¿Es exótico el cristianismo evangélico?

Los campeones del Romanismo han repetido hace tiempo, como un arma contra la propaganda evangélica, la idea de que la religión evangélica es exótica, es decir, extranjera, que no cuadra con los gustos y costumbres de los mexicanos, y que por lo tanto no florecerá en nuestro país. Aunque este argumento no tiene ningún peso para los cristianos evangélicos que han sentido vigorizados sus espíritus por las doctrinas del evangelio, y por lo tanto las encuentra no solamente apropiadas a su naturaleza, sino como reveladas por Cristo especialmente para ellos, creemos será conveniente discutir el asunto con alguna amplitud porque ese argumento tiene más de paradójico que de verdadero, y porque lo que contiene de verdad es más favorable para nosotros que para los paladines que lo esgrimen con el fin de entorpecer nuestro trabajo, y para ganarse el afecto de los ultramontanos. En una serie de artículos examinaremos algunas de las razones por las cuales se cree que la religión evangélica es exótica.

1. SU ANTIGÜEDAD

La Iglesia de Roma frecuentemente apela a su antigüedad como la razón suprema de su verdad, y la mayoría del público que sólo estudia los asuntos religiosos en las declaraciones dogmáticas de los periódicos romanistas, o de los llamados liberales que se aprenden de memoria esos dichos y los de otros incrédulos que tampoco han estudiado la materia, se suponen que la religión que profesamos es de fábricas americanas o yanquis, como dicen despectivamente, los que imprimen sus declaraciones con prensas, tipos, papel y tintas de fabricación yanqui, y los que estudian un poco más, siquiera le conceden unos cuatrocientos años de existencia remontándose hasta el tiempo de Lutero, y más allá ya no encuentran vestigios de ella en la historia, y dicen con mucho énfasis lo que dijo el prelado romanista a un muchacho: “¿Dónde estaba vuestra religión antes de Lutero ? ” Lo que no dicen es la respuesta, pues cuenta la crónica que ese muchacho contestó: “¿Dónde estaba la cara de Ud. antes de que se la lavara esta mañana?” y cuando el prelado contestó que en el mismo lugar donde estaba después de lavada, el muchacho añadió que el romanismo era un cristianismo manchado con las doctrinas e invenciones humanas, y que Lutero le había lavado la cara, y por eso les parecía un cristianismo nuevo.

Confusión

Y este es un error al que no se presta la atención debida. Tanto ha insistido el Romanismo en que es Cristianismo, que él mismo lo ha creído, y así lo han hecho algunos otros que al hacer objeciones al Romanismo por los errores o males que encuentran en él, le apellidan Cristianismo, y cuando el Cristianismo se presenta con la cara lavada, como no conocen el Cristianismo enseñado por Cristo, les parece que es una religión nueva inventada por Lutero, o fabricada en Estados Unidos, Inglaterra u otra parte.

Pero si estas personas se tomaran el trabajo de examinar los libros donde se encuentra contenido el Cristianismo por los maestros enviados por Dios, los profetas y apóstoles, encontrarán que el Cristianismo hoy enseñado por las varias iglesias evangélicas, lejos de ser nuevo, es más antiquísimo que el Romanismo. La genealogía de éste, si se le considera como antiguo, no se encuentra en la Biblia; puede buscarse entre las ideas y religiones paganas. Si las personas que consideran nuevas nuestras doctrinas estudiaran el libro que hemos mencionado, y la historia de la iglesia que les mostraría las transformaciones acontecidas en ella, la entrada de errores y modificaciones en las doctrinas antiguas, etc., etc., llegaría a persuadirse que lo que hoy se enseña desde los púlpitos y en los libros evangélicos, fue sacado a luz en los días de la Reformación, y que no es otra cosa que la teología de los padres primitivos de la iglesia que la tomaron de Pablo, quien la recibió por revelación divina del mismo Dios.

Es Antigua

No, señores, la religión evangélica no es una religión moderna, es de las más antiguas que puedan existir hoy sobre la tierra, porque sus principios esenciales fueron profesados por hombres como Job, Abraham, David y los que les sucedieron en tiempos posteriores.

