Las bendiciones de la resurrección

Un alumno de ciencia preguntó a su profesor cristiano: “¿Puedes probar que Jesucristo resucitó de entre los muertos?”

El profesor respondió: “Puedo comprobar que su victoria sobre la muerte es un hecho histórico, pero usted necesita más. Pídale a Cristo que él se revele personalmente a usted. Es mejor que usted hable con él para que él mismo le convenza que vive”.

Muchos creen en la verdad histórica de la resurrección sin darse cuenta de la importancia de esta gran verdad para sus vidas. Tienen una fe como la de los demonios que “creen y tiemblan”. La verdadera fe en la resurrección trae una gran bendición y cambia nuestras vidas. He aquí varios resultados de la verdadera fe en la resurrección de Cristo, según Lucas 24:

CONFIRMA LAS PROMESAS DEL SEÑOR

El ángel reprendió la incredulidad de las mujeres con las palabras: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló” (v. 5-6).
Cristo cumple con Sus promesas. Y el cumplimiento de su promesa más difícil prueba que podemos confiar en él.

¿Cuántas veces dudamos de las promesas del Señor? Nos falta dinero y oramos por lo que necesitamos … pero seguimos pobres. ¿No hay un Dios que oye? Hemos estado enfermos por meses o años sin contestación alguna a nuestras oraciones por la sanidad … y otra vez dudamos del Señor. Nos preguntamos si Dios vive y cuida de nosotros. Pero la oración no contestada no significa que Cristo no cumple con sus promesas.

La resurrección de Cristo nos asegura que Dios vive y cuida de los suyos. A lo mejor él deja que sus hijos sufran–o que sean crucificados. Pero la resurrección de Cristo demuestra que él puede resucitarnos cuando es para su gloria, aunque deja que nuestras esperanzas terrenales mueran primero. No promete un camino rosado, pero promete acompañarnos en cualquier camino.

Los seguidores de Mahoma escriben sus oraciones en hojitas de papel que ellos atan a los arbustos cerca de las tumbas de sus santos. Pero sus profetas muertos no les pueden contestar. Mas Cristo vive y contesta la oración. A lo mejor no contesta como quisiéramos, pero sí contesta seguramente. Y contesta de tal manera que se ve que la respuesta fue de Dios y no por casualidad.

Un día le pedimos al Señor $265 para pagar una cuenta. Esa tarde recibimos dos cheques en correos sumando $265.60–la cantidad exacta con 60 centavos extra para celebrar la ocasión con un helado. Otra vez recibimos poco sostén financiero como misioneros en España. No teníamos ni para la comida del mes. Pero cuando oramos recibimos una invitación a predicar en una iglesia que nos dio una ofrenda especial, supliendo la necesidad del mes. Él contesta la oración porque ha resucitado.

MUESTRA QUE SALVA A PECADORES

El ángel recordó a las mujeres que era “necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día”. (v. 7)

¿Por qué murió? Como dijo Caifás en Juan 11:50, “Conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca”.

Dios declaró que “la paga del pecado es muerte”, así que Cristo murió por nosotros. Pero un Dios muerto no podría salvar a nadie. Así que “fue resucitado para nuestra justificación”.

Se cuenta de un hombre que se halló atrapado en un pozo profundo. Un seguidor de Confucio pasó por allá ciñéndole por no haber seguido los consejos de Confucio para evitar la caída allí. Un budista pasó y le avisó a meditar más mientras que se hallaba allí. Un seguidor de la secta “Ciencia Cristiana” le dijo que debía negar que estaba allí, puesto que el sufrimiento y pecado (según ellos) no existen salvo en la mente del hombre. Pero cuando pasó Cristo, él le sacó de allí y hace lo mismo con todos que le aceptan para rescatarles del pozo de pecado y desesperación.

El Cristo resucitado “les mostró las manos y los pies” (v. 40). Demostró que había pagado por el pecado. Apareció vivo como hacía el Sumo Sacerdote después de ofrecer el sacrificio en el templo. Así demostró que Dios había aceptado el sacrificio en paga por el pecado. El Cordero inmolado estaba en pie.

REAVIVA NUESTRA FE

Los discípulos se entristecieron tanto después de la crucifixión que cuando las mujeres comunicaron el mensaje de la resurrección, creían que ellas hablaban locuras (v. 11). Dos discípulos en el camino estaban tan tristes que sus ojos estaban velados tanto que no podían reconocer a Cristo cuando apareció a ellos (v. 16-17).

