qué Ocurre si el Embarazo Pone en Peligro la Salud de la Madre?

Comúnmente, aquéllos que traen esta pregunta están preocupados de que si una mujer puede sufrir pertubaciones mentales y emocionales como resultado de un embarazo no deseado, y que estas dificultades pueden ser evitadas meramente eliminando al niño. El razonamiento detrás de esta pregunta es verdaderamente sorprendente. ¿Qué causaría a una madre más angustia—un embarazo no deseado o un asesinato planeado? O, para ponerlo de otra manera, ¿puede alguien recibir tranquilidad mental y emocional a través de asesinar a su niño no nacido? El Dr. John R. Grady, por muchos años Jefe del personal del Glades General Hospital en Belle Glades, Florida, escribió,

“Hay muchos casos donde la madre ha hablado del aborto temprano en el embarazo y tiempo después ha expresado su gratitud al doctor por no haber ejecutado el aborto, y ha expresado gran felicidad cuando ella ve el fruto de su embarazo. Por otro lado, yo he estudiado historias de casos de mujeres casadas quienes han llegado a tener problemas, consumidas por la culpa, y que desarrollaron problemas psiquiátricos a causa del aborto. Yo creo que puede establecerse con certidumbre que el aborto causa más sentimiento de culpa, depresión y enfermedades mentales que curación” (“Abortion”, John R. Rice, p. 32).

Si se Sabe que el Bebé Nacerá Imperfecto, ¿No Es Más Humano Terminar con su Vida Antes de su Nacimiento?

Algunos de los que están a favor del aborto profesan gran preocupación por el niño que posiblemente pueda tener deformaciones o anormalidades con las cuales él o ella tenga que vivir. “Es mejor eliminarlos antes de que empiecen a vivir que permitirles vivir con sus defectos,” razonan ellos. Un pediatra famoso fue citado diciendo así, “El público debe decir qué hacer con los individuos que están en estado vegetativo los cuales no tienen potencial humano” (Newsweek, 12 de noviembre, 1973, “Shall This Child Die?”).

El Dr. Koop, citado antes, tiene algunos comentarios perceptivos acerca de este problema:

“Los que están a favor del aborto dicen que los niños que resultan de una violación o incesto, o que tienen defectos y deformaciones, realmente nunca tienen vidas valiosas para ser vividas. Y ellos nos llevan a concluir que prácticamente todos los abortos realizados en este país corrigen una u otra de estas tragedias.

Esto simplemente no es verdad. El aborto en los Estados Unidos en casos de violación, incesto, para proteger a la madre, o para evitar defectos en el feto comprende menos del 5% de todos los abortos. El resto se realizan solamente por conveniencia. Y estamos hablando de cerca de un millón de abortos por año. . . .Guste o no, Dios hace lo imperfecto. Y usted y yo como sus administradores no tenemos más derecho de destruir lo imperfecto como lo perfecto” (Koop, op. cit., p. 24).

Note la enseñanza de Exodo 4:11. “¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?” Dios tiene control soberano sobre las vidas que son traídas a este mundo. Muchas personas, de quienes algunos pueden pensar que no tienen vidas muy valiosas para vivir porque tienen defectos serios han hecho y están haciendo contribuciones significantes a la humanidad. Los Estados Unidos han recibido en los años recientes una nueva visión del valor de las llamadas personas “impedidas”. No pocas de ellas están probando ser valiosos ciudadanos y maravillosos ejemplos de valentía humana. Algunos los hubieran destruído antes de nacer si hubiesen podido hacerlo.

¿No Tiene una Mujer el Derecho de Controlar su Propio Cuerpo?

“¡Nadie me va a decir qué hacer con mi cuerpo!” Así se expresa comúnmente la feminista agresiva. Hay solamente una cosa incorrecta con este argumento. Descansa sobre una falsa suposición—que el fetus es parte del cuerpo de la mujer. Los que apoyan el aborto, los cuales se reunieron en una concentración algunos años atrás, declararon, El cuerpo no es para ser controlado por el doctor y aun menos por Dios. El vientre es mío y hago con él lo que yo quiera.” (Philadelphia Inquirer, 4 de abril, 1976, p. C4). Betty Friedan, una estridente feminista, escribió,

“¿Qué derecho tiene cualquier hombre de decirle a cualquier mujer, ‘Tú debes dar a luz a este niño’? ¿Qué derecho tiene el estado a decirlo? La decisión de dar a luz a un niño es un derecho de la mujer y no una cuestión técnica necesitando la sanción del estado, ni el estado debiera controlar el acceso a los métodos anticonceptivos” (“Our Revolution Is Unique,” Voices of the New Feminism, editado por Mary Lou Thompson, pp. 34-35).