El Romanismo sí no puede sostener su pretensión de antigüedad, porque puede demostrársele con la historia en la mano, los años en que varias de sus doctrinas distintivas fueron introducidas en ella, de tal manera que no pueden probar que siempre ha sido la misma.

Por estas observaciones a vuela pluma se ve desde luego que la religión evangélica, si bien puede parecer una novedad en México, para otras partes del mundo no lo es en realidad, ni lo es tratándose de los principios fundamentales de ella, y expresados en el Credo profesado por los romanistas. El Protestantismo no hizo más que lavar la suciedad puesta sobre el Credo de los apóstoles.

2. SU EXTRANJERÍA

Por haber llegado la religión evangélica a México por medio de misioneros americanos e ingleses, y porque la forma adoptada, ritual y gobierno, así como la literatura y algunas costumbres vienen con olor sajón y norteamericano, se ha querido decir que nuestra religión es exótica y no cuadra con nuestra sangre latina; pero si el evangelio no nos llegó en mantillas de fabricación latina, nadie tiene la culpa sino la Iglesia de Roma.

Culpabilidad Romanista

Si esta iglesia no hubiera apelado a la matanza la noche de San Bartolomé y en las Dragonadas, el Calvinismo se habría apoderado de Francia y la doctrina del crucificado nos hubiera sido trasmitida por los hugonotes latinos. Todavía más, cuando se inició la Reforma en Alemania y Francia, pasó también su aliento por España, y hombres como Constantino de la Fuente, D. Carlos de Seso, los Valero, y otros más de la flor y nata de la nobleza española se entregaron en cuerpo y alma al estudio y propagación del evangelio, la inquisición acabó con ellos y con su obra, y a no haber sido esto, en lugar de los frailes misioneros, hubiéramos tenido misioneros protestantes que nos habrían traído una religión mejor que la Romana y de fabricación netamente española.

Se olvida también al usar este argumento, que gran parte de las costumbres de los norteamericanos e ingleses no existen en el protestantismo por idiosincrasia de raza, sino que la raza ha tenido que amoldarse a las enseñanzas del evangelio, sucediendo así lo contrario de lo que supone.

Pero entrando más al fondo de la cuestión, veamos si el protestantismo es susceptible de aclimatarse entre nosotros atendiendo a su ritual y a su gobierno.

Ritual

El ritual de las iglesias evangélicas, salvo la Episcopal, el de todas ellas está caracterizada por la mayor sencillez. Los servicios religiosos constan de lectura y predicación de la Biblia, oraciones improvisadas y canto de himnos. Todo esto en el idioma vulgar. Los sacramentos son celebrados también con sencillez, así como ciertos servicios especiales. Si en nuestros servicios falta el aparato y la pompa, hay más cooperación entre el que oficia y el pueblo, y la reverencia es más inteligente. ¿Qué el pueblo mexicano no es apto para un culto de esta clase? Los que no lo creen, es porque no han visto algunos servicios nuestros tanto en la ciudad como en las rancherías, donde hemos sido edificados al ver la reverencia, el gozo de los hombres incultos y sencillos que se sienten elevados por la conciencia de la presencia de Dios en servicios tan humildes.

En el ritual romanista el pueblo no toma parte en el culto más que con genuflexiones y signos exteriores, sin comprender en la mayoría de los casos ni lo que se hace, ni lo que se dice ni lo que se canta, y si se quiere que el pueblo mexicano sea siempre un conjunto de autómatas que hagan lo que ven hacer, y se inclinen ante la majestad de la pompa y el aparato, para ello es muy apropiado el Romanismo como lo vemos por sus frutos.

