El sí del discípulo

Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él. Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; (Juan 8:30-31)

En este pasaje, el Señor Jesucristo estaba hablando a gente que había creído en él. Es interesante notar todo lo que dice porque no está hablando a gente inconversa. Está hablando a gente cristiana, allí lo dice claramente. El Señor estaba dando una serie de requisitos para sus seguidores, y mencionó por lo menos cinco cosas. Jesús les habló duro y hay algunos que se asustan cuando el pastor de su iglesia les habla claramente, cuando les habla duro. Ponen el grito en el cielo, y dicen: ¡Ay, el pastor no debe hablarnos así! ¡Ay, el pastor es muy exagerado! Pero miren cómo les habló el Señor a sus discípulos.

No encuentro otro pasaje donde el Señor haya hablado a un grupo de personas como este. No lo hay. Es cierto que el Señor les habló duramente a los escribas y fariseos, y les llamó hipócritas; es cierto que él los regañó enfrente de toda la gente. Pero cuando examinamos este pasaje de Juan capítulo ocho, nos damos cuenta que el Señor habló duramente a aquellas personas que profesaban creer en él. Creo que el Señor quería que supiéramos qué es lo que él espera de nosotros, que no tengamos dudas acerca de qué es lo que está demandando de nosotros. “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: si vosotros permaneceréis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos”.

Un verdadero discípulo permanece en la palabra de Dios y la obedece

Creo que el Señor Jesucristo aquí estaba pensando en dos cosas: permanecer y obedecer. Juan 10:27 dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”. Para permanecer en la palabra, primero tenemos que escuchar atentamente su palabra. ¡Tenemos que escuchar atentamente la voz de Dios, poner atención a su palabra! Muchos creyentes se apartan y ya no siguen a Cristo simple y sencillamente porque ya no están escuchando su voz. No atienden su Palabra.

Hoy en día se levantan tantas voces en este mundo, se levantan muchos grupos y líderes religiosos, y cada uno de ellos trae su propia propuesta. Pero lo único que los creyentes en Cristo tenemos que hacer es poner atención a lo que dice la Palabra de Dios; escuchar atentamente la voz de Dios, poner atención a lo que él dice.

Hay unos que sólo vienen a la iglesia a dormir, en lugar de poner atención a lo que dice la Palabra de Dios. ¿A qué vamos a la iglesia? Entre otras cosas, a escuchar atentamente la Palabra de Dios. Pero los que están dormidos son incapaces de escuchar lo que Dios quiere decirles. Permanecer en la Palabra, es escuchar atentamente la voz de Dios.

Obedecer significa hacer lo que él dice. Lucas 6:46-49: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa”.

Jesús nos dice que cualquiera que oye su Palabra y la hace, es semejante a un hombre sabio; a un hombre prudente que edifica su casa sobre la roca, que levanta su vida sobre la roca. Esa es la razón por la que hace falta que nosotros escuchemos atentamente la voz de Dios, que escuchemos atentamente la Palabra de Dios. Que determinemos con todo nuestro corazón que vamos a ponerla en práctica, que vamos a obedecerla, que vamos a guardarla.

¿Por qué el cristianismo de hoy en día es tan diferente al cristianismo que se ve en la Biblia? Los primeros cristianos estaban dispuestos a desprenderse de todo, estaban dispuestos a pagar con su propia vida para hablarle a una persona de Cristo. No les atemorizaban las amenazas, no les atemorizaba saber que irían a la cárcel por predicar el evangelio. Ellos eran atrevidos, desafiaban al imperio romano. Esa no es la clase de cristianismo que encontramos hoy en día. En la actualidad, todo es diferente. Encontramos un cristianismo cómodo, fácil, donde no queremos sacrificarnos, donde no queremos pagar un precio. Vivimos un cristianismo donde nos da vergüenza que nuestros familiares se enteren que somos cristianos.

¿Qué es lo que está pasando? Jesucristo dice: “Si eres mi discípulo vas a permanecer en mi Palabra; si usted es discípulo del Señor, permanezca en la Palabra de él. No estoy diciendo que permanezca la palabra de la iglesia bautista o la palabra de determinado predicador. ¡Permanezca la Palabra de él! Cristo le salvó, le perdonó, le dio nueva vida. ¡Permanezca en su Palabra y haga lo que él le ordene!

