La autoridad de las Escrituras

Este es uno de los temas más fundamentales de la fe cristiana. Esto lo hace muy común para nosotros, pero a la misma vez su frecuencia lo hace muy importante. Consideremos tres aspectos de la autoridad de las Escrituras: lo central de las Escrituras para la vida cristiana, lo supremo de las Escrituras para la vida cristiana y lo suficiente de las Escrituras para la vida cristiana. Hoy día, muchas iglesias tratan de basar o poner su fundamento en alguna moda, en sus esfuerzos para obtener una mayor audiencia o mejores ofrendas; otros pastores tratan de comercializar o “vender” sus iglesias como centros de entretenimiento. Pero en vez de estos enfoques, nuestras iglesias deben ser lugares donde cada persona pueda darse cuenta de su condición de incapacidad y aprender de la gracia redentora de Cristo en la cruz del Calvario. El fundamento de nuestra vida en Cristo no es cultural, sino que se fundamenta en la cruz de Cristo como está revelado en la Escritura. La Palabra de Dios nos une en la familia de Dios.

La Biblia es central para la vida cristiana

Necesitamos poner las Escrituras como el centro de nuestra vida cristiana. Hay al menos tres razones por las cuales la Biblia merece el lugar central en la vida cristiana.

1. La Biblia es el único libro inspirado por Dios

La Biblia no vino “por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (II Pedro 1:21). Como el libro que es único en cuanto a su origen, dado por Dios con el propósito de traernos a la fe y de guiarnos a través de la vida, debiera ser central en nuestra vida cristiana.

2. Es el único libro sin error en su contenido

La Biblia es absolutamente perfecta y sin error en cada declaración que hace. Como un libro que es perfectamente único en su carácter, completamente confiable en todo lo que dice, debemos hacer de su aprendizaje y de su aplicación, en cuanto a lo que enseña, la prioridad en nuestras vidas.

3. Es el único libro iluminado por el Espíritu Santo

En 1 Corintios 2:14-15 dice, “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie”. Si vamos a entender las Escrituras, tenemos que tener al Espíritu Santo para discernirlas. Nuestro entendimiento está ennegrecido; nuestras mentes pueden ser engañadas; tenemos la capacidad de convencernos que entendemos cierto pasaje o principio cuando en realidad no es así. Nosotros aprendemos a través del estudio diligente y de la oración, y aun así estar en error por el engaño del pecado. Para entender la verdad, debemos tener un intelecto honesto. Debemos estar preparado para creer lo que Dios dice en Su Palabra; debemos creer lo que ésta enseña y estar dispuestos a cambiar nuestros prejuicios. Si encuentro que la Escritura enseña algo contrario a lo que creo, algo contrario a lo que se me ha enseñado o contrario a la manera en que he vivido, debo estar dispuesto a cambiar lo que creo o lo que vivo y aceptar la Escritura. Si yo encuentro en mi estudio de la Palabra de Dios, que ésta no enseña lo que yo pensaba que enseñaba o lo que se me ha enseñado, yo debo estar dispuesto a admitir que estoy en error. La verdad no es verdad simplemente porque eso es lo que se te ha enseñado; “lo que se te ha enseñado de acuerdo a la Palabra de Dios, es verdad, y lo que se te ha enseñado y no está de acuerdo a la Palabra de Dios, no es verdad” (J. Edwin Hartill, Principios de Hermenéutica Bíblica, p. 68). La Biblia debe ser central a nuestra vida cristiana porque es el único libro inspirado por Dios, sin error en su contenido e iluminada por el Espíritu Santo.

Hace un tiempo atrás estuve en un funeral donde el predicador dijo que él creía que el espíritu del difunto andaba en aquel cuarto en aquel mismo momento. ¿Por qué él creyó esto? Bueno, él dijo que él cree que Dios ciertamente le permite al espíritu del difunto estar en su propio servicio fúnebre, para que él pudiera ver y escuchar lo que la gente decía de él y para que sus parientes le dijeran adiós. En sí, lo que este pastor piensa es que el alma del muerto se queda por ahí, simplemente porque el pastor siente bien en pensar que esto es verdad. ¿Habrá alguna manera de poder determinar si este pastor está en lo correcto? Por supuesto que la hay. Debemos ir a la Escritura para ver si lo que este pastor enseñó es enseñado en la Biblia; y encontraremos que esto no es verdad. Para él creyente el estar “ausentes del cuerpo” es estar “presentes con el Señor” (2 Corintios 5:8). Para el incrédulo, el morir es estar inmediatamente y conscientemente en el tormento del infierno (Lucas 16:22-23). La autoridad de lo que creemos debe ser la Biblia, y no lo que nos hace sentir bien personalmente.

