Las tentaciones de un pastor

¿Cuáles son las tentaciones propias del ministro? El pastor cristiano, claro está, es tentado como jamás lo será el simple creyente. Es él, el blanco de terribles ataques diabólicos, porque si el Adversario llega a derribar a un predicador del Evangelio, su caída arrastrará a muchos otros.
Pero hay tentaciones que surgen muy directamente de su sublime misión de un pastor. Vamos a considerar algunas de ellas.

1. El pastor está tentado a perder el sentido de lo sagrado

La costumbre lo ciega. Un profano tiembla ante cosas que él trata como comunes. Tal vez esto en parte era lo que pasaba en el corazón de Judas. Tanto trato con el Hijo de Dios quitó el valor de su sentido de lo sagrado y Judas terminó por vender a su Maestro como si fuera un mueble.

2. El pastor es tentado a hacer mecánicamente lo que debe hacerse espiritualmente

Si no es muy dado a la oración y muy vigilante, llega a ser víctima de la rutina. Al principio de su ministerio suele depender de Cristo y buscar a Dios para predicar con el poder del Espíritu Santo y para ser guiado en todo por El. Pero más tarde, por los éxitos obtenidos y por la rutina que se impone llega a creer que él ya puede todo de por sí.

3. El pastor es tentado a dar el fuego falso

Sabe bien que en las reuniones de los santos no debe faltar el ánimo, la vida, el poder divino, la inspiración, algo que llene el corazón hambriento del que oye, de una vida abundante; y si no hay poder de lo alto, el pastor inconscientemente se vale de otros medios. Hace lo que hicieron los hijos de Aarón que metieron fuego extraño sobre el altar de Dios.

4. El predicador es tentado a proceder como si pudiera predicar más allá de su experiencia cristiana

Es un gran error. El sermón vale tanto como lo que vale el predicador, ni más ni menos. Verdades bíblicas, verdades que arrancan de nuestro Señor Jesucristo, si no se presentan a las almas a través de una vida que las haya traducido en experiencia, son inefectivas como las balas arrojadas por cañones que descansan sobre arena movediza.

5. El pastor es tentado a hacer un ídolo, por decirlo así, del número de almas que asistan a las reuniones

No podemos decir que no se deba preocuparse por la cuestión del número. Es una meta legítima. Lo que queremos decir es que muchas veces el pastor cae en el grandísimo error de medir la obra de Dios por meras apariencias. “Fue muy preciosa la reunión porque hubo mucha gente.” Así suelen expresarse los hermanos. Pero el número no es indicio de la obra del Espíritu Santo.

6. El predicador es tentado a confundir su denominación con el cuerpo militante de Cristo

Es decir, es tentado a hacer de su secta una especie de Cristo el Redentor. Si se deja vencer por esta tentación, le es muy difícil ver cómo puede haber salvación fuera de su denominación, y llega a ser culpable del gran delito de infundir en los santos un amor para su denominación que supera a su amor para Cristo mismo.

7. El pastor es tentado a creer que es un santo porque su vocación lo es

Todo lo que rodea a un pastor, dedicado como está al servicio de Dios, le habla de santidad, y por vivir en medio de estas cosas e identificado con ellas, no puede menos que considerarse un gran santo. No son las cosas sagradas —el púlpito, el templo, el estar predicando con la Biblia en la mano las que santifican al hombre. Es el espíritu Santificador de Dios.

8. El pastor es tentado a dar lugar al desaliento

Sus grandes arreglos y vuelos dominicales son seguidos, a veces, de negras depresiones. En parte, es el resultado de la operación de una ley natural. Después de tremendos desgastes espirituales, que le dejan como una esponja exprimida, la parte física del pastor se levanta como un león demandando lo suyo. Si el pastor no anda vigilante y día con día recreando sus entrañas por la íntima comunión con Cristo, esas depresiones que siguen a los tremendos desgastes espirituales pueden conducir a cosas muy indignas de un embajador de Cristo.

9. El predicador del evangelio constantemente es tentado a “aguar” su mensaje

Pero, ¿quién quiere comprar leche aguada? Nadie. Hay que quitar de esa espada de dos filos que es el Evangelio, sugiere el Diablo algo de su filo, si no, las gentes se van. ¿Qué hacemos entonces para el sostenimiento propio? Es un equívoco fatal. El Señor Jesús no habló así. Después de un mensaje que ofendió las multitudes, le dieron las espaldas diciendo: “Dura es esta palabra ¿quién la puede oír?” ¿Qué hizo Jesús? Se dirigió a los doce y dijo: “¿Queréis vosotros iros también?”

10. Es tentado a dedicarse a un sinnúmero de actividades triviales dejando de ser un profeta de dios

Si no aprende a poner las primeras cosas en el primer lugar, no puede ser digno del puesto que ocupa. Los apóstoles vieron este peligro. Dijeron: “No conviene que atendamos a las mesas; nos entregaremos a la oración y a la predicación de la palabra.” Se requiere de parte de un predicador mucha tenacidad y una lucha constante en el Espíritu de Dios para vencer las muchas cosas que le quieren llevar a las trivialidades.

11. Tal vez la más grande tentación del pastor es la de tomar para sí la gloria que pertenece a Dios

Las almas que acuden a nuestros templos suelen confundir al predicador con el sublime mensaje que proclama. La gloria de Dios se manifiesta en la palabra que de sus labios se desprende. Es natural, por lo tanto, que las almas, agradecidas por las inconmensurables riquezas de gracia de que se adueñan mediante el predicador, a veces le rinden un homenaje que solo a Dios se debe.

Tengamos presente que la quintaesencia del espíritu diabólico es su ardiente deseo de tener la gloria que solo Dios merece. Satanás quiere que los hombres le adoren.

Del folleto “Las tentaciones de un predicador”. El Heraldo Cristiano, 1940

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