Una mirada a la separación eclesiástica

Usualmente, la separación eclesiástica tiene lugar en el nivel organizacional donde los grupos religiosos operan e interactivan. Esto debe diferenciarse de la separación personal, la cual tiene que ver con el creyente individual y su relación personal hacia el mundo. El “mundo” en el sentido bíblico, se refiere al sistema organizado que está en oposición a Dios y a su voluntad. Es lo transitorio de las cosas de esta vida; aunque siempre presentes y arregladas de tal manera que forman un “ahora”, cuyo “dios” es el diablo y que no tienen nada en común con los propósitos de Dios (I Juan 2:15-17; 2a Cor. 4:4). El mundo tiene sus propias diversiones, modas, gente, hábitos, prácticas, filosofías, metas y estilos de vida. Los cristianos bíblicos se separarán de estas cosas.

La separación eclesiástica es el rechazo a juntarse o a colaborar con una organización que se desvía de las normas de la Escritura. Normalmente, esto envuelve a cosas como iglesias locales, otras instituciones eclesiásticas o cuerpos y organizaciones religiosas o casi religiosas, de todo tipo. Los cristianos bíblicos son separatistas también en esta área. En los círculos evangélicos ha habido una acomodación negativa muy serio en áreas tanto personales como eclesiásticas.

La separación eclesiástica moderna para los creyentes bíblicos surgió durante la gran Controversia Modernista-Fundamental en los Estados Unidos desde los años 20 hasta los 40. Para los fundamentalistas, los años 20 fue un período de controversia y batalla con los liberales y otros infieles, particularmente entre los presbiterianos del norte y los de la antigua Convención Bautista del Norte. Los 30 y los 40 representaron un período de cohesión y construcción a lo largo del cual los fundamentalistas fundaron asociaciones e instituciones tomando como base el liderazgo de hombres muy influyentes. Se formaron grupos tales como Iglesias Fundamentales Independientes de América (1930, William McCarrell), la Asociación General de Iglesias Bautistas Regulares (1932, R.T. Ketchman, O.W. VanOsdel, y otros), el Compañerismo de las Iglesias de los Hermanos (1939, Alva J. McClain), el Concilio Americano de Iglesias Cristianas (1941, Carl McIntire) y el movimiento Bautista Conservador (1943, guiado principalmente por R.V. Clearwaters y otros), para nombrar algunos. La marca que distinguía al Fundamentalismo durante los años 20 hasta los inicios de los 40 fue precisamente la separación eclesiástica aun cuando ya se podía notar las inconsistencias de unos pocos.

Las cosas comenzaron a cambiar al principio de los años 40, cuando se empezaron a oír quejas de insatisfacción con el Fundamentalismo, una de las cuales tenía que ver con la separación eclesiástica. Estas insatisfacciones vinieron de dentro de los mismos que profesaban ser Fundamentalistas. Una de las principales características de la Asociación Nacional de Evangélicos, formada en 1942, fue una posición no-separatista, a distinción de las dos organizaciones fundamentales separatistas ya existentes (el Concilio Americano de Iglesias Cristianas y la Asociación Mundial de Cristianos Fundamentales). El neo-evangelicalismo que surgió, hizo énfasis en una actitud antiseparatista, como se pudo ver en su afán por infiltrar las denominaciones liberales; ejemplo de esto es el tipo de evangelismo ecuménico de Billy Graham y el inclusivismo en varias formas. Más tarde, el Neo-evangelicalismo repudió cualquier idea de separación y un neoevangélico fue tan lejos que declaró que la apostasía es imposible de definir (Vernon Grounds, “Yo creo que no tenemos un criterio bíblico que nos permita pronunciar una sentencia en contra de la apostasía”1). Otro insinuó claramente que la apostasía es imposible de detectar (Carl F.H. Henry, “El problema de la separación es el de estar seguro a qué punto una iglesia se ha vuelto apóstata”2).

