La mente televisiva

“Cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él”. Proverbios 23:7

Nuestra manera de ser está formada por nuestra manera de pensar. Es inevitable que lo que nos rodea, lo que vemos y escuchamos, tenga mucha influencia sobre nuestra manera de pensar. Por eso, tenemos que tomar en cuenta el gran impacto que la televisión tiene sobre nuestra manera de pensar.

Es imprescindible que el creyente sea prudente en cuanto a lo que tiene influencia sobre su manera de pensar. Dios quiere que seamos transformados de muchas maneras. El Apóstol Pablo hizo a la iglesia en Efeso saber que anduvieron en otro tiempo “siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia”. (Efesios 2:2)

Para muchos en este mundo, la televisión sirve como su mayor fuente de educación. Muchos niños pasan más horas frente a la televisión de las que pasan en el salón de clase. Jóvenes y mayores también pasan muchas horas frente de la pantalla. ¿Qué están aprendiendo?

Muchos no se dan cuenta de que la televisión no facilita el pensamiento. La mente es llevada por delante por lo que se ve y escucha y no hay tiempo para analizar lo que entra en la mente. La televisión no es un medio racional de comunicación. Si la gente está dispuesta a exponer su mente dócil a lo que sale en la televisión, permite que ella controle su proceso mental.

Al contrario, si leemos, podemos parar y meditar sobre lo que hemos leído, volver a leerlo otra vez y criticarlo. Podemos apurarnos o ir más despacio cuando hay algo que es difícil de entender. Hace falta un esfuerzo. Es un proceso mental.

La televisión trabaja a través de imágenes e impresiones. El televidente no tiene que tomar ninguna decisión. Es posible convencer a la gente de casi cualquier cosa con repetirlo vez tras vez.

La televisión no únicamente corrompe la mente de los que la miran, sino también los convierte en torpes para pensar. Están más dispuestos a conformarse con lo que se ve y se escucha sin analizarlo. Hay algunos pocos hombres que son los dueños de los grandes canales de la televisión. Son ellos los que toman la decisión en cuanto a la programación. Estamos entregando a ellos el poder de manipular la mente de la gente.

Hay quienes dicen, “Yo miro las noticias, no más”. Está bien pero ni aún las noticias nos dan tiempo de pensar en lo que escuchamos. Van de una cosa a la otra en un abrir y cerrar de ojos. Los periodistas también están libres a presentar las noticias desde su punto de vista.

El pastor Jaime Boice, en su libro, La Renovación De La Mente dice: “Se requiere muchas cosas de los creyentes. Una cosa de alta prioridad, si no la más básica, es que seamos gente que piensa”. p. 84. Debemos ser prudentes en cuanto a lo que vemos y escuchamos. David escribió los Salmos más de dos milenios antes de la invención de la televisión pero nos conviene tomar en cuenta y poner por obra lo que él dijo en el Salmo 101:3. “No pondré delante de mis ojos cosa injusta. Aborrezco la obra de los que se desvían; ninguno de ellos se acercará a mí”. La gran mayoría de las estrellas de la televisión se desviaron de lo moral y recto. Sin embargo, dejamos a ellos acercarse a nosotros. Les damos la bienvenida a nuestra sala para promover su versión de la promiscuidad.

Es lamentable que muchos que dicen que son creyentes ya son torpes para pensar. Nunca es tarde pero, para algunos, va a precisar un gran esfuerzo para rescatar una vez más el domino propio de su mente. Tenemos la promesa de Dios de que podemos. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13). Es negándose con una amplia dieta de televisión y disciplinándose a leer la Biblia y meditar sobre lo que está leyendo.

Romanos 12:2 es un mandato bíblico al cual debemos hacer caso. Dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. En este breve artículo no vamos a analizar lo que está incluido en este mandato. Se espera, no más, que se de cuenta de que poco o nada de lo que se ve y escucha en la televisión sirve en esta renovación del entendimiento. Al contrario, la renovación es necesaria para borrar de su mente las imágenes y malas actitudes que fueron plantadas allá a través de la televisión. Sea un creyente entendido, obediente y entregado a la voluntad de Dios.

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