Libertad con límites

Lo que impide a muchos aceptar la salvación bíblica es el temor que tienen en entregar su libertad. Ellos están conscientes que tienen la costumbre de hacer cosas que la Biblia no aprueba. Puede ser que tengan razón en creer que la Biblia no aprueba de su estilo de vida. Lo que no saben es que si se entregan a Dios de todo corazón, él es capaz de producir en ellos el anhelo de hacer lo que le agrada. Filipenses 2:13 dice “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Dios produce cambios en la vida de aquel que es verdaderamente salvo. Hay los que hacen una profesión de salvación que no es nada más que de la boca para afuera. No hay que sorprenderse que ellos no encuentren ningún anhelo de dejar atrás su viejo estilo de vida. A veces ellos lo hacen, en parte, pero es más bien para el beneplácito de sus amigos cristianos. II Corintios 5:17 dice “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. En gran parte, esto es la obra de Dios pero el creyente tiene que entregarse a Dios y dejarle cumplir su obra en él. Esto es lo que el apóstol Pablo quiere decir cuando dijo en Filipenses 2:12 “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”. Se puede decir que hay dos aspectos de la salvación. Uno es la liberación de la condenación por causa de nuestro pecado. Juan 3:18 dice “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. Es pasar de muerte a vida como dice en Juan 5:24 “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”. Este aspecto de la salvación sucede en el acto de aceptar a Cristo como su Salvador. Después queda para nosotros disfrutar de todo lo que está incluido en la salvación. Una parte de esto es el de ganar la victoria sobre la esclavitud del pecado. Juan 8:34 dice “Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”. Nadie está verdaderamente libre hasta que gana la victoria sobre la esclavitud del pecado.

Si alguien rechaza la salvación porque prefiere quedarse en la esclavitud del pecado, es su decisión pero no le conviene. El pecado le llevará a un futuro oscuro. Si todavía no ha aceptado a Cristo como su Salvador por temer de perder su libertad, píenselo otra vez. ¿Es prudente entregarse a los placeres del pecado por algunos pocos años en cambio por una eternidad de castigo?

Tal vez sería una consolación saber que no es posible entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Romanos 8:21) de un día al otro. Sería un cambio demasiado de repente para la gran mayoría de nosotros. Es el Espíritu Santo que obra en nosotros. Juan 16:7-11 habla de esto. “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”. Si estamos entregados a Dios, cada tanto nos sentimos que el bendito Espíritu está diciendo, “Amigos, tu sabes, no, que no debes hacer esto o aquello”. El creyente obediente dice, “Sí, tienes razón. Ayúdame en resistir y vencer”. Así que, uno por uno vamos venciendo los pecados en nuestra vida. Pero tenemos que obedecer el Espíritu. En I Tesalonicenses 5:19 dice que se puede apagar al Espíritu. Esto se hace por no hacer caso cuando él nos habla.

La gente de este mundo exige libertad. A veces ellos exigen libertad de expresarse para poder hablar con palabras indecentes. Hay jóvenes que exigen libertad para entregarse a la borrachera y sexo libre. Hay los que exigen la libertad de prensa para poder imprimir y vender literatura que corrompe a la humanidad. En todo caso, ellos quieren abusar de la libertad.

Es el creyente que verdaderamente disfruta de la libertad. Gálatas 5:17-24 habla de la libertad del creyente. Primero habla de las obras de la carne, entre las cuales figuran idolatrías, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, etc. Después los frutos del Espíritu son nombrados. Son amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Dice, “contra tales cosas no hay ley”. Si todo lo que queremos hacer es justo, recto y bueno, tenemos libertad. Los que sienten más la falta de libertad son los que quieren hacer lo que es prohibido. Si le parece que hay muchos limites a su libertad, le conviene preguntarse, “¿qué es lo que quiero hacer?” Es mejor que tenga límites a su libertad si quiere hacer lo malo. Así los demás no tendrán que sufrir tanto por causa de su maldad.

Si ya ha ganado la victoria sobre muchos pecados, tenga cuidado de no estar otra vez sujetado al yugo de la esclavitud. Gálatas 5:1 nos da la advertencia; “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”. Si dejamos el corazón enfriar es muy fácil caer otra vez en pecado. “Fiel es Dios que no os dejará ser tentado más de lo que podéis resistir”. I Corintios 10:13

 

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One Response to “Libertad con límites”

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  1. Exclente material. Cierto, aún Adán y Eva, en estado de perfeccion e inocencia, tuvieron límites en el Eden. Podían comer de todos los arboles, pero, menos de uno. Alli estaba la limitación. Libertad con límites es vida, pero libertad sin límites es libertinaje en una pobre existencia.

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