Cristo camina sobre las aguas

Juan 6:15-21

En el milagro anterior de los panes y los peces (Juan 6:1-14), el Señor es visto como la Fuente de Vida, mientras que en esta “señal”, es visto como el Sustentador de la Vida.

Mientras que las multitudes reconocieron a Cristo como “el profeta” (6:14 y 1:21) de quien Moisés habló en Deut. 18:5, fallaron en ver al Señor Jesús como el único Salvador de los pecadores y su profunda necesidad de él.

En lugar de esto, Cristo en Su omnisciencia “percibió” que ellos lo buscarían para tomarlo a la fuerza y hacerle su líder político y rey (6:15). En vista de las circunstancias, Él se retiró de ellos. Ésta no era la primera vez que él notaba estas intenciones de los hombres.

La multitud le aclamaba Profeta y ahora ellos querían hacerlo Rey, pero fallaron en darse cuenta de que antes de que él pudiera reinar como Rey tenía que ser Sacerdote, ofreciéndose a sí mismo como un sacrificio por los pecados (Heb. 9:28). En cuanto al oficio real del Salvador, recuerde que él nació como “Rey de los Judíos” (Mat. 2:2) y no necesitaba ser hecho Rey.

I. La Escena

Mientras Cristo despedía la multitud, también había enviado a los discípulos hacia el oeste cruzando el Mar de Galilea, hacia Capernaum. Haciendo esto, el Señor estaba cumpliendo Su propósito para sus vidas, ya que ellos obedecieron Sus instrucciones.

Mientras que los discípulos navegaban cruzando del mar, la oscuridad los rodeó, tal y como la oscuridad rodea a esta época presente. Mientras que Cristo está ausente físicamente de la escena terrenal actual, los creyentes son Sus luces o luminares, en este mundo espiritualmente oscuro.

Sin embargo, algún día los creyentes morarán eternamente en la luz de la Nueva Jerusalén, como está escrito: “No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos” (Ap. 22:5). Mientras tanto, es la responsabilidad de cada creyente de continuar brillando para él (Fil. 2:5).

II. La Tormenta

El Señor había enviado a Sus discípulos a la oscuridad a la tormenta subsiguiente con el propósito primario de probarles y enseñarles algunas lecciones importantes.

La experiencia era una verdadera prueba de su fe y paciencia, y de la misma manera nuestro Señor prueba a todos los Suyos en las tormentas de la vida, en las que Él tiene un propósito al permitirlas.

Estamos seguros de que en la venida del día eternal no habrán más mares, noches o tormentas de la vida (Ap. 21:1). No obstante, al presente, las tormentas son necesarias para nuestro desarrollo y crecimiento espiritual.

Juan Milton dijo una vez, “Quien puede sufrir mejor, mejor lo puede hacer.” Otro declaró acertadamente, “Lo que vale la pena de la religión de un hombre está determinado por la ayuda que le brinda en los días oscuros.” Otra vez, “No existen grandes almas sin grandes pruebas”.

A veces, el Señor nos hace esperar en el centro mismo de las tormentas de la vida antes de revelarse a Sí mismo, para que así podamos ver Su mano obrar de manera inusual y maravillosa, y por tanto le apreciemos más.

Esta verdad está ilustrada llanamente en Juan 11. Cristo se demoró dos días deliberadamente en ir a Betania para sanar a Lázaro, a quien Él amaba. Él permitió que Lázaro muriese, pero solamente para que Él pudiese restaurarle la vida a la postre, después de que estuvo en la tumba por cuatro días, y así revelar la gloria de Dios en una forma mayor que si Él hubiera ido inmediatamente a sanar a Lázaro.

Mientras tanto, hasta que el Señor, en Su sabiduría, crea conveniente revelarse a Sí mismo a nosotros en las tormentas de la vida, podemos descansar con completa paz sobre promesas como, “Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él” (Is. 30:18). “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (Heb. 13:5/Rom. 8:28).

III. El Salvador

El Señor Jesús no estaba de ninguna manera indiferente a las necesidades y las circunstancias de Sus discípulos. De la misma manera es con cada uno de nosotros. “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1ª Pedro 5:7).

En todo momento, el Salvador había estado velando a los discípulos, pero permaneciendo invisible, para probarlos.

Hay que darles crédito a los discípulos de que en medio de la tormenta, la oscuridad y de la ausencia aparente del Señor, ellos continuaron remando. Marcos los describe de la siguiente manera: “y viéndoles remar con gran fatiga” (Marcos 6:48). Aquí se sugiere que ellos estaban fatigados en su extenuante esfuerzo.

Ésta es una gran lección para nosotros. Debemos continuar hacia delante cuando la oscuridad y las tormentas vienen sobre nosotros.

Sin embargo, sobre la cuarta vigilia (3:00 am), el Señor aparece a Sus discípulos, cuando estaban a unas tres o cuatro millas de la orilla.

El Señor no nos promete librarnos de las pruebas, pero sí promete librarnos de en medio de ellas (Dan. 3:17/1ª Cor. 10:13). La fe de los discípulos era débil, en que ellos no esperaban ser librados.

Juan no registra el mensaje completo que el Señor dio a los discípulos al acercarse a ellos; Marcos 6:50 lo hace, “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”

IV. El Significado

Visto como un todo, hay muchas lecciones beneficiosas para recoger de este milagro, el cual se encuentra en Mateo, Marcos y Juan, y las lecciones se pueden categorizar así:

1. Parabólicamente

Las tormentas están en la voluntad de Dios y la obediencia a Él en medio de las tormentas de la vida rinde fruto para Su gloria y Su honra.

Algunas tormentas de la vida pueden ser el resultado de nuestra desobediencia a Él. Jonás experimentó esto, y en ello, como Jonás somos llevados hasta nuestro límite, de tal manera que el Señor pueda tratar con nosotros, haciéndonos dar cuenta que no podemos hacer completamente nada separados de Él.

En estas tormentas, aprendemos más de Su preocupación, Su provisión y Su amor por nosotros. Nuestra felicidad está envuelta en ello.

Debemos recordar que nuestro enemigo, Satanás, el príncipe del poder del aire, trae tiempos difíciles a nuestras vidas. Sin embargo, es por la voluntad permisiva de Dios. Job experimentó esto. Pablo experimentó un aguijón en la carne, causado por un ángel de Satanás (2ª Cor. 12:7-10), que el final resultó ser una bendición.

El Señor está continuamente consciente de Su pueblo aunque no venga inmediatamente a rescatarlo. Él lo hará cuando vea el tiempo adecuado de intervenir.

2. Proféticamente

Tal y como el Salvador llegó para librar a los discípulos en medio de la gran tormenta, Cristo llegará antes de la Gran Tribulación para rescatar a Su pueblo.

El evento siguiente profetizado en la Biblia, en el calendario del tiempo, es el Arrebatamiento de la Iglesia.

En el Arrebatamiento, los santos de la Era de la Iglesia son llamados de sus tumbas para ir al cielo y también los que están vivos; entonces la Gran Tribulación empieza y la secuencia de eventos durante este tiempo se basa en el libro de Apocalipsis. Estos eventos son también descritos en muchas escrituras, tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento (Mat. 24).

Daniel 12:1, “… y será tiempo de angustia (Tribulación), cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces (Tribulación); pero en aquel tiempo (Tribulación) será libertado tu pueblo (Judíos), todos los que se hallen escritos en el libro (creyentes tanto judíos como gentiles)”.

Muchas almas serán salvas durante la Tribulación (Ap. 7:9-14). El evangelio será predicado por 144,000 evangelistas y por dos testigos (Ap. 11:3). El ángel del cielo predicará el “evangelio eterno”.

El Señor librará a los creyentes, tanto judíos como gentiles, de la Tribulación.

Después de tres años y medio de Tribulación, la persecución será más intensa. El estatua del hombre de pecado se erigirá en el Templo, con el fin de adorarla obligatoriamente.

Muchos creyentes que rehusarán adorar a la imagen huirán, escapando a Edom, Moab y Amón, donde estarán protegidos (Ap. 12:6-7/Dan. 11/Mat. 24:15-31).

La liberación de algunos creyentes durante este periodo será a través de la muerte (Ap. 14:13). La liberación de algunos creyentes será hasta la segunda parte de la Segunda Venida, porque ellos permanecieron en Jerusalén luchando contra el Hombre de Pecado, el cual tiene a los ejércitos de las naciones rodeando Jerusalén. El Señor los librará (Ap. 14:19-20, Zac. 14:1-7).

El Escudo de la Fe

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