¿Es usted discípulo de Jesús? ¿Ha creído usted en Jesús? Dice la Biblia: “Si eres mi discípulo, vas a permanecer en mi Palabra”. Pero el Señor sigue diciendo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “seréis libres”? (Juan 8:32, 33). Recordemos que Jesús estaba hablando con personas que creían en él. Los judíos en ese tiempo no eran libres, el imperio romano les tenía dominados. El imperio romano controlaba a todos los judíos. Pero en una forma vanidosa, los judíos decían que no eran esclavos de nadie y hasta le dijeron al Señor Jesús: “¿Cómo dices tú: Seréis libres?” Y estamos hablando de gente que creían en él. “Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda en la casa para siempre. Así que si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”.

Un verdadero discípulo de Cristo es uno que ha sido verdaderamente libre

Aquí no está hablando de una libertad política, o de una libertad física. Porque los judíos perfectamente sabían que eran súbditos de los romanos, estaban sojuzgados bajo el imperio romano. Aquí se nos habla de una libertad espiritual. De la libertad del pecado. “Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Si usted ha creído en Cristo como su Salvador personal, si usted ha hecho una profesión pública de fe como estos judíos lo habían hecho, entonces la Biblia enseña que usted es libre de la esclavitud del pecado. Pero la verdad es que el cristianismo que vemos hoy en día es todo lo contrario. Veo a muchos cristianos derrotados, cayendo constantemente en el mismo triste pecado, practicando las mismas cosas que hacían antes de convertirse. Ellos están esclavizados por los mismos vicios, por los mismos placeres, por los mismos pecados. ¿Acaso ha perdido poder el Señor? ¿Acaso es mentiroso? Entonces, ¿qué es lo que sucede? Algo está fallando, algo no está marchando bien, algo no está funcionando correctamente. Porque la Biblia dice que si conocemos al Hijo, él nos va a libertad.

¿Sabe qué es lo que ha pasado? Creo que muchas iglesias están llenas de meros profesantes en Cristo. Muchísimas iglesias tienen gente que simpatiza con el Evangelio, pero en realidad no han nacido de nuevo. La Biblia enseña claramente que cuando una persona acepta a Cristo, ha nacido de nuevo.

II Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; y aquí todas son hechas nuevas”. La Biblia nos habla de una vida nueva. Eso es lo que representa el bautismo: muerte, sepultura y resurrección para andar en una vida nueva.

Los que hemos aceptado a Cristo andamos en una vida nueva, es la enseñanza del apóstol Pablo en Romanos capítulo seis. Hemos muerto a nuestra vida de pecado y hemos renacido a una nueva vida. No estoy diciendo que vamos a vivir la vida perfecta y sin pecado, pero vea lo que dice I Juan 52:18: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca”. Dice la Biblia: “El que ha nacido de Dios no practica el pecado”.

A mí me preocupa ver que muchos cristianos viven en el pecado como la cosa más normal. Hay cristianos que viven en adulterio, en borracheras, en celos, en envidias, en malos pensamientos; cristianos que viven en pecado como la cosa más natural, como la cosa más normal. Pero si usted ha aceptado a Cristo como su Salvador personal tiene que haber un cambio en su forma de vida, tiene que haber un cambio en su conducta. En consecuencia, la persona de nuestro Señor Jesucristo se reflejará en su vida.

¿Es así su vida? No estoy diciendo que usted no es salvo. Pero si siente que no es salvo, asegúrese en este momento de serlo. El mismo Señor Jesucristo dijo: “No todo el que me dice Señor, Señor, y entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad del Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartados de mí, hacedores de maldad”. (Mateo 7:21-23). Alguien dirá: “Pero yo soy el fundador de esta iglesia”. ¿Y eso qué importa? Otro dirá: “Yo tengo 20 años en esta iglesia”. ¿Y eso qué tiene que ver? Dice la Biblia que aún el mismo diablo se disfraza como ángel de luz.

Jesús dice: “Si eres mi discípulo, vas a permanecer en mi Palabra”. Jesús dice: “Si eres mi discípulo, vas a ser libre”. Vas a ser libre de la esclavitud al pecado; no vas a vivir otra vez esclavizado al pecado porque eres libre, ¡El hijo te ha dado esa libertad! Recuerde que Jesús estaba hablando a personas que profesaban creer en él.

Juan 8:37-39 dice: “Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no haya cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre. Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais”.

Un verdadero discípulo es uno que hace las obras de Abraham

Los judíos se jactaban de ser descendientes de Abraham y Jesús los increpa diciéndoles que si en verdad fueran hijos de él no procurarían matarlo. ¿Qué hizo Abraham? Hebreos 11:8-10: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”.

