Gente de arriba siempre habla la verdad

Filemón 17-25

Por última vez en este estudio quiero invitarles a abrir sus Biblias en el libro de Filemón para comenzar la última enseñanza que hemos preparado de esta pequeña carta escrita por el apóstol Pablo. Les recuerdo que ese hombre Onésimo, un esclavo (la gente en aquel tiempo no se daba cuenta lo suficiente de los errores de la esclavitud y así eliminarla, por eso todavía existía entre ellos), robó y huyó de su amo, Filemón, en Asia menor (Colosas). Llegó a Roma donde yo creo que robó nuevamente, pero esta vez fue descubierto y lo metieron en la cárcel al lado del apóstol Pablo.

Sin embargo, como hemos visto, la mano de Dios estaba en todo esto. Fue una cita puesta por Dios. Porque allí en la cárcel es donde Onésimo recibe a Cristo como su Salvador personal. ¿Alguien leyendo esto ha recibido a Cristo desde la cárcel? Y luego Onésimo es discipulado por Pablo en la cárcel, y durante sus pláticas, se dan cuenta que tienen un conocido en común, Filemón.

Onésimo no tenía comentarios muy buenos de Filemón. De seguro le platicó a Pablo del mal trato que estaba recibiendo de su amo, por eso huyó de él. Y Pablo le dice a Onésimo que Filemón ahora también es un creyente en Cristo y los dos necesitan ser reconciliados para poder estar bien con Dios. Pero de seguro Onésimo declaró que Filemón jamás le recibiría de nuevo. Por lo que había hecho, le daba mucha pena regresar.

Entonces para ayudarles, y de alguna manera es la construcción del puente, Pablo le escribe una carta a Filemón con el propósito de iniciar la reconciliación entre los dos. Porque nuestro Dios nunca está contento cuando dos de Sus “hijos” están disgustados y peleados entre ellos.

Hemos llamado el estudio de este libro “Gente de Arriba”. Hemos aprendido cómo construir un puente entre dos personas peleadas. Gente de arriba siempre ve lo bueno en otros, gente de arriba construye puentes, y ahora vamos a tocar el tema de “Gente De Arriba Siempre Habla La Verdad”.

Quiero hacerles la pregunta otra vez que les he hecho en las otras ediciones: ¿Cuántos de ustedes conocen a dos creyentes que están disgustados entre ellos, pero ustedes se llevan bien con ambos?

Son personas que no tienen una correcta relación entre ellos, pero tú si tienes una correcta relación con ambas.

Sabes de qué estoy hablando, ¿no? No se hablan entre ellos. Nunca quieren estar juntos en el mismo lugar. Andan peleados entre ellos, pero los dos están más o menos bien contigo. Te llevas bien con ambos.

Muchos de nosotros tenemos miedo de involucrarnos en algo así.

No sabemos cómo actuar o qué hacer en estos casos. Bueno, precisamente por eso tenemos el libro de Filemón en las Sagradas Escrituras. Y todavía tenemos algunos pasos prácticos que vamos a ver en la Biblia acerca de cómo resolver un conflicto entre dos o más personas. La cruz de Cristo es acerca de la reconciliación.

¡Qué Dios nos perdone de solo interesarnos en nuestra reconciliación con él y no en la reconciliación de otros con él! Todo lo que le causa lágrimas a nuestro Dios, debe causar la misma reacción en nosotros. Espero que la Palabra de Dios hoy en este día que estás leyendo esto pueda provocar una acción de obediencia en ti. Esa es mi meta en escribir este artículo.

Primero quiero que lean Filemón versículos 17-25. ¿Ya lo hiciste? Ahora vamos a ver los versículos individualmente.

Pablo comienza esa carta con unas palabras de exhortación y ánimo, luego hay una transición donde le reta y hasta presiona a Filemón de hacer algo en contra de sus sentimientos pero de acuerdo con la voluntad de Dios. La voluntad de Dios no siempre nos hace sentir bien.

Si tú conoces una situación así donde hay dos creyentes peleados, pero tú te llevas bien con los dos, aquí hay seis principios de este pasaje que debemos seguir para que haya reconciliación entre ellos. Dios está llamando a todos nosotros acerca de esto. Hazlo, por favor.

Primeramente es: Ponte en medio. La mayoría del tiempo hacemos exactamente lo opuesto.

Buscamos no estar involucrados, en vez de estar involucrados. Decimos cosas para jactarnos como: “Me salvé de esa situación. Gracias a Dios no me tocó estar presente, o gracias a Dios no me pidieron hablar”. Pensamos que está bien hacer algo así. Si queremos servir a Dios en este mundo, tenemos que estar involucrados.

Es una debilidad nuestra cuando tratamos de evitar estar involucrados. Pablo está “todo adentro” cuando dice en Filemón 17 “Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo”. Pablo quiere saber si Filemón le considera o le cuenta como uno de sus socios o amigos. Quiere que Filemón analice muy bien la amistad que tienen.

Quiere que piense acerca del tiempo juntos que han tenido, la manera en que se han atendido el uno al otro. ¿Son amigos o no? ¿Son compañeros o no? Le está presionando aquí. Quiere saber si Filemón considera que son colaboradores en la obra de Cristo.

