La maldad de las discordias

Fernando no habla con su hermano, Claudio y Antonia no hablan con Gloria. Es que hay discordias en sus familias. Ellos casi no recuerdan cómo empezó la decisión de aislarse y evitar todo contacto social. La verdad es que hay una satisfacción en vengarse pero, a su vez, hay placer en el pecado. Si alguien me hace sufrir, hay la tentación de hacer sufrir a él. Entre familiares, una manera fácil de hacerlo es evitar todo contacto personal con él. Muchas familias están fragmentadas por esta exhibición de egoísmo. Resulta en vergüenza y un sin fin de violaciones del buen trato que debemos tener unos con otros.

Dios, en su Palabra, no da su aprobación a las discordias de ninguna manera. Vemos un ejemplo en la familia de Moisés. En Números 12:1-16 leímos que María y Aarón hablaron mal de Moisés porque no les gustaron la mujer que él había tomado. Ellos trataron de añadir más a su discordia en preguntar; “¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado por nosotros?” Debe ser que era María que provocó la discordia al principio y Aarón se puso de acuerdo con ella. Era ella quien fue castigada por Dios con la lepra. Dios tuvo misericordia de ella y la sanó después de una semana, pero todo el pueblo tuvo que detener su viaje mientras que esperaron que ella sea sanada. En Números capítulo 16 leemos de otra discordia en contra de Moisés. En esta ocasión la tierra se abrió y los tragó.

El Nuevo Testamento es bastante claro en cuanto de la relación que debemos mantener con los demás. Romanos 12:9-10 dice: “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal, en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros”. También Efesios 4:32 dice, “Antes sed benignos, unos con otros, misericordiosos, perdonando unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.

Dios dice, “Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor”. Hebreos 10:30. En vez de ser vengativo, nuestra misión, como creyentes, es el de ser pacificadores. Jesús dijo, “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Mateo 5:7

No sea partidario de una discordia. Si su familia está fragmentada por discordias sea amigable con todos y anime a los demás a reconciliarse.

 

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