Apariencia de edad necesaria en la creación

En el primer capítulo del primer libro de la Biblia, Génesis 1, tenemos el relato de la creación. Si estudiamos cuidadosamente este capítulo podremos ver que hay por lo menos tres características evidentes en la creación. Esas tres características son:

I. La creación fue sobrenatural
II. La creación fue instantánea
III. La apariencia de edad fue necesaria en la creación

A continuación trataremos de explicar cada uno de estos tres conceptos. Daremos atención especial al tercer concepto por ser innovador, y de gran valor teológico.

I. LA CREACIÓN FUE SOBRENATURAL

En oposición directa a todos los esfuerzos humanos para explicar el origen del mundo en términos de procesos naturales, la Biblia enseña que Dios creó todas las cosas sobrenaturalmente. En otras palabras, el mundo vino a existir en una forma diferente a la que se puede observar en el presente universo. Hoy día, absolutamente nada puede ser creado aparte de material existente. Los científicos expresan esta verdad básica en términos de la primera ley de la termodinámica. Leemos en la Biblia que durante la semana de creación, el cosmos (Universo) fue formado por la palabra de Dios, “de modo que lo que se ve no fue hecho de lo existente” (Hebreos 11:3 y Romanos 4:17).

Cuando Dios creó los cielos, la tierra, el mar y todo lo que en ella existe (Éxodo 20:11 y 31:17), lo hizo sin el uso de ningún material preexistente. Los teólogos llaman a esto CREATIO EXNIHILO (creación de la nada). Esta expresión nos ayuda si entendemos que significa que las entidades físicas fueron creadas de recursos no físicos mediante la omnipotencia de Dios. Técnicamente hablando, esta expresión se aplica solamente a la creación de materia inorgánica, sabiendo que Dios sí empleó materia creada previamente para formar los cuerpos vivientes tanto de animales como de vegetación, e inclusive al hombre. De todos modos aun en este caso veremos que toda la obra de creación, en su totalidad, fue estrictamente sobrenatural.

II. LA CREACIÓN FUE REPENTINA

Un aspecto muy importante del sobrenaturalismo de la creación fue lo repentino de la misma, o sea, lo rápido que ocurrió. Así que no sólo fue EXNIHILO (en referencia a la tierra, el sol, la luna y las estrellas) sino que también fue repentina, es decir, que sucedió rápidamente, o instantáneamente.

El concepto evolutivo del desarrollo gradual de la masa de elementos a través de la historia cósmica (inclusive la teoría de la gran explosión) está totalmente excluido de las Sagradas Escrituras.

En primer lugar debemos notar los efectos rápidos e inmediatos del poder creativo de la palabra de Dios. Leemos en el Salmo 33:6-9, de la siguiente manera: “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca. Él junta como un montón las aguas del mar; él pone en depósitos los abismos. Tema a Jehová toda la tierra; Teman delante de él todos los habitantes del mundo. Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió”. En este texto escritural no hay ningún tipo de espera, ninguna idea de atraso, ni mucho menos de explosión alguna. Sino que todo fue creado por el poder sobrenatural de Dios y en forma rápida.

III. LA APARIENCIA DE EDAD FUE NECESARIA EN LA CREACIÓN

A continuación presentaremos este concepto muy importante que muestra por qué los sabios (científicos) e intelectuales de este mundo se han equivocado. “Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos” (I Corintios 1:19). Veremos porqué la comunidad científica se ha equivocado al atribuir edades geológicas extravagantes a la Creación.

El sobrenaturalismo y lo repentino de la Creación nos provee del trasfondo necesario para el concepto de que “Todo lo creado tenía que tener apariencia de edad desde el mismo instante que vino a existencia”. Este es un concepto de alto significado teológico que fortifica la fe del creyente en el Creador.