Quiere saber si han dedicado sus vidas a las mismas metas. Porque si son considerados como compañeros en el ministerio de Cristo, entonces Pablo tiene algunas expectaciones de esa relación. El apóstol está arriesgando todo en este momento. Se está poniendo en medio de Filemón y Onésimo.

Si Filemón le considera como un compañero, ¿qué es lo que Pablo le pide? Quiere que reciba a Onésimo, igual como recibiría a su compañero Pablo. Es una comunicación directa donde no hay manera de interpretar otra cosa. Así es el tipo de amigos que necesitamos, y necesitamos ser uno así también.

Estoy hablando de gente que nos ve a los ojos y nos pide algo específico y exacto. ¿Tienes algunos amigos así? Debes valorarlos, muchísimo. Desesperadamente necesitamos amigos que nos ven a los ojos y nos dicen lo que necesitamos escuchar, no necesariamente lo que queremos escuchar. Si tienes un amigo así, no lo pierdas, nunca. Son personas que nos retan a hacer lo que Dios quiere que hagamos, no lo que es más fácil y cómodo.

En nuestra cultura hay muy pocos amigos así. Es gente de arriba, y Pablo definitivamente es uno de ellos. Son los tipos de amigos que estamos buscando desarrollar las iglesias de Cristo. Cuando llega Onésimo a Filemón, Pablo quiere que lo reciba como lo recibiría a él.

De la misma manera que hubiera recibido a Pablo, con un fuerte abrazo, con un beso (en aquel tiempo era algo común entre los hombres), con el lavar los pies, con una comida caliente y sabrosa, con un lugar para descansar, tendría que recibir a Filemón de la misma manera. Todo lo que hubiera hecho por Pablo, quería que lo hiciera con Onésimo. Pablo espera un nivel muy alto de obediencia de Filemón su compañero.

Pablo se pone en los zapatos de Onésimo. Le llama no un esclavo, sino ahora un hermano amado en Cristo. En el versículo 10 le llamó su hijo (espiritual).

En el versículo 11 le llama útil. Y ahora básicamente le llama el apóstol Pablo. “recíbele como a mí mismo”.

Además Pablo también se pone en los zapatos de Filemón por medio de anticipar la dificultad para él de recibir de nuevo a su esclavo desobediente. Sufrió un dolor personal, perdió confianza en Onésimo, tiene los sentimientos normales de no querer perdonar después de ser ofendido y lastimado. Pablo piensa en todo esto al ponerse en medio de los dos.

Sé que muchos de nosotros no nos gusta meternos en los problemas de otros. De hecho, he estado predicando la Biblia por mucho tiempo y sé que hay algunos que no les gusta el tema que hemos estado tocando ahora por tres ediciones. ¿Quieren saber cómo lo sé? Por leer los correos electrónicos que me han mandado.

Y sé cuando toco el tema del matrimonio, o cómo tener victoria sobre cierta cosa, o cómo adquirir las bendiciones de Dios, muchos están muy atentos y no quieren perder ningún punto ni coma.

Están escribiendo los pensamientos cuando escribo de cómo mejorar sus finanzas. Cuando hablo de un tema que tiene que ver directamente con tus necesidades y deseos, siempre quieres más. Me das luz verde para seguir hablando, y lo veo en los mensajes que muchos me mandan.

La reconciliación no es algo que mucha gente ve como una necesidad o deseo que tiene. Ni siguiera está en la pantalla de radar de muchos. Si tú te llevas bien con otros, aunque ellos no se llevan bien el uno con el otro, estás muy contento y cómodo con la situación. No es tan importante para ti el hecho de que tienen enemistad entre ellos, por eso lo has dejado en la condición que está. Porque no te importa tanto la situación de otros.

Hasta algunos creen que son superiores a otros porque no tienen los conflictos en la vida como otros tienen. ¡Felicidades! Pero lo que les estoy tratando de comunicar es que el Dios Todopoderoso inspiró al Espíritu Santo para que colocara el libro de Filemón en las Sagradas Escrituras con un propósito.

Dios quiere que todos nosotros estemos involucrados en el ministerio de la reconciliación. Quiere que la reconciliación esté en nuestra pantalla de radar. Dios quiere que nos afecte este problema como a él le afecta.

Quiero hacerte una pregunta: Si hay dos personas, especialmente si son dos personas de tu familia, y especialmente si las dos personas de tu familia son creyentes, ¿no crees que el corazón de Dios está profundamente triste por el hecho de que dos miembros de la familia de Dios no se llevan bien?

Y lo que Dios quiere más que nada es que alguien tenga el mismo cuidado que él de ver una solución a ese problema y conflicto. Dios quiere que haya alguien dispuesto a ponerse en medio de los dos para buscar una reconciliación y una restauración. Pero muchos dicen: “Si yo me meto en esta situación, se va a armar una bomba atómica o nuclear. Yo no quiero estar involucrado en algo así.” Por lo tanto, no hacemos nada.

