Las leyes de sembrar y segar

II Corintios 9:6

El Apóstol Pablo en Gálatas 6:7-8 nos enseña que cosechamos conforme a lo que sembramos. En este versículo él dice que la cosecha será en proporción a la cantidad de semilla que sembramos. Es una exhortación a enfrentarse con la flaqueza. Siempre hay la tentación de hacer lo mínimo. Doy gracias a Dios por las experiencias que fueron las mías en mi niñez. Vivimos en el campo donde aprendí la importancia de sembrar generosamente.

La obra de sembrar es mucho más que un asunto de salir al campo con un vagón lleno de semilla y esparcirla. Mi papá empezó muchas semanas antes preparando la tierra. El pasó muchos días en el campo arando y después pasando sobre la tierra con otras máquinas agrícolas hasta que él tenía la tierra lista para recibir la semilla. Muchos días él salió en el frío, a veces cuando había un viento fuerte que levantaba la arena que hizo arder su cara. Gracias a Dios, él no era como el hombre perezoso en el libro de Proverbios 20:4 que “No ara a causa del invierno”. Si él hubiera sido negligente en la preparación de la tierra, hubiera pagado en la escasez de la cosecha.

El era exigente también en cuanto a la semilla que sembró en su campo. El gastó su dinero en comprar semilla híbrida cuando sembró sus campos de maíz. Desde que él pagó caro por su semilla, pudiera haber pensado, “Voy a sembrar escasamente. Así tal vez puedo sembrar todos mis campos con una sola bolsa de semilla”. No, él sabía que esto no sería prudente.

Ahora quiero ofrecer algún consejo práctico para poner por obra lo que Pablo enseña en este versículo. Estoy seguro que él no escribió esto únicamente para el agricultor. Siempre hay un trecho de tiempo entre la sementera y la cosecha. Por eso, el que siembra tiene que tener sus ojos puestos en el futuro. Muchas veces en la vida el lapso de tiempo es mucho más que los meses entre la primavera y el otoño. A veces tenemos que esperar años para la cosecha. Es así en especial en cuanto a los niños y jóvenes en cuanto a su educación. Cuesta para ellos comprender que están haciendo una inversión en el futuro cuando están estudiando. Muchas veces parece que hay poca recompensa por sus sacrificios. Muchos pagan caro cuando llegan a los años de la cosecha y se dan cuenta de que sembraron escasamente.

Hay otras aplicaciones. Jesús dijo en Lucas 6:38 “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. El de dar dinero no es la única aplicación de este versículo. Puede ser en términos de amor o tiempo. Colosenses 3:22 dice, “Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios”. El que hace lo más mínimo no va a prosperar. Hace algunos años atrás escuché una buena ilustración de esto. No sé si era verdad o no, pero puede ser. Se trata de dos hombres que graduaron del secundario en el mismo año. Digamos que se llamaban Pablo y Fernando. Los dos consiguieron un trabajo en el ferrocarril. Aunque trabajaron en la misma empresa, fueron separados. Pasaron muchos años y Pablo no sabía nada más de Fernando. Un día Pablo estaba trabajando con un grupo de hombres arreglando la vía. Mientras que trabajaron un tren pasó. El tren pasó lento porque estaban arreglando la vía. De repente el tren paró y quedó parado por un rato. Era un día de calor y muchos en el tren tenían la ventana levantada y estaban mirando afuera. Pablo vio un hombre vestido de traje y corbata sentado en el tren y pensaba que era alguien que conocía. De repente se dio cuenta de que era Fernando. El se acercó y pasó un tiempo charlando con él. Fernando le contó que él era un secretario en la oficina en la ciudad.   Pablo le preguntó “Cómo es que usted llegó a ser un secretario y yo todavía estoy arreglando vías?” Fernando respondió, “Tal vez es porque usted empezó a trabajar por $X.XX por hora y yo empecé a trabajar por el ferrocarril”. ¡Qué diferencia!

En II Corintios 8:7 Pablo hace mención de algunas cosas en las cuales debemos abundar. Lo más que abundamos en las virtudes, tanto más cosechamos. Cada acto de bondad es como una semilla que sembramos. Muchas veces ni estamos conscientes de la cosecha pero vendrá.

Como Pablo dijo en Gálatas 6:7 que no debemos engañarnos en cuanto a lo que sembramos, tampoco debemos estar engañados en la cantidad que sembramos. Es mucho más probable que sembraremos en escasez y no en exceso. El que siembra generosamente disfrutará de las promesas que se encuentran en II Corintios 9:8-11. “Como está escrito: Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios”.

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