La fuerza de hombres pequeños (bosquejo)

Intro.

Muchas veces juzgamos mal el valor de un hombre.

*Hombre tartamudo Bud Robinson.

Algunos días después de su conversión Bud Robinson estaba sentaba bajo la sombra de un carro y el Señor tocó su corazón y le llamó a predicar. Bud tenía un problema muy grave en que él era tartamudo. Casi no pudo hablar sin tartamudear. Él no tenía mucha educación y su biblioteca consistía en nada más que un Nuevo Testamento y un himnario que alguien le había regalado.

Su ropa era la más barata posible. Cuando él contó a su mamá que el Señor le había llamado a predicar ella estaba muy contenta y orgullosa. Ella se puso a coser y le hizo un par de pantalones, un saco y una camisa de un remanente de tela. Él tenía botas de campesino y un sombrero de paja bien gastado. Su caballo era viejo y algunos dijeron que no valía más que $5.00 dólares. Bud dijo, “N-no pu-edo v-ve-n-der-lo por-por q-que ten-tan-go que ten-ten-er-lo pa-par-a sa-sal-ir a pre-pre-di-car”.

Él tenía muchos problemas en hablar pero cuando él se levantó a predicar, por una maravilla, el Señor abrió su boca y él pudo predicar con muy poca dificultad. El primer año el Señor le dio 300 convertidos.

Al principio, cuando el Señor le llamó a predicar, él habló con uno de los ancianos de la iglesia y le contó que el Señor le había llamado a predicar. Este anciano le dijo, “No, no parece ser, mi hijo. Tu tartamudeas tanto y tienes tan poca educación que vas a traer reproche sobre la iglesia”. Él lloró casi toda la noche y pensaba que no iba a predicar más pero a la mañana él se dio cuenta de que el Señor le había llamado allá debajo del carro y por eso decidió seguir predicando. Él se fue a visitar otro hermano que pensaba era su amigo. Él le dijo, “Tendrás que contentarte con enseñar clases de la escuela dominical y dirigir reuniones de oración, pero predicar, no, no trates de hacerlo”.

Pobre Bud estaba muy desanimado y no sabía que hacer. Por fin se fue a visitar otro hermano y anciano de una iglesia local. Él había decidido que si este hermano también le decía que no debe predicar más, que nunca más iba a hacerlo. Después del almuerzo ellos paseaban en su campo y Bud dijo al anciano, “T-ten-go al-algo e-en mi co-cor-a-azón q-que q-q-uie-ro de-de-cir-te”. El anciano le interrumpió y dijo, “Sí, sí, yo sé hermano que el Señor te ha llamado a predicar y estás tratando de escaparte porque algunos de los hermanos dicen que no puedes hacerlo. La primera vez que yo te vi y te escuché orar yo sabía que el Señor te había llamado a predicar. Esta tarde hay una conferencia trimestral en la iglesia y yo voy a recomendarles que te den un examen oral con el fin de darte una licencia a predicar”.

Sucedió que la iglesia votó a darle el examen. En la próxima conferencia trimestral le dieron el examen. El anciano encargado le hizo muchas preguntas que Bud no pudo contestar. ¿Cuánta educación ha tenido para el ministerio? “B-bueno”, contestó Bud, “N-no te-ten-go e-e-educación.” “¿Qué sabe de las leyes de la iglesia y las reglas de disciplina?” “A-a, p-p-per-don-a-me, p-p-per-o y-y-yo n-no se q-que s-son.” “¿Cómo se llama?” “b-b-b-b-b-b-“ “Bueno, basta dijo el anciano. Tendrás que ausentarse un ratito para que la conferencia puede votar”. La conferencia votó a darle una licencia. Alguien le contó en privado que era tan joven que en seguida iba a desanimarse y dejar de predicar por causa de su desventaja.

