La obra misionera en la iglesia local

Dios ha dejado con nosotros la responsabilidad de alcanzar al mundo con las buenas nuevas de la salvación. Hechos 1:8 dice: “Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Cada iglesia debe procurar alcanzar a la gente en su barrio. A veces una iglesia puede abrir un anexo en otro lugar con la intención de plantar una nueva iglesia allá. Si se trata de extenderse más allá de un barrio vecinal, la mejor forma de hacerlo es ayudando económicamente a misioneros que están trabajando en otras provincias o aún en otras partes del mundo.

La fuerza dominante en la obra misionera es la iglesia local. Si la iglesia gana más y más en su barrio va a estar en condiciones de hacer más en otras partes del mundo. Si la iglesia está creciendo habrá hombres y mujeres capacitados para compartir algo en la obra misionera. Si, por ejemplo, una iglesia quiere abrir un anexo precisa un esfuerzo de parte de algunos cuantos en la iglesia. Si el anexo no está ubicado en la casa de un hermano de la iglesia, algunos quizás pueden trabajar como carpinteros o albañiles y edificar un edificio. Hace falta también algunos dispuestos a evangelizar de puerta en puerta. Hace falta maestros para clases de niños. Por regla general, un anexo comienza con más niños que mayores. Hace falta también de alguien encargado de coordinar todo. Él debe ser alguien capaz de predicar, visitar y ganar almas.

Todo esto precisa un esfuerzo que una iglesia no puede intentar hasta que haya suficientes obreros. No es aconsejable que una iglesia sacrifique obreros de su iglesia para formar otra iglesia. Una iglesia debe formar obreros cristianos. Cuando hay obreros de sobra ya es tiempo de pensar en abrir un anexo.

Más que nada, lo que frena la obra misionera es la falta de voluntad. Hay una gran falta de obreros. ¿Por qué? El mundo en que vivimos ha puesto los bienes materiales en prioridad. Resulta que los valores espirituales tienen poca importancia en la mente de la gente Nuestros jóvenes están inclinados a poner la mira en lo que rinde económicamente. Por eso, hay pocos jóvenes que piensan en prepararse para la obra del Señor. Aun los que no se sienten llamados a servir a Dios tienen la mente tan metida en bienes materiales y cosas de este mundo, que ni aun quieren dedicar una hora por semana a la obra del Señor. Lo mismo sucede con los mayores.

La obra sufre también por la falta de dinero. Cuesta edificar edificios e imprimir literatura. Cuesta apoyar misioneros. Es una gran alegría ver matrimonies jóvenes salir al campo misionero, pero es una lástima que a veces ellos tengan que hacer grandes sacrificios para poder vivir y trabajar. Por eso, es importante que cada iglesia cumpla bien su deber de evangelizar su barrio. Si la iglesia sigue creciendo, mas hermanos van a estar compartiendo en las ofrendas y habrá más dinero para la obra misionera. Es necesario también que los creyentes estén dispuestos a tomar el paso de fe que precisan para diezmar.

La obra misionera debe estar en el corazón de los creyentes. Si uno realmente es salvo, quiere que todo el mundo sepa de la obra de Cristo. Así va a estar dispuesto a hacer lo que puede por el bien de la obra. Si tratamos de obligar a los creyentes a hacer su parte; esto produce rencor y un mal espíritu, si su corazón no está en la obra. La obra misionera no sufre por falta de recursos; sufre por la falta de voluntad. Entrégate a Dios de todo corazón, y dentro de poco vas a saber lo que tú puedes hacer en la gran obra misionera.

 

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