Las ciudades de refugio y su tipología

Números 35

Sin dudas, el apóstol tenía en mente estas ciudades de refugio cuando escribió estas palabras en Hebreos 6:18: “Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros”. Así que las ciudades de refugio son típicas de la esperanza puesta ante nosotros en Jesucristo “Y será aquel varón como escondedero” (Isa. 32:2). Como tales fueron:

1. Nombrado por Dios. “Habló Jehová a Moisés en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó, diciendo”. (Num. 35:1). “A éste, [Jesucristo] Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados” (Hechos 5:31). “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mat. 3:17). Las ciudades de refugio fueron señalados por Dios en el mismo sentido en que Cristo fue señalado por Dios.
2. A cargo de los levitas (Num. 35:6). Los levitas se encargaban de las cosas santas en conexión con la adoración de Dios, y puede representar a los embajadores de Cristo, en cuyas manos el evangelio de la salvación se ha encomendado, como se enseña en 2 Corintios 5:20: “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”.
3. Apartado para los homicidas involuntarios. “Ciudades serán de refugio, las cuales daréis para que el homicida se refugie allá” (Num. 35:6). Israel, te has destruido a ti mismo—un homicida. El hombre que comete pecado es un homicida. Todos han pecado, todos necesitan un lugar de refugio. ¿Cuántos se están matando inconscientemente?
4. Para ser ingresado a toda prisa. “Ciudades de refugio tendréis, donde huya el homicida” (Num. 35:11). Hay gran peligro en el retraso. La muerte puede alcanzar al pecador antes de que llegue al refugio que está en Cristo. Escape por tu vida. “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Cor. 6:2). Huyo a ti para esconderme.
5. Una protección contra un vengador legal. “Ciudades para refugiarse del vengador” (Num. 35:12). El vengador del homicida tenía la autoridad de Dios para matar al homicida fuera de las ciudades de refugio. El vengador representa adecuadamente la ley, que no puede salvar, pero tiene poder para matar. “Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Rom. 3:20).
6. En lugares convenientes. “Tres ciudades daréis a este lado del Jordán, y tres ciudades daréis en la tierra de Canaán” (Num. 35:14). Al alcance de todos, y se ubicaron en lugares visibles, por lo que podrían ser fácilmente vistos a la distancia. El evangelio de Cristo debe ser predicado a toda criatura. La sabiduría clama en las calles, alza su voz en las plazas; Clama en los principales lugares de reunión; En las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones” (Prov. 1:20-21). “He aquí el Cordero de Dios” (Juan 1:29).
7. Abierto para todos. “Cualquiera que hiriere de muerte a otro sin intención” (Num. 35:15). El extraño así como los hijos de Israel tuvieron el privilegio del refugio. La salvación de Cristo es ofrecida a todos. Hay espacio suficiente en esta muerte expiatoria para cada alma culpable quien confía. “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Jn. 7:37). “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo;” (Jn. 10:9)
8. Para todos aquellos que estaban contristados por sus actos. Estas ciudades no ofrecieron refugio al homicida intencional. “…homicida es; el homicida morirá” (Num. 35:16). Fueron nombrados para aquellos quienes habían provocado la muerte sin intención, y sin duda el hombre que hubiera matado a su vecino por casualidad sería un hombre muy contristado. La muerte de Cristo, aparte del arrepentimiento y la fe, no puede refugiar al alma culpable. “Arrepentíos, y creed en el evangelio” (Mar. 1:15).
9. Lugares de justicia y juicio. “Entonces la congregación juzgará entre el que causó la muerte y el vengador de la sangre conforme a estas leyes” (Num. 35:24). Aquí hay un pensamiento muy solemne. Para convertirse en nuestro refugio, Cristo debe ocupar nuestro lugar. Los juicios justos de Dios se le impusieron, y la cuestión del pecado se resolvió eternamente. De modo que ahora es un Dios justo y un Salvador. “Te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia” (Oseas 2:19).
10. Lugares de permanencia para el homicida involuntario. “Pues en su ciudad de refugio deberá aquél habitar hasta que muera el sumo sacerdote” (Num. 35:28). Este es un pensamiento precioso. La vida del homicida que había huido a la ciudad en busca de refugio de aquí en adelante estaba conectado con la vida del sumo sacerdote, quien fue ungido con el aceite santo (Num. 35:25). Mientras vivía el sumo sacerdote, él vivía en un lugar de seguridad. Mientras Cristo nuestro gran sumo sacerdote vive, viviremos por él. “Porque yo vivo, vosotros también viviréis” (Jn. 14:20). “Permaneced en mí, y yo en vosotros” (Jn. 15:4). El vocabulario de David es muy hermoso en este respecto. “Quédate conmigo, no temas; quien buscare mi vida, buscará también la tuya; pues conmigo estarás a salvo” (1 Sam. 22:23).

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