En primer lugar, Abraham le creyó a Dios completamente. Cuando Dios lo llamó, Abraham inmediatamente salió de Ur de los caldeos. Salió sin discutir, sin preguntarle nada a Dios; simplemente Abraham le creyó a Dios, salió de su tierra y se fue a la tierra prometida. ¿Sabe por qué nos cuesta tanto trabajo obedecer la Palabra de Dios? ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo hacer lo que Dios dice? Porque no le creemos a Dios. Hay muchos cristianos que en realidad no creen en la Palabra de Dios.

Si usted dice que cree en la Biblia, debería estarse empapando de ella todos los días. Pero cuántos hay que en todo el día ni siquiera la tocan. Hay unos que ni siquiera saben dónde están los libros de la Biblia. ¿Sabe por qué somos tan indolentes tocante a la Palabra de Dios? Porque no creemos en ella.

Dice la Biblia que Abraham le creyó a Dios, por eso es llamado “el padre de la fe”. Y nosotros necesitamos creer en la Palabra de Dios. Si así fuera, ningún cristiano se quedaría con el diezmo. Les he dicho a los miembros de mi iglesia que si cada uno de nosotros diezmáramos como debe ser, no tendríamos necesidad de recoger ofrendas especiales, no tendríamos que recoger ofrendas pro-construcción, ni ofrendas de amor, o para las misiones, o para otros rubros. ¿Pero sabe por qué no diezmamos? ¡Porque no creemos en la Palabra de Dios!

Eso es lo que el Señor les está diciendo a estos judíos: “Si en verdad son hijos de Abraham, demuéstrenmelo con sus hechos”. Pero ellos no quisieron aceptar su palabra. Desgraciadamente, encontramos esos mismos vicios en los cristianos de hoy en día.

Por eso afirmo que en las iglesias de nuestro tiempo hay mucho cristianismo profesante. No estoy juzgando la vida de nadie, pero en realidad cada uno sabe perfectamente lo que hay en su corazón. Abraham creyó a Dios, esa fue la razón por la que obedeció su Palabra. Pero Abraham no sólo creyó y obedeció, sino que se sacrificó por Dios.

Mire lo que dice Hebreos 11:17: “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito”. Por eso Jesús retó a los judíos que le demostrasen con sus obras que en verdad eran hijos de Abraham.

¿Es usted cristiano? ¿Es usted una persona que ha nacido de nuevo? ¿Es usted una persona que ha dicho creer en Jesús? Entonces muestre con su vida, muestre con sus hechos que usted ha nacido de nuevo; que efectivamente pertenece a la familia de Dios, que usted ya no es hijo del diablo, que es una persona diferente, un hijo de Dios. Eso es exactamente lo que el Señor está discutiendo con estos judíos. Ellos se jactaban de que habían creído en él, pero no permanecían en su Palabra; se jactaban de que habían creído en él, pero en realidad no eran libres, eran esclavos de los mismos pecados; ellos se jactaban de que habían creído en Jesús, pero no estaban mostrando las obras de Abraham. No terminó allí la conversación.

Otra vez Jesús dice: “Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios”.

¿Sabe qué estaban diciendo estos judíos? Nosotros conocemos a nuestros padres, pero no sabemos quién es tu padre. Le estaban diciendo a Jesús que él era nacido de fornicación. Estamos hablando de gente que había dicho creer en Jesús. ¿Entiende la seriedad del asunto, la gravedad de las palabras? Antes querían matar a Jesús, ahora lo están acusando de ser hijo de una prostituta. Eso es una herejía, es una blasfemia.

¿Cómo puede la gente que dice creer en Jesús hablar de esa manera? No me sorprende, porque conozco personas que dicen conocer al Señor y sin embargo pisotean en el nombre de nuestro glorioso Salvador, le escupen en la cara. Cuando se les predica la Palabra de Dios, se enojan y se llenan de indignación.

Se sienten ofendidos con el mensaje de Jesucristo y algunos se alejan de la iglesia, indignados, enojados y molestos. No sé cómo se encuentre usted estimado lector, pero arregle su vida con el Señor hasta que su corazón palpita, arréglelo ya porque no sabe cuánto tiempo le queda.