Hoy estoy tratando de echar a perder tu vida bonita. ¿Por qué? Porque esto de la reconciliación es el corazón de Dios. Somos embajadores de Cristo. En primer lugar buscamos la reconciliación del mundo a nuestro Dios por medio de tener a Jesucristo como su Salvador y Redentor. Y en segundo lugar, buscamos la reconciliación entre los seres humanos peleados, sobre todo o mayormente los de la familia de la fe.

Aquí hay algunas objeciones que la gente tiene para no ponerse en medio de un pleito entre dos personas, tal vez algunos de ustedes pueden identificarse con algunos pretextos que ustedes mismos han utilizado.

Primeramente tenemos la excusa de la gente diciendo: “No es un problema mío” o “No es mi problema”. Saben de qué estoy hablando, ¿no? “¿Por qué voy a ponerme en medio de esa situación?” Para su información las frases, “No es mi problema” o “Vivir y dejar vivir” son filosofías paganas. Viene un buen momento en esta lección para decir amén, hermano. Nosotros estamos tratando de tener nuestras mentes renovadas para no pensar o actuar como el mundo, sino como Cristo.

Es lo que nos interesa en las Iglesias de Cristo en México. Y usando este pretexto no es una buena manera de actuar en este mundo. Porque sí es mi problema. Pregunta para todos: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” Sí soy. Otro pretexto que usamos es: “¿Quién soy yo para juzgar?” ¿Alguna vez has usado esta excusa en tu vida? Es una de las más grandes distorsiones de las enseñanzas de Cristo que he escuchado. Jesús dijo: “No juzguéis, para que no seáis juzgados.” (Mateo 7:1). ¿Cuántos de ustedes han leído o escuchado este versículo antes?

Hay muchos cristianos que piensan que no deben ni pueden juzgar a nadie. Pero Cristo también dijo: “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos”, (Mateo 7:6).

¿Qué es eso si no juzgar? No dijo Jesús: “por sus frutos los conoceréis”. (Mateo 7:20). ¿Qué es esto sino una invitación de ser un inspector del fruto? Definitivamente Jesús quiere que juzguemos. Lo único que no debemos juzgar son los motivos de los demás. Porque nunca podemos conocer el corazón de otros, es más, hay momentos cuando ni conozco mi propio corazón.

Nunca podemos saber realmente por qué la gente hace lo que hace. Algunos creen que tienen esa habilidad, creen que saben los motivos de otros, pero es algo que no debemos hacer en este mundo. Dios se encargará de juzgar los motivos de todos nosotros.

Algunos creen que saben por qué algunos son como son, pero no es cierto. Cuando Jesús nos dice que no debemos juzgar, está hablando de juzgar los motivos de otros. Hemos sido llamados y hasta mandados a juzgar las acciones de las personas. Y si tú vez a dos personas donde su trato entre ellos es muy pobre y hasta grosero, no estás siendo desobediente a Dios si les dices que tienen un problema. Es más, estás desobedeciendo a Dios si no haces nada para ayudar la situación.

Aquí está otro pretexto que usamos para no involucrarnos o ponernos en medio de dos personas peleadas: “No estoy capacitado”. Bueno, esto es lo que estoy tratando de hacer con ustedes en estos días. Quiero capacitar a todos ustedes para que puedan ayudar a otros.

¿No lo puede hacer alguien más? Te digo por experiencia, si tú conoces a dos personas peleadas, y tú estás bien con ambas, tú eres la persona indicada para llevarles a la reconciliación. Para mí está claro que tú eres la voluntad de Dios para resolver el problema. Pero tienes que ponerte en medio.

Ahora el segundo principio está en el versículo 18 donde dice, “Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta”. Noten esto, el segundo principio para resolver un conflicto entre dos personas peleadas es: Estar dispuesto a aceptar y pagar las deudas de otros.

Y tal vez no es nada más pagar una parte, puede ser que tendrás que pagar todo. ¿Estás dispuesto a hacer esto para resolver un conflicto? Noten que Pablo está anticipando la reacción o el rechazo de Filemón. En el 17 puso “recíbele como a mí mismo”. “Ese es el problema Pablo, Onésimo no es nada como tú. ¿Tú me darías una bofetada en la cara? ¿Tú en algún momento huirías de la relación que tenemos? ¿Robarías mis posesiones? No Pablo, tú no lo harías, pero él sí, por eso no es como tú”.

Pablo, anticipando esa reacción, le dice en el siguiente versículo que si Onésimo le debe algo, que le puede cobrar a él, lo puede aplicar a la cuenta de Pablo, él lo va a pagar. Si Onésimo le debía algo, Pablo dice que está dispuesto a pagar todo. Le está diciendo que puede borrar la deuda que estaba bajo el nombre de Onésimo, y Pablo asumía toda la responsabilidad. ¿Alguien tiene una deuda donde necesita que el pastor Alejandro Velázquez García la pague?

