Las arras del Espíritu

“Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu. Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables”. II Corintios 5:1-9

Dios nos da razón para tener esperanza. Pablo comenzó este capítulo por decir “porque sabemos”. Dos veces más él hizo mención de confianza. En el versículo seis él dijo, “vivimos confiados”. En el versículo ocho él dice “pero confiamos”. El hecho de estar sin esperanza es estar desprovisto de una razón por la cual vivir.

Las arras del Espíritu son un comprobante de que Dios tiene algo mejor reservado para nosotros en el futuro. La Biblia enseña que desde el momento de la salvación el Espíritu Santo queda morando en el creyente. Romanos 8:9 dice que si uno no tiene el Espíritu, no es de Cristo. Si uno es verdaderamente salvo él no puede menos que darse cuenta de que hay otro Espíritu en él. Romanos 8:16 dice “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”.

El creyente que llega a la ancianidad puede estar perturbado si no vive confiado de que Dios tiene algo mejor preparado para él. Su cuerpo, que Pablo llama su “morada terrestre” y su “tabernáculo”, empieza a deshacerse. El está cada vez más limitado en cuanto a lo que puede hacer. Su consolación es que él tiene de Dios “un edificio, una casa no hecho de manos, eterno, en los cielos”.

La Biblia enseña que hay lo que los teólogos llaman el “estado intermedio”. A la muerte iremos para estar con Cristo pero no disfrutaremos inmediatamente todo lo que Dios tiene preparado por nosotros. Tendremos que esperar el día de la resurrección. Esto sucederá cuando Cristo regrese en las nubes y llame a los suyos a subir para estar para siempre con él. Leemos esto en 1 Tesalonicenses 4:16-18. Lucas 14:14 dice que recibiremos nuestras recompensas en la resurrección de los justos. En Lucas 16:19-23 encontramos al mendigo, Lázaro, en el seno de Abraham. Él todavía está esperando ocupar su mansión en la gloria. No tendremos nuestro cuerpo celestial hasta el día de la resurrección. Por eso, Pablo dice en el versículo dos que “gemimos deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial”. En el versículo ocho el dice que estaremos ausentes del cuerpo pero presentes al Señor.

A la verdad, la Biblia nos deja con algunas preguntas en cuanto a este estado intermedio. No estamos de acuerdo con los católicos que dicen que es purgatorio. Cristo terminó con la obra de la redención cuando él murió en la cruz. No queda más nada para nosotros hacer para merecer nuestra entrada a la gloria. Tampoco será un estado de ser inconsciente o profundo dormir.

El creyente pasa por tres estados distintos. Primero es el tiempo entre su nacimiento y su muerte. Segundo es el estado intermedio cuando estará presente con el Señor pero sin un cuerpo. El tercer y final estado comienza cuando está revestido con su cuerpo celestial.

Cuesta para nosotros entender como podemos existir sin el cuerpo. Mi cuerpo no es nada más que un tabernáculo. Cuando la Biblia usa la palabra “tabernáculo” quiere decir lo que nosotros llamamos una carpa. Es algo provisorio. El tabernáculo en el desierto fue hecho de tablas de madera cubiertas con pieles de animales. Nuestro cuerpo es hecho de polvo de la tierra y volverá a la tierra. Es delicado y se va desgastando.

Primera de Corintios 15 hace un contraste entre el cuerpo terrenal y el cuerpo celestial. La Escritura nos deja con mucho para imaginar en cuanta al cuerpo celestial. Aun el cuerpo terrenal es una manifestación gloriosa del poder y sabiduría de Dios. El cuerpo celestial será aún más glorioso. El versículo 43 dice “Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder”.

Para el creyente, lo mejor siempre queda por delante. Tenemos un futuro glorioso. Si usted no ha aceptado a Cristo como su Salvador, no tiene futuro. Lo mejor para usted queda atrás. Por delante no hay nada más que el espantoso juicio y castigo de Dios. Todavía hay esperanza si está dispuesto a arrepentirse y pedir perdón de Dios y la salvación. Es una decisión que debe tomar ahora mismo porque no tiene la promesa de mañana.

 

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7 Responses to “Las arras del Espíritu”

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  1. Clifford says:

    Dios es bueno para con nosotros, nos llena de misericordia a pesar de que le fallamos todo el tiempo asi es como Dios nos muestra su gran amor para con nosotros.

  2. Gladys Acosta says:

    Que el Señor bendiga este ministerio y que muchos lleguen a ser salvos por su divina gracia.

  3. Ezequiel guerra says:

    Me encanto esta revelaciom de la morada que el señor tiene preparada para nostros de una carpa a una casa que maravilla

  4. Jesús Salvador Rodriguez says:

    Agradecido de Dios por los conocimientos dados por sus estudios biblicos

  5. Yvan Ortega says:

    Disculpe hermano solo me queda una duda, Por que
    Nuestro Salvador dijo al Ladrón, que hoy estarás conmigo en el paraíso……

  6. Carlos guerra says:

    Bendicion a todos los siervos del señor me gusta este tema de que somos el tabernáculo de DIOS para bendecir y ser bendecidos les amamos desde panama , chiriqui , david.

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