Hoy día, la doctrina de la separación eclesiástica está siendo otra vez socavada por aquéllos que están dentro de los rangos profesantes del Fundamentalismo. Hoy día, hasta se alienta a colaborar con los Católicos Romanos, los Judíos, los Adventistas del Séptimo Día, con el interés de restaurar la ética de la sociedad judeo-cristiana, como la oposición al aborto y a otros temas político-socio-económicos. Algunos de estos profesantes fundamentalistas creen que el amor une y la doctrina divide y se están disculpando con el Cuerpo de Cristo por el separatismo pasado con el compromiso a predicar un mensaje positivo del amor de Cristo.

¿Qué dice la Biblia acerca de la separación eclesiástica? Algunos se pueden sorprender un poco, al saber que la Biblia tiene mucho que decir acerca de este tema. Otros saben muy bien lo que las Escrituras enseñan, pero han inventado diversas técnicas y argumentos para echar a un lado el asunto y dar paso a su desobediencia.

I. La Doctrina

La separación eclesiástica bíblica significa el rechazar la colaboración o el desligarse de la comunión de aquéllos que andan contrariamente a la Palabra de Dios. Hay, al menos, dos elementos que componen esta doctrina.

Primero, la Biblia es clara que el cristiano bíblico fundamental no puede tener compañerismo con los incrédulos o apóstatas. Esto incluiría a los liberales (o modernistas como a veces se les llama), neo-ortodoxos, sectarios y falsos profetas de cualquier índole. Jesucristo dijo, “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas” (Mt. 7:15). El apóstol Pablo dijo, “mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos” (Ro. 16:17). En II Corintios 6:14, Pablo también mencionó “no os unáis en yugo desigual con los incrédulos”, el cual es un principio que prohíbe las asociaciones íntimas con todos los enemigos de Dios3; este principio tiene una premisa inseparable que dice: “salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor” (II Cor. 6:17). También aconsejó en cuanto a aquéllos que no retienen la buena doctrina, “apártate de los tales” (I Tim. 6:5). El apóstol Juan claramente dijo, “si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina [la doctrina bíblica de la persona de Cristo], no le recibáis en casa, ni le digáis ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras” (II Juan 10-12).

Estos versículos no permiten que una iglesia bíblica tenga parte en una cruzada evangelística en donde los liberales son invitados a participar, o ser miembro de una denominación que tiene falsa doctrina en sus seminarios, entre sus pastores, o que sostenga puntos que no contienen los fundamentos de la Palabra de Dios. Estos textos prohíben la participación en el Concilio Nacional de Iglesias, en el Concilio Mundial de Iglesias o en la Alianza Bautista Mundial o en algunos otros concilios parecidos. Tampoco ninguna iglesia o individuo debe sostener económicamente a algunos de estos grupos. De otra manera sería participar en su desvío doctrinal. La Biblia es clara en cuanto a esto.

Segundo, la Biblia enseña la separación de cristianos que no son cuidadosos de su doctrina o que andan en compañerismo con aquéllos que niegan la fe. El apóstol Pablo enseñó la separación “de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros” (II Tes. 3:6). El versículo 14 del mismo capítulo es claro también: “si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a éste señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence”. Este principio trasciende a la situación local en Tesalónica que probablemente envolvía la disciplina de la iglesia a un hermano que había rehusado las verdades de dicha epístola. La persona de la cual debía separarse era definitivamente un “hermano” y la razón de la separación era que éste se había desviado de la doctrina que el apóstol había llevado a la iglesia. Sin embargo, es verdad que el hermano no era considerado como un enemigo, pero la fidelidad a Dios y a Su revelación hizo que el asunto se discutiera; ninguna cantidad de amor o hermandad puede ignorarlo.