En primer lugar, si este concepto no fuera cierto, no hubiera habido una Creación hecha por Dios. El Dr. Henry M. Morris del Virginia Polytechnic Institute (Instituto Politécnico de Virginia) hizo este punto bien claro cuando dijo: “Si en realidad Dios creó algo, aun los más simples átomos, esas formas o cualquier otra creación, tenían que tener apariencia de edad inherente en la misma desde el instante que vino a existencia. No puede haber una creación genuina de ninguna clase sin una apariencia de edad inicial. Como resultado de esta apariencia es imposible interpretar una materia recién creada en términos de alguna clase de historia evolutiva. Y si Dios pudo crear cosas con apariencia de edad – en otras palabras, si Dios es Dios de poder infinito – entonces no hay razón para creer que no haya podido, en conformidad a su carácter, crear un universo maduro (full grown) en muy poco tiempo” (Whitcomb and Morris, The Genesis Flood, Presby. & Ref. Pub. Co., 1961 p. 238).

En segundo lugar, si la doctrina de “Creación con la apariencia de edad” fuese errónea, entonces muchos de los milagros del Señor Jesucristo no hubiesen podido ocurrir.

En una ocasión, en una montaña cerca del mar de Galilea, cinco mil hombres y sus familias comieron pan y pescado que fueron creados con apariencia de edad. Allí había decenas de miles de bollos de pan compuestos de granos de trigo que nunca fueron sembrados, ni cultivados, ni segados. Pan horneado que nunca pasó por un horno. Había también allí por lo menos diez mil pescados. Peces que nunca nacieron de huevos, ni se criaron, ni fueron pescados en tarraya, ni fritos en sartén. Sin embargo, allí estaban listos para comer, y sabrosos sin duda. Estos panes y estos pescados ¿tenían que tener apariencia de edad y de historia anterior? Desde luego que sí, tenía que ser pan y pescado genuino y nutritivo para poder alimentar a aquella multitud. Alguien dirá: Jesús lo que hizo fue multiplicar cinco panes y dos pescados ya existentes. No, no fue eso lo que ocurrió allí. Pues la palabra multiplicar no aparece en ninguno de los cuatro evangelios. Eso es lo que los hombres asumen y dicen. Para nosotros, multiplicar números es fácil, porque los números son abstractos. Pero la materia no la podemos multiplicar. Si así fuera, podríamos multiplicar un billete de veinte dólares y hacernos millonarios fácilmente. Además, estoy persuadido que para el Señor Jesús no era absolutamente necesario usar aquellos cinco panes y dos peces para hacer el milagro.

Otro claro milagro de creación del Señor Jesús lo encontramos en Juan capítulo 2. Jesús comenzaba su ministerio aquí en la tierra. Este fue su primer milagro, el cual tenía el propósito de manifestar su gloria (Juan 2:11) como el Creador del mundo (Juan 1:3, 14). ¿Cómo llevó a cabo ese milagro? Lo hizo convirtiendo, en un instante, cerca de 100 galones de agua en delicioso vino. Ahora bien, sabemos que el vino es el producto de un largo y complejo proceso natural que envuelve en extraer agua del terreno por las raíces de un viñedo, la cual después de ser procesada en las hojas es llevada a los ramilletes de uvas, las cuales se maduran en “x” número de meses. Luego deben ser recogidas y machacadas para extraer el jugo después que el sedimento se asienta. Pero Jesús demostró ser el Señor de la Creación, pasando por alto todo ese proceso natural y de largo tiempo, convirtiendo el agua directamente en vino, en un instante. ¿Tenía aquel vino apariencia de edad?

Escuchemos la opinión “del maestresala que probó el agua hecha vino, sin saber de dónde era” el cual dijo: “mas te has guardado el buen vino hasta ahora” (Juan 2:9-10). Desde luego, esta fue una conclusión natural, él sin duda conocía el complejo proceso para hacer vino. Por lo tanto asumió que ese vino tenía que tener historia anterior de desarrollo y proceso natural en su debido término de tiempo. ¡Ah! pero estaba equivocado, este hombre no conocía los poderes sobrenaturales de Jesús. Este hombre atribuyó historia anterior a algo que por ser genuino tenía apariencia de edad. Pero nosotros, al igual que los siervos (Juan 2:9), sabemos que ese vino no tenía ni edad ni historia anterior. La realidad increíble es que ese vino era agua minutos antes.

El hombre natural, independientemente de lo inteligente y educado que sea, yerra si ignora las Escrituras y el poder de Dios (Mateo 22:29). Sin duda ésta es la razón principal por la que algunos niegan al Creador y su creación. Cuando contemplan las obras de creación del Señor Jesucristo, ya sea el sol, la luna, la tierra, el mar, rocas, animales, plantas y aun el hombre, al igual que el maestresala, estas personas asumen que estas cosas creadas han sido guardadas en algún sitio hasta ahora, teniendo que haber pasado por complejos procesos naturales desde su forma más simple y primitiva a través de un vasto y prolongado período de tiempo de 4 a 5 billones de años, como enseñan los evolucionistas.