Nuevamente, Pablo anticipa la objeción de Filemón donde estaría pensando: “¿Hablas en serio Pablo? ¿Vas a pagar por este ladrón?” Recordamos, Pablo no es un hombre con muchos recursos. Deben entender que esto es un gran sacrificio de su parte. Hubo momentos durante el ministerio de Pablo cuando tenía que trabajar en lo secular solo para sobrevivir. No tenía mucho dinero, sin embargo, está dispuesto a dar todo lo que tiene para restaurar una relación entre dos de sus amigos.

¿Entiendes cómo son escritas las cartas? Una pequeña lección acerca de la manera en que fueron escritas las cartas en el Nuevo Testamento. ¿Saben lo que es un amanuense? Es un escribiente, una persona que se dedica profesionalmente a escribir a mano, al dictado o copiando.

Cuando Pablo escribía sus cartas, tenía un amanuense con él. Pablo normalmente no escribía personalmente las cartas, sino que tenía a un amanuense o secretario para hacer ese trabajo. Aparte, estaba en una cárcel con las manos y los pies amarrados. Por lo tanto, él le decía a su amanuense qué escribir.

Pablo sabía que le iba a ser muy difícil a Filemón creer lo que Pablo estaba diciendo, que estaba dispuesto a cubrir todas las deudas de Onésimo, por lo tanto decidió escribirlo con su propia mano. El versículo 19 dice, “Yo Pablo lo escribo de mi mano”, Para los estudiosos del griego es un epistolari ariest.

Y significa que Pablo físicamente y personalmente tomó la pluma y escribió las palabras. Una de las razones por las cuales Pablo tenía un amanuense es porque según el libro de Gálatas, Pablo tenía un fuerte problema o enfermedad con sus ojos y su vista. Yo creo que el amanuense estaba escribiendo con una fuente de tamaño 10, pero cuando Pablo comienza a escribir, la letra es de tamaño 48.

“Yo Pablo, no puedo escribir toda la carta, pero escribo esta parte para que sepas que es un cheque en blanco cuando digo: yo lo pagaré”; Si hay una deuda que necesita ser pagada, Pablo dice que él la pagará. Ahora fuera del Nuevo Testamento y regresando a tu vida, si quieres ser un instrumento de reconciliación en este mundo, te va a costar. Tendrás que soltar algunos billetes.

Cuando dos personas están separadas, es porque hay una deuda que alguien no quiere pagar. Si entre tú y yo hay un compañerismo quebrantado, es porque uno de nosotros, o los dos, percibimos daños o lesiones que nosotros no estamos dispuestos a perdonar o dejarlos ir.

Lo que nuestra situación desesperadamente necesita, es que alguien se ponga en medio de nosotros, y nos ayude a olvidar el pasado y comenzar a pensar en el futuro. Lo he visto muchas veces en el ámbito de los negocios. Hay muchas transas y engaños en la Ciudad de México, aún con los que dicen que son creyentes en Cristo. Necesitamos a alguien que está dispuesto a ayudarnos con las deudas. Pablo estaba más que dispuesto a hacerlo. ¿Y tú?

Pienso en los niños que han crecido en hogares físicamente y emocionalmente abusados. Parece que nunca se gozan de una recuperación hasta que hayan a un cónyuge, compañero de la vida, quien comienza a regresar y reponer a sus vidas lo que sus padres les quitaron durante su crianza.

Lo que desesperadamente necesitamos en la Iglesia es gente, mucha gente, que está dispuesta a cargar el peso de una reconciliación emocional. Necesitamos un ejército de personas así. Si has hecho algo de ministerio en tu ciudad, bien sabes lo que es cargar el peso de dolor que está sintiendo la gente. Esto es algo que a mí me fatiga completamente. Los domingos termino totalmente agotado. Porque siempre trato de ayudarles con la carga.

Cada vez que aconsejamos a los matrimonios, hay matrimonios donde se han lastimado profundamente el uno al otro, y cuando nos metemos en medio de todo esto, cuando comenzamos a cargar sus deudas que tienen, el peso es desgastante, pero porque Dios quiere la reconciliación, lo hacemos. Díganme ¿cuándo hacemos lo que está en el corazón de nuestro Padre celestial más que cuando estamos involucrados en la reconciliación?

Así es el corazón de Dios. Es la esencia del evangelio de Jesucristo, sobrellevar la deuda de otros. Es lo que Cristo hizo por nosotros y por todos en la cruz, ¿no?

Sabemos que somos personas inmaduras cuando no aceptamos las consecuencias de nuestras acciones. Aquí hay una prueba para todos nosotros. Si eres una persona que no acepta las consecuencias de tus acciones, es una demostración de tu inmadurez. Lo que estamos enseñando a nuestros hijos es el aceptar las consecuencias por las decisiones que han tomado.

Lo peor que podemos hacer como padres cuando nuestros hijos cometen un error es entrar y protegerles de las consecuencias de sus errores. ¿Crees que les estás ayudando? No, estás lastimándolos. Hay que dejar que aprendan las lecciones cuando las consecuencias son pequeñas, para que cuando sean ellos más grandes y las consecuencias también, puedan tener ellos la sabiduría suficiente para evitar las malas decisiones en sus vidas.