Pablo explícitamente nombró a dos líderes cristianos quienes se habían desviado en cuanto a la doctrina y consciencia y quienes fueron, consecuentemente, entregados “a Satanás” (I Tim. 1:18-20). Lo mínimo que se puede entender es que esto significa la exclusión de la asamblea local, pero a la vez había un aviso implícito para todos los otros pastores. En I Timoteo 5:22 Pablo dice, “No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro”. Comúnmente entendido como una referencia a la ordenación, también implica el principio que el reconocer a alguien como líder cristiano debe ser precedido por una cautelosa y sabia investigación. De otra manera, uno pudiera pasar a ser partícipe de sus pecados. El mandamiento “consérvate puro” tiene una fuerte armonía con la separación eclesiástica.

La exégesis pedante puede desear restringir estos ejemplos, principios e implicaciones al primer siglo, pero los pastores cristianos modernos y líderes no pueden ser absueltos de sus obligaciones en cuanto a la separación bíblica tan fácilmente.

Hay una enseñanza en algunos círculos del Fundamentalismo profesante que dice que la separación nunca debe aplicarse a los demás cristianos, sino sólo a los inconversos. Esta idea está totalmente desviada de la teología de Pablo aquí. Pero por esto, algunos se sienten cómodos teniendo comunión con un pastor o una iglesia que es evangélica, pero que pertenece a una denominación en cuyas escuelas se ha infiltrado la doctrina infiel (tales como la Convención Bautista del Sur), o quizás está envuelta de alguna manera con el Concilio Nacional de Iglesias.

Otros pastores y obreros cristianos, quienes profesan ser fundamentalistas, no se separarán de los Neo-evangélicos o de aquéllos que no hacen caso a la doctrina de la separación, porque estos que se comprometen son “hermanos”. A veces, se crea una nubosidad en cuanto al “segundo grado de separación”, o del tercero, o del cuarto y así sucesivamente.

Pero esto se hace para totalmente ignorar de manera voluntaria la doctrina clara de la separación y de los principios que ésta encierra. La separación realmente no admite diferentes grados o niveles: está dirigida a la persona a causa de su desviación de la Escritura en cualquiera de las maneras que él pueda expresarlas. Si algún hermano tiene comunión con un grupo desobediente, nos estamos separando del que tiene comunión con el grupo desobediente y no solamente del grupo desobediente con quien él se asocia. La razón de la separación pudiese envolver algunas asociaciones antibíblicas, aunque en realidad esto no es más “secundario” que su práctica antibíblica en alguna otra área que pueda ser catalogada como “primaria”.

A veces, la Confraternidad de un pastor o la Asociación de una iglesia permitirá el compañerismo de ciertos Neo-evangélicos o de aquéllos quienes no siendo Neo-evangélicos, tiene comunión con Neo-evangélicos o también de aquellos que se enredan en alianzas antibíblicas de varios tipos, o quienes aprueban escuelas que han comprometido sus estandartes sobre la buena música, su porte personal, teología Bautista, etc. La comunión o asociación en sí misma puede tener una declaración firme de fe fundamental, pero en su práctica se hace de la vista gorda o rehúsa tratar sus problemas. Si después que pasa el tiempo, es aparente que la organización no puede o no logra poner su casa en orden, entonces una iglesia bíblica-separatista no tiene otro recurso más que separarse, orando para que la organización finalmente arregle el problema doctrinal o que otros tomen una posición similar en contra de dicha ambigüedad doctrinal y también se retracten de su testimonio a la verdad de la separación eclesiástica y a la posición original de los fundadores de la organización.

II. Los Fundamentos

La doctrina bíblica de la separación está basada firmemente en el mismo carácter de Dios. No es el resultado de un mero capricho de una deidad quien dice que algo es así simplemente porque él lo dice. La separación es una expresión de la santidad de Dios.4 Es algo constitucional con él. Dios no podría tolerar la falta de separación y todavía seguir siendo consistente consigo mismo.

