La parábola de los dos deudores

Lucas 7:41-43

Esta pequeña parábola se habló en la casa de Simón, quien deseaba que Jesús comiera con él, y Jesús no se negó. Él nunca se niega. Luego Simón se sentó en juicio sobre él al permitir que esta mujer le toque (v. 39). El corazón frío de Simón era ajeno al amor de Cristo. Como un fariseo moderno, su religión era una forma externa, pero Jesús tenía una carne para comer que Simón no conocía. El amor de la mujer era más precioso para él que la fiesta de Simón. El corazón es lo que él busca. El hecho de dar solo puede afligirle cuando le falta el corazón. Hay muchos Simones que muestran respeto externo hacia la religión, pero que no tienen corazón de simpatía con Jesucristo en su misión salvadora.

I. Un cierto acreedor

Véase v. 41. El gran acreedor, sin duda, representa a Dios mismo. Pero hay algo misericordioso y hermoso en este pensamiento, porque:

1. Un acreedor es uno que se supone que debe tener una buena reputación. ¿Puede Dios engañar? ¿Su carácter no es digno de confianza? Él no puede mentir (Tito 1:2).
2. Un acreedor es aquel que tiene suficiencia para los demás. Nuestra suficiencia es de Dios. La necesidad humana solo se puede satisfacer completamente en él. “Toda mi salvación y todo mi deseo”.
Las necesidades del pecador son profundas y muchas, pero la plenitud de su misericordia es suficiente. “Venid a mí” (Mat. 11:28).
3. Un acreedor es alguien quien busca retornos para su desembolso. Él siempre se ofrece. Dios da lo mejor y espera lo mejor; pero que desgracia—le hemos devuelto el mal por el bien. La maldad es mal pago por el bien; el odio es un retorno miserable por el amor. ¿Puedes considerar lo bueno que él ha dado? ¿Cuánto debes a tu Señor?

II. Los deudores diferentes

“Dos deudores” (v. 41). Los 500 y los 50. Representando dos clases de transgresores reales, los grandes y los pequeños, e implican todos los grados que se encuentran en medio. El deudor de cincuenta denarios es el moralista religioso que carece de “una cosa” (Lucas 18:22). El deudor de quinientos denarios es el despilfarrador abierto que carece de todo. Pero hay el deudor de cien denarios, que ha sido un tanto indiferente a la bondad de Dios. El deudor de doscientos que ha sido totalmente indiferente a los dones de Dios, y el deudor de trescientos denarios que duda de su amor y se burla de su pueblo, y el deudor de los cuatrocientos denarios que niega a Dios y desprecia su misericordia, pero cuyo carácter exterior es considerado respetable. Pero todos con quienes el Gran Acreedor ha estado tratando en gracia son sus deudores. “Todos pecaron”, y “están destituidos” (Rom. 3:23). Por tanto el que ofendió en un punto es culpable de todo.

III. Los indefensos en quiebra

“No teniendo ellos con qué pagar” (v. 42). El deudor grande y el pequeño ambos se encuentran en la misma condición insolvente. “No hay diferencia”. A sí mismo es con todo pecador a los ojos de Dios. Nuestras responsabilidades para con Dios pueden ser diferentes, pero la desesperanza de nuestra condición a sus ojos es la misma. Por naturaleza todos son iguales, “sin fuerza”. Donde no había sangre rociada, el Señor no podía hacer ninguna diferencia (Exod. 12:13). Todos fuera del arca fueron tratados por igual en su juicio. No tenían NADA. ¿Quién sino Dios solo puede crear de la nada? Nosotros solamente podemos hacer nada de la nada. Por tanto el pago de nuestra deuda es imposible. No hay otro acreedor de quien podamos pedir prestado. Así que una de dos cosas debe seguir: perdón o prisión.

