Un excelente bálsamo

“Que el justo me castigue, será un favor, Y que me reprenda será un excelente bálsamo”. Salmo 141:5

Cuando yo era un joven pastor un tío de mi esposa me mandó una carta en la cual él me criticó por ser desaseado en mi manera de vestirme. Por algunos días me sentí lastimado y ofendido. Pero después de reflexionar un poco, me di cuenta que tal vez él tenía razón. Por un problema en la garganta, me molesta mucho si tengo abotonado el botón del cuello de mi camisa. Por eso, lo dejo sin abotonar cuando llevo una corbata. Seguro es que el tío no se dio cuenta de esto. Pensé, “Después de todo, no hay nada de mal en vestirse bien. Seguro es que el tío quiso hacerme bien por su carta”.

Proverbios 25:12 dice que el que tiene un oído dócil acepta la reprensión como “zarcillo de oro y joyel de oro fino”. Debemos darnos cuenta del gran valor del oído dócil. Significa aquel que está dispuesto a aceptar la corrección. El que niega aceptar consejo se condena a sí mismo a quedarse en un callejón sin salida.

La Biblia nos anima a ser prudente y pronto en aceptar la reprensión. Nuestro texto dice que la reprensión del justo es un excelente bálsamo. Bálsamo es un líquido aromático que fluye de algunos árboles y perfuma el aire. El salmista dice que debe ser algo agradable recibir la reprensión. Por supuesto, debemos saber quien es el justo. Los injustos también dan consejo pero no nos conviene aceptarlo.

La Biblia nos anima a apreciar y aceptar la reprensión. Los siguientes son algunos versículos que tocan el tema.

“Por cuanto llamé, y no quisisteis oír, Extendí mi mano, y no hubo quien atendiese, Sino que desechasteis todo consejo mío y mi reprensión no quisisteis”. Proverbios 1:24-25

“Camino a la vida es guardar la instrucción: pero quien desecha la reprensión yerra”. Proverbios 10:17

“El que ama la instrucción ama la sabiduría; Mas el que aborrece la reprensión es ignorante.” Proverbios 12:1

“El necio menosprecia el consejo de su padre; Mas el que guarda la corrección vendrá a ser prudente”. Proverbios 15:5

“El hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado, y no habrá para él medicina”. Proverbios 29:1

El que ama a su hermano está dispuesto a reprenderle cuando ve que está haciendo algo que no le conviene. Es un don dar consejo de tal forma que sea recibido. Si damos consejo en forma de censura, es dudoso que será bien recibido. I Timoteo 5:20 dice: “A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman”. Gálatas 6:1 dice que debemos considerar a nosotros mismos al dar consejo. “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”.

El hombre humilde está mucho más inclinado a aceptar la reprensión que el soberbio. El soberbio lo toma como una afrenta o, como algunos lo llaman, un ataque. No importa que sea dada con mucho tacto y cariño. Él niega creer que él puede ser culpable. Él se ofende y rompe relaciones con el buen hermano que le reprendió. Los que le conocen no le reprenden por temor de que él no lo tome con una buena actitud.

Menos mal que yo no rechacé la reprensión del tío. Hubiera sido una condenación al desaseado. Me hubiera quedado también con un mal espíritu en contra del tío. Al contrario, muchas veces he echado una vislumbre en el espejo antes de salir de mi habitación para estar seguro que todo estaba en orden. Hemos pasado muchos momentos felices con el tío. Hasta el día de hoy le tengo en alto respeto. Tú eres muy afortunado si tienes amigos que te aman lo suficiente para que estén dispuestos a reprenderte.

 

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