La santidad en la Palabra de Dios, básicamente significa separarse y distinguirse de aquello que es común o profano. Santificar significa simplemente ponerse aparte del uso común, para la consagración. La santidad de Dios es su separación en dos áreas. Primero, su santidad es de una trascendencia majestuosa, su separación básica de todo lo que es creado y finito. En este sentido, Dios es el “Alto y Sublime” (Is. 6:1); “el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo” (Is. 57:15); y el que “está sentado sobre los querubines”, quien es “exaltado sobre todos los pueblos”, cuyo nombre tiene que ser alabado porque “él es santo” (Sal. 99: 1-3). Esta distinción entre Creador y criatura es básica en la relación del hombre con Dios, y es la naturaleza del pecado que la destruye elevando algún aspecto de la creación por encima del Creador (Ro. 1:25).

Segundo, y más al punto, es la separación de Dios de todo lo que es inmundo y pecaminoso, Su santidad de la pureza moral. En teología, la santidad de Dios es definida como su pureza autodeclarada, en donde su ser y su voluntad concuerdan eternamente el uno con la otra. La pureza moral de Dios no es pasiva o estática, tal y como un mármol, sino que es dinámica y activa, la energía de la voluntad; no meramente la ausencia del pecado o la inmundicia, sino la autoafirmación del Ser. Por lo tanto, Dios tiene una reacción constitucional contra todo aquello que contradice su santidad o que no es como él en esta área. El pecado, y solamente el pecado, provoca la santa ira de Dios, su enojo judicial. Por lo tanto, Dios demanda que toda persona, y especialmente los creyentes, sean como él en carácter y conducta (Mat. 5:48; Ro. 12:1; Ef. 1:4; 5:27; I Jn. 2:1).

La separación bíblica, entonces, no es una noción caprichosa maquinada por algunos fundamentalistas en descontento. Esto no fue pragmáticamente derivado durante el desarrollo de una controversia caldeada. Por el contrario el ser separatista está en la misma naturaleza de Dios como se declaró al principio; y las demandas de separación hechas sobre su gente están primero en él, quien llama a ser como él es. Esto no impide el tener contacto con los incrédulos, así como la santidad de Dios no le impide amar y relacionarse con sus criaturas. Pero sí excluye el hacer asociaciones comprometedoras de la buena doctrina con aquéllos que son desobedientes; esto previene a uno de reconocerlos como hombres de Dios aunque sean hombres de sotana, prohibiendo los yugos desiguales (II Cor. 6:14) y uniones incompatibles (Amós 3:3).

III. Ilustraciones del Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento no afirma directamente la verdad de manera clara a la iglesia del Nuevo Testamento.

Esto no significa que no hay verdad en el Antiguo Testamento para la iglesia, porque toda Escritura es inspirada de Dios y por lo tanto, útil (II Tim. 3:16). Parte de esta utilidad para la iglesia puede ser encontrada en principios e ilustraciones que iluminan la verdad acerca de Dios y sus caminos para los hombres.

La Biblia hace una distinción fundamental y teológica entre Israel y la Iglesia. La nación de Israel era una entidad político-racial relacionada con Dios de manera única en lo que se llama teocracia. La naturaleza, propósitos y destino de Israel son distintos de los de la iglesia. La iglesia no es un reino teocrático como lo fue Israel (Ex. 19:6). La iglesia no tiene, teocráticamente, una alineación político-religiosa con Dios como la tuvo Israel. No hay una preferencia racial en el cuerpo de Cristo como lo había en Israel (Gál. 3:28). No obstante, hay una gran semejanza entre Israel y la iglesia5, suficiente como para que lo que le pasó a Israel, pueda servir de un ejemplo a los creyentes de hoy (I Cor. 10:6, 11).

