“No estamos haciendo bien”: El descubrimiento de los leprosos

2 Reyes 7:1-16

En la escena de este capítulo la ciudad de Samaria había sido sitiada por Ben-adad, el rey de Siria. La hambruna fue tan grande en Samaria que la cabeza casi sin carne de un asno se vendía por ochenta piezas de plata, y algunas mujeres hirvieron y comieron a sus propios hijos (2 Reyes 6:25-29). La ciudad entera estaba bajo una nube de muerte, cuando de repente se oyó un mensaje de esperanza y salvación de los labios de Eliseo, el hombre de Dios. “Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria” (2 Reyes 7:1). Este fue el evangelio (buenas nuevas) de Dios para un pueblo que perecía. ¡Cómo volarían las noticias entre los habitantes hambrientos! ¿Pero quién creería el informe? ¿Cómo puede ser? Este mensaje no fue revelado a la razón, sino a la fe. Así sucede con el evangelio de la salvación. ¡Cree, y verás! Veremos este incidente en relación con estos cuatro leprosos. Observemos:

1. Su condición miserable. “Había a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos?” (2 Reyes 7:3). Según la tradición judía, estos hombres eran Giezi y sus tres hijos. Si es así, es una consecuencia terrible del pecado de engaño y la codicia de ganancia (2 Reyes 5:15-27). Su condición, como todos los que están fuera de la gracia salvadora del Reino de Dios, es lamentable en extremo. Eran impuros; eran marginados de la sociedad; estaban indefensos y sin esperanza; estaban listos para perecer mientras estaban sentados junto a la puerta de una ciudad asolada por el hambre. Esta no es una imagen exagerada del hombre que, por impureza personal, es culpable ante Dios, y que está sentado esperando ayuda en la puerta de un mundo que está hambriento por la falta de ese conocimiento de Dios, quien es el “Pan de Vida” (Jn. 6:48).

2. Su ansiedad intensa. “¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos?” (2 Reyes 7:3). Ahora están completamente despiertos a un sentido de su terrible realidad. Solían estar bastante contentos de quedarse quietos y tomar las cosas como venían, pero ahora se dan cuenta de que continuar con esta indiferencia significa para ellos una muerte segura. Ahora están listos para hacer cualquier cosa, si fuera necesario, para que puedan ser salvados. Aunque eran impuros, no eran irrazonables, ya que estaban bastante preparados para aceptar la única esperanza de salvación que se les había presentado (2 Reyes 7:4) Su única forma posible de escapar era decidir “pasemos al campamento de los sirios”, y así lo hicieron. La salvación del pecado, y de esa muerte que es la paga del pecado, nunca está lejos de aquellos que, de la misma manera, la buscan. “¿Qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16:30) es el lenguaje de alguien que está preparado para hacer cualquier cosa, o ir a cualquier lugar, para obtener la salvación.

3. Su descubrimiento alegre. “Llegando a la entrada del campamento de los sirios, no había allí nadie” (2 Reyes 7:5). Debió haber sido con gran temor y temblor que se dirigieron a la primera tienda. Pero el Señor había hecho una maravillosa liberación. Todo lo que necesitaban estaba allí, y nada ni nadie que se interponga en su camino. Encontraron una salvación plena y gratuita. “Porque Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de gran ejército” (2 Reyes 7:6), tal vez el hueste que Eliseo vio en Dotán (2 Reyes 6:8-17). Es fácil para Dios afligir a sus enemigos con el temor de la muerte, y hacer que huyan cuando nadie los persigue. Este es el terrible temor con el que Dios puede herir al pecador finalmente impenitente. Cuando nosotros, al igual que estos leprosos, entremos por la única puerta de esperanza que se nos presenta, descubriremos, como ellos, que somos salvos por el juicio y la misericordia de Dios. Nuestra salvación ha llegado a través de una victoria divinamente forjada. La cruz silenciosa de Cristo, como el campamento silencioso de Siria, nos habla, ¿no es así, de juicio, de victoria y de misericordia? ¿Has hecho este descubrimiento satisfactorio para el alma? “El que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apoc. 22:17).

