Biografía de Alfonso Rodríguez Hidalgo, uno de los revisores de la Reina-Valera 1960

Biografía actualizada. No incluye notas al pie de página, las cuales están en el libro La Historia de la Biblia Reina-Valera 1960  (disponible gratuitamente en PDF), del cual se extrae esta biografía.

Alfonso Rodríguez Hidalgo nació el 30 de enero de 1907 en la ciudad de Sancti Spíritus en Cuba. 200 Aunque la gente le conocía simplemente como Alfonso Rodríguez Hidalgo, su partida de nacimiento y otros documentos oficiales prueban que su nombre completo realmente fue Alejandro Alfredo Rodríguez Hidalgo. Su padre, Pedro Rodríguez Fernández, era inmigrante de España. Su madre, Emilia Manuela Hidalgo, nació y se crió en Sancti Spíritus.

El año 1914 fue un momento decisivo en la vida de Alfonso. Esto fue debido a la muerte repentina de su padre, así como el accidente de Alfonso. A la edad de siete, al jugar con un primo de su edad, ocurrió una tragedia que lo afectaría el resto de su vida. Recibió una lesión en su cara, y la subsiguiente infección produjo un crecimiento incontrolable de gangrena. Al poco tiempo, sus labios, mejillas, mentón y nariz prácticamente desaparecieron. Sólo sus ojos, la parte superior de su nariz y su frente resistieron el avance rápido de la gangrena. A partir de entonces, tuvo la necesidad de usar una venda elástica por toda su cara para cubrir su apariencia horrenda. Se le llegó a conocer en su barrio como “el niño sin cara”.

Como consecuencia de todo esto, se tornó tímido. Después de la cuarta cirugía en el hospital local, el cirujano recurrió a su madre y solemnemente declaró, “Tal vez tengamos que operarlo otra vez. Y luego quizás tengamos que sacarle los ojos, y lo que todavía le queda de nariz y orejas, a menos que la gangrena se detenga”.201 Aun sin medicamentos y tratamientos médicos, la gangrena se detuvo. Él consideró esto el primer milagro en su vida.

Mientras tanto, aunque la gangrena detuvo su trabajo destructivo, la condición física de Alfonso continuaba deteriorándose. Su forma de hablar se tornó difícil entender, y terminó mudo hasta la edad de 14 años. El pequeño Alfonso llegó a un punto en que ya no podía comer. Se tuvieron que inventar métodos ingeniosos para alimentarle. Se le tenía que introducir un palito entre sus dientes para que se abrieran las mandíbulas lo suficiente para que el niño de siete años pudiera ser alimentado con la ayuda de una tetera o con una mamadera. De la edad de siete hasta catorce, él logró sobrevivir siendo alimentado de esta cruda manera, lo cual Rodríguez consideró ser el segundo milagro en su vida.

Temiendo que otros contrajeran la enfermedad, la escuela católica expulsó a Rodríguez. Su madre era católica devota, así es que ella agonizó sobre la decisión de ponerlo en la escuela de los “odiados herejes”. En septiembre de 1915, se inscribió en la escuela presbiteriana “Carlos de la Torre” en Sancti Spíritus.

En el año escolar de 1917-1918, cuando su nueva maestra misionera Ida Pyland observó su condición deplorable, se horrorizó y decidió hacer algo. Ella inmediatamente pensó en el Dr. Joseph Johnson, un cirujano distinguido en el Hospital Bautista de Memphis, Tennessee, en los Estados Unidos. Era un cirujano excepcionalmente bueno, que oraba con sus pacientes, y era cristiano de la fe bautista. En junio de 1920, con la ayuda del Dr. Edward Odell, secretario de misiones presbiterianas en Cuba y Puerto Rico, así como también del Pastor William Hudnut de la Iglesia Presbiteriana de Youngstown, Ohio, se recabaron suficientes fondos para el viaje a los Estados Unidos para la cirugía de reconstrucción facial. La primera vez que él viajó a los Estados Unidos, la inmigración y las autoridades de salud en el Puerto de Nueva Orleans temieron que él llevaba una enfermedad contagiosa peligrosa. Para asegurar su aislamiento de la población en general, lo alojaron a él, y al ministro que le acompañaba, en la cárcel local hasta que se comprobara que no era un peligro para otros.