Bud se fue muy contento y empezó a predicar por todos lados. Muchas veces él hizo conferencias en las escuelitas por la noche, viajando todo el día invitando a los campesinos a venir. Una vez él se bajó de su caballo a preguntar direcciones a una escuelita. Él tartamudeaba tanto que no pudo comunicar al campesino lo que quería saber.

Él vivía mucho en la pobreza. Los primeros cuatro años que él predicaba los cristianos le dieron $16.00 o sea $4.00 por año. Un sábado por la noche él estaba algunos 30 kilómetros de su casa predicando en una iglesia. Después de la reunión nadie le invitó a pasar la noche con ellos. Entonces él ató su caballo a una estaca y durmió sobre un banco en la iglesia. El día siguiente cuando la gente empezó a llegar para la reunión alguien le preguntó, “¿Cómo llegaste tan temprano?” Hermano Bud contestó. “Y-yo e-e-e-est-ab-a t-to-da la n-n-oche a-aquí”. Aquella mañana, después de la reunión aquel hermano fue al altar para arrodillarse y confesar sus pecados y pedir perdón por no invitar a Bud a pasar la noche en su casa. Después él invitó a Bud a venir a su casa a comer y pasar la tarde y la noche con él.

Cuando dieron la licencia a Bud le pidieron que él venga a la próxima conferencia con un reportaje de lo que él había hecho para el Señor. Cuando fue a la próxima conferencia él tenía su lista preparada. Él se puso en pie y empezó a leer su reportaje. “B-bien-bien- te-te siete re-reuniones de-de o-or-ación. T-trate d-de p-pr-edic-car cin-cin-cu-cu-en-en-ta ve-veces. Y-y-yo o-o-oré e-e-e-e-e-e-”. Pobre Bud empezó a llorar. Tenía tanta vergüenza. Entonces otro hermano agarró su papelito y leyó su reportaje. Al leerlo dijo “es un buen reportaje y creo que él debe seguir predicando”.

El Señor le bendijo en gran manera. Por fin los pastores se dieron cuenta de que él era muy bendecido por el Señor y empezaron a invitarle a venir a su iglesia para dirigir conferencias. Él trabajó muchos años por un campesino y predicó cuando pudo. Por fin él compró su propia estancia y siguió predicando. Si el Señor pudo usar a Bud Robinson, a pesar de sus desventajas, él puede usar a usted y yo también. No tenga miedo de decir que “sí” si Dios le llama a predicar.

El éxito de un siervo de Dios depende en gran parte en los hombres que Dios ha puesto al lado de él.

Juzgamos mal también nuestro propio valor. Rom. 12:3 Demasiado alto o demasiado bajo.

I. La fuerza de siervos.

A. Muchos piensan que tienen razón en pensar que no son de ningún valor para Dios.

1. No educado.
2. No tienen experiencia en estar con los que andan en la alta sociedad.
3. “Soy crudo y torpe. Sería mejor que yo quede atrás y que otro haga la obra”.

B. Onésimo. Filemón 10-11

1. Pablo dijo que él era de gran provecho para él.
2. ¿Cómo pudo a un esclavo humilde ser de gran provecho a un hombre dotado, educado como Palo?

a. No era para tender su cama y llenar la bañera con agua.
b. Le dio valor moral a Pablo para enfrentarse con los desafíos de la vida.

3. Hoy en día disfrutamos de lo que Pablo hizo, en parte por lo que Onésimo hizo por él.

C. Fura. Jueces 7:10-11

1. Gedeón tenía la prueba del vellón.
2. Él tenía la promesa del ángel “Jehová está contigo”.
3. Igual él necesitaba la fuerza que Fura pudo impartir a él.
4. Debe ser que Gedeón tenía muchos siervos pero Fura le impartía fuerza moral y valor que los demás no pudieron ofrecer.
5. Los siervos de Dios necesitan de Fura.

