Una reforma en la manera de disciplinar a los hijos

Aun muchos de los más fieles creyentes han aceptado la filosofía del humanismo en cuanto a la educación de sus hijos. Su filosofía es que el niño debe ser libre a expresarse y tomar sus propias decisiones. Debe ser obvio, a casi todos, que el resultado ha sido desastroso. Cada día hay más rebelión, delincuencia y conflictos familiares. Cuando nace un bebé hay regocijo pero algunos años más adelante este bulto de alegría va a convertirse en un aguijón en la carne que engendra lágrimas, dolor y vergüenza. No estoy hablando de los sacrificios que hay en criar hijos. Estoy hablando de hijos que maldicen a su padre y afligen a su madre.

Lo lamentable es que no tiene que ser así. Dios ha provisto, en su Palabra, consejo sabio en cuanto a la educación de nuestro hijos. El problema es que muchos están convencidos de que el consejo bíblico es anticuado y que tenemos que hacer caso a lo que dicen los científicos y supuestamente, expertos en el tema. Junto con la Biblia, Dios ha guiado a algunos hombres en escribir libros que apoyan la enseñanza bíblica. El hecho de ser buenos padres en el día de hoy exige que seamos revolucionarios.

Eclesiastés 11:1 nos manda a “echar nuestro pan sobe las aguas, porque después de muchos días lo hallarás”. Muchos quieren comer su pan ahora sin pensar en lo que habrá mañana. Es así en la educación de nuestros niños. Lo más fácil es el de ceder a la flaqueza y negligencia. Es ser indulgente con Juancito y dejarle salir siempre con lo suyo. Así puede pasar sus días en paz y tranquilidad. Pero es mirar por alto la guerra que vendrá más adelante cuando Juancito quiere mandar la casa y hacer esclavos a sus padres. Si hacemos caso a Eclesiastés 11:1, haremos algunos sacrificios hoy pero más adelante tendremos el gozo de tener hijos obedientes y honrosos.

La filosofía del mundo favorece a los padres perezosos y negligentes. Es bien recibida por la mayoría porque es lo que ellos quieren escuchar. Ellos dicen que castigar a su hijo va a provocar la ira. Así él va a perder su amor y respeto. Para ellos, el consejo bíblico es anticuado. Sin embargo, el consejo bíblico rinde mejor resultados que el consejo de la gente del mundo. Proverbios 9:15 dice, “La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergüenza a su madre”. Proverbios 13:24 dice que “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige”.

Otro argumento de los “sabios de este mundo” es que restringir a su hijo va a frenar el desarrollo de su personalidad. Ellos dicen que él tiene que tener libertad a expresarse aun a través de la rebeldía. Al contrario, la Biblia dice “La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara y la corrección la alejará de él”. Proverbios 22:15

Nosotros somos hijos de Dios. Su trato con nosotros incluye la disciplina y aun azotes. Debemos seguir el ejemplo de Dios en la educación de nuestros hijos. Hebreos 12:5-11 dice “Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijo; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban y los venerábamos. ¿Por qué no obedecemos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero este para lo que os es provechos para que participemos de su santidad”.

A pesar de lo que dice la gente de este mundo, no podemos hacer mal por castigar a nuestros hijos cuando se portan mal. Por supuesto, debemos hacerlo de la manera debida. Si lo hacemos con enojo por que perdimos la calma no va a salir bien “Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”. Santiago 1:20. Es mejor que esperemos hasta que pase el enojo y podemos hacerlo en serenidad porque es recto y necesario. Debe ser lo suficiente severo para que el niño esté convencido que no le conviene hacerlo otra vez. Es dudoso que va a lastimarle si aplica la vara en sus asentaderas. Después de castigarle debe sentarse con él, poner su brazo alrededor de sus hombros y asegurarle de su amor y explicarle que le ama pero no ama su mal comportamiento. Siempre debe terminar por orar con él y pedir que Dios le ayude en darse cuenta que lo que hizo está mal.

No es cruel castigar a su hijo cuando él se porta mal. Al contrario, es cruel no castigarle. Muchos caen en la delincuencia por la falta de disciplina. La delincuencia es un cajón sin salida. No están contentos. Además, el niño sufre en su niñez y adolescencia. Para salir con lo suyo él se entrega al lloriqueo. Al contrario, el niño bien educado sabe que no vale la pena llorar porque será sin provecho. En vez de preocuparse que tal vez va a frenar el desarrollo de su personalidad, sería mejor preocuparse que su tendencia hacia la maldad no sea frenado. No se olvide que “la necedad está ligado en el corazón del muchacho”. Aun con el suyo es así. Es cierto que “ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”. Hebreos 12:11

Los padres sufren también si son negligentes en educar a sus hijos. En vez de pagar el precio de educarlos bien entre la edad de 2-5, ellos sufrirán por 15-20 años por tener un hijo rebelde. Sus hijos les maldicen. A veces roban de la casa. Roban de los vecinos. Mienten y traen vergüenza sobre sus padres.

¡Sea un revolucionario! Eduque bien a su hijo. Dará el fruto de justicia. Es la promesa de Dios.

 

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