“Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón;” Jeremías 15:16
La historia de Josías, el último buen rey de Judá, nos ofrece un excelente dechado juvenil de piedad y celo para la casa de Dios y hacia el cumplimiento de su Palabra. Era el hijo del impío rey Amón, quien “anduvo en todos los caminos en que su padre anduvo, y sirvió a los ídolos a los cuales había servido su padre, y los adoró; y dejó a Jehová el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino de Jehová. (2 Reyes 21:21-22) Posiblemente Josías, por ser aun pequeño, no fue influenciado por la vida impía de su padre, y el hecho de que el nombre de su madre, “Idida hija de Adaía” (22:1), se mencione cuidadosamente, sugiere de que a ella corresponde el honor de guiar los pasos de su hijo en la senda de verdad y el temor de Dios.
Podríamos considerar su historia a grandes rasgos de la siguiente manera:
- Su conversión a Dios – a la edad de 16 años, Josías buscó “al Dios de David su padre” (2 Crónicas 34:3). ¡Qué excelente ejemplo para toda la juventud!
- Su fidelidad a Dios – a la edad de 20 años “comenzó a limpiar a Judá y a Jerusalén” (2 Crónicas 34:3-4). Ejemplo de pureza de vida y consagración al Señor.
- Su dedicación a Dios – a la edad de 26 años, empezó la obra de la reconstrucción del templo de Dios (2 Reyes 22:3-7). El joven que manifiesta en su vida un crecimiento sólido, pronto hallará oportunidades para desempeñar actividades en la iglesia del Señor (1 Timoteo 3:15).
- Su obediencia a Dios – Tan pronto que se dedicó al servicio de Dios, experimentó el gran hallazgo de su vida – EL LIBRO (2 Reyes 22:8-11), con una impresión tal que le impulsó a una obediencia completa de la Palabra de Dios. ¡Joven, imítalo! (2 Timoteo 3:14-16).
- Su devoción a Dios – Una consulta detenida en EL LIBRO hallado orientó al joven monarca en una campaña de avivamiento, a fin de volver el corazón del pueblo a su Dios.
- Su celo hacia Dios – (2 Reyes 23:4-20). ¡Qué completa fue la obra de la destrucción de la impiedad! “¡Guerra al pecado!” “¡Santidad a Jehová!” fue el lema de Josías, que lo cumplió con vivo celo.
- Su triunfo y regocijo en Dios – (2 Reyes 23:21-25). El pecado barrido con incompasiva mano, el rey y el pueblo experimentaron indecible gozo al celebrar la pascua, cuya grandeza no conocía paralelo en toda la historia de los reyes.
Cuando Josías, el niño rey de ocho años de edad, fue introducido al trono, las circunstancias reinantes eran muy poco propicias. Manasés, su abuelo, había regido el país durante 55 años, siendo uno de los reyes más perversos de Judá. Este largo reinado malo hundió al pueblo en la iniquidad, rebajando su condición moral y espiritual al peor grado de degradación. Aquel templo tan solemnemente dedicado al servicio y adoración del Dios Vivo, había sido profanado con la erección de abominables imágenes y altares paganos dentro de sus sagrados recintos. Toda especie de vilezas y prácticas demoníacas era permitida dentro de sus cámaras y bajo la sombra de sus muros. Todo collado alto tenía su espeso bosque de frondosos árboles, en cuya sombra oscura se practicaban libremente ritos idolátricos y la licencia abominable del culto a la naturaleza. La superficie del país fue cubierta de templos construidos para el culto de Baal y Astarte e ídolos lascivos. El pueblo había sido enseñado a considerar al vicio como parte de su religión. Los dos años del reinado de Amón, el vil monarca que fue padre de Josías, hundieron más y más al pueblo, con sus príncipes, sacerdotes y profetas. Basta leer las profecías de Jeremías para formarnos un concepto de la depravación reinante.
