Jacob y el luchador misterioso

Génesis 32:24-31

Han pasado veinte años desde que Jacob hizo su pacto en Betel con el Dios de toda gracia. ¿Había sido Dios fiel a su promesa? Que Jacob testifique: “Con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos campamentos” (Gen. 32:10). La bendición de Dios no es una emoción pasajera, sino el favor perdurable de su presencia y poder, por lo tanto es algo que no puede fallar (Gén. 28:15). “La bendición de Jehová es la que enriquece” (Prov. 10:22). Las diversas actitudes de Jacob como se nos presentan aquí son muy sugerentes.

I. Vedle temiendo. “Entonces Jacob tuvo gran temor” (Gen. 32:7). “Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía. Así se quedó Jacob solo;” (Gen. 32:23-24). Temía a su hermano, y quedó atrás solo. El temor del hombre trae una trampa, pero por la infinita misericordia de Dios, Jacob cayó en los brazos de la gracia y el amor todopoderoso. Él estaba solo; ahora era la oportunidad de Dios para entrar en contacto con él. Las almas solitarias son aptas para la comunión del cielo. Sepárese para que el Señor tenga una mejor oportunidad de lidiar con los pensamientos más íntimos de su corazón.

II. Vedle resistiendo. “Y luchó con él un varón” (Gen. 32:24). Cuando Jacob estaba solo, el vencedor divino se acercó. De repente, Jacob se encuentra luchando con él. Esto es tan natural. En el orgullo de nuestro corazón, nuestra voluntad propia se niega a inclinarse sumisamente ante la primera manifestación de la voluntad divina, cuando esa voluntad es para liberarnos por medio de la entrega en lugar del esfuerzo propio y la sabiduría carnal. La naturaleza de Jacob siempre se esfuerza por suplantar la voluntad de Dios por sí misma. Agradezcamos a Dios que se esfuerza a luchar con nosotros hasta el amanecer. Él sabe que nuestra única esperanza de éxito, como sus siervos, reside en toda nuestra sumisión a él.

III. Vedle lisiado. “Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba” (Gen. 32:25). El ser celestial desea prevalecer sobre todo nuestro carácter y vida para que podamos estar llenos de su poder y bendición. La fuente de nuestra fuerza debe ser tocada, quebrantada y quedar marchitada, para que su fuerza pueda ser perfeccionada en nuestra debilidad (2 Cor. 12:9). ¡Piénsalo! Nuestra fuerza no es más que poder para resistir. La sabiduría de Pedro fue una lucha contra su Señor (Marcos 8:32). ¿No tiene el alfarero poder sobre el barro? Someteos a Dios (San. 4:7).

IV. Vedle aferrado. “No te dejaré, si no me bendices” (Gen. 32:26). Ahora que su fuerza está quebrantada, el que resistía ahora se convierte en el que se aferra. Esta es la verdadera actitud de bendición, en aferrarse al vencedor. “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Sal. 51:17). Este clamor de sumisión e impotencia de dependencia total siempre dará a luz tal respuesta que cambiará para siempre nuestro carácter y revolucionará toda nuestra vida. Aferrarse a la súplica de Cristo es la actitud conquistadora de un alma conquistadora.

V. Vedle cambiado. “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido” (Gen. 32:28). El nuevo nombre indica la nueva naturaleza; la naturaleza nueva no vino por luchar, sino por ceder. La medida de nuestra sumisión a Cristo será la medida de nuestra victoria para él. Jacob ahora se ha graduado de la escuela divina con el título, “P.D.H.” (Poder con Dios y con los Hombres). “Procurad, pues, los dones mejores” (1 Cor. 12:31). La manera de prevalecer con los hombres es prevalecer con Dios; la manera de prevalecer con Dios es aferrarse a él con una confianza tenaz.

VI. Vedle testificando. “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma” (Gen. 32:30). Este es un gran testimonio. “He visto a Dios”. Ningún hombre puede seguir siendo el mismo que antes de haber visto a Dios. La gloria de tal visión seguramente cegará los ojos de los placeres pecaminosos del mundo al transformar la vida interior. Ver a Jesús es ver a Dios. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). “Este es el verdadero Dios” (1 Juan 5:20). ¿Has tenido un encuentro tan íntimo con Jesucristo, por el Espíritu Santo, que puedes decir con sinceridad: “He visto a Dios?”

VII. Vedle cojeando. “Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera” (Gen. 32:31). Su andar evidenciaba el hecho de que era un hombre conquistado por Dios. ¿Comprueba nuestro andar y nuestra conversación que somos príncipes con Dios al llevar la marca de una vida totalmente rendida a Dios? Todos los conquistados por Dios son príncipes. Sin duda, es significativo que al pasar Peniel, “le salió el sol” (Gen. 32:31). El sol de la luz y el poder de Dios se alzará inmediatamente sobre nosotros cuando nos hayamos entregados totalmente a la santa voluntad de Dios. “Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz” (Prov. 3:17). Hágase tu voluntad. “Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro” (Sal. 4:6).

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