La supremacía de las Escrituras en la vida cristiana

Un segundo aspecto de la autoridad de las Escrituras es la supremacía de las Escrituras para vivirla vida cristiana. En Juan 14:15, Jesús les dijo a sus discípulos, “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. En 2 Timoteo 3:16, se nos enseña que, “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. La Biblia es el único libro con prioridad suprema. En 1 Tes. 5:21, el apóstol Pablo nos reta a “examinadlo todo; retened lo bueno”. Cada cosa que creemos y cada cosa que hacemos debe ser examinada por lo que es enseñado en la Biblia. Todo otro libro es de ayuda sólo hasta el punto en el cual nos ayudan a entender y obedecer la Palabra de Dios. Nunca permita que cualquier libro tome el lugar de las Escrituras en su vida. Aún más, ningún maestro de la Biblia debe tomar el lugar de la misma Biblia; no importa cuán gran alcance tiene su programa de radio, ni cuán reconocido es su nombre, ni cuán prestigiosa es su reputación. Un maestro es sólo confiable y de ayuda hasta el punto en donde está de acuerdo con la Biblia. Nunca juzgue cuán bueno es un maestro por lo grande de su audiencia. El hecho de que un hombre se llame a sí mismo un cristiano o aun Bautista fundamental, no garantiza que todo lo que enseña está de acuerdo con la Biblia. Tenemos que evaluar cada cosa enseñada por cada maestro a la luz de las Escrituras. También debemos entender que ni una sola supuesta “nueva revelación” toma precedencia sobre las Escrituras. Yo desconfío de la persona que me dice, “Dios me dijo…”, o “Jesús me dijo…”, a menos que ellos están hablando de algo que encontraron en la Biblia. Ningún libro, ni percepciones son inspirados. Dios ya nos ha dicho lo que tiene que decirnos en su Palabra. Las Escrituras son nuestra autoridad final.

Para que las Escrituras sean supremas en nuestras vidas, debemos reconocer que la Biblia es el único libro con autoridad suprema. Dios le dio a Josué la fórmula del éxito para el trabajo al cual le llamó; en Josué 1:8, Dios le dijo: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”. Tenemos que recordar que nuestra conducta será juzgada por la Biblia; nuestras creencias serán juzgadas por este Libro; nuestra cultura será juzgada por este Libro.

En el Día de Juicio, nuestro Señor no buscará referencias de nuestros vecinos para saber que pensaron de nosotros, tampoco buscará nuestro certificado de buena conducta, tampoco hará que llenemos un formulario en cuanto a nuestra ideología política. Dios evaluará cada pensamiento, hecho y palabra nuestra de acuerdo a su Palabra. Si verdaderamente creyéramos esto, estoy seguro que consideraríamos la Biblia con mayor seriedad; nos aplicaríamos un poco más para conocerla y nos someteríamos aun más a su autoridad.

La suficiencia de las Escrituras para la vida cristiana

La mayoría de los fundamentalistas están de acuerdo con lo que hasta aquí he dicho. Un cristiano fundamentalista acepta la importancia y la supremacía de las Escrituras. Sin embargo, parece haber algunas diferencias entre los fundamentalistas en cuanto a cuan SUFICIENTES son las Escrituras para ayudarnos a vivir la vida cristiana. Estamos muy prontos a citar 2 Tim. 3:16 para hablar de la autoridad de la Biblia, pero muchas veces nos olvidamos del próximo versículo (3:17) que dice que el propósito de las Escrituras es “que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. No dice que el fin es que “el hombre de Dios tenga un buen comienzo”, sino dice que el propósito es que el hombre de Dios tenga todo lo necesario para estar completamente preparado para hacer todo lo que Dios quiere que la persona haga. Puesto que ésta es la verdad, debemos cultivar una dependencia en hacer lo que la Palabra de Dios dice. Firmemente creo que hay cinco etapas para hacer esto:

1. Atención a la enseñanza de la Biblia

En Heb. 13:17 se nos manda “obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no es provechoso”. En Efesios 4:11-13, el apóstol Pablo nos dice el por qué Dios le dio maestros y predicadores a la iglesia: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. El método de Dios para enseñarle a su pueblo es primeramente a través de los pastores y evangelistas. Debemos darle atención a la Palabra de Dios “hasta que todos lleguemos… a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.

