Contristados para arrepentimiento

“Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto”. II Corintios 7:9-11

El Apóstol Pablo llegó a saber de un caso de inmoralidad en la iglesia en Corinto. En su primera carta les reprendió por no haber disciplinado al hombre que estaba viviendo en adulterio. En I Corintios 5:1 él dijo, “De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre”. Debe ser que él habló de esta carta en II Corintios 7:8 cuando él dijo “Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó”. El dijo que escribió su primera carta “con muchas lágrimas”. El hecho de corregir a alguien que está viviendo en pecado nunca es agradable. Es aun peor cuando es una iglesia que tiene que ser reprendida.

Pablo era bastante directo en su carta. En I Corintios 5:2 él dijo “vosotros estáis envanecidos.” En el versículo 6 dijo “no es buena vuestra jactancia”. De lo que él escribió en II Corintios capítulo 7, parece que, al principio, su carta no fue bien recibida. Por lo menos produjo tristeza. Pero gracias a Dios, leímos que la iglesia hizo caso a su consejo. En II Corintios 2:1-11 leemos que ellos disciplinaron al hombre y él reconoció su falta y se arrepintió. Pablo exhortó a ellos a “perdonarle y consolarle”. Esto es el resultado que siempre queremos ver cuando una iglesia tiene que disciplinar a uno de sus miembros.

De esta experiencia Pablo tuvo ocasión de escribir algo sobre los buenos resultados del arrepentimiento. El arrepentimiento genuino siempre comienza con tristeza. El pecador se siente afligido, no porque fue sorprendido en su pecado, sino porque él se da cuenta de lo malo que era lo que hizo. Tal vez él se da cuenta del dolor y vergüenza que trajo sobre los demás. Esta aflicción resulta en un cambio de actitud en cuanto a su pecado y en cuanto a sí mismo. Es por eso que el pecador arrepentido necesita consolación (II Corintios 2:7).

El caso en primera y segunda Corintios se trata de un creyente. Lo mismo debe suceder en la mente del incrédulo antes de ser salvo. Él se acerca a Dios avergonzado del gran fracaso que hizo de su vida y pide perdón. Así es más cierto que su salvación será genuina. Esto es el “arrepentimiento para salvación” que se encuentra en el versículo 10.

Pablo habló en el versículo 10 de dos tipos de tristeza. Primero hay “la tristeza que es según Dios”. Dios puede, y a menudo produce, tristeza para efectuar un buen resultado en nuestra vida. Cuando es así, tendrá un buen resultado. El niño llora por el dolor producido por haber tocado algo caliente pero así él aprende a respetar el calor. Así también el pecado llora por la desgracia y dolor que resulta de su pecado y dice, “No me conviene hacerlo otra vez”. También hay “la tristeza del mundo que produce muerte”. Esta es la tristeza que no toma a Dios en cuenta. La muerte no es siempre la muerte física. Puede ser la muerte del placer o ventaja que el pecador anticipaba realizar de su pecado. Puede ser la pérdida de libertad por estar encarcelado, pero en vez de arrepentirse y pedir perdón de Dios, él maldice a Dios y pasa sus días con amargura.

En el versículo 11 Pablo enumera algunos de los buenos resultados del arrepentimiento. Él dice, aunque comenzó con tristeza, tuvo un feliz final. “¡Qué solicitud!” La palabra “solicitud” quiere decir “diligencia”. Es que su tristeza despertó en ellos un conocimiento de la necesidad de hacer algo. Al ver el triste resultado de su acción ellos dijeron “Es imprescindible que cambiemos nuestro proceder”. Mientras que quedamos cómodos en nuestro pecado no hay razón por apartarnos de él. “¡Qué defensa!” Despertó en ellos la necesidad de precaución. Así, una actitud o tendencia que puede proceder a la acción que produjo la tristeza es razón de alarma. “¡Qué indignación!” Esto se trata de un cambio de actitud en cuanto al pecado. Antes fue tomado con indiferencia. Al ver su triste resultado está tomado con indignación. “¡Qué temor!” Es el temor de que lo mismo puede suceder otra vez. Puede ser también el temor de Dios, sabiendo de su castigo por el pecado. “¡Qué ardiente efecto!” Es una preocupación por el bienestar de los demás sabiendo el dolor que resultará si ellos caen en el pecado. “¡Qué celo!” Esto es celo en un buen sentido. Se trata de entusiasmo o esfuerzo. Es despertar en alguien un anhelo ardiente de hacer el bien.

Todos pasan por experiencias que producen tristeza. Debemos saber reaccionar bien. El de reaccionar como la gente de este mundo produce muerte. El creyente debe saber que su tristeza es “según Dios” y aprende lo que Dios quiere enseñarle. Si hace falta arrepentimiento, debe saber que será por su bien.
 

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One Response to “Contristados para arrepentimiento”

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  1. LADYS HOYOS says:

    Gracias doy a Dios por esta explicación, porque pude aclarar ciertas inquietudes y confirmar ideas que llegaron a mi mente al leer estos textos bíblicos.

    Dios les continúe usando con poder.

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