El Canto

Una prueba de que el Protestantismo no es una religión extranjera la vemos en el canto de himnos. Alguno de ellos, como «Castillo fuerte es nuestro Dios», fue un canto inspirado por las circunstancias, y donde Lutero vació toda la fe y el valor que abrigaba su corazón alentado por la enseñanza del evangelio frente al enemigo. Pues ese himno que muy bien pudiéramos llamar alemán en todas sus partes, fue traducido al francés y cantado por los Hugonotes como si hubiera sido de origen francés; y ese himno traducido al castellano, es cantado por nosotros olvidando su origen y expresando circunstancias personales y de nuestra época. Así pasa con otros, como “Cariñoso Salvador”, compuesto por Wesley. Muchos cristianos evangélicos en México han cantado ese himno como la expresión de su alma, sin saber, u olvidando que fue compuesto por un sajón, porque esos himnos y otros semejantes más que pertenecientes a una nacionalidad, son humanos, hablan de las necesidades de la humanidad satisfechas por la obra de Cristo, y por lo tanto pierden la extranjería que pudiera traer su forma u origen. Lo mismo puede decirse de las doctrinas, según lo veremos más adelante.

Fuera de Data

El Romanismo nos habla en pleno siglo XX con su “Dominus vobiscum” del siglo VI, y con el uso de su idioma muerto deja muertos espiritualmente a las almas, y hétenos aquí que por ser latinos que no hablan ni entienden latín, se nos dan servicios en un idioma extranjero y se nos dice que esa es la religión nacional. ¿Y ese sacerdote de coronilla rapada en la cabeza, revestido de túnica, dalmática, estola, etc., no es un ser extranjero y arcaico entre nosotros? ¿No es una religión extranjera la que tiene el principal cuerpo directivo compuesto de extranjeros, y está sujeta a la autoridad de un extranjero residente en Roma? ¿No es una religión extranjera la que tuvo que imponerse a nuestros antepasados por el rigor de la espada, los tormentos y el fuego de la inquisición? Los amigos de la iglesia de Roma han de ver su propio tejado antes de arrojar la piedra al del vecino.

Gobierno

Ahora veamos la forma de gobierno. El gobierno de las iglesias evangélicas, en sus diferentes ramos, varía desde el que pudiéramos llamar casero, hasta el más elaborado semejando al episcopal. Principian los congregacionalistas donde cada iglesia es independiente y arregla todos sus asuntos como le place, y sigue por el democrático y federativo, donde las varias congregaciones, al mismo tiempo que conservan su independencia para tratar sus propios asuntos, se confederan por medio de representantes laicos y clericales para tratar los asuntos de una parte mayor de la iglesia. ¿Y esta forma de gobierno la llamaremos extraña a México, república federativa? ¿Choca nuestra organización religiosa con nuestra firma de gobierno civil? ¿No resulta más extranjera la Iglesia de Roma con su gobierno monárquico absolutista de los tiempos de la Edad Media, que ha sido en nuestro país el mayor obstáculo para la implantación de la República? Se necesita estar ciego para no verlo, y se necesita ser un obcecado para decir que conviene más una religión exótica para nuestra época, arcaica como lo es la Romanista, para mantener el amor a la nacionalidad. Esto es no conocer las cosas, ni saber bien lo que se dice.

3. SU INCOMPATIBILIDAD

Cuando se dice que el Cristianismo Evangélico es exótico porque es incompatible o inadaptable a nuestro medio, costumbres, tradiciones y raza, se dice una verdad bajo un aspecto, verdad que nada tiene de denigrante para la religión que recomendamos al pueblo mexicano, sino que la hace más deseable si es que deseamos una mejoría para nuestro pueblo. Digamos algo acerca de las razones para esa incompatibilidad.

Cuestión de Origen

El Cristianismo no es de invención humana. Tiene su origen en el cielo y por consiguiente trae consigo una naturaleza divina, celestial, y así como es más alto el cielo que la tierra, el Cristianismo tiene que ser más alto que cualquiera religión o sistema filosófico inventado por los hombres, aun cuando estos sean de los más sabios y de los mejores. ¿Esta incompatibilidad resulta de que las teorías, los mandatos, la moral y costumbres que trata de inculcar el Cristianismo sean malas en sí, o porque las del mundo sean malas e imperfectas? Si deμende de lo primero, ha de desterrársele y combatírsele como se combate un vicio y una epidemia; si es por lo segundo, hay que examinar qué le conviene mejor al pueblo mexicano, si seguir practicando una religión llena de errores y de absurdos, que no tiene ideal ni fuerza moral, y continuar en unas costumbres y maneras de ser que han sido causa de nuestro atraso nacional, o dar una buena recepción al nuevo elemento de vida. Atendiendo, pues, a su origen y naturaleza, el Cristianismo resulta incompatible como lo es un vestido amplio y regio para un cuerpo desmedrado y sucio.