En medio de tales circunstancias, Dios levantó a Josías y demostró cómo su maravillosa gracia puede valerse de un débil instrumento, elegido y sacado de aquel abismo de iniquidad, como se extrae un diamante de un pantano de lodo, y hacer de él un poderoso testimonio para su santo Nombre. En la historia de este admirable joven rey, vemos el relato de un extraordinario llamado a los caminos de Dios, un llamado que resonó por toda la nación y vibró a través de montañas, valles y llanuras, barriendo con indoblegable energía todo lodo de iniquidad y conduciendo al pueblo a un gran avivamiento espiritual. ¿Por qué el pueblo se había degradado tan lastimosamente, apartándose de los caminos divinos? La respuesta positiva es que El Libro estaba perdido, y ¿cuál fue el factor potente en el avivamiento conseguido? – EL LIBRO HALLADO. “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma;” (Sal. 19:7). ¡Busquemos el poder en el LIBRO!
El Libro de Dios – Las Sagradas Escrituras – abandonado; perseguido y escondido, fue la causa de la vergüenza y la infamia religiosa de los siglos oscuros. El Libro hallado, con el reconocimiento de su inerrable inspiración divina, de su autoridad absoluta, de la importancia esencial de todas sus partes, y la obediencia franca a sus preceptos, doctrinas y prácticas, fue el factor esencial del avivamiento de la Iglesia de Cristo en el siglo pasado. El Libro descuidado, criticado y sustituido por las enseñanzas humanas y por los estatutos y credos creados por concilios y convenciones eclesiásticas, es la causa directa de las divisiones, sectas y herejías, y aun de un cierto ateísmo, hipócritamente de una profesión cristiana, de los tiempos modernos. En los días de Josías EL LIBRO HALLADO y obedecido de “todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas…” (23:25), resultó en una fuente de ilimitado poder en influencia para Dios. La lección para nosotros es obvia: si en verdad buscamos la gloria de Dios (no la nuestra), y la bendición de su pueblo, debemos de volver con absoluta sumisión a su Palabra, pues, el avivamiento espiritual siempre es el resultado de una abierta y veraz vuelta a las Sagradas Escrituras, permitiendo que El Libro tenga absoluta autoridad en todas las cosas. Esto, muchas veces, como en este caso, comienza con el corazón profundamente ejercitado de uno o más individuos. ¿Hasta qué punto soy responsable de la falta de bendiciones?
¡Qué gran acontecimiento fue en la vida de Josías, el descubrimiento de la Palabra de Dios! ¡Cuántos que tienen Biblias nunca hacen tal descubrimiento! Sólo cuando se le permite a La Palabra entrar en el corazón y en la conciencia con el poder del Espíritu Santo, y es recibida allí con quebrantamiento, sumisión y fe, es cuando resulta en un verdadero “hallazgo”, y esto siempre marca época en la vida”. ¿HAS HALLADO TÚ EL LIBRO? Josías, después de humillarse ante La Palabra y delante de Dios (22:11, 18-19), convocó al pueblo a una reunión, y leyó el Libro en presencia de todos (23:2), con el resultado de un solemne voto de parte del pueblo para obedecer a la Palabra de Dios. Luego, (a) El culto de Baal, y todas sus imágenes fueron destruidas –esto es, la eliminación de todo vestigio de culto voluntario y carnal y que no tiene apoyo en las Escrituras. ¡Fuera con las innovaciones humanas! (b) Los pecados carnales fueron renunciados, v. 7, y las vidas santificadas y lavadas en el lavacro de la Palabra. El pecado escondido dentro de la casa de Dios, siempre es causa de ruina para el testimonio, y es allí donde debe comenzar el juicio, como fue en este caso. (c) Los lugares altos fueron contaminados y derribados (2 R. 23:20) y el ceremonialismo ilegal dio lugar a una adoración Escritural, ordenada en el santuario, y en la celebración debida de la Fiesta Memorial (vs. 21-23). La limpieza fue completa: “quemó … convirtió … echó … derribó” (23:6-7). Esto significaba un renunciamiento definitivo del mal, de acuerdo a las exigencias de las Escrituras. ¡Qué falta hace semejante limpieza en el día de hoy! (2 Cor. 7:1)
Contendor por la Fe, 1959
