¡Sé hombre, muchacho!

Y acuérdate de tu Criador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años, de los cuales digas, No tengo en ellos contentamiento; (Eclesiastés 12:1)

No importa saber justamente cuántos años tienes. Lo que importa es saber que serás un hombre, que quieres ser un hombre, que debes ser todo un hombre. Y debes serlo desde ya. Hombre por la firmeza de tus propósitos, por la grandeza de tus ideales, por lo que eres en potencia y por lo que llegarás a ser en realidad.

Sé hombre, muchacho; hombre de verdad. Puedes serlo sin dejar de ser joven. Y no debes dejar de ser joven. Si quieres hacerte el grande, hablar como grande, vivir como grande, serás una caricatura de hombre que harás reír a los demás. No; tú puedes ser un hombre de verdad, no sólo porque lo digas, sino porque lo sientas y vivas de acuerdo a los más justos principios de rectitud y de justicia.

¡Sé hombre, muchacho! Hombre de corazón; es decir, valiente pero sencillo y amable. Poner cara de malo, gritar y golpear con los puños o con los pies, no es ser hombre, es ser un juguete de mal carácter. Quizás has oído decir que el hombre ruge, pero no llora. No lo creas; eso hace el tigre. El hombre, si tiene corazón, necesita llorar alguna vez; pero no te acostumbres a llorar por ti. Llora, es decir, sufre por los otros que tengan dificultades y hazles bien. No seas un hombre con lágrimas de cocodrilo, pero tampoco un ser insensible a los males ajenos y a las bondades de la vida.

¡Sé hombre, muchacho! Hombre fuerte. No te avergüences si no puedes dejar de ser un hombre pobre, pero tampoco te resignas a ser un pobre hombre, apocado, corto de talento, sin resolución ni vigor para vencer.

Hay hombres que parecen tener espinazo de caucho, que se dobla para todas partes. Esos nunca sirven para nada. Tú, empero, no eres uno de ellos. ¡Sé hombre, muchacho! Un gran hombre. Tienes que cuidar tu cuerpo para que se desarrolle bien y sano. No te aflijas; sin embargo, si no llegas a ser un hombre de dos metros de alto, ni esperes en ello para triunfar. El hombre no vale por lo que mide y pesa. Si ese fuera el ideal, entonces sería mejor ser hipopótamo, pues es más grande … ¡y más tonto! Sé grande por la nobleza de tu alma y aspiraciones. Mira arriba. Allá en la cumbre hay un lugar para ti.

¡Sé hombre, muchacho! Hombre de verdadero corazón, fuerte, todo un hombre; pero no te olvides, y esto es muy importante, amigo mío, que para conseguirlo te será necesario “Vestir el nuevo hombre, que es criado conforme a Dios en justicia y en santidad” [Efesios 4:24]. ¿De acuerdo, muchacho?

El Heraldo Bautista, 1944

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