Israel fue una nación elegida por Dios como resultado de su soberana gracia y buena voluntad. El pueblo de Israel en sí no tenía nada con qué ir a Dios y decirle: “por tales razones debo ser tu pueblo” (Deut. 4:37; 7:6-8). Sin embargo, Israel fue el “pueblo adquirido por Dios” o su propio tesoro especial (Ex. 19:5; Deut. 7:6; Sal. 135:4). Ellos son una “nación santa” (Ex. 19:6); puestos aparte o separados de otras naciones, como pertenencia especial de Dios. Ellos fueron escogidos para ser diferentes y por eso, exhibir a los otros pueblos su separación ordenada por Dios.

Como recordatorio de la posición separatista de Israel, Dios estableció prohibiciones en relación a cosas corrientes de la vida: normas que tratan sobre sus ocupaciones, vestimentas, adoración y comida. Deuteronomio 22:2-12 afirma que Israel no podía sembrar semillas mezcladas en sus viñedos, arar con un buey y un asno juntos en el mismo yugo en sus campos, ni usar vestimentas de lana y lino mezclado en sus cuerpos. ¿Por qué tuvieron estas “distinciones divinamente ordenadas”?6 Sin duda, por la misma razón que Dios dio escritos estrictos acerca de los animales que Israel podía o no comer u ofrecer en sacrificio; por ejemplo, los animales “limpios” y los “inmundos” (Lev. 11; Deut. 14). Esta razón parece ser dada en Levítico 20:24-26. Dios había separado a Israel de los otros pueblos (v. 24). Israel, entonces, debía hacer estas distinciones en los animales porque Dios mismo había separado lo limpio de lo inmundo (v. 25). Por lo tanto, el propósito de Israel era el de ser santo (separado) porque Dios era santo y él lo había separado de los otros pueblos como Su posesión especial (v. 26). Estas leyes, entonces, “simbolizaban la elección del Dios de Israel. Ellos se apartaron como recordatorios constantes de la gracia electiva de Dios.”7 La separación fue una forma de vida, no solamente un asunto de comida, semillas, animales y vestimentas. Su relación hacia Dios y hacia otras naciones era representada gráfica y visualmente. Probablemente, el hecho de que provocaran desprecio y ridículo delante otros, fue un distintivo de honor para ellos. El principio de la separación fue entretejido por Dios en su estructura social, dentro de las del diario vivir.

El principio de la separación estaba detrás de otras relaciones y alianzas prohibidas por Dios. El buen rey Josafat, por ejemplo, parecía preocuparse por la división entre Judá y el reino del norte, por lo que él tomó medidas para acercar ambos reinos. Sin duda, él razonó que Judá e Israel eran “hermanos” y debían estar exhibiendo un frente unido delante del mundo. Dios le avisó a él que tal causa común sería desastrosa, porque esto le comprometería: “¿Al impío das ayuda y amas a los que aborrecen a Jehová?” (II Cro. 19:2). (¡Note cuán falto de discernimiento y cuán fuera de lugar era su “amor”!). A pesar de esta advertencia, él entró en una serie de alianzas: se alió con Acab, contra los arameos en Ramot de Galaad (I Rey. 22:2; II Cro. 18); dio a su hijo a Jehoram en casamiento con Atalía, la hija de Acab y Jezabel (II Rey. 8:18); se alió con el impío Joram contra los moabitas (II Rey. 3:7ff.); y tuvo una flota comercial de barcos con Ocozías, la cual Dios hundió literalmente (II. Cro. 20:35-37). En el epitafio de la tumba de Josafat se lee, “Y Josafat hizo paz con el rey de Israel” (I Rey. 22:44). Impregnado con lo anti-separatista, con los principios de “amor” del Neo-evangelismo, el cual vino mucho después que él, su criterio de inclusivismo y de alianza con el reino del norte invalidó todo lo bueno de él después de su muerte. Esto fue una herencia que él, sin duda alguna, nunca hubiera querido dejar.