“El niño sin cara”

En el hospital, el Dr. Johnson iba al cuarto de Alfonso y le dibujaba cuadros detallados de la siguiente operación. Cuando el niño entendía lo que iba a suceder, se arrodillaba al lado de la cama con el Dr. Johnson, y oraban juntos. Una familia cristiana le invitaba a quedarse en su hogar cuando requería estar en la ciudad para sus intervenciones quirúrgicas. Vivió en ese hogar por cinco veranos consecutivos. Nunca se olvidó del amor y el ejemplo de esa familia cristiana, e incluso el testimonio de ellos formó parte del impacto que resultó en la salvación de casi toda su familia que había sido católica. Desde el año 1920 hasta 1929, viajó a los Estados Unidos durante las vacaciones escolares para cirugías de reconstrucción sucesivas. La carne usada para reconstruir la cara de Rodríguez era tomada de su muslo. Por más de un año, no podía caminar, pero lentamente pudo avanzar de estar en cama, a andar en silla de ruedas, luego con muletas, hasta andar con bastón. Tuvo que aprender a hablar otra vez. Después de 33 cirugías, los doctores cerraron un capítulo en su vida al declarar finalmente: “Es todo cuanto podemos hacer”.

A la edad de 14 años, Rodríguez experimentó lo que él consideró ser el tercer y máximo milagro de todos, lo que denominó “mi nueva vida en Cristo”. Con su cara envuelta en vendajes, gasas y algodones, una tarde deambulando sin rumbo fijo por las calles de Sancti Spíritus con su corazón agobiado y adolorido, triste y abatido, con un sentido completo de desesperación y derrota, se encontró frente a una iglesia presbiteriana en donde cantaban en ese momento el coro que dice:

Hay poder, sí, sin igual poder, en Jesús, quien murió. Hay poder, sí, sin igual poder, en la sangre que Él vertió.

Las palabras del himno penetraron las profundidades de su corazón mientras se acercaba más a las puertas de la iglesia. No se atrevió a entrar, porque no quería ser un espectáculo para los creyentes adentro. Desde el exterior de la puerta de la iglesia, podía ver y oír al predicador adentro. El pastor predicó un mensaje sobre la necesidad de tener fe en Dios y cómo nada es imposible con Dios. Las palabras del sermón eran como un dardo de fuego en su corazón y fue exactamente lo que necesitaba oír. Esa noche no podía dormir. La convicción fue tan intensa que comenzó a llorar al punto de dejar mojada su almohada con su llanto. Por primera vez en su vida, oró clamando a Dios que lo salvara, aunque no en una voz audible, ya que aún era incapaz de hablar. Le dijo al Señor esa noche que estaba poniendo su fe en él y que creía todo lo que había oído decir el predicador esa noche. También añadió que si el Señor le permitía volver a hablar, él recorrería el mundo diciendo que hay un Dios de amor y misericordia que bendice a todos aquellos que necesitan de su gracia y su poder.

José Acosta, escribiendo para El Heraldo Cristiano, narra la experiencia de salvación de Alfonso: “En el mes de septiembre de 1920, es convertido en cristiano. Acepta a Jesucristo como su Salvador personal…”

Poco tiempo después, se hizo miembro de la iglesia presbiteriana. Lo que tomó lugar fue a pesar de las advertencias de su madre católica devota quien había amenazado: “Si te haces miembro de esa iglesia hereje, tu maleta estará empacada y lista para ti cuando regreses a casa. Si abandonas nuestra fe, debes encontrar otro hogar”. Su madre no cumplió con su amenaza. Con el ánimo del pastor de la iglesia presbiteriana, durante los siguientes seis meses leyó la Biblia completa dos veces. Después de la conversión de su madre en una campaña evangelística tres años más tarde, ella le comentó a su hijo: “La pregunta que contesté esta noche comencé a hacerla tres años atrás. Quería saber lo que significa tanto que un niñito esté dispuesto a abandonar su hogar”. Además de su madre, miles, se dice, encontraron a Cristo por su influencia. Con el tiempo, cada uno de sus hermanos dejó la Iglesia Católica. El último hermano que se convirtió fue José, quien procedió a hacerse miembro de una iglesia bautista en La Habana. Al hacer comentarios acerca de la conversión de su familia entera, Rodríguez una vez dijo: “El problema en mi cara ha sido la bendición más grande en mi vida”. Rodríguez elocuentemente resumió su testimonio así:

Precisamente esta cara fea, torcida y llena de cicatrices, muy visibles por cierto; porque en esta cara Jesucristo ha dejado las huellas de sus manos benditas, taladradas y ensangrentadas por los clavos de la cruz del Calvario; hoy por hoy, las 24 horas del día, y los 365 días del año, no me son suficientes para expresarle al Señor mi profunda gratitud y mi eterno agradecimiento por todo lo que Él ha hecho por mí, no solo dándome una nueva cara, sino, sobre todo y más que nada, dándome una nueva vida.

