Testimonio de Honorio Espinoza, uno de los revisores de la Reina-Valera 1960

Honorio Espinoza nació en Cauquenes, Chile, el 17 de agosto de 1904. Aunque él se crió en una familia pobre, su familia era rica en virtudes cristianas. A pesar de su trasfondo modesto, su pura determinación lo condujo a inscribirse en la facultad de derecho de la Universidad de Chile. Al estudiar en la universidad, él fue ganado para Cristo por medio de Salomón Mussiet. Pronto se bautizó y se unió a una iglesia bautista, lo cual constituyó una rebeldía en esta región extremadamente católica.

Después de percibir la llamada al ministerio, él continuó sus estudios mayores mientras se entrenaba personalmente para el ministerio por medio del Dr. W.E. Davidson. En 1937, él se matriculó en el Seminario Teológico Bautista del Sur en Louisville, Kentucky, en los Estados Unidos, tres años después de la muerte de su famoso profesor A.T. Robertson, quien fue un erudito en griego. Estando enrolado, él fue nombrado presidente de su clase, de más de 120 estudiantes. Él se graduó con una maestría en teología en 1940.

Durante el año que estudió Pedagogía en la Universidad de Concepción, él comenzó a tomar las funciones de editor subsidiario de La Voz Bautista (el cual no debe ser confundido con La Voz Bautista de Cuba, que lleva el mismo nombre) y más tarde se convirtió en su director por más de 20 años. Espinoza no fue un escritor prolífico, pero ocasionalmente escribió artículos para la publicación que editó, incluyendo varios advirtiendo de los errores del catolicismo y uno acerca de ganar almas. Mientras fue director de la publicación, aparecieron artículos por autores diversos advirtiendo del Movimiento Ecuménico, el modernismo teológico, bebidas alcohólicas, etcétera.

Espinoza llegó a ser director del Seminario Bautista de Teología en Santiago poco después de su comienzo. De todos los seminarios bautistas en Latinoamérica en el momento, él fue el único director de origen nacional. Espinoza a menudo enfatizaba a sus estudiantes la necesidad de colocar las Sagradas Escrituras en las manos de la gente.

Él fue pastor asistente de la Primera Iglesia Bautista en Santiago, donde se convirtió en pastor desde 1927 hasta 1950, con excepción de los años en los cuales estudió en el extranjero. Él renunció al pastorado en 1950 para dedicarse más a sus responsabilidades como director del Seminario Bautista, y sin duda el ofrecimiento que recibió ese mismo año de unirse al Comité de Revisión de la Biblia afectó su decisión, debido al tiempo y los viajes que involucraría.

En 1945, se propuso una ley que requería la enseñanza de principios morales católicos en todas las escuelas en Chile, públicas y privadas. Espinoza condujo una campaña en contra del proyecto, temiendo que la secta católica buscaba una posición privilegiada para indoctrinar a todos los estudiantes. Representando a los bautistas, Espinoza firmó un documento oponiéndose a la medida y se le pidió que haga un discurso presentando el punto de vista de la comunidad evangélica ante los legisladores. Al fin la ley propuesta fue derrotada sólidamente. Después Espinoza hizo el comentario, “Todos los protestantes de Chile deben conocer y preocuparse de estas cosas, sabiendo que sólo la perpetua vigilancia es el precio de la libertad”.

Cuando se buscaban candidatos para el Comité de Revisión de la Biblia, Espinoza fue recomendado por Robert Cecil Moore, un misionero bautista. El Dr. Espinoza asistió a las cuatro reuniones completas del Comité de Revisión. No se sabe si él asistió a las subsiguientes reuniones del subcomité, tal como se mencionó en otra sección de este libro.

Espinoza se casó con Luz Brando Labbé el nueve de junio de 1926. Tuvieron dos hijos, Eduardo y Edit.

Por varios años, Espinoza sufrió de un problema cardíaco. Honorio Espinoza fue llevado repentinamente a la presencia de su Salvador el tres de septiembre de 1959, a la edad de 55.

Tomado del libro La Historia de la Biblia Reina-Valera 1960 por Calvin George

Un ejemplo de un escrito de Honorio Espinoza:

El milagro de Belén

Otra vez llega hasta nosotros la fecha que nos recuerda el mayor de los milagros: el nacimiento de Jesús. Allá en una aldea palestina, nace un niño. Milagro de los siglos; de madre humilde, desposeída de bienes terrenales, sin más acervo que su pureza, su virtud y su gran consagración a Dios.

Nació en Belén el hijo del hombre como también el hijo de Dios. Y es ésta una proposición tan exacta que quien se acerca a contemplar sus hechos, no puede dejar de asentir en la verdad de ella. Era Jesús el Dios hombre. Participa de tal manera de la Divinidad que es el Unigénito del Padre, nacido del Espíritu Santo. Con el poder de un Dios, al ver a los hombres afligidos y desesperados les dice: Venid a mí y hallaréis descanso para vuestras almas. De igual manera, afirma ante una mujer asombrada: El que bebiere del agua que le daré no tendrá sed jamás … será en él fuente de agua que brote para vida eterna. Jesucristo es Dios. También era hombre. Si como Dios puede multiplicar dos panes y unos peces para dar alimento una hambreada multitud, como hombre siente hambre, conoce las torturas de la sed y la necesidad agotadora del sueño. Estos son hechos que llevan a una conciencia ilustrada a afirmar: Es Dios y es hombre.

Ahora si reflexionamos sobre su carácter, nos encontramos con el juicio de un pensador y hombre de estudio, afirmando «que no conoció pecado» y que Dios «le hizo ofrenda por el pecado, a causa de nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él». Su carácter era sin reproche, inmaculado. En contacto con los despreciados de la sociedad, no cae sobre él salpicadura alguna, y así como ilumina sus almas, su pureza transforma todo lo que hay en ellos de vituperable. Su Juez, vergüenza de la justicia de todos los tiempos, tiene que reconocer que no encuentra en Él falta alguna, y para acallar su conciencia, hace las más vivas protestas, que recogen su convicción de que se trata de un justo.

Es el carácter del Maestro el que da mayor fortaleza, vigor y entusiasmo a nuestra fe.

En la Navidad, Dios mismo en Cristo, se encuentra con el hombre, para entregarle la fórmula de solución de todos sus problemas, miserias y dolores. ¡Cuánto lo necesita hoy!, en que no solo el pesimista concluye: En la tierra hay solo tinieblas y en los cielos densa oscuridad.

¡Cómo deseamos que el Espíritu de Cristo se encuentre con el hombre, con todos los hombres y que le obedezcan!

Esta Navidad tendrá su verdadero significado y será la mayor de todas, para quienes en todas las latitudes de la tierra se encuentren con el Espíritu del Maestro, que como ayer camina silenciosamente por la senda que lleva a todos los corazones.

La Voz Bautista
Diciembre 1947

Escritos por Honorio Espinoza en literaturabautista.com

4 comentarios sobre “Testimonio de Honorio Espinoza, uno de los revisores de la Reina-Valera 1960”

  1. Mi abuelo materno (padre de Edith) siendo estudiante de Derecho conoció al señor y lo siguió fervientemente durante toda su vida dejando un semillero de seguidores en Cristo Jesus.
    El tata Honorio conoció a Luis Cousiño Sevire mi abuelo paterno quien fue su consuegro, amigo y admirador.
    De pequeño me acuerdo de mi abuelo Honorio un hombre al servicio de Cristo. Un hombre admirable. Visite la Universidad donde estudió mi tata en
    Louville, Kentucky mientras trabaje en Bechtel, Frederick Maryland USA, sólo para recordarlo. Nuestro Dios de amor envía a discípulos sobresalientes que dejan huellas imborrables.
    JLCE

  2. Un ejemplo a seguir para los bautistas contemporáneos, un llamado a volver a aquello que nos caracterizó antaño, esto es, una profunda devoción por el conocimiento de las Escrituras.
    Dios permita levantar nuevamente a personas como el Dr. Espinoza.

  3. «Escuela Honorio Espinoza»
    Así se llamaba la escuela que mis padres Juan Parra Vilches y mi madre Orfilia Vallette Garcés fundaron en la ciudad de San Felipe en la década del 60. Ambos egresados del Seminario Teológico Bautista de Chile. Ellos fundamentaban su admiración por el Dr. Espinoza en su profundo amor a la Biblia y su empatía y carisma para difundirla entre sus estudiantes, llamándolos a la excelencia y al celo por el verdadero evangelio. Ambos trabajaron toda su vida fundando iglesias, siempre desafiados por los ejemplos de vida de este siervo, que amó a su Señor y Dios le otorgó privilegios humanos que siempre tomó con humildad.
    Es importante que las nuevas generaciones conozcan a estos héroes de la fe modernos.

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