Jesús como rey (bosquejo)

1 Timoteo 6:15

Mientras nuestro Señor estuvo en la tierra, enseñó como profeta; mientras se demora en el cielo, intercede como sacerdote; cuando regrese, será como un rey en poder y gran gloria. “A su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores” (I Tim. 6:15). Estos no son sus tiempos con respecto a esta tierra gastada y malvada. “Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo” (Jn. 18:36). Estamos en el tiempo de la potestad de las tinieblas: “Esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas” (Lucas 22:53). El mundo entero está en las manos del maligno. Durante este día de salvación, Dios, por medio del Espíritu Santo, está rescatando a todos los que creen, del reino de Satanás y de la culpa del pecado, a través de la muerte expiatoria de su Hijo. Que Jesús aún será rey sobre toda la tierra se enseña claramente en las Escrituras infalibles.

I. Vea las profecías. En el Salmo 72:6-9 leemos: “Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; como el rocío que destila sobre la tierra. Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo”. Si él gobierna en la tierra ahora, ¿dónde está su autoridad? Nuevamente, en Isaías 9:6-7, “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.” En sus tiempos, “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará” (Isaías 11:6). “Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel” (Mateo 2:6). Este Gobernante vino, pero ellos no quisieron que él reinara sobre ellos; ellos mataron al Príncipe de la Paz, y de ese modo pusieron fin a su gobierno mientras tanto. Cristo nació un rey “¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?” (Mateo 2:2), y fue crucificado como tal. Pilato escribió la verdad cuando puso sobre la cruz: “ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS” (Mateo 27:37).

II. Vea el anuncio angelical. “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:14). Esto fue cantado en el nacimiento del rey, y en la perspectiva de un reino universal de paz. Pero que aún no ha llegado ese reinado universal a su plenitud es muy evidente. El Dios de la gloria no tiene el lugar más alto en los negocios del mundo; no hay paz en la tierra; la buena voluntad de Dios no se manifiesta entre los hombres. Las guerras y los rumores de guerras, conflictos laborales, luchas sociales e inquietud son evidencia de que el Gobernador designado por Dios ha sido rechazado por el hombre.

III. Vea la oración que Cristo enseñó a sus discípulos. “Les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino…” (Lucas 11:2). Todo esto antes de que se ofreciera una petición. Es el propósito de Dios que su reino y gobierno se manifieste entre los hombres, y que su voluntad se haga en la tierra como se hace en el cielo. La voluntad de Dios está perfectamente hecha en el cielo, porque el Gobernante perfecto está allí. Se hará en la tierra como se hará en el cielo cuando el Gobernador divino, el Rey de Reyes, tenga su trono aquí sobre la tierra; entonces toda rodilla se doblará ante él, confesándole como Señor. Se sentará en el trono de su padre David. (Lucas 1:32)

IV. Vea sus parábolas. Varias de las parábolas hacen mención de la venida del rey, en particular la del hombre noble en Lucas 19. Jesucristo es el noble. Él va al país lejano para recibir un reino, para luego regresar. En Daniel 7:13-14 se ve al Hijo del Hombre recibiendo el reino, “Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido”. Cuando regrese, cuenta con sus siervos, recompensándolos con privilegios terrenales, “príncipes presidirán en juicio” (Isa. 32:1) y “su descendencia heredará la tierra” (Sal. 25:13). Y castigará a sus enemigos, aquellos que no quisieran que él reinara sobre ellos.

V. Vea su respuesta a Pilato. Pilato le preguntó, “¿Eres tú rey?” (Juan 18:37). Si alguna vez hubo un momento en que Cristo hubiera deseado negar su reinado, sería en ese momento, cuando se encuentra preso. Estaba burlado e indefenso, coronado de espinas ante Pilato, cuando se le hizo esta pregunta. ¿Cuál es su respuesta? “Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo” (Juan 18:37). Al dar esta respuesta, nuestro Señor mira hacia el futuro, “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio” (Heb. 12:2). Ahora mismo, su reino no es de este mundo; está dentro de ti. Pero él aun descenderá con toda autoridad, y reinará de mar a mar. “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho” (Isa. 53:11). Él nació como un Salvador, pero también fue nacido “rey de los judíos”. Él no tuvo dónde recostar su cabeza; pero aún será rey de reyes. Él apareció como un hombre sencillo para quitar el pecado; cuando regrese, será “la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13). Así vendrá, el que tiene todo derecho de reinar. “Sí, ven, Señor Jesús” (Ap. 22:20).

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