4. Su comportamiento egoísta. La conducta de estos leprosos, inmediatamente después de que descubrieron la gran provisión de Dios para proveer a sus almas, fue la más culpable. Comieron y bebieron, y se dedicaron a esconder tesoro para sí mismos (2 Reyes 7:8). Por el momento, eran completamente indiferentes acerca de la salvación de los demás. Esta gran y misericordiosa salvación de Dios aún no había ido más allá de ellos y su engrandecimiento egoísta, como si esta liberación enviada por el cielo fuera exclusivamente para ellos mismos. ¡Ay que haya tantos cristianos que nunca parecen ir más allá de esta primera experiencia de comer y beber, para luego esconderse! Todo para sí, nada para los demás. Tan ocupados con su bienestar y su comodidad, que se olvidan de la multitud que perece que han dejado de publicar las buenas nuevas de la salvación. Comen del “Pan de la Vida”, beben del “Agua de la Vida”, pero esconden para sí los tesoros de la Palabra de Dios en sus corazones—¡Qué situación lamentable!

5. Su consideración misericordiosa. “Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva en casa del rey” (2 Reyes 7:9). Estos leprosos tuvieron dos despertamientos diferentes en el espacio de unas pocas horas. El primero fue a un sentido de su propia necesidad, el segundo fue a un sentido de la necesidad de los demás. Para algunos cristianos les lleva mucho tiempo pasar de una experiencia a la otra, aunque, con algunos otros, estas experiencias son casi simultáneas. La contraparte de comer y beber es ir y decir, que mantenernos callados en este “día de buena nueva” es ser culpable de la sangre de las almas. Como en Samaria, alrededor de nosotros, hay muchos que perecen por falta de ese conocimiento que poseemos. Aquí está el pan. Reflejemos como el hijo pródigo: “en casa de mi padre tienen abundancia de pan” (Luc. 15:17). Vayamos por todo el mundo, predicando el evangelio a toda criatura (Mar. 16:15).

6. Su testimonio triunfante. “Vinieron, pues, y gritaron a los guardas de la puerta de la ciudad” (2 Reyes 7:10) … “Entonces el pueblo salió” (2 Reyes 7:16). Simplemente contaron las grandes cosas que les sucedieron y, aunque el rey al principio dudó de la afirmación, creyendo que era demasiada buena noticia para ser cierto, pero luego la multitud salió corriendo y reclamó a cada uno una parte. El evangelio que estos hombres leprosos predicaron, como el evangelio de Cristo, se ajusta exactamente a las necesidades y condiciones de la gente. Fue la noticia de amplia provisión, sin dinero y sin precio. ¡Oh, que estemos la mitad de ansiosos de salir por fe y tomar esas bendiciones, puestas a nuestro alcance a través de esa gran liberación que Dios ha provisto en la cruz del Calvario; aquel lugar donde el enemigo de nuestras almas ha sido derrotado, y donde el botín de la salvación está a nuestro alcance!

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2 Responses to ““No estamos haciendo bien”: El descubrimiento de los leprosos”

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  1. GUILLERMO DORANTES GRANIEL says:

    MARAVILLOSO PASAJE DONDE SE MUESTRA LA PROVISION DE DIOS PARA SU PUEBLO Y COMO ESOS LEPROSOS ENTENDIERON QUE ERA MALDAD CALLARSE Y NO PUBLICAR LAS BUENAS NOTICIAS, ASI TAMBIEN NOSOTROS COMO IGLESIA DEBEMOS ANUNCIAR LA GRAN SALVACION A TRAVEZ DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTOS

  2. FRANCISCO ABREU says:

    EXCELENTE, DIOS SIGA BENDICIENDOLE.

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