¡Qué triste es andar por la vida sin creer en el Señor resucitado! Se cuenta de un momento de gran depresión en la vida del gran reformador Martín Lutero cuando desesperó de la vida. Su mujer se vistió de luto y Martin preguntó quién había muerto. Ella le dijo que aparentemente Dios había muerto, pues él se comportaba así.

La resurrección prueba que Dios vive y cuida de nosotros. A veces, por ser “insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho” (v. 25), no reconocemos a Cristo obrando en nuestras vidas. Pero si nos acercamos a él con corazones de fe y arrepentimiento, nuestros ojos serán abiertos y nuestros corazones arderán en nosotros con amor, fe y esperanza (v. 31-32).

SE NOS ABREN LAS ESCRITURAS

La Biblia es una carta de amor. Un ateo dijo: “He leído la Biblia muchas veces. Soy inteligente y comprendo muchas cosas pero ese libro no lo comprendo”. Un cristiano contestó: “Es porque la Biblia es una carta de amor de Dios a Sus hijos. Esto es lo que pasa cuando lees cartas personales dirigidas a otra personas”.

El que no cree en la resurrección ve las Escrituras como “locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (I Cor. 2:14). Pero el cristiano “tiene la unción del Santo y conoce todas las cosas”. El convertido puede ver a Cristo en cada página de la Biblia como si viera una cuerda roja y dorada extendiéndose por toda la Biblia, pues cada página está manchada con Su sangre y dorada con profecías de Su reino venidero. En toda la Biblia, el cristiano ve el amor del Cristo resucitado.

DA PAZ Y ÁNIMO

No fue hasta que los discípulos vieron al Cristo resucitado que dejaban de esconderse “por miedo de los judíos”. (Jn. 20:19). Igualmente tenemos miedo de la pobreza, la enfermedad y la muerte cuando no creemos en el Cristo resucitado.

Hace poco, un niño vio a su madre muerta en su cama y la sacudía llorando, “Despiértate, mamá”. Pero ella no se despertó y el niño se quedó desesperado. Así es la persona cuyo dios está muerto. Pero otro joven, muriendo en una batalla, escuchó la historia de la resurrección en la hora de su muerte y dijo, “Ya puedo descansar”. Hay descanso y alegría en la verdad de la resurrección.
Hallamos a los discípulos con “gran gozo” alabando al Señor públicamente cuando creen en la resurrección de Cristo.

LA GRAN COMISIÓN

Un africano fue capturado en una batalla entre dos tribus. Un capitán inglés estaba presente cuando iban a matarle por su parte en la batalla, pero él intercedió por el pobre enemigo. El jefe de la tribu ganadora dijo: “No, yo demando sangre por sus crímenes”. Ataron al cautivo a un árbol para matarle con flechas. Pero en el último momento el capitán se lanzó así mismo delante del cautivo y recibió varias flechas en su propio cuerpo.

Vivió y dijo al jefe: “He aquí tienes la sangre que demandaste”. El jefe lo aceptó y concedió la libertad al prisionero. El libertado cayó a los pies del capitán diciendo: “Yo soy tu esclavo para siempre. Si alguien derrama sangre para salvarnos, creemos que debemos nuestras vidas a él y le servimos hasta la muerte”.

Cuán desagradecidos seríamos si no obedeciéramos el mandato de nuestro Señor que os mandó a ir y “predicar en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones”. El tiene el derecho de demandarlo y tenemos el deber de obedecerlo.

Además, puesto que Cristo resucitó, El puede ayudarnos en esta gran tarea. Prometió: “He aquí, enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros”. Cristo nos ha enviado su Santo Espíritu para ayudarnos, consolarnos y acompañarnos. El Espíritu de Cristo está con nosotros ahora y hasta el fin del mundo. ¿Qué más pudiéramos desear para servirle?

Si no creemos en la resurrección, vivimos en la miseria. Pero nadie rechaza al Señor por falta de evidencia. Centenares de personas sinceras testificaron de su resurrección. Son como el que oyó las pruebas de la resurrección, más dijo: “Estoy convencido intelectualmente que Cristo resucitó, pero todavía no quiero someterme a él. Veo que el problema no está en mi mente, está en mi corazón”.

Cristo vive, salva y viene pronto. Si lo crees, le seguirás de corazón.

El Escudo de la Fe
Marzo / Abril 1995

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