Si tú no aceptas las consecuencias por tus acciones, eres inmaduro. Pero si aceptas las consecuencias de tus acciones, eres maduro. Tú lo hiciste, confiesas, aceptas tu responsabilidad, es lo que mereces, y estás dispuesto a confrontar los resultados. Así es una persona madura en esta vida.

Pero vivimos de una manera sobrenatural cuando nosotros aceptamos las consecuencias por las acciones de otros.

Estamos hablando de llevar a cabo el proceso de la reconciliación. Es un acto sobrenatural, porque va en contra de la manera normal de actuar en este mundo. Es lo que Cristo hizo cuando fue a la cruz. Se puso entre Dios y nosotros para resolver el conflicto, y hasta pagó nuestra deuda, total y completamente.

Si tú eres un creyente en Cristo, Jesús pagó toda tu deuda con Dios cuando murió en la cruz del monte Calvario. Y ahora, ¿tú no quieres ayudar a otros por medio de ponerte en medio de los peleados y por medio de estar dispuesto a aceptar y pagar las deudas de ellos? Si así es la manera en que estás actuando en este mundo, Dios no te ve con buenos ojos.

Veamos nuevamente Filemón 19 donde dice “Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tu mismo te me debes también”. Otra vez le está presionando. Esa frase “por no decirte” es algo que mucha gente utiliza, pero no me gusta cuando otros me dicen cosas así. Dicen, “Tal vez no te debo decir, pero…” Y me lo dicen. Si no me lo debes decir, mejor no me lo digas, ¿no?

Luego hay otros que dicen: “No me gusta decirte que te dije, pero … TE DIJE”. Si no te gusta decírmelo, no me lo digas. Lo que en realidad están diciendo es que les gusta no gustar decirnos que nos habían advertido. Es lo que Pablo está diciendo aquí cuando dice: “por no decirte”. Dice que no lo quiere mencionar, pero luego lo menciona.

El tercer principio para resolver un conflicto entre dos personas peleadas es: Apelar por la amistad que tienes. Estoy hablando de arriesgar la amistad. Si tienes una buena amistad con alguien, entonces tienes unos “vales” o favores con ellos. Aquí no estamos hablando de una economía física, sino que es una economía emocional, espiritual, y social.

Lo que vas a hacer es tomar todos los vales que tú has ganado en la amistad y canjearlos para ayudarle con el conflicto que tiene con otra persona. Por lo menos lo que quieres es que haya una reunión entre los dos peleados.

Al canjearlos nunca es para el beneficio de uno mismo, sino que siempre es para el beneficio de la relación quebrada.

Pablo está diciendo que si la amistad que tiene con Filemón significa algo para él, si Pablo ha hecho algo para ayudar a Filemón, si ha invertido algo en la vida de este hombre, si ha sido de beneficio para Filemón esta relación, Pablo quiere gastar todos los favores que ha acumulado en la reconciliación entre Onésimo y Filemón.

Y Pablo está declarando que es lo más importante para él. No que Filemón le debe unos chiles rellenos, o que le debe dinero que hace meses le prestó, o que siempre estará endeudado con Pablo porque le presentó el evangelio y le ganó para Cristo. Nada de esto, sino que está diciendo que él quiere dar un borrón a todo lo que Filemón le debe o puede deber con tal de que haya una restauración de su relación con Onésimo.

Es una declaración increíble. Pablo está apelando en base a su amistad. Creo que hay muchos malos entendidos en nuestros días acerca de la amistad cristiana. Quiero zarandearlos un poco hoy acerca de esto. ¿Quieren ser zarandeados un poco? Les voy a dar un reto, y ustedes pueden decidir si es válido o no.

Les digo que creen que tienen amigos cristianos, pero en realidad no tienen ninguno. Tienen amigos, no estoy diciendo que no tienen amigos, lo que estoy diciendo es que no estoy seguro si tienen unos verdaderos amigos cristianos. Hay muchos creyentes que solo nos muestran su lado bonito, pero esto no es lo que representa una amistad bíblica.

Tal vez algunas de estas preguntas te ayudarán para saber si realmente tienes unos amigos cristianos en tu vida. La amistad falsa existe bajo el lema de: Vivir y dejar vivir. Yo puedo fingir que tú estás totalmente dedicado a Dios, si tú finges que yo estoy entregado a Dios. ¿Saben de qué estoy hablando? Es algo totalmente falso. No es una amistad correcta.

Porque una correcta y verdadera amistad cristiana pide cuentas, y asegura que sus amigos anden en los caminos rectos de Dios. Y cuando ven algo malo, una mala actitud, o una mala acción, o una mala palabra en nosotros, nos dice, nos confronta, porque quiere lo mejor para nosotros, y quiere cambiar todo en nuestras vidas que no agrada a Dios.

La amistad cristiana falsa dice que quiere que estemos cómodos. En cambio la amistad cristiana verdadera dice que quiere que estemos bien con Dios primero, y luego bien con todos los demás. Y si tengo que arriesgar nuestra amistad para lograrlo, lo haré. Así es un verdadero amigo cristiano.