II. El Rey Saul y su ejército necesitaban lo que un joven sin entrenamiento pudo ofrecer.

A. David mató a Goliat. I Sam. 17

1. Un ejército fue bloqueado porque nadie tenía el valor para enfrentarlo.
2. Los soldados de Dios fueron ridiculizados y traídos a la vergüenza.
3. Los soldados buscaban algún grande y valiente de las filas de adentro para salir  adelante y decir, “yo lucharé con este gigante”. Ninguno apareció.
4. Ellos miraron al camino abajo y allí entraba un muchacho en el campamento. En una mano él llevó una bolsa de maíz tostado. En el otro una bolsa de queso. Los soldados dijeron en broma, “Parece que el países está muy pobre por reclutas si tienen que mandar jóvenes como él”.

a. David les preguntó por sus hermanos.
b. En este momento él escuchó al gigante gritar su amenaza al ejército…
c. David se confundió. Preguntó a los soldados ¿por qué ellos le permitieron escapar con eso?
d. Ellos apenas lo miraron en la turbación.
e. Soldados, especializados y provistos, todavía necesitaban la fuerza de un muchacho del campo.

B Podemos entrenar pastores y proveerlos con lo necesario pero ellos todavía necesitan la fuerza que la gente común y corriente pueden darles.

III. Los hombres poderosos de David. I Chron. 11:10-19

A. Nosotros oímos mucho de la grandeza de David.

1. En parte, la grandeza de David era debido a estos hombres humildes.
2. Ellos lo amaron.
3. Ellos estaban dispuestos a arriesgar sus vidas por él.

B. Muchas veces un hombre de Dios intentaría grandes cosas si él tiene hombres como éstos a su lado.

 *Lutero y la Dieta de Worms.  La muchedumbre lo esperaba entre el hotel y la catedral. Él tenía que pasar por las casas privadas y encima de y atrás de patios y sobre techos para llegar a la catedral. Ninguna maravilla que él podría decir, “Aquí yo estoy de pie. Yo puedo hacer ningún otro. Mi Dios me ayudará”.

III. La fuerza de niños.

A La liberación de Pablo. Hechos 23:12-23

1. 40 hombres juraron ni comer o beber  hasta que ellos hubieran matado a Pablo.
2. Ellos planearon una emboscada para matarlo.
3. Acechando en las sombras era un muchacho.
4. Él dijo, “yo no permitiré ningún hombre hacerle daño”.
5. El gran apóstol se pudiera haber encontrado la muerte prematura si no había sido por el valor de este muchacho.

B. Mat. 21:15-16

1. Los niños alzaron sus voces en alabar a Dios durante el ministerio terrenal de Jesús.
2. Ellos todavía pueden.

Concl.

1. Hemos hablado de la fuerza de hombres pequeños. Es mejor que sigas siendo un hombre pequeño. II Cron. 26:5, 16
2. No menosprecie su potencial. Su pastor necesita lo que tú puedes ofrecer.

Hay muchas bendiciones en ser un pastor pero también hay momentos que él dice como Jeremías en 9:2, Ojalá tuviere un albergue en el desierto donde pudiera escaparme de mi pueblo para orar y llorar. Usted debe estar tan cerca de él que va a darse cuenta de que está pasando por un mal momento y darle consolación y fuerza. Muy afortunado es el pastor que tiene diáconos que están dispuestos a consolarle y animarle.

 

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2 Responses to “La fuerza de hombres pequeños (bosquejo)”

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  1. Juan Carlos says:

    Verdaderamente impactante, cuando Dios quiere usar a alguien, también puede usar un burro, así es nuestro Dios, todo poderoso.

  2. reynaldo b sanchez. espinosa says:

    Gracias a Dios por por este mensaje que nos llena tanto y nos enseña que a todos los q el Sr. A llamado no hay ni siquiera uno q pueda decir q no puede hacer nada para servir a. Dios, q Dios nos ayude a cumplir sus propositos.

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