No es muy difícil ver como este principio se aplica a cada uno de los milagros que el Señor Jesús llevó a cabo. En el capítulo 9 de Juan, encontramos la historia de un hombre nacido ciego. El Señor escupió en la tierra e hizo lodo y lo untó en los ojos del ciego. Luego le instruyó a que se lavase en cierta fuente de agua. De allí el ciego regresó viendo. ¿Por qué Jesús usó lodo? ¿No sería acaso porque fue del polvo de la tierra que Dios creó al hombre? Un hombre nacido ciego necesitaba ojos nuevos creados del polvo de la tierra.

Los líderes de Israel rehusaron creer que el hombre había nacido ciego, hasta que consultaron con sus padres. Su perplejidad era razonable, al igual que el maestresala, no podían creer que aquel hombre con ojos saludables tuviera historia anterior de ceguera total, y mucho menos nacido ciego (Juan 9:32). En un instante, Jesús creó ojos normales en un hombre.

Por último, tomemos la creación de Adán. Leemos así en Génesis 2:7: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”.

La Biblia enseña que Adán fue creado adulto. Usemos nuestra imaginación por un momento. Entremos en una máquina de tiempo y transportémonos al pasado, al Jardín del Edén. Vamos a hacerle una conferencia de prensa a Adán. Sólo que llegamos un poco tarde, una hora después que Adán fue creado del polvo de la tierra. Así es que nosotros no pudimos ver cómo Dios creó a Adán. También nos acompaña un médico. Adán nos recibe muy cordialmente. Le preguntamos:

–Sr. Adán, ¿qué edad tiene usted?
–Yo no tengo ninguna edad, nos contesta.
–¡Cómo que no tiene ninguna edad! Déjese de bromas, hombre, hable en serio.
–Estoy hablando en serio. Ustedes ven aquellos árboles allí con frutos, bueno pues esos árboles solo tienen tres días de existencia. Ven aquellas vacas más allá, pues esas vacas tienen menos de un día de existencia. ¿Qué les parece?
–No, hombre, no. Eso es imposible, le contestamos. Mire, Sr. Adán, nosotros queremos saber la verdad. Usted permite que este médico le haga un examen físico a usted para ver lo que la ciencia tiene que decir sobre todo esto.
–Está bien, contesta Adán, que el médico me examine.

Le pedimos al médico que le haga un examen físico a Adán para determinar su origen, edad y antepasado. El médico le hace un examen general, inclusive le examina el ombligo, analiza el metabolismo, la sangre, etc. y llega a varias conclusiones: Por el ombligo, deduce que fue nacido de mujer. El metabolismo y madurez de las células, indica que tiene cerca de 30 años de edad. Por las características de su raza, deduce que vino de tal o cual país.

Todo esto suena razonable y es fácil de creer. Pero el médico está totalmente equivocado. La verdad es que Adán, aunque aparenta todos esos hallazgos, no tiene historia anterior. Solamente un par de horas antes de nosotros llegar allí, Adán no existía, en lo absoluto. Dios hizo a Adán, por medio de un acto sobrenatural, y lo hizo adulto con todas las apariencias de un hombre normal que ha pasado por todas las etapas de desarrollo desde su nacimiento.

CONCLUSIÓN

Dios es Todopoderoso, esto quiere decir que su poder no tiene límites. Dios trajo este universo a existencia de la forma y manera que está explicado en el capítulo uno de Génesis. Es evidente que Dios usó métodos sobrenaturales que el hombre no puede entender ni explicar. Es también evidente que él trajo a existencia entidades adultas complejas en forma rápida.

La creación no comenzó con formas simples y primitivas, como dicen los evolucionistas. Sino que comenzó con entidades adultas. Esas entidades tenían que tener apariencia de edad. ¿Por qué tenían que tener apariencia de edad? La contestación es muy simple: Porque “vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31).

Septiembre / Octubre 1994
El Escudo de la Fe
 

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