La amistad cristina falsa dice que quiere proteger la amistad a todo costo. Al final de cuentas nunca quiere tener un conflicto, es algo que siempre evita. Si tengo que voltearme o cerrar los ojos, lo haría, haría lo que sea para proteger y guardar la “amistad”. Si quieres que actúe que todo está bien y que tú estás bien, cuando no estás bien, lo haría.

Pero en una amistad cristiana verdadera la relación no es soberana. La integridad, el carácter, y la verdad son soberanas. Aquí está una buena prueba para ustedes. Si no puedes pensar en ninguna situación donde perdiste una amistad por causa de la verdad, entonces yo diría que lo más probable es que no estás mostrando o experimentando una amistad cristiana bíblica.

Porque inevitablemente llega el momento en toda amistad cuando canjeamos todas las fichas y decimos que esto es lo que es la verdad y lo tienes que hacer, porque es lo que Dios quiere. A veces al hacer esto, la gente se va de nosotros diciendo: “Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?” (Juan 6:60). Tener una amistad bíblica te costará.

Las amistades falsas están ciegas a las fallas de sus amigos. Mas la verdadera amistad cristiana está completamente consciente de las fallas de sus amigos, sin embargo todavía acepta a la persona y trabaja con él o ella para corregir esas áreas en su vida. La Biblia dice, “Fieles son las heridas del que ama;” (Proverbios 27:6).

Si no tienes algunas heridas en tus amistades, no tienes amistades donde la gente te ama. Tienes algo que crees que es una amistad, pero no tienes una amistad bíblica si no hay heridas. Y no hay heridas si la amistad no está basada en la integridad, el carácter, y la verdad. Porque hay momentos cuando en una amistad tenemos que mirar a nuestro amigo en los ojos y decirle que le amamos, pero está cometiendo un error.

“Te apoyo el 100% pero vas a lamentar esa decisión que estás tomando”. O, “No puedes seguir haciendo esto, porque no es algo que le agrada a nuestro Dios”. Un verdadero amigo cristiano nunca deja que sus amigos anden en desobediencia delante de Dios. Y el apóstol Pablo es un modelo de esto aquí en su carta a Filemón. Él está arriesgando su amistad con Filemón. Hay que apelar por la amistad que se tiene.

Aquí está el cuarto principio para resolver un conflicto entre dos o más personas peleadas: Llevar el asunto ante el señorío de Cristo. “¿Quieres tener una discusión? Muy bien. Vamos a hablar o discutir acerca del señorío de Jesucristo en tu vida”. Noten lo que dice en el versículo 20, “Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor”.

Una de las cosas que aprendemos cuando estudiamos la Biblia es que cuando hay una repetición, la repetición es por una razón. Es una rara manera de hablar, porque es muy redundante. Pero Pablo quiere beneficio de él en el Señor, y quiere consuelo de él en el Señor. ¿Ven el énfasis aquí?

Es en el Señor. Lo que Pablo quiere proclamar es si Filemón es un seguidor de Jesucristo, quiere saber si Cristo es su Señor y el amo de su vida. Quiere saber si Filemón está viviendo para su Señor, si está bajo la autoridad de Cristo. Quiere saber si Filemón está comprometido a cumplir con los propósitos de Dios en este mundo. Porque Pablo le está declarando que Dios quiere que haya paz, restauración, y reconciliación entre Filemón y Onésimo. La reconciliación siempre es la voluntad de Dios.

Entonces una de dos, Jesús es el Señor y jefe de la vida de Filemón y hará lo que tiene que hacer y lo que le dice su Señor, o Cristo no es el Señor, amo, jefe, autoridad de su vida. Quieres ser un instrumento de la reconciliación en este mundo, hay que retarles acerca de quién es su Señor. Hay muchos embaucadores en el mundo. Gente que dice que son seguidores de Cristo pero nos engañan, porque sus acciones son diferentes.

¿Puede Cristo ser el Salvador de una persona sin ser su Señor? Es una buena pregunta y creo que la respuesta es sí, pero no es lo que Dios espera de nosotros. Porque si así es tu vida, eres muy desobediente a Dios. Nuestro Dios es muy celoso, no quiere que estemos obedeciendo a otros, y a Él no. La pregunta hoy para nosotros es: ¿Es Cristo mi Señor? ¿Es Jesús el Señor de mi vida?

Pablo está diciendo que si Jesús es el Señor de la vida de Filemón, entonces no va a ser difícil arreglar la situación entre él y Onésimo. Porque Dios nunca quiere que dos de Sus hijos estén peleados entre si. Él siempre quiere la reconciliación.

Y aquí es lo que pasa cuando tocamos el tema del señorío de Cristo en la vida de uno, lo que hacen es tratan de sacar otros temas como el del misticismo. ¿Saben qué es? Es cuando confrontamos a una persona acerca de algo que dice la Biblia y dicen: “Bueno, necesito orar acerca de esto”.

¿Han escuchado a alguien decirlo? Les mostramos lo que la Biblia dice y quieren “orar” si verdaderamente es lo que Dios quiere que hagan. Es una manera muy “espiritual” de darnos el avión. ¿Desde cuándo tenemos que orar acerca de algo que la Biblia claramente dice que tenemos que hacer?