IV. La feliz liberación

“Perdonó a ambos” (v. 42). Estas pocas palabras revelan el corazón de Dios tan grande con abundante gracia. Véase:

1. Lo que hizo. “Perdonó”. Él no buscó acuerdo mutuo. ¡Cuán adecuado era su camino para sus tristes circunstancias! El perdón es el remedio de gracia de Dios para la deuda del pecador. “Yo creo en el perdón, no en el pago de los pecados” (Martín Lutero). ¡Oh, que los hombres creyeran la voluntad de Dios y su disposición a perdonar!
2. Quiénes perdonó. “Ambos”. Ambos por igual lo necesitaban. El moralista egoísta y el deudor respetable de cincuenta denarios que asiste a la iglesia necesita perdón igual que el deudor de cinco denarios con un pasado despreciable. Uno no puede reclamar más que otro, ambos son deudores.
3. Cómo perdonó. La palabra griega traducida como perdonar puede significar “conceder como favor, i.e. gratuitamente, en bondad, perdón o rescate.” De una manera liberal, abundante, amorosa, no a regañadientes, como el padre perdonó al pródigo, con los brazos abiertos y el corazón alegre. Nuestro Señor “se deleita en misericordia” (Miq. 7:18). Él guarda misericordia por miles. Cuando Dios perdona a un pecador, lo hace como José perdonó a sus hermanos, con un corazón listo para estallar con una compasión profunda e indecible.
4. Cuando él perdonó. “No teniendo ellos con qué pagar” (v. 42). Fue cuando el pródigo había gastado todo lo que tenía que regresó y fue aceptado. Cuando los hermanos de José no tuvieron nada de comer, entonces fueron enriquecidos por aquel que habían despreciado. El joven rico de Mateo 19:22 vino con un gran precio en su mano, y se fue triste. La iglesia de Laodicea creía que “de ninguna cosa tengo necesidad” mientras Cristo se quedó afuera. “Bienaventurados los pobres en espíritu”. Jesús lo cubre todo. Acepte su asentamiento. Compra sin dinero. “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche” (Isaías 55:1).

V. La evidencia de gratitud

Amor. “¿Cuál de ellos le amará más?” (v. 42) “Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado” (Lucas 7:43). Es correcto juicio, entonces, esperar que el perdonado se manifieste de una manera u otra perdonando a todos. La pobre mujer había sido perdonada mucho, y amó mucho, y lo mostró.

1. El mucho amor llora. (v. 44) No solo lágrimas de pesar por el pasado, sino gratitud hacia Dios de lo más profundo, y de la más tierna simpatía hacia los que perecen. El mundo necesita tales lágrimas. Cristo las derramó, así como Pablo (Fil. 3:18).
2. El mucho amor lava. “Ésta ha regado mis pies” (v. 44). El amor ha lavado muchas vidas y pies polvorientos. “Él me amó y me lavó”. El amor cubre una multitud de pecados (1 Ped. 4:8). Cristo, como nuestra cabeza, está en el cielo; nosotros, como sus pies, estamos en la tierra.
3. El mucho amor se postra. “Ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos” (v. 44). Ella pone su gloria a sus pies. Si él va a crecer, yo debo menguar. El corazón debe inclinarse para que Jesús sea servido.
4. El mucho amor besa. Sus labios de afecto están presionados a sus pies (v. 45). Los pies del cuerpo de Cristo, los miembros polvorientos y despojados, a menudo son descuidados. El amor busca contacto con ellos.
5. El mucho amor unge. El Padre unge su cabeza, pero el perdonado debe ungir sus pies (v. 46). “Como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Jn. 13:15).
6. El mucho amor sigue. Ella lo había seguido a la casa de Simón. Ella no prestó atención al reproche de los demás. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).
7. El mucho amor da. “Trajo un frasco de alabastro con perfume” (v. 37). Esto era todo su tesoro, y lo puso a sus pies, no solo su perfume, sino ella misma.

¿Me amas? (Jn. 21:17) ¿Cuánto me amas? Que tu vida testifique.

Contraste los tres personajes: (1) El Fariseo de corazón orgulloso, (2) El pecador con corazón quebrantado, (3) El Salvador de corazón amoroso.

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