Centro y gloria en la cruz de Cristo

Más lejos esté de mí gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado a mí y yo al mundo. Gálatas 6:14

De la misma manera que los ricos suelen gloriarse en sus riquezas, los nobles en sus virtudes, los guerreros en sus armas, los científicos en su ciencia, y las mujeres bellas en su belleza, asimismo el apóstol Pablo solía gloriarse solamente en la cruz de Cristo.

Para este gran apóstol de los gentiles, la cruz de Cristo era el centro de toda su teología, el eje de su ser, el único fundamento de su vida, lo que inspiraba su sagrada obra misionera y, en una palabra, el sol de su existencia. No es de extrañarse porque la cruz es céntrica. En las sagradas Escrituras, ella es el centro; también lo es en la historia humana a través de la era cristiana; es la fuente inagotable de la cual la iglesia de Cristo saca su inspiración y potencia, su gracia y su amor.

Es para nosotros la cruz el gran faro de los siglos y es ella la que marca la hora más grande y transcendental a través de las edades. En estos tiempos de confusión y desorientación en este mundo, infaliblemente el cristiano ha de formarse su centro, y este ha de ser Cristo y su cruz. Sin el mundo hay guerras, hay maldad, miseria y confusión, es porque los hombres giran sobre el centro falso de egoísmo; más cuando el hombre se asigna, por medio de la fe, la cruz de Cristo, vuelve a su verdadero centro y el resultado es paz y es amor.

Estudiantes, obreros y cristianos todos: gloriémonos en la cruz de Cristo y séanos ella el único eje sobre el cual gira toda la maquinaria espiritual de nuestra vida. No haya para nosotros nada más en qué gozarnos que en esta cruz, lo cual no es menos en sí que el cumplimiento de nuestra responsabilidad en Cristo.

Toda tendencia a gloriarnos en cosas secundarias conduce a la división, egoísmo y a la confusión.

Como cristianos, volvamos siempre a ese centro de vida que es la cruz de Cristo, para purificar la carne y sus afectos. El apóstol nos dice que el hombre viejo juntamente fue crucificado, pero si no nos apropiamos más y más la vida que emana del costado abierto del Cristo crucificado, entrando siempre más hondamente en una viva participación de la cruz de Cristo, vendrá a resucitar en alguna forma la vida vieja en nosotros, y los egoísmos humanos intentarán dominarnos.

Reducid pues, a vuestro pensamiento a Aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, porque no os fatigue en vuestros ánimos, desmayando. Hebreos 12:3.

Por lo tanto, para todos los amados en Dios, la cruz de Cristo ha de ser lo más sublime, y lo único que motiva nuestra felicidad en el cumplimiento del deber; ha de ser nuestro único emblema y lo que más nos conmueve, bajo el evidente descubrimiento de que allá en las mansiones de luz se hace eterna memoria de las excelsitudes sin iguales del Calvario.

Instituto Bíblico de Ibagué
El Evangelista Colombiano
septiembre 1944

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