Nuestro Modo de Ser

Examinado nuestro modo de ser, costumbres, ideales y vida diaria, encontramos, aunque nos sea vergonzoso confesarlo, un desequilibrio social, la perversión de los instintos naturales. El instinto del amor existe, pero pervertido, circunscrito sobre todo al yo y a lo que conviene a nuestro punto de mira, a las personas y cosas que nos proporcionan algún favor, y a la belleza y grandeza que encontramos responden a nuestros bajos ideales. El instinto de la aspiración que impulsa al hombre a un mejoramiento, se ha tornado en la ambición desenfrenada que se traduce en la adquisición de ciencia para allegar recursos, de poder, por la misma razón, un deseo de amontonar dinero por amor al dinero y no por hacer el bien con él, y este deseo desenfrenado nos hace apelar al robo, al fraude, a la mentira, al asesinato en formas más o menos violentas o repugnantes. El instinto de la vergüenza y del pudor ha sido pervertido y ha quedado el engaño, la hipocresía, la mentira y los convencionalismos para aparecer lo que no somos o justificar nuestros procederes. El instinto de la conservación se ha pervertido y queda un apego a esta vida material y a un egoísmo que nos hace pensar solamente en nuestra propia conservación, la que buscamos a todo costo aun con la pérdida de bienes de más valor, olvidando enteramente el fin de ese instinto, la vida futura, es decir, la conservación perpetua en lo más noble de nuestro ser. El instinto de la reproducción ha quedado pervertido por un sensualismo que ha perjudicado la felicidad doméstica, la generación naciente, la salud de los individuos, etc., etc.

Esta es nuestra manera de ser sin exageraci6n, pecando más bien por carta de menos que por carta de más. Esta es la sociedad que existe después de varios siglos de dominación completa de Romanismo. Si existen tales males es porque los sanciona esa religión de alguna manera, o porque ella ha perdido toda fuerza reformadora, y entonces resulta inútil y hay que hacerla a un lado como cosa que no sirve, a no ser que creamos que hemos llegado al punto más alto de bondad y que nada queda que hacer para mejoramiento.

Las Exigencias

A un mundo así llega el Cristianismo inculcando el amor al prójimo como a nosotros mismos, amor sin excepción de personas, aun a los enemigos, amor no con palabras sino con hechos. Una religión que nos manda trabajar seis días y santificar un día cada siete, cuando tenemos tantos días de fiesta, y en las fiestas tenemos toros, y gallos, y juego de azar, y baile, y borrachera. En estas condiciones viene el Cristianismo y nos pide pureza no sólo de costumbres y acciones, sino hasta de pensamiento; una honradez a toda prueba en todas nuestras relaciones y empresas. Y así sucesivamente, cuando vemos tales exigencias las encontramos contrarias a nuestro medio, tendencias y raza, y decimos: «Tal sistema es exótico». Hay verdad en el dicho, pero si obramos de conformidad a él, quiere decir que ya no queremos progreso, que deseamos continuar viviendo en la bajeza en que hemos nacido.

4. COMPATIBILIDAD

Cuando vemos así la cuestión, la diferencia que hay entre una religión de origen celestial y una sociedad enteramente contraria, nos sentimos tentados a decir, si así es, nunca el Cristianismo podrá aclimatarse en la tierra. Sin embargo es posible, y lo es, porque el Cristianismo como dice, Pablo, «Es poder de Dios para salvación», y segundo, porque el hombre fue hecho para esta religión, y el mundo fue creado para ella, pero sobrevino un trastorno que por de pronto pareció hacer fracasar el propósito divino; pero el intento de Dios se realizará por medio del Cristianismo que trastornando las costumbres y tradiciones de raza, pondrá las cosas en orden, gratificando los instintos naturales, dándoles la dirección debida, el creyente salvo se encontrará en esta nueva religión como en su propio elemento, y hallará los recursos de vida y funcionamiento no sólo para el presente sino para la eternidad.

