Sí, usted puede orar. Quienquiera que sea; rico o pobre, sabio o ignorante, bueno o malo. Usted puede orar dondequiera que se encuentre; cerca o distante, en tierra, mar o aire, porque Dios está en todas partes y sus oídos están atentos a sus súplicas. Usted puede orar cualesquiera que sean las circunstancias en que se encuentre; en salud o en enfermedad, en tristeza o alegría, en apuros o en holganza. Usted puede orar siempre; en la noche o en el día, en el amanecer o en el atardecer. Usted puede orar a cada hora y cada instante.
Porque orar es hablar con Dios, elevar el alma a la presencia divina, traer a Dios a nuestro lado, entrar en comunión con el Buen Padre Celestial. Que no hay privilegio más grande que el de la oración. Pensar que usted y yo, pobres criaturas, podemos acercarnos al Creador, hablar con Él de Tú a tú y presentarle nuestras cosas como si lo hiciéramos con la persona de nuestra más íntima confianza.
Y Dios se dispone a escuchar su oración. No se trata de merecimientos que le hagan acreedor delante de la presencia divina. En su vida no hay nada, absolutamente nada, por lo cual usted pueda reclamar el derecho de hablar e imprecar de Dios. Es que Dios en su infinita gracia y bondad, condesciende hasta nuestra pequeñez y se apresta a derramar sus bendiciones sobre nuestras vidas. No importa lo que usted sea, Dios siempre se interesa por su bien porque Dios es amor y el amor no vive sino para interesarse en su objeto.
Sí, usted puede orar. Ore cuando se sienta perplejo y comenzará a ver que las cosas se aclaran y como que Dios le muestra el camino que debe seguir.
Ore cuando sienta que la impaciencia perturba su mente e intranquiliza su ser y su oración vendrá como un remanso de quietud para su espíritu.
Ore cuando sienta que su corazón reboza amargura y Dios le colmará de suave dulzura.
Ore cuando sienta que su vida es una carga muy pesada y probará que con la ayuda de Dios su carga se lo aliviana.
Ore cuando sus pruebas sean grandes y duras que Dios le dará gracia para sobrellevarlas.
Ore cuando sienta que su vida está rodeada de tedio y soledad y experimentará que Dios está cerca, y su presencia le animará y llenará toda su existencia.
Ore cuando haya perdido el encanto de la vida y su oración abrirá ante Ud. nuevas y hermosas perspectivas.
¿Tiene Ud. uno de esos problemas que muchas veces atormentan a los humanos? Ore a Dios y pídale solución a su problema.
¿Llora Ud. la separación del ser querido? Ore al Señor y pídale consuelo y comprensión.
¿Está su vida llena de necesidad? Ore y ponga toda su necesidad en las manos de Dios.
¿Se siente Ud. temeroso? Ore a Dios y pídale que le infunda valor.
¿Siente Ud. una lucha interior con algún pecado o alguna debilidad que aún no ha podido? Pues ore a Dios y pídale fuerza para vencer.
La oración cambia las cosas. Dios siempre contesta la oración; unas veces concediéndonos aquello que le pedíamos y en otras aquello que Él juzga más beneficioso para nuestras vidas. Que cuanta vez Ud. ora Él comienza a bendecir su vida. En el mismo instante en que comienza a orar Ud. comienza a sentirse mejor. Cuando Ud. termina su oración siente un gran alivio en todo su ser y lo que es más grande, experimenta que su vida ya está en las manos de Dios y que a la postre todo saldrá bien.
Sí, Ud. puede orar. Pero cuídese que su oración no sea egoísta. Piense en aquellos que como Ud. tienen mucha necesidad de la ayuda de Dios y pida generosamente al Señor que bendiga a esas personas.
¿Por qué no comienza Ud. a orar ahora mismo? Ud. puede orar de rodillas, sobre sus pies, en el templo o en su hogar, en el lecho, en la calle, en la escuela, en el trabajo, durante la visita y aun en las horas de recreo.
Bastará, dondequiera que se encuentre, que eleve su pensamiento a Dios y comience a hablar con Él.
Ud. no necesita hacer largas oraciones para que Dios le escuche. Tampoco necesita escoger sus palabras. Haga su súplica como la siente, tal como sale de su corazón. Porque las palabras no cuentan en la oración, ni por lo largo ni por lo escogido. Es que hay veces cuando Ud. no necesitará ni de palabras para orar. En el momento de su suprema necesidad, sentirá que Dios se acerca y en ese momento ya estará en oración.
Sí, Ud. puede orar. Comience a orar ahora mismo.
Puerto Rico Evangélico, 1951