El embrión, sin embargo, es una persona con su propio derecho. No es parte del cuerpo de una mujer ni hace que ella tenga el derecho de ignorar la prohibición divina y destruya esa vida que Dios ha permitido que se forme.

¿No Es Mejor un Aborto Seguro que Uno Inseguro?

“Estamos volviendo a los abortos clandestinos” Con tales afirmaciones abortistas se intenta jugar con los temores de la gente. El símbolo del gancho de ropa (perchero) ha sido adoptado por muchos de los que apoyan el aborto. Se da la impresión que al prohibir el aborto estaríamos volviendo el asunto en algo de miedo y primitivo. Sin embargo, considere cuidadosamente al Dr. Christopher Tietzo, quien observó algunos años atrás que:

“. . . aunque una de las mayores metas de la liberación de la ley del aborto en Escandinavia era reducir la incidencia de abortos ilegales, esto no fue conseguido. Más bien, tal y como sabemos a través de una variedad de fuentes, los abortos legales y criminales aumentaron” (“Abortion in Europe”, reunión anual de American Public Health Association, San Francisco, CA, octubre, 1966).

El hecho es que el aborto no está bien. Es un pecado contra el Todopoderoso Dios. Los que apoyan el aborto quieren hacernos creer que miles de mujeres pobres están muriendo o siendo mutiladas a causa de los abortos clandestinos. Ciertamente, este cuadro es exagerado por aquéllos que están desesperados por encontrar algún apoyo para su posición. El Dr. Bernard Nathason, quien una vez apoyó el aborto pero que más tarde se retractó, declaró que aunque el aborto fuera ilegal hoy día, no se debería retornar a los métodos primitivos de abortar, ya que ahora hay métodos más modernos ampliamente disponibles (cf. Abortion America, pp. 196 ff, for Dr. Nathanson’s full remarks). La cuestión determinante no es si el aborto es “seguro”, sino si es “correcto” o no lo es.

¿No Es Mejor Abortar que Traer al Mundo un Bebé No Deseado?

La implicación de este argumento da la impresión de que la vida del bebé no tiene valor, a menos de que el bebé sea “deseado” por alguien. ¿Es el grado del “deseo” la norma por el cual se determina el derecho de una vida? Muchos niños no son “deseados” al principio, pero más tarde se convierten en muy “deseados”. Y supongamos que la que da a luz al niño desea desahacerse del bebé. Hay miles de parejas sin hijos quienes estarían más que contentos en tener un bebé no “deseado” y hacer de él o de ella el objeto de su afecto.

Conclusión

No podemos escapar de los hechos sencillos. El aborto es pecado. Dios está en contra de este pecado y lo ha dicho en su Palabra (Éxodo 20:13). Los cristianos deben estar firmes en contra de esta terrible rebelión en contra de las normas divinas.

Dr. Ernest Pickering
El Escudo de la Fe
Copiado con permiso

 

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2 Responses to “¿Tiene una madre el derecho de matar a su bebé?”

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  1. Buen articulo. Muchas gracias por publicarlo.

  2. PASCUAL says:

    Ya en muchas páginas he puesto que el aborto es un asesinato y muchos y muchas me reprochan que no respeto la libertad de la mujer de hacer con su cuerpo lo que les vienen en ganas, y yo digo que el aborto es un asesinato digan lo que digan los políticos que quieren ganar votos para las elecciones y siempre están recriminado incluso mujeres que no tienen anda de cristianas. Por eso entro mucho en un chat de maría auxiliadora y pedimos por las mujeres atentadas al aborto al igual que radio María, por los niños atentados de ser asesinados antes de nacer. y nacidos. Esperemos que esto se acabe pronto en España.

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