A pesar del éxito de sus cirugías faciales, quedó con un rostro desfigurado. Su forma de hablar extraña fue relatada del siguiente modo en 1952:

Sus labios se movían poco, y se movían de forma extraña cuando lo hacía, porque había aprendido a hablar de nuevo con los labios provistos por Dios, pero formados por hombres.

Rodríguez comenzó a dar clases por primera vez en una Escuela Bíblica Vacacional en su iglesia en Sancti Spíritus en 1924. En 1930, llegó a ser superintendente de la Escuela Dominical de su iglesia.
El 21 de agosto de 1934,210 Rodríguez se casó con una misionera americana de Maquoketa, Iowa, de nombre Mathilda Lutzen. Tuvieron dos niños: Ana Mathilda en 1937 y Alfonso Leslie en 1942.
Rodríguez empezó su carrera en educación enseñando quinto grado mientras acababa su último año en la escuela preparatoria. A comienzos de 1933, llegó a ser director de la escuela presbiteriana en el pueblo de Caibarién por cuatro años. Empezó con solo 36 estudiantes, y para su partida en 1937, 260 estudiantes estaban matriculados. Se graduó con una licenciatura del Instituto de Santa Clara el 30 de julio de 1934. Después de su liderazgo exitoso en Caibarién, Rodríguez fue transferido a la escuela conocida como La Progresiva en Cárdenas. En septiembre de 1934, se inscribió en la Universidad de La Habana donde obtuvo un doctorado en Historia y Filosofía, así como también un segundo doctorado en Sociología y Psicología. Rodríguez fue considerado por un escritor de haber sido “uno de los mejores educadores de Cuba”.211 Parecía que estaba destinado a permanecer como educador, pero Dios tenía otros planes.

En 1941 estudió en la Universidad de Nuevo México en Albuquerque mientras fue instructor residente en la escuela cristiana Menaul. Durante este año hizo una obra extensa con el grupo evangelístico de la escuela. En 1942, Rodríguez mudó a su familia a Arizona, en los Estados Unidos, para hacer estudios avanzados en la Universidad de Tucson. Mientras estuvo allí, participó en un ministerio para los indígenas de Tucson. Fue alrededor de este tiempo que sintió el llamado para el ministerio.

Al recibir su llamado al ministerio, se inscribió en el Seminario Teológico Princeton en Nueva Jersey en 1944, y obtuvo su doctorado en teología en 1946. Logró costearse los estudios aceptando un puesto de capellán en un campamento cercano de 600 obreros mexicanos del ferrocarril. Fue ordenado luego al ministerio, aunque ya había adquirido experiencia considerable como un predicador laico por más de doce años en Cuba. Al obtener su doctorado en teología, regresó a Cuba a fines de 1947 y llegó a ser el primer presidente del Seminario Evangélico de Teología en Matanzas. Fueron 127 estudiantes los que se graduaron durante los 13 años que él dirigió el seminario.

Su tesis de 244 páginas presentada a Princeton en cumplimiento parcial para su doctorado se tituló Implicaciones de la Doctrina de Justificación por la Fe, en la que contrastó el punto de vista católico de justificación en contraste a la postura ortodoxa de justificación por la fe en la cual él creía.

Sus propios estudios acerca de las creencias y las prácticas de la Iglesia Católica ayudaron a prepararle para las batallas diferentes que afrontaría. Durante el tiempo que fue presidente del seminario en Matanzas, los católicos estaban intentando tenazmente obtener permiso para dar clases de religión en las escuelas públicas. Expresó su sentir por esta situación en una carta a un amigo personal en 1956:

Por la gracia de Dios, este intento del Romanismo quedó frustrado ahora; pero debemos mantenernos muy alertas, porque sin duda la jerarquía Católica Romana tratará nuevamente de lograr este objetivo que tanto desea.