Sí, es posible “amar” a la gente incorrecta en la forma incorrecta (II Cró. 19:2), porque el amor bíblico es para que sea instruido, sincero e irreprensible (Fil. 1:9-10). El amor en sí mismo tiende a ser caprichoso y fácilmente mal dirigido; necesita ser gobernado por la Palabra de Dios. Uno podría desear que los fundamentalistas profesantes, quienes recientemente han descubierto cómo amar y quienes están permitiendo que las barreras de la separación eclesiástica se vengan abajo, comprenderían cuán verdadero es el amor bíblico. Ellos estarían seguramente dispuestos, entonces, a mostrar amor a los separatistas, hermanos fundamentales.

IV. La Práctica

Habiendo notado la enseñanza del Nuevo Testamento en cuanto a la separación eclesiástica para la iglesia, ilustrada por el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, ahora es apropiado que directrices y principios sean presentados para capacitar a creyentes a implantar la doctrina en el mundo de hoy día. Hay varias consideraciones al respecto.

Primero, la separación empieza con una investigación adecuada en cuanto a la otra parte envuelta. Esto significa llegar a estar informado acerca de las creencias de la otra parte, del testimonio o la imagen que se proyecta, los comentarios hechos sobre otros hombres, las actitudes hacia varios asuntos y movimientos, incluyendo el Fundamentalismo separatista en sí mismo. Por ejemplo, ¿cuál es su posición en cuanto a algunos de los otros puntos de la doctrina más allá de los “fundamentos”; por ejemplo, en cuanto a los distintivos Bautistas? Esta investigación debe hacer a uno conocedor de los lazos de la otra parte, asociaciones, influencia; lo que promueve o aprueba ¿Cuál es su reputación? ¿Por qué es realmente reconocido? También se debe discernir cuál es la verdadera intención que hay detrás de la confraternidad propuesta o del esfuerzo de la organización. Tal investigación tomará tiempo y esfuerzo, pero prevendrá la confusión después, o lo que es peor, una comunión antibíblica.

Segundo, la separación considera el asunto de la identificación de uno. ¿Qué le pasará al testimonio Fundamentalista y su imagen al asociarse o aliarse? ¿Cómo afectará la unión propuesta a la iglesia separatista o al individuo espiritual? ¿Cómo afectará su carácter y habilidad a hacer la voluntad de Dios? Mientras que muchos pueden debatir si hay o no hay legítima “condenación por la asociación”, hay ciertamente una genuina “corrupción por asociación” que toma lugar en las alianzas incorrectas. I Corintios 15:33 dice (parafraseado), “las malas compañías corrompen las buenas costumbres”.

Tercero, la separación toma en consideración el asunto de la promoción. Cuando los Fundamentalistas profesantes reconocen o tienen algún tipo de causa común con aquellos cuyas alianzas o posiciones no son escriturales, o son al menos cuestionables, se ponen en posición para ser influenciados a poner la doctrina en entredicho. El Fundamentalista tiene que estar en guardia para que no acabe promoviendo una organización o grupo contrario, con el cual de otro modo tomarían una posición contraria. Así, Josafat “ayudó a los impíos” al amar a aquellos que odiaban al Señor (II Cró. 19:2). Cuando los predicadores Fundamentalistas, las iglesias y las organizaciones públicamente estrechen las manos con los Católicos Romanos, Judíos y Mormones en un asunto moral y político común, dan la apariencia de una aprobación tácita de las doctrinas antibíblicas de estos grupos. Acaban promoviéndolos directamente o indirectamente, lo cual no sería hecho bajo ningunas otras circunstancias.

Cuarto, la separación considera la cuestión de niveles. Hay un nivel personal de comunión cristiana; el nivel de “la taza de café”. Todos los cristianos genuinos tienen ciertas cosas en común: el nuevo nacimiento, la morada del Espíritu Santo en el creyente, la convicción que la Palabra de Dios es verdad, el parentesco de hermandad del pueblo de Dios. Los requisitos doctrinales para este nivel son mínimos.