La siguiente vez que alguien te da este pretexto, lo que debes decirles es: “Bueno, vamos a orar acerca de esto ahorita mismo, voy a orar primero y después tú.” Ahora sí, ¿a ver qué te dicen? Y en tu oración dices: “Señor, ¿todavía es importante para ti que seamos obedientes a Tu Palabra? ¿Has cambiado tu forma de ser Señor? ¿Recibes placer cuando dos personas dicen que Te aman pero hay odio entre ellos? Por favor, Señor, necesitamos Tu sabiduría en esto”. Y sin decir Amén, le dices: “Ahora te toca a ti orar”.

Algunos te dirán: “Yo no necesito orar acerca de esto”. Y piensas: “Por fin les cayó el veinte”. Cuando llevamos el asunto ante el señorío de Cristo, no dejamos que crean una desviación o espiritualización del punto. Cuando se trata de obedecer la Palabra de Dios, no es necesario posponer el hacer el bien diciendo que quieres orar. Siempre hay que hacer inmediatamente lo que dice la Biblia. Esto es lo que hacen los que tienen a Cristo como su Señor, y no nada más como su Salvador.

Luego pueden tratar de cambiar el tema a la sicología. Quieren justificarse por medio de decir que es solamente un conflicto de personalidades entre dos personas, es algo natural, es normal, no es nada grave. Pero no es nada más un conflicto de personalidad, porque se han lastimado el uno al otro. Es un problema causado no tanto por un conflicto de personalidades sino por un trato incorrecto, por el pecado.

Hay personas en este mundo donde yo no les caigo bien a ellos, y luego hay otros que no me caen bien a mí. Puede ser por un conflicto de personalidades o lo que sea, pero por lo menos debo llevarme bien y en paz con todo el mundo.

Nunca tengo el derecho, ni ninguno de nosotros tenemos el derecho de hacer mal a una persona (¿ni a mi suegra?). No importa si nos ha hecho mal. Porque Dios nos dice en Romanos 12:17 “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres”. Y en Romanos 12:21 dice, “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”.

Si has hecho mal a alguna persona, si has lastimado a alguien física, emocional, verbal, o espiritualmente, necesitas arreglar esta situación por medio de humillarte, pedir perdón, y hacer restitución si es necesario, pero al final de cuentas tienes que hacer lo que sea para reconciliarte con esta persona.

Luego después de confrontar a una persona acerca de la importancia de resolver un conflicto que tiene con otra persona, pueden utilizar la estrategia de la evasión. “Es que estoy muy ocupado ahora, no tengo tiempo por el momento, otro día lo haré, tal vez después de la pascua podré hacerlo”.

Estamos ocupados todos, ¿verdad? ¿Ustedes están ocupados? Tienen mucho que hacer y no les alcanza el tiempo. Yo entiendo, estamos saturados con otras cosas, no hay tiempo para hacer todo. Pero nunca debemos estar tan ocupados que no podemos hacer lo que Dios pide de nosotros. Y si estás demasiado ocupado para hacer lo que Dios pide, necesitas cancelar algo, porque Dios debe tener prioridad.

Y por último, es posible que toman la postura de negar la existencia de un problema o conflicto. “Es que tú estás exagerando la situación. Yo en realidad no tengo problema con esa persona, no es nada grande”. Ah no, entonces, ¿por qué cada vez que menciono su nombre pones una cara como que acabas de probar un limón bien agrio?

No debemos dejar que la gente cambie el tema. Si la persona sabe que lo amamos, con firmeza tenemos que hacerle ver que si Cristo es su Señor, tiene que arreglar la situación. No debemos aceptar algún pretexto o escusa, solo buscamos una verdadera solución al problema, porque es para el bien de esa persona. Es lo que Pablo hizo aquí con Filemón.

En quinto lugar, el quinto principio que debemos observar para resolver un conflicto entre dos personas peleadas es: Expresar confianza que esa persona hará lo correcto. El versículo 21 dice, “Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aun más de lo que te digo”. Yo tengo confianza de que tú harás más de lo que te digo.

Allí está Pablo, actuando como gente de arriba otra vez. Ha declarado la verdad y sabe que Filemón ama a Cristo, que Cristo es su Señor, le ha retado y presionado fuertemente, pero porque sabe que ama a su Señor, Pablo tiene la confianza de que Filemón hará lo correcto en esta situación. Pablo también tiene confianza en que Dios hará Su obra en la vida de Filemón.

Su confianza está basada en el amor. Cuando tenemos amor en nuestras vidas, amor bíblico, la Biblia dice que el amor todo lo cree (I Corintios 13:7). Es un gran reto de siempre creer que la gente hará lo mejor. Y es lo que hace la gente de arriba. Cree que la gente hará lo correcto. Todo mi ministerio está edificado sobre este principio. Tengo que creer en ustedes, confiar en ustedes, si no, no tengo ministerio.