Rodríguez empezó una serie de dos partes sobre el tema “La Fe Cristiana y el Hombre Moderno”, que comenzó a ser transmitida por la radio en Barranquilla, Colombia, el 21 de septiembre de 1959. Cuando predicaba, le suplicaba a su audiencia aceptar a Cristo como Salvador y acabó su primera emisión de esta manera:

Estamos convencidos de que el mismo Espíritu Santo que inspiró a los escritores de los libros sagrados, inspira hoy a todos los que, de manera humilde y con espíritu de oración leen la Biblia para conocer la voluntad de Dios y recibir inspiración y divinos estímulos para vivir la vida cristiana a plenitud. Es por eso que te recomendamos a ti, que nos escuchas en estos momentos, que adquieras una Biblia y comiences enseguida a leerla, pidiéndole a Dios en oración que, con asistencia del Espíritu Santo, llegues tú por medio de la lectura de la Biblia a abrir tu corazón a Cristo y recibir la salvación, la libertad y el sustento que Él te ofrece.

Al día siguiente, un sacerdote católico de alto nivel visitó las oficinas de la estación de radio. En una manera repentina y arbitraria, la emisión programada para el siguiente día se canceló. El gerente de la estación radiodifusora se vio forzado a admitir que la cancelación fue debida a la intervención de oficiales católicos.

Rodríguez fue un miembro vital del comité de revisión de la Biblia, ya que él asistió al menos a una parte de todas las reuniones plenarias del comité, con excepción de las reuniones del subcomité en el exterior, que solo requerían una minoría de revisores. Fungió como anfitrión para la reunión del subcomité que se reunió en su seminario en Matanzas, Cuba, en 1957.

En medio de la confusión e incertidumbre del cambio de régimen en Cuba, existe la anécdota de Alfonso Rodríguez cuando estaba predicando en un parque en Mayarí, en la provincia de Holguín. Cientos aparecieron para oír su predicación, cuyo lema fue:

En medio de revolución o no, la iglesia tiene un movimiento de 25 de diciembre, y debemos proclamar la venida del Señor a su pueblo.

En 1961 salió de Cuba para ir a trabajar en el Departamento Hispano de la Junta de Misiones Nacionales de la Iglesia Presbiteriana en los Estados Unidos. Más tarde logró regresar varias veces a predicar el evangelio a su isla natal. Fue miembro de la Comisión de Fe y Orden del Concilio Mundial de Iglesias durante un periodo desconocido. Ocupó el puesto honorario de vicepresidente de las Sociedades Bíblicas Unidas desde 1957 hasta 1963. Es probable que fuera en una capacidad de asesoramiento o representación en lugar de administración, ya que a menudo tenían varios vicepresidentes simultáneamente, y personas famosas, pero muy ocupadas, como Billy Graham (de 1963 a 1969), se encontraban entre los que alguna vez se desempeñaron en esta capacidad. En 1956 Rodríguez fue conferencista junto con Billy Graham en una conferencia sobre evangelismo. Después de su jubilación, continuó viajando y predicando el evangelio. Rodríguez ha sido considerado por algunos de haber sido uno de los más brillantes y más grandes predicadores del evangelio en Latinoamérica de todos los tiempos.

El periódico Miami Herald hizo referencia al doctor Alfonso Rodríguez Hidalgo como “el más destacado ministro evangélico hispano del exilio”. El autor Robert Heinze describió a Rodríguez en los siguientes términos cariñosos:

Este es un hombre cuya cara fue reconstruida de la carne de su muslo. Este es un hombre cuya mente superior podría haber permanecido subdesarrollada porque hubo personas repugnadas por un niñito que escondía su rostro con un pañuelo. Este es un maestro que dejó de enseñar Historia y Educación Cívica para que pudiera comenzar a enseñarles a los hombres a predicar el evangelio. Este es un hombre que cuenta su propia historia simplemente con una frase: “Dios me devolvió mis labios y yo debo usar mis labios para hablar por Él”.

Después de que su primera esposa Mathilda fue a morar con el Señor, se casó con Jossie Ruíz Sánchez. En conversación con el profesor Samuel Pagán, quien conoció a Alfonso Rodríguez Hidalgo personalmente, compartió al autor de esta obra la anécdota de que Rodríguez comenzó a manifestar signos de Alzheimer poco después de volver a casarse en su vejez, y con tiempo el pobre hombre solo se acordaba de su primera esposa. Viviendo hasta los 86 años, Rodríguez falleció el 28 de diciembre de 1993 en Los Angeles, California.