2. Diligentes en el estudio de la Biblia

En Hechos 17:11 se pone como ejemplo a los creyentes en Berea por su estudio personal de las Escrituras, diciendo que “éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la Palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así”. Pablo retó al joven pastor Timoteo a amaestrarse en la Palabra a través del estudio personal, cuando dice en 2 Tim. 2:15: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la Palabra de verdad”. Los pastores y evangelistas pudieran estar en error. Yo tengo la capacidad de ser engañado y sería muy arrogante de cualquier maestro de las Escrituras asumir que entiende perfectamente todas las enseñanzas de las Escrituras. Solamente se puede reconocer el error en algún maestro, predicador o escritor, si se comparan sus enseñanzas con las Escrituras.

3. Meditar en la Biblia

En Salmos 1:1-2 se resalta la importancia de la meditación en la Palabra de Dios al decir, “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”. La meditación también fue una parte principal en las instrucciones dadas por Dios a Josué en Josué 1:8, al cual ya nos hemos referido. También, Pablo le instruyó al pastor Timoteo en 1 Tim. 4:15 diciendo: “ocúpate en estas cosas; permanece (medita) en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos”. Tenemos que aplicarnos la Palabra a nosotros mismos, preguntándonos, “¿qué es lo que este pasaje dice que debo hacer, decir o pensar para ser más conforme a la imagen de Cristo?”

4. Ponerla en práctica

En Santiago 1:22 dice, “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. Dios quiere que su Palabra cambie nuestra manera de vivir. Tenemos que reconocer que no importa cuán avanzados somos en edad, o cuánto tiempo hemos sido salvos, o cuánto hemos sido enseñados, o cuán fielmente hemos servido, todavía no somos perfectos; y si no somos perfectos, hay faltas y debilidades que tienen que ser reconocidas y corregidas. Entre más avanzados en edad somos, más tiempo llevamos salvos, más hemos sido enseñados, más fielmente hemos servido, más difícil es reconocer nuestras faltas y debilidades, sino que estamos prontos a justificarnos y a no tomar responsabilidad por ellas. Y para que la Palabra haga su obra cambiando nuestras vidas, tomará verdadera valentía de parte nuestra.

5. Proclamarla con denuedo

En estos tiempos se habla mucho de la llenura del Espíritu Santo; y la mayoría de lo que se dice o enseña malinterpreta lo que la Biblia verdaderamente dice. De acuerdo a Hechos 4:31, la evidencia de la llenura del Espíritu Santo no es una experiencia de éxtasis, sino una proclamación con denuedo. “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”.

La Biblia es central, es suprema y es suficiente para la vida cristiana. Nosotros decimos creer que la Palabra de Dios es inspirada, sin error y que tiene toda autoridad, ¿vivimos de tal manera que otros puedan decir que creemos lo que clamamos creer?

Cierta noche en el mar, el capitán de un barco vio las luces de lo que parecía ser otro barco que se acercaba al suyo. El capitán ordenó que se le notificará al otro barco: “Cambia tu dirección 10 grados al sur”. La respuesta fue: “Tú cambia tu dirección 10 grados al norte”. El capitán volvió a enviarle un mensaje diciendo: “Soy un capitán, cambia tu dirección 10 grados al sur”. Le contestaron lo siguiente: “Soy solamente un marinero, cambia tu dirección 10 grados al norte”. El capitán se enojó y dijo: “Te ordeno que cambies tu dirección al sur; estoy en un barco de guerra”. A tal orden escuchó: “Te ordeno que cambies tu dirección al norte; estoy en un faro”.

Estamos en el faro, no porque seamos superiores a otros, sino porque estamos anclados en la Roca Firme de Jesucristo y su Palabra. No debemos ser intimidados por capitanes en barcos de guerra. Tenemos que mantenernos con la frente en alto y confiados en la Palabra de Dios como el único fundamento seguro y la suprema autoridad de nuestras vidas.

El Dr. Paul Downey es pastor de la Iglesia Bíblica Bautista (Bible Baptist Church) de Kreamer, PA

El Escudo de la Fe

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4 Responses to “La autoridad de las Escrituras”

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  1. reinaldo says:

    me parece que la doctrina Bautista es la que habla de acuerdo a lo que la palabra de Dios dice, y no dudo un instante que solo Dios pudo inspirar la Biblia, y en verdad me gozo en que el Señor me haya llevado a conocerlo por medio de una iglesia Bautista.

  2. reinaldo says:

    estoy de acuerdo, la Biblia es la palabra de Dios y creo que no tiene errores en su todo, es la total y única palabra de Dios puesta para que los seres humanos tengamos un trato directo con Dios mismo, doy gracias a Dios por su palabra.

  3. Miguel Ramiez says:

    me parecio de mucha utilidad esta informacion, porque en la escuela dominical me dejaron que investigaramos la autoridad de la Biblia y es un gran complemento junto con otros articulos que ya estudie,gracias que Dios los bendiga

  4. FAUSTO says:

    GRACIAS POR SU TRABAJO DEDICADO

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