Tenemos que constantemente retar a las personas de hacer lo correcto y luego creer que harán lo mejor, leerán la Biblia y la obedecerán. No quiero ser como Jonás. Predicó el mensaje de Dios a los de Nínive, pero no creía que iban a arrepentirse. Y cuando todo el pueblo hizo lo que tenía que hacer, se enojó Jonás y hasta se deprimió. Hay pastores así. Yo no quiero ser así. Yo quiero ser como Pablo, quiero ser como la gente de arriba.

Definitivamente Filemón estaba sometido bajo la autoridad de Pablo. ¿Están de acuerdo conmigo en esto? Pablo tenía la autoridad de pedir cosas de Filemón y luego esperar una obediencia total. ¿Cuántos de ustedes están en una relación así?

Estoy hablando de que estás bajo la autoridad de alguien. Hay gente en tu vida que te piden algo, y tú eres obediente a ellos. Todo el mundo necesita estar bajo autoridad. Yo doy gracias a Dios por la gente que tiene autoridad sobre mí.

Todos nosotros necesitamos gente de autoridad en nuestra vida que nos ven en los ojos y nos dicen que tenemos que hacer ciertas cosas, y las tenemos que hacer. Algunos de ustedes no quieren estar bajo la autoridad de otros. Pero es un gran gozo estar bajo la autoridad de otros. Dios quiere que estemos sumisos a otros. Tenemos protección y consuelo cuando estamos bajo la autoridad de otros.

Y este es el problema que algunos de ustedes tienen en su vida, no quieren someterse a nadie. Quiero decir a todos ustedes que tienen esa filosofía que están mal. Delante de Dios están mal. Y quiero decirte que si no estás bajo la autoridad de alguien, estás a una o dos decisiones malas de echar a perder tu vida completamente.

Pero si vives tu vida bajo las autoridades que tienes, tienes gente que puede proclamar la verdad en tu vida y te dicen que tienes que hacer ciertas cosas, hay protección en todo esto.

Yo siento mucha responsabilidad sobre mis hombres, y al saber que tengo gente que me puede decir cuando ando un poco o muy chueco en la vida, me dicen dónde necesito enderezar mi camino, esto es algo que siempre quiero tener.

Debemos buscar tener gente de arriba así en nuestras vidas, abrazar la oportunidad de estar bajo la autoridad de gente así. Gente de arriba siempre tiene gente de más arriba que ellos en sus vidas. Pablo está ejemplificando el proceso de la reconciliación: Ponte en medio; Estar dispuesto a aceptar y pagar las deudas de otros; Apelar por la amistad que tienes; Llevar el asunto ante el señorío de Cristo; Expresar confianza que esa persona hará lo correcto.

Y ahora en sexto y último lugar: Decirle que vas a pedir cuentas. Tienes que darle un poco de tiempo, pero después vas y checas si cumplió con su parte o no. Es el seguimiento que tenemos que dar siempre en el ministerio. En el versículo 22 Pablo dice, “Prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido”.

Pablo le estaba avisando que iba para allá. Hermanos, creo que es buena ética de parte de nosotros avisar a la gente cuando vamos a visitar su casa. Hay algunos que nunca avisan que van a visitarte, pueden ser familiares o amigos, pero creo que creen que estás para recibirlos todos los días y a cualquier hora. Pablo por lo menos le avisa a Filemón que va para allá.

Es importante, después de pedir a alguien que arregla su relación con una persona donde existe un conflicto, hacer el trabajo de seguimiento.

Ir e investigar si la persona hizo todo de su parte para resolver la situación. Tenemos que pedir cuentas de todos y por todo.

Ahora quiero que piensen en las personas que conoces, donde tú te llevas bien con ambos, pero hay un conflicto y pleito entre ellos dos.

Creo que esto es el mensaje más práctico que he dado en toda mi vida. Es la primera vez que he enseñado todo el libro de Filemón y tiene un mensaje muy específico para nosotros. La pregunta es: ¿Estás dispuesto a aplicarlo a tu vida? Es un mensaje donde solo puedes decir que lo hiciste, o que no lo hiciste. Hay muchas verdades en este libro que pueden ayudar a todos nosotros para que nuestras vidas agraden mejor a nuestro Dios. Pero también percibo que hay algunas personas leyendo este artículo donde este mensaje es específico y especialmente para ellos.

De seguro al tocar cada principio, algunos de ustedes han pensado en personas específicas donde necesitan hablar con ellas. Pueden ser familiares tuyos, tus papás, tus hermanos, unos tíos, o hasta puede ser que tú eres una persona que ha sido herida y lastimada por lo que otros te han hecho, y tienes un conflicto con alguien.

Pueden ser dos creyentes en tu iglesia que conoces y sabes que no tienen una buena relación entre ellos. Ahora que sabes esta verdad, tienes que actuar, tienes que hacer lo correcto. Te digo que Dios quiere que seas un cristiano activo e involucrado, no pasivo.

Hay algo que Dios quiere que hagas. Puede ser escribir una carta, hacer una llamada por teléfono, o pedir una cita con alguien, pero algo vas a hacer para buscar la reconciliación entre estas personas peleadas. ¿Eres una persona de arriba? Hasta la próxima.

Tribuna Bautista Bíblica

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