En conclusión, ofrecemos unos ejemplos de sus escritos:

La salvación que Cristo ofrece, es una salvación que tiene realidad para el hombre aquí y ahora, en el momento que él acepta a Cristo como el Señor y el Salvador de su vida, y teniendo realidad aquí y ahora, es una salvación eterna. Lo que Cristo vino a ofrecernos es vida eterna; y la vida eterna el cristiano genuino, sincero, la empieza a vivir en el momento que él acepta por fe a Jesucristo. Entonces la vida tránsito para estar con su Señor.

… la condición de cristiano no se adquiere por herencia. Nadie es cristiano sencillamente porque sus padres lo sean, o porque sus abuelos lo hayan sido. … En una palabra, sin haber nacido de nuevo en Cristo, no es posible vivir la vida abundante que Jesucristo ofrece a los suyos. … Para ser cristiano es menester haber tenido un encuentro personal con Jesucristo, quizá no tan dramático ni tan espectacular y extraordinario como el que tuvo Saulo en el camino a Damasco porque hay muchas formas y maneras en que el Espíritu Santo actúa en uno para que se produzca el milagro del nuevo nacimiento pero sí un encuentro genuino y transformador. … Afirmamos que la condición de cristiano se adquiere únicamente cuando por obra y gracia del Espíritu Santo le damos entrada a Cristo en nuestra vida, para que El la transforme y bendiga. Porque entonces, y sólo entonces, podremos decir con el patriarca Job: “Señor, de oídas te había oído, más ahora mis ojos te ven… y yo sé que mi redentor vive”. Y afirmar, con el apóstol Pablo que la fe cristiana no consiste tanto en qué creer como en quién creer, y proclamar como él que también “yo sé en quién he creído, y estoy seguro que es poderoso… para salvar, para libertar y para sustentar a los suyos”.

Escritos de Alfonso Rodríguez Hidalgo en literaturabautista.com

5 comentarios sobre “Biografía de Alfonso Rodríguez Hidalgo, uno de los revisores de la Reina-Valera 1960”

  1. Tengo 62 años. Cuando tenía 17 conocí personalmente al Dr. Alfonso Rodriguez Hidalgo. Yo era en ese entonces estudiante del Colegio Americano de Barranquilla, Colombia, donde nuestro amado hermano fue invitado a tener una serie de conferencias bajo el tema » Sn. Agustín y la Ciudad de Dios». Fue de gran impacto para mí escuchar sus conferencias y, aún más, tener la bendición de ser aconsejada por él. Yo era una joven líder de la Iglesia Presbiteriana y tuve una sesión de consejería privada con él. Recibí mucho consuelo en sus palabras y ánimo para continuar sirviendo al Señor. Posteriormente fui estudiante del Seminario Bíblico Latinoamericano de Costa Rica. Ahora sirvo a la Iglesia en los Estados Unidos.
    Reciban Uds. un saludo cargado de emoción y mis agradecimientos por publicar este impactante testimonio. Aclaro que, aunque observé que el rostro del Dr. Rodríguez tenía cicatrices y huellas de alguna enfermedad, nunca supe realmente qué le había sucedido. Leer lo mucho que él sufrió me da mucha esperanza al entender que Dios tiene un profundo propósito en el sufrimiento humano: El nos conoció, nos predestinó, nos llamó, nos justificó, y aún más, nos glorificó, para que fuésemos hechos conformes a la imagen de Su Hijo…Amén.

    1. Tuve la oportunidad de su versión del accidente que tuvo desafortunadamente jugando en un columpio con una hermana y recibió un golpe en el rostro y desafortunadamente por temor a su padre lo ocultó y no confesar que fue accidentalmente la herida se gangrenó y él en su dolor dijo que si El Señor le permitía tener labios, le dedicaría su vida a predicar su palabra, su voz fuerte y claro resonaba en el templo que impresionaba y emocionaba. De igual manera me contó de un viaje que hizo a Bombay, India. Soy un afortunado de haber podido recibir su palabra

  2. Tuve la oportunidad de conocer de manera presencial sus palabras que confirman su testimonio,fui egresado bachiller del Colegio Americano de Barrnquilla 1966 y su voz me impresionó tanto que siempre lo llevo presente: Si el Señor me da unos pequeños labios le dedicaré mi vida a predicar su Gloria. De igual manera me narró experiencias de sus viajes por el mundo. Gloria a Dios!!

Deja una respuesta

Deje un comentario respetuoso. Tome en cuenta que esto no es un foro de debates, y no todos los comentarios son aprobados.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *