El feminismo

En el mundo secular hay controversia sobre el feminismo. El término “feminismo” se trata de los derechos sociales y políticos de las mujeres. La controversia no es nada nuevo. En los años 1850-1870 Susana B. Anthony hizo un gran esfuerzo en los EE. UU. para convencer a la gente que las mujeres deben tener el derecho de votar. En el mismo tiempo otras estaban abogando para que las mujeres tengan derecho a tener una educación. Más recientemente la controversia se trató del derecho de las mujeres ocupar puestos en el trabajo y en el gobierno que tradicionalmente fueron reservados para los hombres.

Anteriormente los creyentes se pusieron de acuerdo con las mujeres en cuanto a sus derechos. En países donde hay pocos cristianos los derechos de las mujeres son muy limitados. En la religión de Islam las mujeres son la propiedad del hombre y no hay mucho que pueden hacer si son abusadas. Anteriormente la religión de hinduismo exigía que una mujer sea quemada viva cuando murió su marido. Misioneros cristianos lucharon para poner fin a esta costumbre tan cruel.

Hoy en día muchos de los grupos femeninos censuran el cristianismo por ser “anti-feminista.” Su razón por decir esto es porque la Biblia enseña claramente que hay una distinción entre hombres y mujeres. No decimos que las mujeres son inferiores. Es que no es el plan de Dios que ambos, hombres y mujeres, siempre llenen el mismo papel en la vida. Tito 2:3-6 dice: “Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada. Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes”.

Si una mujer entra al matrimonio con un espíritu de rebelión, es más probable que ella verá el deber de someterse a su marido como admitir que es inferior. Si entendemos la enseñanza bíblica sobre el matrimonio, no vamos a pensar en términos de superior y inferior. Es que los dos tienen su debido lugar. Dios manda a los hombres a amar a sus mujeres. “Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo”. (Efesios 5:23-24) Si excluimos el amor del matrimonio, llega a ser un pacto social. Entonces, sí, tendremos que pensar de superior y inferior. I Tesalonicenses 4:4 dice: “Que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor”.

Para que un matrimonio funcione bien, es imprescindible que uno de los dos tenga la última palabra en tomar decisiones. Si no, en algunas ocasiones los dos van a estirar en direcciones contrarias y habrán grandes conflictos. Por eso, es tan importante mantener amor en el matrimonio. El hombre que ama a su mujer va a pensar en su bienestar y hacer todo lo posible para que ella esté feliz. La mujer que ama a su marido no va a tener problemas en aceptar sus decisiones.

El movimiento femenino moderno está abogando por algunos derechos que militan en contra de las enseñanzas bíblica y las normas de una sociedad feliz. En vez de someterse a los límites que el matrimonio exige, ellas optan por tener hijos afuera del matrimonio. A veces cada hijo tiene un padre distinto. Así ellas no tienen que rendir cuentas con nadie. Lo que ellas no toman en cuenta es el sufrimiento de sus hijos por no tener el amor del padre. Tales mujeres muchas veces tienen que trabajar afuera y dejan la crianza de sus hijos en manos de otros. Ellas también exigen el derecho del aborto. Esto es matar a sus hijos en vez de tomar la responsabilidad de criarlos.

Tenemos que reconocer que hay trabajos que los hombres pueden hacer mejor que las mujeres. Hay trabajos que son para hombres fuertes. Por regla general, las mujeres son más débiles que los hombres. Los hombres quieren pensar, y con razón, que las mujeres son más delicadas. Ellos les gustan hacer algo por ellas y dicen, “No te corresponde hacer esto. Esto es trabajo de hombres”. I Pedro 3:7 dice que la mujer es el vaso más frágil. “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”.

A su vez, en muchos trabajos, las mujeres sirven mejor que los hombres. Algunos ejemplos son la enfermería y la enseñanza de los niños. Por tanto, es prudente y bíblico dejar ambos, hombres y mujeres, llenar el papel por el cual fueron diseñados por su Creador.

Mujeres, igual a jóvenes, exigen libertad pero muchas veces, por libertad quieren decir libertinaje. Ellas pagan caro por lo que pensaron sería la felicidad. I Pedro 3:1-9 habla de las distinciones entre hombres y mujeres: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza. Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”. Los versículos 1-6 son para las mujeres. Versículos 7-8 son para hombres y el versículo 9 es para ambos. Para la felicidad en el matrimonio es de suma importancia que ambos lleven su debido papel en la vida.

 

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