Ezequías, el rey que recibió 15 años más de vida

2 Reyes 20:1-11

I. Un anuncio solemne. “En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás” (2 Rey. 20:1). Esta declaración solemne debe haber llegado con sorprendente rapidez al joven rey, después de una victoria tan maravillosa como la registrada en el capítulo anterior. La gran prosperidad no es garantía de una larga vida. Algunas de las vidas más útiles y brillantes han sido breves. Uno de los deberes más urgentes de la vida es establecer la casa del corazón, para ese gran cambio que puede llegar a nosotros tan inesperadamente como a Ezequías. Su casa era la casa del reino. Al no tener un hijo que lo suceda, se necesitaba esta advertencia oportuna para ponerlo en orden. No es suficiente para nosotros que vivamos y muriéramos, hay responsabilidades que recaen sobre nosotros en relación con aquellos que nos sucederán. Nuestros hechos no están enterrados con nuestros huesos.

II. Una oración ferviente. “Entonces él volvió su rostro a la pared, y oró a Jehová y dijo: Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro” (2 Rey. 20:2-3). Las noticias que había recibido eran las más desagradables. Él solo había reinado quince años, y todavía era un joven de treinta y nueve años. Sintió que todavía no estaba preparado para someterse voluntariamente a este mandato de Dios. Al voltear su rostro hacia la pared, daba la espalda a toda la ayuda y esperanza humana, y se echaba a sí mismo como un sirviente desconcertado y humillado a los pies de su Señor. Hay un tono que puede parecer egoísta y petulante en su petición, muy diferente a su última oración registrada en 2 Reyes 19:15. Allí suplica en nombre de Dios; aquí en 2 Reyes 20:3 suplica en su propio nombre. “He andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan” (2 Rey. 20:3), él gime, como si, debido a esto, su vida debía ser prolongada. Aunque Ezequías luchó con esta revelación de la voluntad de Dios con respecto a él (que creemos que era su pecado), al mismo tiempo, su oración muestra una familiaridad con el Señor, que es en sí refrescante.

III. Una respuesta abundante. Antes de que Isaías saliera de la corte real, llegó la respuesta, una respuesta que era sumamente abundante más allá de todo lo que el rey moribundo había pedido. Él iba a ser sanado, y quince años más fue añadido a su vida; y la ciudad defendida. “Vuelve, y dí a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová. Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo” (2 Rey. 20:5-6). Incluso esto no es todo. Una obra milagrosa se realiza en el “reloj de Acaz” para tranquilizar a su corazón que duda (2 Rey. 20:8-11). Podemos estar equivocados, pero no podemos resistir la sensación de que hay una cierta ironía en todo esto, un santo y divino sarcasmo que podría enseñarnos a contentarnos con la voluntad de Dios, incluso cuando parece ser desagradable e injusto, cortando las raíces de todos nuestros futuros planes y perspectivas. Un niño molesto y fastidioso puede pedir azúcar hasta que la madre se vea obligada a darle el tazón y dejar que consuma hasta que se enferme. La vida de Ezequías se ha vuelto evidentemente egocéntrica (2 Cron. 32:25). Él está listo para decir: “La palabra de Jehová que has hablado, es buena. Después dijo: Habrá al menos paz y seguridad en mis días” (2 Rey. 20:19). ¡Pero mira los resultados!

IV. Una consecuencia dolorosa. Si aquellos quince años que se agregaron a su vida fueran dados como una bendición, seguramente se esperaría mucha bendición en ellos; pero, no obstante, fueron el fruto de los males más terribles. Habría sido mejor tanto para Ezequías como para la nación si hubiera muerto de esa enfermedad, que era el mensajero bueno de Dios para alejarlo del mal venidero. En el primer año de su nueva vida, mostró a esos espías astutos de Babilonia todo lo que había en su casa, lo que los tentó en los años venideros y al fin sus bienes fueron “llevado a Babilonia, sin quedar nada” (2 Rey. 20:17). Aproximadamente tres años después de que se recuperó, le nació Manasés, de Hepsiba, que, a juzgar por su nombre “mi deleite está en ella”, esta mujer era para él más que su Dios (2 Rey. 21:1). Este hijo se dispuso a deshacer todo lo bueno que su padre (Ezequías) había hecho. 2 Reyes 21 contiene muchos detalles de su idolatría y prácticas de ocultismo. Los decretos violentos de Manasés, hijo de Ezequías se destacan en las siguientes palabras de juicio de parte de Dios: “Fuera de esto, derramó Manasés mucha sangre inocente en gran manera, hasta llenar a Jerusalén de extremo a extremo; además de su pecado con que hizo pecar a Judá, para que hiciese lo malo ante los ojos de Jehová” (2 Rey. 21:16). Si Ezequías se hubiera contentado con morir de su enfermedad, Manasés nunca hubiera nacido y estos horrores morales nunca se hubieran cometido. Se cuenta la historia de una madre que le clamó a Dios que salvara a su hijo (que se estaba muriendo) a cualquier costo. El hijo vivió, pero la madre tuvo la indecible angustia de verlo ahorcado como un delincuente. Si Ezequías hubiera podido ver todo lo que iba a suceder como resultado de su vida prolongada tal como Dios lo vio, seguramente hubiera dicho: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Luc. 22:42).

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One Response to “Ezequías, el rey que recibió 15 años más de vida”

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  1. jose david sanchez sanchez says:

    totalmente de acuerdo hno

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