Otro nivel sería la iglesia local. Las condiciones y requisitos para los miembros de la iglesia exceden significativamente el nivel de la taza de café. Aunque dentro de la membresía de la iglesia local, puede establecerse normas de liderazgo para aquéllos que sirven en público (por ejemplo, ujieres) e incluso altos requisitos para los maestros de la Escuela Dominical y diáconos.

Aún otro nivel sería el nivel de cooperación donde diferentes requisitos pertenecen más a otros niveles. (Este nivel no es necesariamente más alto que el de la iglesia local). En este nivel puede haber grados de cooperación. Las cosas a considerar para una cruzada evangelística pueden diferir de la de la Asociación Acreditadora de Colegios Cristianos. ¿Sería necesario un divorcio-bajo-ninguna-circunstancia esencial para una participación en un concierto de violín? Una sociedad teológica puede tener una simple declaración doctrinal afirmando la inerrancia verbal de la Biblia, mientras que una misión o asociación de iglesias querría requisitos doctrinales de participación bien detallados. Los factores previos de consideración (investigación, identificación y promoción) también aplicarían cuando se trata de evaluar el nivel de esfuerzo para el propósito de cooperación o separación. Las declaraciones doctrinales no garantizan la buena reputación e influencia de una organización.

Todas las consideraciones anteriores requieren una aplicación bien pensada y cuidadosa. Los argumentos pragmáticos tales como “las almas están siendo ganadas”, o “podemos hacer que América vuelva a Dios”, o “podemos alcanzar a mucha gente” u otras parecidas, no justifica las asociaciones antibíblicas y heterogéneas. Si los resultados son lo más importante, Moisés fue muy exitoso cuando golpeó la roca en lugar de hablarle (Num. 20:7-13); el agua salió en abundancia. Pero Moisés (y Aarón) pagó caro por su desobediencia.

Los medios de Dios para preservar la verdad del Evangelio y de toda la Palabra de Dios han sido a través de la separación. De otra forma, se establece un gradualismo que al final dejará a la iglesia sin buena doctrina que preservar, y mucho menos alguna vitalidad para preservarla y defenderla. El descontento actual dentro de algunos elementos del Fundamentalismo profesante sobre la doctrina de la separación no tiene una buena predicción para el futuro. Viendo la historia de los años 40 y de los 50, cuando una insatisfacción similar acerca del separatismo es expresada, esa insatisfacción tiende a manifestarse; por ejemplo, otra rama del evangelicalismo con la cual el Fundamentalismo histórico y bíblico no se puede unir.

NOTAS

1 “Christianity and Apostasy,” Seminary Study Series (Publicado por Denver Conservative Baptist Theological Seminary, Denver, CO, n.a.), p. 8.
2 Eternity (marzo, 1956), p. 19.
3 Charles Hodge, Commentary on the Second Epistle to the Corinthians (reimprimido, Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Pub. Co., n.a.), p. 166.
4 Ernest Pickering, Biblical Separation (Schaumberg, IL: Regular Baptist Press, 1979), p. 163.
5 Charles L. Feinberg, Millennialism: The Two Major Views (Chicago: Moody Press, 1980), p. 280.
6 El título del sermón de este texto por W. B. Riley en octubre, 1943 en la primera reunión regional Conservativa Bautista en Chicago. Véase Richard V. Clearwaters, The Great Conservative Baptist Compromise (Minneapolis: Central Seminary Press, n.a.), pp. 68-76.
7 Gordon J. Wenham, The Book of Leviticus, The New International Commentary on the Old Testament, ed. R.K. Harrison (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Pub. Co., 1979), p. 183.

 

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One Response to “Una mirada a la separación eclesiástica”

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  1. trancisco says:

    hermano muchas gracias por estas enseñansas queo que es la mejor manera de distinguir lo santo de lo profano el señor añada bendiciones a tan bonita enseñansa

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