Un verdadero discípulo es uno que ama a Jesús con todo el corazón

Juan 8:42: “Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaráis; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió”. El resultado natural de ser hijos de Dios es amar a Jesús con todo nuestro corazón. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”. (I Juan 4:19)

¿Ama usted a Dios con todo su corazón? El problema es que no estamos bien ubicados, no entendemos bien lo que la Palabra de Dios nos enseña y eso es la razón de por qué hay tantos conflictos. La tragedia más grande hoy en día es que la gente inconversa mira nuestra conducta y blasfema el nombre de Dios por causa de nosotros. Se burlan del cristianismo y afirman que no sirve para nada.

En la ciudad de Monterrey, Nuevo León, una urbe con más de 3 millones de habitantes, hay más de 500 iglesias bautistas. En Estados Unidos eso no significa nada, pero en una ciudad de habla hispana como Monterrey, eso suena tremendo.

Hay dos matrimonios que salieron de nuestra iglesia que están trabajando allí en Monterrey en el pastorado. Ellos salen a ganar almas cada semana, salen a tocar puertas y a hablarle a la gente de Cristo. Uno de ellos me dijo: “Pastor, la maldición más grande que hay aquí en Monterrey es el cristianismo”. “Por ejemplo —me dijo—, tocamos una puerta, y cuando la gente nos abre, inmediatamente nos rechaza por causa del mal testimonio de otros hermanos”. Puerta tras puerta, casa tras casa, la gente rechazando el Evangelio por causa de un pésimo testimonio de los cristianos de esa ciudad.

No quisiera estar en su lugar cuando lleguen a la presencia de Dios. Miles de millones de personas condenadas al infierno por causa del mal testimonio de unos cristianos, si es que en verdad lo son. Y ese problema sigue hoy en día; estamos tan acostumbrados a vivir un cristianismo tan mundano, tan pecaminoso, que la gente incrédula no ve ninguna diferencia entre nosotros y ellos. Así estaban estos judíos. El Señor les dijo que si eran sus discípulos, permanecerían en su Palabra, serían libres de la esclavitud al pecado, mostrarían las obras de Abraham, y lo amarían por ser hijos de Dios.

Jesús entonces les dijo: “Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaráis; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer…” (Juan 8:42-43). En este pasaje, Jesús estaba descubriendo el corazón perverso de esas personas.

Si usted no tiene a Cristo en su corazón, si no ha nacido de nuevo, usted no es hijo de Dios. Los que no son hijos de Dios son hijos del diablo, y se van a ir con él. No es un juego, es un asunto muy serio porque estamos hablando de la eternidad.

Estimado lector, asegúrese de que efectivamente es hijo de Dios; asegúrese que ha nacido de nuevo; asegúrese de pertenecer a la familia de Dios, porque de otra manera está corriendo el riesgo más grande que haya en su vida. Puede morir en cualquier momento y despertar en la eternidad sin Dios. La religión no salva a nadie, ni las buenas obras como bautizarse, diezmar y llevar una vida buena. El único que puede salvar al hombre pecador es el Señor Jesucristo.

Sigamos leyendo en Juan 8:45: “Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis”. Jesús está hablando. Ahora, note lo que dice el versículo 46: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿Por qué vosotros no me creéis?”

Un verdadero discípulo es uno que cree lo que Cristo dice

En otras palabras, Jesús nos está diciendo: “Si eres mi discípulo, lo que yo te hablé tú me lo vas a creer. Porque es Palabra de Dios, lo vas a creer, lo vas a obedecer, lo vas a poner en práctica”. Lea Juan 8:47: “El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios”. Estimado lector, ¿le molesta este mensaje? ¿Se ha sentido ofendido? ¿Se ha sentido agredido?

Dice la Biblia aquí: “El que es de Dios, las palabras de Dios oye…” No se engañe, o somos hijos de Dios o no lo somos. O somos discípulos de Jesús o no lo somos. No hay forma de ser neutral en este asunto. La evidencia de que usted es de él es que usted hará lo que él dice. Si usted es discípulo de Cristo, permanecerá en su Palabra, será libre de la esclavitud del pecado, hará las obras de Abraham, amará a Cristo con todo su corazón y creerá en sus palabras.

¿Es usted cristiano? ¿Es usted discípulo de Jesús? Entonces, ¿por qué batalla tanto para dejar ese pecado? ¿Por qué le cuesta tanto trabajo obedecer la Palabra de Dios? ¿Por qué lucha cada vez que tiene que tomar una decisión en favor del Señor? ¿Es o no es un hijo de Dios? Si no lo es, pídale en este momento al Señor Jesucristo que lo salve, pídale que le dé el perdón de sus pecados.

La Espada. Enero-Febrero de 1999

 

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