Principios No Formas

Hemos de fija la atención que el Señor Jesucristo cuando enseñó su religión no instituyó fórmulas ni ritual ninguno. Dejó un conjunto de principios que deberían ser anunciados por todo el mundo, a todas las naciones, y esos principios, fuera de la incompatibilidad que hemos indicado más antes, eran susceptibles de acomodarse a todos los gustos, a todas las culturas, a todas las idiosincrasias de las naciones donde sería propagado. Si la religión evangélica en la forma de ritual y gobierno en que nos llega no se acomoda a nuestros gustos, conservando puro y en su fuerza el principio esencial, podemos acomodarlo a nuestros gustos, y por lo tanto puede ser una religión enteramente nacional. Puede ser propagado y practicado en castellano, su música puede ser arreglada a nuestra cultura y gusto, y su gobierno a nuestras ideas particulares. Lo que hay que conservar puros y en toda su fuerza son sus principios que es donde está su fuerza vital.

Su Catolicidad

Aunque el Cristianismo evangélico es adaptable en su forma y gobierno a cualquiera nación, es por esencia una religión individualista; propiamente no viene buscando naciones sino individuos, y no a todos los individuos sino a una clase de ellos. Alguna vez los fariseos censuraron a Jesús porque se juntaba con rameras y publicanos, y él dijo: «Los sanos no tienen necesidad de médico sino los enfermos; no he venido a buscar a los justos, sino a los pecadores. El Hijo del hombre vino a buscar y salvar lo que se había perdido». Entonces el cristianismo viene buscando individuos de una clase, cualquiera que sea su nacionalidad, y esa clase es la de los perdidos. Dondequiera que haya un hombre que tenga conciencia de que está perdido, y suspira por una mano que lo salve de sus propias pasiones, que quiera reconciliarse con Dios, pagar lo que debe por sus transgresiones, para ese el Cristianismo no es una religión exótica, es la que necesita, la que se ajusta a todas sus necesidades. No ha de extrañar entonces si en México, la mayoría de los que han recibido el Evangelio son pobres, ignorantes y de costumbres perversas.

La Experiencia

Donde quiera que el Cristianismo ha sido recibido, lo mismo en el tiempo de los apóstoles que en los años posteriores, ha sido una fuerza regeneradora. Habrá chocado con las leyes y costumbres establecidas, pero ha sido un consuelo para el pobre, una mano que levanta para el caído, una luz para el ignorante, un consuelo para los tristes, y una levadura social que ha modificado las ideas sobre la esclavitud, sobre la mujer, sobre derecho y sobre otras muchas cuestiones.

Hoy mismo esta religión que tiene más derecho al título de católica que la Romanista porque es predicada en mayor número de naciones, lo mismo que de la parte civilizada que de los pueblos más atrasados de la tierra, es causa de satisfacción para todos cuantos la han creído; les ayuda a salir de la condición en que nacieron y les impulsa a mejores cosas.

Los fariseos, los sacerdotes, los saduceos modernos no la encuentran de conformidad con las enseñanzas de sus padres; pero los que gozan de su luz contestan a todos los argumentos deslumbrantes: “Una cosa sé, que habiendo sido ciego, ahora veo. Estaba perdido, y he sido hallado. Ahora vivo con Dios y con esperanza en el mundo”.

Nosotros nos gozamos con sus bendiciones, y sólo sentimos que nuestro ser haya estado tanto tiempo bajo el yugo antiguo, que se encuentra medio paralítico para responder a todas las demandas; pero no desmayamos, proseguimos al blanco de la vocación a que somos llamados.

El Faro, Febrero 1917

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